Norberto Galasso. Historiador. Maestro de maestros. Miradas al Sur. 25 de enero de 2015.

NORBERTO GALASSO LE RESPONDE A RICARDO FORSTER COMO ACLARACIÓN DE LA HISTORIA

Norberto Galasso

Galasso:-Allí se afirma que hay zonas oscuras en Scalabrini y Jauretche, lo cual me parece incorrecto porque no se pueden hacer juicios de ese tipo sin fundamento.

Norberto Galasso. Historiador. Maestro de maestros. Miradas al Sur. 25 de enero de 2015.

NORBERTO GALASSO LE RESPONDE A RICARDO FORSTER COMO ACLARACIÓN DE LA HISTORIA

Por Norberto Galasso

Miradas al Sur

25 de Enero de 2015

En la página 46 de Miradas al Sur del domingo 18 de enero se incurre en dos afirmaciones que me aluden y por ello les solicito que las aclaren.

Allí se afirma que “hay zonas oscuras en Scalabrini y Jauretche”, lo cual me parece incorrecto porque no se pueden hacer juicios de ese tipo sin fundamento.

Si las hubo, según el periodista, debería decirlas.

En el caso de Scalabrini se agrega: “Entre otras cosas (¿también oscuras?, ¿cuáles?), que fue germanófilo”.

Reiteradas veces se ha explicado que no lo fue.

Fue neutralista, en una Argentina donde –aun en Forja– había aliadófilos, es decir, partidarios de las potencias como Gran Bretaña, que nos dominaban.

No existe declaración alguna de Scalabrini o de Jauretche a favor de Hitler.

Es una vieja discusión ya saldada.

Además: “el Dorrego”.

Se me elogia porque no me integré y se dice confusamente que no lo hice porque el instituto “no me representa, porque entre otras cosas no reivindicaba a Rosas”.

Desde hace muchos años y muchos libros expresé la reivindicación a Rosas en ocasión de la Vuelta de Obligado, pero lo distinguí de los caudillos del interior por su centralismo porteño, pues Buenos Aires se quedaba con las rentas aduaneras en vez de repartirlas.

El motivo fue otro: con un grupo de compañeros habíamos constituido el Instituto Felipe Varela (Varela, al igual que el Chacho, fue antirrosista) y por otra parte, el Dorrego –a mi juicio– nacía mal y ello explica su agonía actual.

Pacho O’Donnell opinó en el diario La Nación que yo no me incorporaba porque “¿Norberto es más marxista que nosotros?”.

Por mi parte, no quise insistir para no contrariar a la Presidenta, que firmó el decreto con la mejor intención, pero la comisión directiva formada por Pacho, evidentemente de manera arbitraria, no parecía suficientemente representativa, pues figuraban varias personas que no eran historiadores, sólo “por ser hijos de algún historiador importante”.

Como era previsible, Halperin Donghi, en una de sus últimas ironías, manifestó: “Algunos de ellos deben ser autores de obras muy importantes –pero inéditas– pues no figuran en ninguna bibliografía”.

Pacho, ya completada la comisión, tuvo la exquisita amabilidad de ofrecerme un cargo de miembro de honor, que agradecí pero decliné por considerarlo carente de sentido y de toda inoperancia.

En las reuniones de comisión, con sus amigos –historiadores y no historiadores– me hubiera sido imposible toda polémica y, a decir verdad, el modo personalista de dar nacimiento al Dorrego me pareció muy incorrecto y pude avizorar este triste final: por un lado el propio Pacho reconoce que no han podido cumplir los objetivos propuestos y por otro lado hay miembros que exigen una auditoría porque el manejo de fondos no parece haber sido muy correcto.

Imagino que esta experiencia nada exitosa habrá provocado una gran satisfacción a los historiadores mitristas –que los sigue habiendo–, tanto sea a los liberales conservadores como a los izquierdistas del mundo de la luna, que en gran medida continúan aferrados a las cátedras.

Evidentemente no era éste el propósito de Cristina pero no pueden hacer un revisionismo serio y profundo aquellos que han sido radicales, menemistas y ahora kirchneristas y mañana quizás sean sciolistas y hasta quizás massistas (por supuesto, esto que digo no va referido a quienes sufrieron cárcel, exilio o conducta consecuente, a quienes sigo considerando amigos).

¿COMO ERA EL REPORTAJE A RICARDO FORSTER DE MIGUEL RUSSO AL QUE ALUDE Y CONTESTA GALASSO?

Entrevista. Ricardo Forster. Filósofo, ensayista

FORSTER: “TODAVÍA NOS QUIEREN HACER CREER QUE LA SOLUCIÓN SÓLO ES INDIVIDUAL”

El secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional anticipa el encuentro Diálogos de América latina y el Atlántico y analiza la actualidad del país, la región y el renacimiento de la izquierda europea.

Por Miguel Russo

Miradas al Sur

18 de Enero de 2015

El cargo de Ricardo Forster, secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, produjo más de un escándalo.

