Cada vez se les ven más los hilos.

EL FIN DE LA ESTUDIANTINA

Emrique Quique Masllorens

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La “gente bien” no tiene nada que ver con los choripaneros o chori planeros, ni con los habitantes de las canaletas del juego y de la droga pagados por los planes sociales.

EL FIN DE LA ESTUDIANTINA

Por Enrique Masllorens

Tiempo Argentino

13 de abril de 2015

Si alguien hubiera estado distraído en los últimos tiempos y además cargara con todos los prejuicios del medio pelo argentino y de la hipocresía circundante, a algunas escenas ocurridas en la misteriosa Buenos Aires las habría calificado de peronismo explícito.

 

Otra muestra de barbarie que ofende a la élite civilizada.

 

Otra razón más para decir públicamente lo que se siente y se comenta en la intimidad: que la única solución es el voto calificado.

 

La “gente bien” no tiene nada que ver con los choripaneros o chori planeros, ni con los habitantes de las canaletas del juego y de la droga pagados por los planes sociales.

 

Las prácticas patoteriles, el uso de barrabravas a las órdenes de punteros barriales, las peleas y reclamos en público no forman parte del repertorio de la refinada cabalgata del buen humor y de la mejor onda de las chicas y muchachos de la eterna sonrisa y bien forrados en el látex de sus globos multicolores.

 

Pero a veces, esa vieja violencia soterrada y disimulada por razones de urbanidad, aparece con todo su esplendor.

 

Los hechos: una dirigente experta en operaciones y cambios de principios y lealtades, denuncia a un grupo de personas por amenazar con cuchillos a militantes de un precandidato a alcalde porteño para correrlos de la esquina donde se habían instalado.

 

Acusan a la otra precandidata de haber enviado a la patota armada.

 

Además le endilgan usar a mafiosos y cadeneros de un dirigente gremial que la apoya y es conocido por sus actitudes antidemocráticas, manejos autoritarios y provocadores siempre en sintonía y funcionales a la patronal rural.

 

Los adherentes de la acusada precandidata retrucan que fueron los otros quienes los echaron al grito de “¡váyanse de acá, negros de mierda!”.

 

Luego, todos niegan y dicen tener la mejor de las ondas, aunque el episodio quedó registrado en la comisaría de la zona.

 

Pero hay más historias en esta ciudad desnuda de buena memoria.

 

Los métodos coercitivos, los aprietes y amenazas a funcionarios y contratados estatales para que trabajen y colaboren con la campaña del preferido del líder del partido, son dignos de algunas escenas de las películas clase B sobre la mafia.

 

Desembozadamente los llaman por teléfono o los encaran personalmente para que vayan a timbrear y hacer proselitismo para el precandidato, a quien algunos visualizan como “desenfrenado” y muy ansioso por tener el poder en sus manos.

 

Hartos de estos avances sobre sus conciencias y elecciones en la disputa interna, califican estos métodos como “stalinistas”.

 

Ya perdió su trabajo un asesor que osó identificarse con la precandidata.

 

Y las presiones las sufren hasta aquellos legisladores que no obedecen la decisión del líder del partido.

 

Y al que no se alinea lo citan para pedirle explicaciones y de manera poco amable.

 

Y hay muchos que están temerosos de las represalias y por su propia continuidad laboral.

 

Y después acusan de verticalista al peronismo.

 

Esto es sólo una parte de lo que sucede fuera de los sets de televisión y que al contar con una inmoral protección mediática no llegan a trascender.

 

Esto es el PRO desnudo y explícito.

 

Porque no se trata de una pelea de facciones en una seccional de algún sindicato, ni de sectores  peronistas enfrentados en alguna intendencia del conurbano bonaerense ni tan siquiera en alguna tumultuosa y sopapeada convención radical.

 

Se trata del fraude más grande de las últimas décadas en la política argentina.

 

Aun mayor que la traición de Menem a los principios y tradiciones del justicialismo.

 

Porque esa construcción espuria y destinada a aumentar la confusión, se fabricó en los laboratorios de las fundaciones y think tanks que han construido este caballo de Troya del más crudo y excluyente neoliberalismo y su esencia antinacional.

 

El PRO se armó con criterio de casting de publicidad para vender un producto de ominosa y triste memoria disfrazado de alegre estudiantina new age, en base a Mauricio, que es Macri.

 

Este torpe muchachón fue el elegido para enmascarar las verdaderas intenciones, programas e ideología del sector por varios motivos.

 

Lo habían encaramado en la presidencia de Boca Juniors a base de una billetera negra más que generosa.

 

Aunque considerado por muchos como un subproducto de la alfabetización, era capaz de repetir frases cortas, imitar (mal) a Freddy Mercury y estaba dispuesto a participar en el estilo “viaje de egresados” de las presentaciones y festejos.

 

La primera orden de Duran Barba fue la de eliminar los apellidos de los funcionarios y legisladores del PRO, porque eso “nos acerca a la gente”.

 

Luego buscaron una fórmula “vendedora” y la elección fue de manual de marketing norteamericano: una mujer con una discapacidad que vence sus propias dificultades.

 

Poco importó que su discurso tuviera la profundidad de un plato playo.

 

Con tal de repetir: “buena onda”, “hacer política para la gente” o generalidades varias era suficiente.

 

Ahora, en nombre de la eficiencia recurren a Horacio, que es Rodríguez Larreta, cuyo rostro y su forma de comunicar son un fiel reflejo de su alma y pensamiento.

 

Con toda la protección corporativa y los recursos del capital concentrado a disposición para retrasar al país al imperio de la exclusión, privatizaciones, ajustes, pérdida de derechos, entrega del país y represión, avanzan como camaleones sin precisar ninguna política concreta.

 

Dicen y se desdicen.

 

Usan caretas y sonrisas de ocasión dispuestos a volver a los 90, reducir el Estado y dejar al mercado que ellos manejan para ajustar y empobrecer a las mayorías.

 

Y con su nuevo socio Ernesto Sanz, a quien desprecian.

 

Pero cada vez se les ven más los hilos.

 

La “nueva política” es un discurso vacío y los métodos que ellos denuncian son los que usan y abusan.

 

Cada día se caen los velos de esta pretendida estudiantina de chicos de colegios caros y se perciben los colmillos afilados de estos lobos amigos de los buitres que vienen por todo lo ganado.

 

EQM/