tendencias marketineras que alrededor del medicamento

UNA PUBLICIDAD LETAL

Jorge Rachid

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Tejen una expectativa de vida mejorada, por la pocima milagrosa, en este caso el comprimido o el jarabe de adulto o niños, que soluciona lo cotidiano de las alteraciones de salud que padecemos

UNA PUBLICIDAD LETAL

 

Por Jorge Rachid*

 

Los latinoamericanos , en especial los argentinos, nos hemos acostumbrado a recibir desde la publicidad, una catarata de tendencias marketineras que alrededor del  medicamento, tejen una expectativa de vida mejorada, por la "pócima milagrosa", en este caso el comprimido o el jarabe de adulto o niños, que soluciona lo cotidiano de las alteraciones de salud que padecemos.

No sólo los medicamentos constituyen esta ofensiva sobre la vida de las personas para condicionarlas a una dependencia peligrosa, también se suma a eso, los alimentos con supuestas propiedades clínicas por agregados biológicos que menciona, equilibrarían el tránsito intestinal.

 

También complementos dietarios y energizantes que mejoran la vida cotidiana, con la sola ingesta de una bebida, que sin darle al consumidor una información veraz penetra en el inconciente, como toda publicidad, incorporándose al hábito diario.

 

Una especie de dependencia, la cual racionalmente decimos combatir. Los cosméticos se agregan a la lista de aquellas publicidades que muestran, desde los supuestamente fisiológicos, la resolución de los temas dermatológicos y capilares.

El tema de la publicidad de los medicamentos, especialmente peligroso por los efectos secundarios a la ingesta, por automedicación o sobre medicación indicada o prescripciones no correctas, impactan severamente en la salud de la población, aspectos no publicados y desconocidos por la mayoría de los compatriotas, con alteraciones de la salud que llevan a la internación y a cuadros clínicos severos.

 

Estas situaciones al no ser ni comentadas periodísticamente, por protección mediática a los auspiciantes, los grandes laboratorios farmacéuticos, no llegan al público con la densidad que lo hacen las casi dos horas de publicidad diaria de medicamentos.

 

Estos cuadros se extienden desde patologías que llevan a cuadros de ACV por ingesta por ácido acetilsalicílico, comúnmente llamado aspirina, hasta cuadros neurológicos por exceso de ansiolíticos, iatrogenia medicamentosa (enfermedad producida por los médicos, en este caso por los medicamentos).

 

A estos cuadros podemos agregarlas hemorragias digestivas, las alteraciones metabólicas, los estados de alteración del sistema digestivo y reno urinario, determinando asimismo en algunos casos, la disminución evidente de defensas orgánicas, como el abuso corticoide.

Esta situación impacta gravosamente en los sistemas solidarios de salud, contribuyendo además al desfinanciamiento, por situaciones evitables y para agravar el caso, producida en la publicidad cotidiana como una compulsión al consumo, que hace de nuestro país el que mas gasta en el mundo, casi un 32% de su inversión total en salud, se lo llevan los medicamentos, cuando en todos los países ese porcentaje no supera el 15%.

 

La Argentina tiene uno de los índices de inversión en salud, mas alto del mundo, a la par de los países desarrollados, pero de ese esfuerzo, se apropian los sectores de la industria farmacéutica, cuya formación de cadena de valor, es decir ganancias sobre la estructura de costo, arranca del mil por ciento, llegando a cifras de miles, por considerar al medicamento un bien de mercado y no un bien social, como está definido por todos los organismos internacionales. la regulación estricta de la calidad y el precio deben ser una constante del estado nacional, pero la preservación de la salud de la población, es el escalón anterior a dicha situación sanitaria, de extrema gravedad.

Si el medicamento, el alimento con propiedades fisiológicas, los complementos dietarios, los energizantes y hasta los cosméticos, siguen siendo el caballito de batalla de un mercado de consumo, en vez de ser auxiliares de la medicina en la resolución de situaciones de desequilibrio orgánico, estaremos asistiendo cada día con mayor intensidad a la medicalización de estados de ánimo, como sucede hoy con las alegrías y tristezas que deben medicarse para evitar emociones , siendo la venta de ansiolíticos de las mayores en nuestro país.

 

La medicalización es el paso previo a la adicción de cualquier tipo, crea hábito, condiciona las conductas, los hace dependientes, hasta de un jarabe para la tos, puerta de entrada por años de la efedrina hasta que fue retirada del mercado.

En salud no debe existir el mercado, los sistemas sanitarios deben preservar la salud, no estimular la medicalización y menos aún contribuir a la adopción de práctica lesivas la sistema sanitario desde lo médico a lo financiero.

 

Esta situación que además se combina con la corrección hacia abajo de valores de laboratorio, que permiten a la industria farmacéutica incorporar por millones al consumo de pacientes catalogados como diabéticos cuando no lo son, o hipertensos por un valor ocasional , o dislipémicos por una sola muestra, colocándole un cartel en su frente de por vida, con consumo diario de medicamentos, sin evolución supuestamente posible, si se aleja del medicamento indicado, constituyéndolo de por vida como un rehén del laboratorio.

 

Los pacientes realmente diagnosticados como enfermos crónicos, deben ser asistidos por el estado en el cuidado de su salud, en forma gratuita, con control de adhesión al tratamiento, evitando las complicaciones de las cuatro enfermedades crónicas mas frecuentes en el país, como diabéticos, hipertensos, renales y cardiópatas. Todo un desafío de la producción pública de medicamentos.

Por esta razón prohibir la publicidad de medicamentos, como sucede en la mayoría de los países del mundo, junto al tabaco y el alcohol, es una demanda actual, pendiente y urgente ya que impacta en la salud de la población en forma cotidiana, crea hábito y dependencia, lo mismo que los alimentos, los complementos y energizantes que su consumo basado en supuestos ventajas anímicas, físicas o mentales, de concentración y lucidez, son una constante publicitaria. Su prohibición es sin dudas un remedio.

 

Vendrán como siempre, como ya lo hicieron con el proyecto de ley presentado el año pasado por el FPV, los consabidos lobbys de la industria condicionada por el lucro antes que por la salud de la población, pero por tratarse el medicamento de un bien social, el estado debe poner los límites necesarios a una voracidad sin límites, superando los escrúpulos que debe tener una actividad ligada a la salud pública.

 

 

 

El correo-e del autor es

Jorge Rachid jorgerachid2003@yahoo.com.ar