Un texto que todo paraguayo, argentino, uruguayo y brasilero deberían leer para tenerla clara.

RESPUESTA AL DIARIO LA NACION POR SU BARDO SOBRE EL MARISCAL SOLANO LOPEZ

Rubén Luces León, Marta Gordillo y Aníbal Domaniczky de Amoriza

mariscalsolanolopez
El diario La Nación de Bs As cuestionó en su editorial a la presidenta de Argentina Cristina Kirchner por defender la figura de Francisco Solano López y a las FF.AA

 

Un texto que todo paraguayo, argentino, uruguayo y brasilero deberían leer para tenerla clara

RESPUESTA AL DIARIO LA NACION POR SU BARDO SOBRE EL MARISCAL SOLANO LOPEZ

NAC&POP

08-07-2015

 

RESPUESTA A LA DIATRIBA DEL DIARIO LA NACIÓN DE BUENOS AIRES

Por Aníbal Domaniczky de Amoriza

11 de febrero de 2011

 

El diario “ La Nación ” de Buenos Aires cuestionó en su editorial a la presidenta electa de Argentina Cristina Kirchner por defender la figura de Francisco Solano López y a las FF.AA. de su país por poner el nombre del mariscal a un grupo de Artillería.

 

En su edición de ayer, el diario “ La Nación” de Buenos Aires publicó un editorial con el título “Absurdo tributo a un dictador”.

 

En la nota cuestiona el hecho de que el Grupo de Artillería Blindada 2 de Rosario Tala, Entre Ríos, haya adoptado el nombre de “Mariscal Francisco Solano López”.

 

“El Ejercito argentino ha reconocido el 14 de setiembre último, presuntos méritos extraordinarios a quien, como mandatario de Paraguay, dispuso, en 1865, la invasión del territorio argentino, provocó enormes daños, muertes de inocentes y el cautiverio de mujeres correntinas que soportaron crueles sufrimientos por su orden”, señala un párrafo del editorial.

 

Sostiene, además, que no es de extrañar que se haya adoptado tan absurda determinación, que pone una vez más en evidencia hasta qué punto se ignora maliciosamente la historia, cuando la propia presidenta electa, Cristina Fernández de Kirchner, ha señalado hace unos días a López como “ese gran patriota, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres”.

Lo grave para el periódico es que al expresarse Cristina de esta forma, con tono de arenga, parecía que hablaba en nombre de todo el pueblo argentino.

 

El diario “La Nación” fue fundado en 1870, al término justamente de la guerra de la triple alianza, por Bartolomé Mitre, quien comandó el ejército aliado contra el Paraguay.

 

“La denominación de Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar de un país cuya bandera el dictador pisoteó es tan absurda como inadmisible sería que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de sus regimientos”, compara en otro párrafo la nota editorial.

 

Indica que expresiones de la señora Kirchner y decisiones como la del Ejército no contribuyen a las buenas relaciones entre pueblos hermanos.

 

RESPUESTA DEL DR. RUBÉN LUCES LEÓN AL DIARIO LA NACIÓN DE BUENOS AIRES

 

Me resulta imposible mantenerme en silencio, cuando la indignación golpea mi conciencia.

 

Callarse ante la infamia es hacerse cómplice de ella y eso no es falta de coraje sino cobardía.

 

Hay momentos en la vida de los hombres que el desafío es irrenunciable y avasallador.

 

Momentos en que la provocación mueve a la reacción y acallarla ya no es cobardía sino traición.

 

Hace 46 años que vivo en este país y siempre he pensado lo mismo, pero nunca como hoy me he visto en la necesidad de gritar a los vientos, una verdad que mantenía la quietud que le impone la prudencia y que no se agitaba por la sensatez que obliga la cordura cuando se está en casa ajena además del respeto que merecen aquellos que por no conocer ni ser responsables pueden sentirse mortificados sin merecerlo.

