LA BATALLA DEL BICENTENARIO POR LA SALUD.

Silvia Torres

La decisión presidencial muestra la voluntad de descentralizar el sistema de investigación científica y dar una batalla contra las enfermedades tropicales y sub abandonada por años.

Cristina creo el Instituto de Medicina Tropical en Puerto Iguazu Misiones en 2011.

LA BATALLA DEL BICENTENARIO POR LA VIDA

La decisión presidencial muestra la firme voluntad de descentralizar el sistema de investigación científica y dar una batalla eficiente contra las enfermedades tropicales y subtropicales abandonada por años.

 

 Por Silvia Torres

 Red de Medios del Mercosur

24/02/2015

 

La creación del Instituto Nacional de Medicina Tropical (INMeT) dependiente del Ministerio de Salud de la Nación por decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en febrero del 2011, puso de manifiesto la firme voluntad de profundizar la lucha contra enfermedades arraigadas en vastas regiones del país y el continente, como producto de años de desidia y abandono por parte de las autoridades sanitarias.

 

La elección de Puerto Iguazú como sede del mismo, también obedeció a un nuevo paradigma en materia científica y de salud ya que, por un lado, implicó localizarlo en el corazón de la región subtropical del continente con riesgo de epidemia y, por otro, continuar con un proceso de descentralización de la investigación científica que, desde casi siempre, tuvo sus sedes en la región central del país.

 

Alguna vez, Albert Camus (“Entre el infierno y la razón”) escribió que, “en los próximos años la batalla no será entre la utopía y la realidad, sino entre diferentes utopías, cada una tratándose de imponer sobre la realidad (…)

 

Nosotros ya no podemos tener la esperanza de salvar todo(…) pero al menos podemos tratar de salvar vidas, de tal manera que algún tipo de futuro, aunque quizás no el ideal, todavía sea posible”.

 

Y éste pareciera ser el objetivo que moviliza a los científicos y personal de apoyo que, en número de 47, se desempeña en el organismo y que en mayo próximo pondrá en funcionamiento su nueva sede, con los laboratorios y recursos materiales que la labor científica exige.

 

“No proponemos sólo una institución complementaria sino un cambio cultural y ético, de integración, cooperación y gestión democrática en el área del sanitarismo tropical, buscando que los intereses personales, sectoriales y jurisdiccionales sean un instrumento de crecimiento conjunto y no un freno de competencia excluyente”, dice uno de los objetivos de la institución, en donde se desarrollan estudios multidisciplinarios que conjugan la biomedicina, la bioecología y las ciencias sociales, en un excepcional espacio geográfico en pleno hábitat de las especies en estudio.

 

Científicos e investigadores, de los cuales una docena pertenecen al Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas (Conicet), realizan investigaciones ecoepidemiológicas de zoonosis en animales silvestres y domésticos, en geohelmintos (parásitos) y protozoarios, mosquitos, virus, moluscos, roedores, venenos y enfermedades como Leishmaniasis, Chagas, dengue y fiebre amarilla que se desarrollan tanto en ámbito rural como urbano, así como también, trabajan en estudios socio antropológicos de lepra, tuberculosos, salud en comunidades aborígenes, nutrición, balance energético y pobreza, salud, uso de la tierra y cambio climático y, entre otros objetivos, buscan conformar un mapa de riesgo ofídico y estudio proteómico de venenos, muchos de los cuales los realiza en colaboración con otros organismos del Estado como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Servicios Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Administración de Parques Nacionales (APN), las Fuerzas Armadas y universidades nacionales, así como también, despliega una tarea de integración regional con organismos similares de distintos países del continente y el mundo.

 

En el corriente año, está previsto que se inauguren las nuevas instalaciones del Instituto, en un predio de 12 hectáreas, que contará laboratorios propios en 10 mil m2 cubiertos con alto nivel de seguridad biológica, condiciones de sostenibilidad y bajo impacto ambiental, en donde también se localizan las viviendas para los agentes que trabajan en el INMeT, todo lo cual ha tenido un fuerte impacto para el desarrollo social de la zona, no solo por la radicación de investigadores en áreas de frontera, sino también por las fuentes de trabajo para recursos humanos locales que se ha generado.

 

Los resultados que se obtienen en el Instituto impactan directamente sobre la calidad de vida de las poblaciones más olvidadas por las políticas sanitarias que el neoliberalismo aplicó durante años (¿centurias?) en el país y también en América Latina y el mundo.

 

Sabido es que las enfermedades del trópico y el subtrópico agredieron a vastos sectores marginados de todos los bienes materiales, culturales y también científicos, que este instituto busca paliar como un invalorable y esencial auxiliar de la salud pública, en la lucha por alcanzar la definitiva y merecida dignidad de los pueblos.