Colominas retoma el debate sobre el uso de la fórmula periodismo independiente

LA FALACIA DEL PERIODISMO INDEPENDIENTE

Norberto Colominas

norbertocolominass
El supuesto periodismo independiente es una máscara que usan las empresas del sector que se oponen, desde siempre, a los proyectos políticos nacionales y populares.

 Colominas retoma el debate sobre el uso de la fórmula “periodismo independiente”

LA FALACIA DEL PERIODISMO INDEPENDIENTE

El supuesto periodismo independiente es una máscara que usan las empresas del sector que se oponen, desde la noche de los tiempos, a los proyectos políticos nacionales y populares.

 

   Por Norberto Colominas

COMUNA

2/5/2015

El señor Wiñazky publicó hace algún tiempo en Clarín una nota en defensa del periodismo “independiente” y contra el “acoso oficial a la prensa”.

 

En ella cita a otros periodistas que piensan como él y a nadie que piense lo contrario.

 

Ahora bien, ¿de quién son independientes estos ilustres colegas?

 

¿Son acaso independientes de sus anunciantes, con todo lo que eso significa?

 

No.

 

¿Son independientes de la Iglesia?

 

No.

 

¿Son independientes de una notoria embajada?

 

No.

 

¿Son independientes del establishment?

 

No.

 

En realidad, sólo son independientes del gobierno, es decir, son medios opositores, que, funcionalmente hablando, nada tienen que envidiar a los medios “oficialistas”.

 

En cuanto a lo de “intelectuales que odian al periodismo”, no es mi caso, puesto que, como tantos otros colegas que defienden este modelo, soy un periodista comprometido con mis ideas, esto es, ni militante ni independiente: consecuente conmigo mismo.

 

Es verdad que el señor Spolsky recibe ayuda oficial para sostener sus medios, que no son pocos.

 

Pero, ¿por qué calla Wiñazky que la dictadura le permitió a Clarín, La Nación y La Razón apropiarse ilegalmente de Papel Prensa, secuestros y torturas mediante, a cambio del apoyo mediático para su plan de exterminio?

 

¿O acaso se lo dieron gratis?

 

Yo no practico el periodismo independiente ni el militante, sino el periodismo comprometido con mis ideas de toda la vida.

 

Defiendo y apoyo este modelo nacional, participativo, inclusivo y con aspiraciones de igualitarismo que hoy encabeza Cristina Fernández.

 

Y lo hago no obstante sus errores o falencias, porque no aspiro a la perfección.

 

Lo digo clarito y sin ambigüedad, ya que no paga mi sueldo ni el establishment, ni los anunciantes, ni la iglesia ni la susodicha embajada.

 

    Por estos días las dos principales cadenas de TV por cable de los Estados Unidos están por fusionarse, con lo cual obtendrán el control de más de la mitad de los clientes de ese servicio, que son más de 100 millones de hogares, totalizando una facturación de 86.000 millones de dólares/año.

¿De quién son y serán independientes estos señores?

Seguramente de los pobres, que siempre son peligrosos, en fin, de los pueblos del Tercer Mundo. Y de nadie más.

 

    Bien mirado, ¿por qué es malo ser dueño o periodista de un medio que apoya al gobierno y no lo es formar parte del plantel profesional de un diario, canal o emisora de la oposición?


¿Por qué es bueno darle espacio y aire a la señora Carrió y disimular los estragos de Mauricio Macri en la capital, pero es malo destacar las acciones positivas del gobierno?

 

    Me temo que, puesto a defender lo indefendible, el señor Wiñazky se enredó en la precariedad de sus ideas.


Pero no es el único ni siquiera el peor, puestos que el señor Lanata cobra 50.000 dólares por mes para decir lo que dice y escribir lo que escribe.


Seguro que Wiñazky trabaja por bastante menos, aunque seguro que por bastante más que yo. Pero yo estoy orgulloso de mi trabajo, que no es poco.