 

En momentos de agitación, enfrentamientos, sangre y muerte en la Argentina, Francisco Solano López hijo del presidente del Paraguay Don Carlos Antonio López, y luego de la batalla de Cepeda en la que Mitre ve derrotado a su ejercito por el de la Confederación al mando de Gral. Urquiza; el que seria luego presidente del Paraguay, como mediador voluntario. oficioso y eficiente, logra imponer la paz con el Pacto de San José de Flores, en cuya plaza en la actualidad se recuerda el memorable acontecimiento. Por el resultado de su gestión fue ovacionado el entonces Coronel Francisco Solano López por la población agradecida de Buenos Aires, cuyos habitantes a su paso le arrojaron flores.

 

El pacto que conformaron Uruguay, Argentina y Paraguay, para defenderse mutuamente ante la evidente pretensión expansionista y avasalladora del Brasil estableció el compromiso para el caso en que cualquiera de ellos fuera víctima de la pretensión lusitana.

 

Ninguno de los otros dos ni el Uruguay de entonces ni la Argentina respetaron esa obligación y solamente el Paraguay con su presidente Francisco Solano López, con dignidad, entereza y hasta con ingenuidad; con esa inocencia que parecen tener aquellos que son respetuosos y fieles a sus principios en medio de la traición generalizada por él desconocida acudió presuroso a defender al Uruguay cuando el Brasil lo atropelló en Paisandú.

 

Sin embargo la Argentina con Bartolomé Mitre como su presidente y Venancio Flores, depuesto y asilado uruguayo en Buenos Aires, implorante y rastrero personaje, ya hacia algún tiempo habían determinado juntarse con el Brasil en el Tratado Secreto de la Triple Alianza para someter al Paraguay: pacifica, prospera y brillante nación señera y ejemplar en toda América.

 

Con la candidez que tiene el probo y por desconocer las traiciones que se habían urdido en su perjuicio sigilosamente, el Presidente del Paraguay alerta a Mitre del atropello brasileño y solicita permiso para atravesar con sus ejercitos el territorio Argentino con la intención de defender al Uruguay. Mitre guarda cobarde silencio y no contesta.

 

Por segunda vez vuelve a advertir López y solicita la correspondiente autorización para atravesar Corrientes y de nuevo el silencio artero del Presidente Mitre hace a todas luces evidente el contubernio y la confabulación traidora.

 

Ante el compromiso asumido, frente a la dignidad del pacto y en defensa del Uruguay, la mudez cómplice y tramposa de Mitre precipita los acontecimientos, López no tiene otro camino mas que ingresar en territorio argentino para llegar hasta el Uruguay, que era su único objetivo.

 

Mitre con indignación actuada y desbordante hipocresía se rasga las vestiduras y declara la guerra al Paraguay, por la invasión militar del territorio argentino.

 

Para los que entonces desconocían los detalles ocultos de los acontecimientos y ante el hecho de la penetración de tropas paraguayas, pudieron ver justificada la indignación del Gobierno argentino.

 

Pero cuando posteriormente se conoce el Pacto secreto de la Triple Alianza firmado por los tres países con anterioridad a estos hechos, más la inequívoca intención de López de ir en defensa del Uruguay, le resta todo respeto y consideración a la actitud argentina asumida por decisión de su gobierno, de manera aviesa.

 

Sin embargo, se levantaron voces de genuinos representantes de la opinión pública que veían con claridad la injusticia de la traición ventajera y cobarde de los tres gobiernos.

 

Protestas como la de Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Carlos Guido y Spano, los caudillos de masas que se negaron a ir a la guerra y muchos mas, reconfortan y dejan a salvo el honor del pueblo argentino quien hablaba con ésas voces expresando su indignación.

 

Ellas redimen a un pueblo que no aceptó la guerra, pero cubre aun más de ignominia y responsabilidad a su gobierno que siguió durante 5 años la masacre y el exterminio de todo la población, incluyendo sus mujeres, los ancianos y los niños.

