Los robots no hacen huelga ni reclaman aumentos de sueldo.

EL REVES DE LA TRAMA

Norberto Colominas

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Si especular es más rentable que producir, se explica entonces por qué la producción mundial se ha venido reduciendo, y con ella el empleo.

EL REVES DE LA TRAMA

 

Por Norberto Colominas

NAC&POP

27 de mayo de 2015

Los asalariados, a quienes se les quita buena parte de lo que generan con su trabajo mediante la plusvalía (diferencia de valor entre lo que un obrero produce y el salario que cobra), tienen que elegir ser víctimas de ese arrebato, es decir, tienen que desear conseguir un empleo. 

El ciervo debe buscar al lobo.

En el capitalismo se puede ganar dinero a la manera liberal, produciendo más, vendiendo más y ganando más, o a la manera neoliberal, multiplicando las ganancias mediante la especulación financiera.

Pero esto tiene un límite.

Una nueva paradoja acecha a quienes no son dueños de los medios de su producción, es decir al 95 por ciento de la población mundial, porque el capitalismo ya no quiere aumentar la productividad del empleo y obtener así más beneficio por cada trabajador, sino que lo viene haciendo por vía de la incorporación de nuevas tecnologías (robots, informática, redes, sistemas inteligentes “men out”), que son más baratas y más confiables.

Los robots no hacen huelga ni reclaman aumentos de sueldo.

Muy pronto el 15 por ciento de la población mundial no encontrará un empleo, ni siquiera uno precario.

Esto significa que unos mil millones de personas no tendrán trabajo; no encontrarán al lobo.

La Segunda Guerra Mundial le costó la vida a 50 millones de personas (entre ellas a 20 millones de rusos).

Salvo Francia y Portugal, el resto de Europa fue arrasada.

Esta reducción bestial de la mano de obra disponible mediante una descomunal matanza garantizó la recuperación económica (vía el Plan Marshall, entre otros instrumentos) y, aunque sólo por un tiempo, habilitó el pleno empleo.

Pero ese equilibrio no duró mucho.

Primero Nixon eliminó el patrón oro y habilitó la emisión descontrolada de dólares sin respaldo (o con el respaldo último del ejército norteamericano), que llega hasta hoy.

La crisis del petróleo de 1973 completó la faena y marcó el fin de esa tregua provisoria entre el capital y el trabajo, aunque nunca dejó la plusvalía de ser la única explicación consistente del origen de la ganancia.

Si no viene de la plusvalía, la ganancia no tiene explicación; es metafísica.

Desde los primeros años 80 (y tras la eliminación de los controles financieros por la dupla Reagan-Thatcher) se sumó un nuevo factor decisivo a la ecuación económica: la renta, que no es ganancia.

Desde los 90 hasta hoy la renta financiera fue subordinando a la ganancia industrial.

Si especular es más rentable que producir, se explica entonces por qué la producción mundial se ha venido reduciendo, y con ella el empleo.

La tecnología hizo el resto.

El tiempo pasa, la producción disminuye y la población crece. 

Mil millones de hombres y mujeres no tendrán empleo

¿Habrá una tercera guerra mundial o un desastre nuclear para recuperar el “equilibrio” perdido?

 Nadie debería descartar esa siniestra posibilidad.

NC/


N&P: El Correo-e del autor es Norberto Colominas norcolominas@hotmail.com.ar