Se decidió colocar los rostros de San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola.

UN ALTAR DE MAÍZ PARA EL PAPA LATINOAMERICANO

Catalina Pantuso

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Catalina:-Gran parte del altar de maíz se realizó en el teatro El Molino de San Ignacio Guazú creada por los jesuitas Marcial de Lorenzana y Francisco de San Martín

UN ALTAR DE MAÍZ PARA EL PAPA LATINOAMERICANO
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Por Catalina Pantuso

Soles

09/07/2015

 

Después de visitar Ecuador y Bolivia,  el papa Francisco oficia Misa en el campo grande de Ñu Guasú (Asunción), en un altar construido con frutos de la tierra, y de estilo barroco hispano-guaraní.

 

Durante más de tres meses, el artista plástico Delfín Roque Ruiz Pérez —conocido como Koki Ruiz— junto a un grupo de 20 artesanos y muchos voluntarios del lugar, trabajaron en la construcción del “altar de maíz”.

 

En la entrada del predio habrá un cartel que en lugar de decir Bienvenido, tendrá la inscripción Orerovasami, que significa bendícenos, en idioma guaraní.

 

En el boceto original estaba previsto que a los costados del altar estuvieran las imágenes de la Virgen de la Asunción y de San Roque González de Santa Cruz, el Santo Mártir paraguayo.

 

Sin embargo, posteriormente, se decidió colocar los rostros de San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola —haciendo clara alusión al nombre elegido por el Papa y a la orden a la que pertenece—recordando a las misiones jesuíticas y franciscanas que evangelizaron el Paraguay.

 

Para comprender mejor el alto valor simbólico de esta instalación de arte religioso, es importante recordar que el Santo Padre es el primero en utilizar el nombre de Francisco, el primer papa latinoamericano y el primer jesuita que ocupa el trono de San Pedro.

 

Por estos motivos es interesante hacer algunos comentarios sobre el lugar donde se construyó el retablo y las particularidades de su realización.

 

El arte popular no se improvisa

 

Gran parte del altar de maíz se realizó en el teatro “El Molino” de San Ignacio Guazú (Departamento de Misiones, Paraguay), ubicado a 225 km de Asunción.

 

Esta ciudad fue creada (1609) por los jesuitas Marcial de Lorenzana y Francisco de San Martín, junto al Cacique Arapysandú, quien les ofreció sus tierras para construir el altar donde se celebró la primera misa de las reducciones jesuíticas del Paraguay.

 

En febrero de 1610, el padre Roque González de Santa Cruz llevó a cabo la fundación definitiva del pueblo, convirtiéndolo en el centro de las misiones que se extendieron a los actuales territorios de Argentina, Brasil y Uruguay.

 

San Ignacio Guazú está considerado como la Capital del Barroco Hispano-Guaraní.

 

Se mantiene aquí la experiencia histórica de un profundo sincretismo religioso y una larga tradición de educación artística.

 

Está comprobado que los guaraníes, que habitaron las reducciones jesuíticas, se convirtieron en hábiles orfebres, escultores y pintores; crearon gran cantidad de tallas religiosas, muebles y piezas decorativas.

 

Notables artesanos, supieron construir sus propios instrumentos y formaron verdaderos coros y orquestas.

 

Tampoco el teatro y la danza estuvieron ausentes, se representaron comedias, autos, loas y hasta pequeñas óperas.

 

Las artes fueron, al mismo tiempo, un elemento de catequesis, una pedagogía para el trabajo y un factor de cohesión social.

 

Si bien los sacerdotes definían los estilos de las obras de arte, los nativos lograron imprimir su propia capacidad expresiva.

 

De este modo nació el barroco hispano-guaraní, donde se unieron las líneas estáticas de la cultura autóctona con el dinamismo europeo.

 

Otra parte del altar de maíz se realizó en la “Casa de Indios” de Tañarandy —Tierra de los irreductibles—, una localidad situada a dos kilómetros de San Ignacio Guazú.

 

A diferencia de sus vecinos, los guaraníes que, hace 400 años, habitaban este lugar, ofrecieron una gran resistencia a la evangelización.