 

Sus huestes mercenarias alentadas y hostigadas permanente por el estipendio y las manifestaciones petulantes e impías de su presidente Domingo Faustino Sarmiento quien sin disimulos manifestaba su desprecio y crueldad hacia ese pueblo devenido en ejercito al que no pudo doblegar, decía sin ambages: “… aun quedan unos pocos que morirán bajo las patas de nuestros caballos… …

No llama a compasión ese pueblo rebaño de lobos”, o su otra expresión mas canalla aun “… a los paraguayos hay que matarlos en el vientre de sus madres”.

 

Ya la guerra estaba terminada, los aliados tomaron Asunción, nombraron un gobierno sometido y elegido por ellos con paraguayos traidores que habían llevado consigo en sus barcos para la invasión.

 

Continuaron luego, inútil ya, la matanza de un pueblo que honrando su decisión prefirió morir a darse por vencido; pero ellos junto a sus infames aliados no pudieron alzarse con la victoria porque al Paraguay no lo vencieron, ¡lo mataron!, y matar al enemigo ya superado e indefenso no es victoria sino asesinato.

 

Pelear contra niños, mujeres y ancianos, con ventajas y hasta el exterminio, es honorable y glorioso solamente para los muertos víctimas del crimen de lesa humanidad que con toda impunidad los argentinos, los brasileños y los uruguayos, conscientes plenos y sin conmiseración, llevaron hasta el final en su macabra e inhumana decisión de eliminar a un pueblo heroico, al que no le asustó la muerte.

 

Ofender la memoria de mi pueblo en la persona de su máxima autoridad y representación, no tiene disculpa con ninguna excusa.

 

Comparar al mariscal con Hitler tiene una perfidia imperdonable.

 

El editorialista del diario La Nación no puede alegar desconocimiento o ignorancia.

 

Hitler exterminó judíos y los persiguió hasta morir, invadió países vecinos, intentó imponer una ideología y someter al mundo.

 

El mariscal López y la nación paraguaya nunca tuvieron intenciones expansionistas con ninguna excusa, jamás ha objetado la presencia de ningún semejante por su raza, religión, condición o procedencia, fue y es cauto, moderado y hasta resignado ante el fracaso de imponer sus derechos y disputar sus posesiones frente a la ambición de los vecinos, como lo es hasta el presente.

 

Siempre ha sido atacado y despojado a lo largo de toda su historia y en la guerra del 70 ha sido masacrado sin piedad hasta el exterminio.

 

Hitler atacó a los países de su entorno.

 

López defendió al suyo del ataque y la ambición de sus vecinos.

 

Hitler se suicidó.

 

A López lo mataron porque no pudieron doblegarlo.

 

Alemania se entregó y se declaró derrotada.

 

Al Paraguay nunca lo vencieron, lo eliminaron.

 

No se rindieron; por eso los cobardes invasores no ganaron la guerra.

 

El Paraguay no se entregó.

 

¡Terminó la guerra cuando el Paraguay murió!.

 

Finalmente el ignominioso comentario del diario La Nación aclara: que los Ministerios de Educación de los países involucrados “han decidido morigerar los términos ríspidos de la historia como para disimular los enconos”.

 

¡Absurda pretensión de inicuos continuadores sin arrepentimiento de hechos injustificables del pasado!.

 

¿Que significa esto?:

 

¿Ocultar la masacre de niños en Acosta Ñu, quemados en vida y degollados?.

 

¿Obviar la mención de la quema del Hospital de Sangre de Piribebuy?.

 

¿No mencionar el asesinato absurdo y ruin de Pedro Pablo Caballero y de los defensores de Piribebuy?.

 

¿El saqueo de Asunción?.

 

¿No considerar el despojo y desmembramiento del territorio del Paraguay luego de la guerra, concretado con el acuerdo cómplice del gobierno compuesto por traidores legionarios nombrados por los mismos invasores y al efecto, los que llegaron con ellos desde Buenos Aires?.

 

¿Afirmar que nuestra Región Oriental terminaba en el Río Apa al Norte y nuestro Chaco al sur en el río Pilcomayo y que así fue siempre desde tiempos remotos?.

 

¿No contar a nuestros niños que si no fuera por la mediación del Presidente Rutherford Hayes de los Estados Unidos todo nuestro Chaco hubiera sido arrebatado por la Argentina ?.

