En Argentina, el peronismo en el centro de la escena.

UNA VEZ MÁS, INTENTAN MATAR AL PERONISMO

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Kissinger. Las derechas latinoamericanas criminalizan a los gobiernos democráticos y a los instrumentos de participación ciudadana.

En Argentina, el peronismo en el centro de la escena.

UNA VEZ MÁS, INTENTAN MATAR AL PERONISMO
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La candidatura de Scioli y una experiencia desplegada por Mariotto para tener en cuenta. En la región se hizo mucho por la justicia social pero se descuidó la participación el rol de las organizaciones sociales y políticas

Por Víctor Ego Ducrot (*)

29 de Agosto de 2015

I.- El martes pasado, el consultor Ricardo Rouvier señalaba que Mauricio Macri aprovecha los acontecimientos políticos para estar en las primeras planas.

«Está clarísimo que los grandes medios de comunicación, encabezados por Clarín, Perfil y La Nación son, indudablemente, los grandes animadores del balotaje«, dijo en declaraciones al colega Juan Russo, de la agencia AgePeBA.

Más allá del carácter certero de esas afirmaciones, de otro diálogo periodístico del mismo Russo se desprende que la oposición argentina va por mucho más, no opera aislada en la región y responde a una estrategia definida lejos de nuestras capitales; estimaciones estas sobre las que ya volveré.

Pueden establecerse muchas semejanzas entre las políticas de Estado desplegadas en la última década y cabría agregar a la lista a Bolivia y Uruguay-, «pero esas similitudes son proporcionales a las existentes entre sus respectivas oposiciones más férreas, esas derechas corporativas vernáculas y mano de obra bastante barata por cierto de los grupos económicos concentrados y los grandes medios de comunicación», afirma Russo a título de introducción para la entrevista publicada el jueves con el cientista social e investigador de la Fundación de Economía y Estado de Río Grande do Sul, Tarson Núñez.

Repasemos entonces algunas definiciones de Núñez de cara a un escenario que tanto puede leerse en argentino como en brasileño: «Creo que gran parte de las fuerzas opositoras y de sus respectivos potenciales desestabilizadores tienen que ver con los medios, los que a su vez siempre plantean un abordaje totalmente unilateral de los escenarios políticos, criminalizador  de los gobiernos democráticos y los instrumentos de participación ciudadana (…).

Otra técnica muy clara de los  grupo mediáticos concentrados consiste en referirse a los problemas económicos, por ejemplo, como si estos fuesen muchos graves de lo son; es cierto que la crisis económica mundial llegó a Brasil, pero si uno observa los indicadores sin la mirada de los medios, la situación no está tan mal como parece (…).

Hoy, en Brasil, no hay oposición; por el contrario, los opositores deben jugar un rol de marionetas mediáticas para poder alcanzar algún porcentaje en las encuestas.

Creo que esto se debe en parte a los triunfos de las fuerzas progresistas; los partidos políticos conservadores están muy desmoralizados entre el electorado y la opinión pública.

Son situaciones similares las que transcurren en varias regiones de nuestra América Latina, hay una articulación de naturaleza geopolítica en Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, hay una semejanza muy grande en lo que pasa en cada uno de nuestros países”.

II.- Prometí referirme a las estrategias puestas en tensión por las derechas sudamericanas (y aquí esa tensión irá en aumento a medida que nos acerquemos a octubre), y que se diseñaron fuera de casa y hace ya un tiempo considerable.

Hace algo más de una década, con mi querida amiga y admirada colega Stella Calloni publicamos el libro Recolonización o Independencia: la América Latina del siglo XXI (Norma; Buenos Aires; 2004), en el que intentamos desmenuzar dos conceptos teóricos elaborados por la academia especializada de Estados Unidos, al servicio del aparato de poder público y privado, y sustentadores de los lineamientos trazados por Washington y para ejecución por parte de la derechas criollas, para evitar o controlar el surgimiento de gobiernos y experiencias políticas liberadoras, en el contexto del teatro abierto en los ’80 o post dictaduras.

Esos conceptos son Guerra de Baja Intensidad (GBI), una modificación sustancial en la teoría militar para los países dependientes – de eso habla Sergio Massa por ejemplo, cuando plantea que las Fuerzas Armadas sean utilizadas contra el narcotráfico, una forma de crimen organizado controlado por el poder institucional de Estados Unidos a través de la DEA – y Democracia Vigilada o Controlada, tendiente a impedir el acceso al poder de las fuerzas populares o, en su caso, a desestabilizarlas en forma sistémica, tal cual lo viene haciendo la oposición en Argentina al tratar de desacreditar, de minar los consensos sociales respecto de la instituciones democráticas.

Ya Henry Kissinger hablaba de todo esto en uno de sus tantos libros: The White House Years, 1968-72 (Weidenfeld & Nicolson; Nueva York; 2000).

III- Quiero volver a otras de las consideraciones del politólogo brasileño. «Se puede observar que las fuerzas progresistas (nacionales y populares) trabajaron mucho en la dimensión institucional de la política y dejaron en segundo plano a la organización de los movimientos sociales, hubo una opción por hacer política por el camino tradicional, pero se perdió un poco la disputa en la sociedad; y eso es muy importante porque, en cierta medida, hubo una enorme democratización a nivel del Estado, mientras que la sociedad aparece cada vez más fragmentada  (…).

Por eso atención.

Para quienes quisieron oír y entender, Daniel Scioli fue muy claro a mediados de la semana que termina, cuando, nada menos que ante el llamado Consejo de las Américas, disparó: «Soy el candidato a presidente de un partido político respaldado por el Partido Justicialista, los gobernadores.Una de las bases que garantizo es la gobernabilidad, la institucionalidad».

¿Por qué resaltar semejante definición?

Por muchos, variados y saludables motivos para quienes aspiramos que sea él el próximo presidente, sin los regateos con los que algunos parecen delirarse, pero sobre todo porque ¿acaso existe en Argentina una fuerza real que no sea la del  PJ y el peronismo como tal, que pueda garantizar consensos lo suficientemente marcados como para cortarle el paso a la derecha kissingeriana?

¿Y se imaginan si a partir del 10 de diciembre, el nuevo gobierno lleva a nivel nacional lo que una de las voces actualmente más cercanas a Scioli, su vicegobernador Gabriel Mariotto, desplegó en la provincia de Buenos Aires en términos de participación social, mediante los Foros sobre Políticas Públicas organizados en los último tres años, en los que los actores directos de la política pudieron convertir sus voces en leyes del Estado?

Por todo eso la obsesión de siempre con una misión imposible: matar al peronismo.

·        (*) Texto publicado por el diario Tiempo Argentino. Su autor es doctor en Comunicación por la UNLP, docente de esa Universidad y director de AgePeBA.