 

En ese sitio —donde los españoles de la conquista creían que habitaban los demonios— el artista plástico Koki Ruiz, en 1992, tuvo la iniciativa de organizar la procesión de Semana Santa en Tañarandy.

 

Desde este pequeño pueblo abordó la tarea de transmitir y compartir sus ideas al tiempo que escuchaba diferentes opiniones y debatía sobre las particularidades del arte latinoamericano.

 

De estas reflexiones surgió la idea de crear el primer altar de maíz y hacer una gran marcha iluminada por centenares de velas, reviviendo uno de los más antiguos ritos, el canto y el "jetopa" (encuentro) de los “estacioneros”, varones que entonan sus melodías mientras recorren de las estaciones del Vía Crucis.

 

Posteriormente se incluyeron los "cuadros vivientes" que representaron de obras sacras de Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y Rogier Van der Weyden.

 

El proyecto de Semana Santa en Tañarandy fue un éxito y, poco a poco, fue consolidándose con la participación activa de artesanos, carpinteros, albañiles, diseñadores, agricultores y estudiantes que vieron en la procesión de Tañarandy un hecho artístico colectivo que rescató y puso en valor la cultura popular.

 

Como en las antiguas reducciones jesuíticas nuevamente se articularon y complementaron las artesanías, el teatro, la música y las artes plásticas.

 

En cada una de estas expresiones se admira el particular estilo barroco guaraní que muestra el mestizaje religioso entre los evangelizadores que prometían el paraíso celestial y la cosmovisión de los nativos que buscaban “la tierra sin mal”.

 

Desde hace 23 años, esta mega instalación artística con base en la religiosidad popular, se convirtió en el principal centro de peregrinación de la Semana Santa paraguaya, al que también asisten muchísimos turistas extranjeros.

 

El altar de maíz para Francisco

 

Continuando con la tradición de Tañarandy, Koki Ruiz creó un nuevo altar de maíz, que también fue realizado en forma colectiva.

 

Cada participante uno tuvo su espacio y su tarea.

 

En el sector de carpintería se armaron los enormes bastidores de madera; los voluntarios prepararon el papel maché y seleccionaron los “coquitos” de las ramas de palmera; los artesanos ataron las mazorcas de maíz en los paneles y “pintaron” los rostros de San Francisco de Asís y de San Ignacio de Loyola con diferentes tipos semillas de girasol, lino y porotos.

 

No sólo estuvo la creatividad del reconocido artista plástico y el esfuerzo de los artesanos junto a los voluntarios de la población local, los productores de las comunidades de Caaguazú, Alto Paraná y otras localidades colaboraron donando las semillas, las mazorcas y las calabazas.

 

El retablo que utilizará Francisco en el acto central de su visita a Paraguay tiene una forma piramidal, de 40 metros de base y 17 metros altura, con una cruz gigante de 16 metros en el medio del ático.

 

La superficie total, superior a los 400 metros cuadrados, está construida en diferentes módulos para facilitar su realización y transporte.

 

Toda la instalación está recubierta por más de 200 mil cocos guaraníes, pequeños frutos que duran mucho tiempo, tienen una cáscara muy dura y pueden pintarse.

 

Las figuras del retablo están “dibujadas” con unas 40 mil mazorcas de maíz y para los detalles ornamentales se utilizan casi 20 mil calabazas.

 

Toda la obra será recubierta por un ungüento especial para preservarla de los factores ambientales.

 

El mestizaje cultural, característico del barroco hispánico-guaraní, es lo distintivo del altar de maíz.

 

En él se muestran las formas simétricas, los fuertes contrastes de colores naturales y las diferentes texturas de los frutos de la tierra.

 

El impacto visual no está dado por los costosos materiales utilizados, sino en el talento y la voluntad de todos los que, en forma anónima, construyeron esta obra única en su género y en la energía de los mensajes que miles de personas dejaron escritos en sus paneles.

 

CP/

 

N&P: El Correo-e de la autora es Catalina Pantuso catalinapantuso@gmail.com

 

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