 

¿Y que esta sin más remedio y a duras penas, por la tremenda presión que significaba el acatamiento del fallo arbitral tuvo que conformarse únicamente con despojar al Paraguay y apoderarse del territorio que hoy le llaman Formosa?.

 

¿Disimular y no contarle a nuestros hijos que incendiaron y destruyeron las industrias de la nación, arrasaron con las fundiciones de Ibycui, e hicieron todo lo necesario para que el Paraguay se sumiera en la miseria y en la imposibilidad de recuperarse sin ninguna necesidad y de manera inútil para ellos?.

 

Y por último: ¿debemos negar acaso, que frente a una sola víctima, para sentirse fuertes, reunir coraje, tres cobardes gobiernos se juntaron para salir de caza, asaltar al Paraguay y buscar un botín?.

 

Hoy mas que nunca y frente a los hechos actuales, con esta provocación que reaviva mi memoria y me llena de indignación, creo firmemente que de manera oficial y publica, como una vez lo hiciera, con humildad, el papa Paulo VI por la Inquisición que causó tanta muerte y sufrimiento, la Argentina debe reconocer la injuria y pedir perdón al Paraguay por el irreparable crimen.

 

Pero el arrepentimiento y la súplica del perdón carecen de valor si se limita solamente a su invocación; eso no le confiere mas que un mérito formal a la aceptación de una verdad difícil de rebatir y ocultar.

 

Para que sea otorgada la absolución debe cumplirse tres condiciones por parte de quien la implora:

 

El reconocimiento de la culpa.

 

El propósito de enmienda

 

y la reparación del daño ocasionado.

 

El reconocimiento lejos esta de la aceptación por parte de algunos como se evidencia en el articulo del diario La Nación de Buenos Aires.

 

El propósito de enmienda se halla tan distante de su cumplimiento como aquel, evidenciado en la pertinaz conducta del apoderamiento de nuestros recursos que tiene y luce el mismo ímpetu destructivo de la masacre de la Triple Alianza, en esta nueva guerra sin balas, por las represas de Yasyreta e Itaipú, con los mismos invasores de entonces: Argentina y Brasil,

 

Y la reparación del daño está más lejos todavía.

 

El despojo que amputó nuestro territorio, concretado vilmente cuando los que defendieron la integridad y la honra de la nación, que eran los únicos que podían oponerse, ya no pudieron porque sus cadáveres aun frescos estaban caídos en el callejón de sangre que corre desde Paso Pucú hasta Cerro Corá, y no podían levantarse para gritarles la injusticia del despojo inicuo…

 

¡Eso merece reparación!.

 

Considerando, entre otros, la intencional aniquilación de la guerra consumada por tres “valientes” aliados, con el propósito de apoderamiento y exterminio de su pueblo; la destrucción de sus recursos y la complicidad de traidores legionarios que avalaron con su complacencia los despojos. Concluyo con convencimiento honrado y absoluto:

 

Si la Argentina tiene suficientes razones, el Paraguay tiene mayor cantidad de argumentos para reclamar la restitución de los territorios arrebatados que las que tiene la Argentina para demandar a Inglaterra las Malvinas.

 

Aprecio a esta nación en la que vivo, pero a la Nación Argentina que me reconforta, la de Juan Bautista Alberdi y la de los nombrados mas arriba, a la de los caudillos de la provincias que se opusieron a la guerra, a la de los que pidieron justicia, e incluyo entre esos nombres a José María Rosas, a Garcia Mellid, historiadores argentinos contemporáneos.

 

Agrego a esta lista a la presidente electa de los argentinos: Sra. Cristina Fernández de Kirchner que alivia con su gesto y con la claridad de su expresión el dolor memorioso e imborrable de mi pueblo".

 

Rubén Luces León

Médico

Residente en la ciudad de Buenos Aires Argentina.

