en la CABA es ante todo un ejercicio de humildad y sufrimiento

SER KIRCHNERISTA

Mesa de Autoayuda K

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Ser kirchnerista es ser ultraK, a diferencia de quienes apoyan a Macri, Binner o Cobos, que nunca son ultra nada.

SER KIRCHNERISTA

 

Por Mesa de Autoayuda K*

 

Ser Kirchnerista en la CABA es ante todo un ejercicio de humildad y sufrimiento.

 

Es defender al Maligno.

 

Ser kirchnerista es que mis amigos me miren con preocupación y me pregunten si sigo siéndolo.

 

Es que mi tía Chola me acuse en los almuerzos familiares con un “ustedes” que me incluye y por supuesto la excluye, de todo tipo de calamidades, como querer acabar con el diálogo en la mesa, el respeto a los mayores y un sinfín de otros valores notables que no sabía que mi tía Chola defendiera, pero sobre todo que ignoraba que mi familia tuviera.

 

Ser kirchnerista es ver cómo mis cumpleaños se van despoblando. Es constatar cómo mis opiniones políticas pasan a ser lo único que me define.

 

Mis conocidos ya no me descalifican por mi ignorancia futbolera o mis gustos musicales: mi condición de kirchnerista concentra todas las críticas, como una especie de ánodo de sacrificio.

 

Ser kirchnerista, también, es ser nazi, estalinista, polpotiano, menemista, montonero, chorro y estafador, pero sobre todo es ser intolerante por pretender negarlo.

 

Ser kirchnerista es estar permanentemente al borde del abismo, a merced de un nuevo tiro en el pie oficialista que, “esta vez sí”, va a terminar con el gobierno.

 

Ser kirchnerista es tener que hacerme cargo de lo que opinó tal artista más o menos oficialista o simplemente cualquier otro kirchnerista.

 

Ser kirchnerista es ser ultraK, a diferencia de quienes apoyan a Macri, Binner o Cobos, que nunca son ultra nada.

 

Ser kirchnerista es indignarse porque el gobierno no para de cometer esos errores que podría evitar si “nos escuchara a nosotros”.

 

Ser kirchnerista es mirar con asombro como nuestra derecha, históricamente proclive a los golpes de Estado, las emergencias discrecionales y las cirugías mayores sin anestesia (preferentemente sobre miembros ajenos), se ha transformado en la severa defensora de la letra chica del más nimio de los reglamentos.

 

Ser kirchnerista es ver a nuestras viejas glorias caer de sus pedestales transformados en señoras gordas indignadas.

 

Ser kirchnerista es minimizar ciertos peligros con la excusa de que son imaginarios, como la inminente apertura de las cajas de seguridad, el decomiso de pasaportes, la prohibición del salmón o la Invasión de Polonia.

 

Ser kirchnerista es escuchar cada semana el anuncio de un nuevo fin de ciclo kirchnerista.

 

Ser kirchnerista es una decisión política mientras que ser antikirchnerista es sentido común.

 

Ser kirchnerista es ver como mis amigos que denunciaban “la politiquería del Congreso” durante el menemismo hoy se indignan porque CFK no esperó el dictamen no vinculante de alguna comisión parlamentaria.

 

Ser kirchnerista además implica no preocuparse por ser constantemente el peor país o, más exactamente, por no ser el país que no somos. No fuimos Irlanda hasta que no serlo fue una ventaja; no fuimos Grecia hasta que Grecia tampoco quiso ser Grecia; no fuimos Brasil hasta que Brasil se estancó y ahora, al parecer, no somos Perú.

 

Ser kirchnerista es aplaudir iniciativas como el matrimonio gay aun sabiendo que con este viento de cola cualquiera lo hubiera hecho votar, incluso De la Rúa.

 

Ser kirchnerista es negar que todo lo bueno era inevitable y todo lo malo, intencional.

 

Ser kirchnerista es ver como Néstor pasó de energúmeno violento a entusiasta del diálogo apenas tomó la precaución de ya no estar.

 

Ser kirchnerista es ver con asombro cómo el diario La Nación se preocupa por el respeto a los DDHH de nuestros nuevos socios comerciales.

 

Ser kirchnerista es ver cómo el apocalipsis inminente aunque esquivo de ayer es reemplazado por un nuevo apocalipsis igualmente inminente y siempre esquivo.

 

Ser kirchnerista es asombrarme porque CFK tiene menos legitimidad que Mujica por ser más rica pero no tiene más legitimidad que Macri por ser más pobre.

 

Ser kirchnerista es considerar que tal vez no logremos tener los servicios públicos de Finlandia con la presión fiscal de Burundi.

 

Ser kirchnerista, al fin, es padecer ciertas molestias ante comentarios antiK pero, sobre todo, es descubrir con asombro alguna tolerancia al peronismo.

 

 

Columna publicada en Nueva Ciudad.

 

Foto: una pareja de kirchneristas confesos huye de una horda de ciudadanos indignados por la falta de diálogo y la ausencia de consenso (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).

Fuente MESA DE AUTOAYUDA K

Grupo de autoayuda para quienes padecen ciertas molestias ante comentarios Anti-K o incluso descubren alguna tolerancia al peronismo

 

Gentileza de Alejandro Martinich