 

Triple Alianza o “Triple Infamia”

UNA GUERRA QUE DESTRUYÓ Y PARTIÓ EN DOS LA HISTORIA DE UN PUEBLO

 

Por Marta Gordillo

Telam

13.08.2014  

 

La devolución oficial por parte de Argentina de los muebles que pertenecieron a Francisco Solano López, presidente del Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, recuerda aquel acontecimiento que partió en dos la historia del país vecino.

 

La guerra que enfrentó a la Argentina, Uruguay y Brasil, contra Paraguay, dejaba atrás un país rico y próspero que pasó a ser devastado, saqueado y arrasado económica y poblacionalmente, sellando un trauma que marcará el futuro de su pueblo.

 

La guerra se extendió entre fines de 1864, cuando el ejército paraguayo se apoderó de una embarcación brasileña en el río Paraguay, y comienzos de 1870, cuando es muerto Solano López en Cerro Corá tras exclamar "muero con mi Patria".

 

Muchas son las interpretaciones históricas sobre las causas de la Guerra Grande, que más allá de un análisis profundo y complejo de aquella realidad, analizan el rol del capital inglés o los intereses de los países de la Triple Alianza, como los grandes móviles, naciones que estaban tras un modelo de país diferente y que terminaron apropiándose de tierras guaraníes.

 

Al interior del Paraguay hay dos grandes corrientes ideológicas, "la primera identifica a la guerra como la `epopeya nacional` en la que la `bravura` de héroes anónimos fieles al `karai` Solano López en favor de la independencia política y económica del Paraguay no encuentra par en la historia de la humanidad", destaca el historiador  brasileño Alberto Moby Ribeiro da Silva en "La noche de las kygua vera".

 

"Otra -continúa- que la ve como una aventura insana de un caudillo extremadamente autoritario".

 

No obstante vastos trabajos de investigación dan cuenta de los efectos de esta tragedia analizando la situación de posguerra, no sólo en términos de la economía, las finanzas, las disputas políticas, sino en el aspecto social y cultural, desde donde se puede ver el papel central de las mujeres paraguayas en el sostén de la vida en general y en particular de la identidad.

 

La guerra, que fue particularmente de una extrema violencia, y que culminó con una batalla en la que sólo quedaban 400 hombres del poderoso ejército paraguayo de comienzos de 1865, ya estaba definida en enero de 1869 cuando efectivos imperiales de las fuerzas aliadas ocuparon y saquearon la ciudad de Asunción.

 

Víctima "de un intenso pillaje", como definió el historiador Jorge Perrone en el "Diario de la Historia Argentina" a la invasión a la capital paraguaya, "todo lo que pudo transportarse fue saqueado por los ocupantes, menos los cadáveres que el hambre dejara sobre las calles".

 

Se llevaron muebles, vajillas, cuadros, ropas, calderos, cristalería, puertas, ventanas.

 

Y además, como dice Ribeiro da Silva "la ocupación de Asunción por las fuerzas aliadas fue un verdadero desastre para la preservación de la documentación histórica sobre la guerra y el período inmediatamente subsiguiente, para la rearticulación de la vida pública paraguaya en Asunción y, por lo tanto, para las condiciones adversas de los últimos dos años de la guerra".

 

En este marco de destrucción de la documentación histórica, el especialista señala que la que resta sobre ese período se encuentra dispersa, parte en el país guaraní y parte en Argentina, Brasil, Uruguay, Gran Bretaña, Estados Unidos.

 

"Holocausto paraguayo", definió Perrone al describir el combate de diciembre de 1868 cuando es destruido el ejército paraguayo en Lomas Valentinas y López se retira con 100 sobrevivientes hacia la cordillera, días antes de la ocupación de la capital.

 

La triple Alianza "derriba por fin con `el hacha de la iniquidad, las puertas de un pueblo hermano y se sienta sobre sus escombros, como el genio de la desolación`" escribió el poeta Olegario Andrade, recuerda Perrone.

 

"Guerra del Paraguay, guerra sucia y devastadora de pueblos; guerra de rapiña pagada y apañada por oscuros intereses", escribió el investigador argentino León Pomer al comenzar su estudio sobre la guerra de la Triple Alianza.