Bajo adjetivaciones límite (nazi, estalinista, censor, inquisidor), los diarios hegemónicos y ciertos sectores de la oposición política trataron de desnaturalizar el organismo dependiente del Ministerio de Cultura y, de paso, a funciones y funcionario.

Pasado el primer vendaval de exabruptos, las voces críticas cayeron en el “no sirve para nada”.

Hoy, Ricardo Forster arranca la charla recurriendo a un filósofo como Theodor Adorno (imposible de defenestrar hasta para los mismos que todo lo defenestran) para echar un manto de piedad sobre las altisonancias:En su texto Justificación de la filosofía, de los años ’60, Adorno dice que si la filosofía permanece viva y actual es porque ha demostrado su inutilidad.

Porque no sirve para nada se prolonga en el tiempo y nos sigue desafiando.

Todo aquello que se hizo pensando en su utilidad, dura exactamente el tiempo en que esa utilidad se vuelve inservible.

De manera que los pensamientos inactuales son los mejores”.

–La inactualidad, entonces, lleva mucho trabajo…

–Dentro de la Secretaría hicimos una serie de programas, cada uno con su propia envergadura.

Está el programa Foros Hacia la Nueva Independencia, del cual ya se hicieron dos, en el NEA (Universidad Nacional del Noreste) y en Patagonia Norte (en la universidad del Comahue), y que ahora, a finales de marzo, se hará en la región Centro, en la Universidad Nacional de Córdoba.

Esos foros están vinculados a la problemática argentina y latinoamericana.

Ahí confluyen tanto participantes de las regiones como invitados de afuera, con modalidades que van de las comisiones de trabajo a las mesas redondas, y con material previamente preparado desde la Secretaría donde se invita a que escriban distintos referentes de distintos temas.

Por lo general, cada foro tiene un tema vinculado a lo territorial: el Foro del Noreste hizo de la tierra uno de sus ejes, el de Patagonia Norte fue la cuestión de la soberanía hidrocarburífera y de la minería. E

ntre los temas que van recorriendo los foros, destacan derechos humanos, qué decimos hoy cuando ponemos en debate el pensamiento nacional y comisiones donde se trabajó muy intensamente la cuestión de los pueblos originarios con participación activa de las comunidades de esos pueblos.

Es decir, van a ser seis foros que confluyen en el último, a desarrollarse en julio en Tucumán, como preparación del bicentenario de la Independencia nacional.

La idea es que en cada uno de estos foros haya una participación muy amplia, muy diversa y muy plural.

–Esta amplitud convocante, ¿tuvo eco en la práctica?

–En el Foro Patagonia Norte participó Maristella Svampa, con la cual tuvimos una discusión bien rica, para sorpresa de la propia Svampa que venía con una serie de precauciones.

Y fue un debate muy respetuoso, con una participación interesantísima del público.

Después estuvieron, dentro del debate de lo hidrocarburífero, las posiciones de Enrique Martínez y Víctor Bronstein, totalmente distintas en cuanto a la cuestión.

También estuvo en la mesa sobre Cultura la ministra del área en Santa Fe, María de los Ángeles González.

La idea de los foros, en la medida en que acepten participar los que no coinciden con el gobierno nacional, es generar ámbitos de discusión plurales, diversos, donde lo más interesante es confrontar miradas respecto de la diversidad de lo argentino, lo latinoamericano, lo económico, lo político, lo cultural.

Este es el programa de los foros.

–¿Y el otro programa?

–Se llama Diálogos de América latina y el Atlántico, que tiene como principal acontecimiento, preparado en los meses que lleva trabajando la Secretaría, el Foro por la Emancipación y la Igualdad.

Ese foro se llevará a cabo en la ciudad de Buenos Aires, entre los días 12, 13 y 14 de marzo, con sede en el teatro Cervantes, pero también con una fuerte presencia de actividades en la TV Pública.

Allí se reunirán una serie de figuras de relevancia internacional que lo van a convertir en algo muy significativo, más en este contexto de Europa y América latina.

Viene, como invitado principal, por su envergadura, su historia, su biografía, Noam Chomsky, pero también la plana mayor de Podemos (Pablo Iglesias, Íñigo Errejón Galván); estamos esperando los resultados de la elección griega, ojalá que gane Syriza y no pueda venir Alexis Tsipras, pero si esto ocurre vendrá otro referente de la izquierda de ese país; Jean-Luc Mélenchon, de la izquierda francesa; la eurodiputada Marisa Matias, que lidera en Portugal una de las alternativas en su país similar a Podemos; de Italia viene Gianni Vattimo; de España, Ignacio Ramonet; desde Bolivia, el vicepresidente Álvaro García Linera y la presidenta de la Cámara de Senadores Gabriela Montaño; viene Emir Sader; de Chile, Camila Vallejo; Nicolás Lynch, de Perú; Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano y Paco Taibo, de México; Gabriela Rivadeneira, presidenta de la Cámara de Senadores de Ecuador; Abel Prieto, de Cuba; la senadora Constanza Moreira, del ala izquierda el Frente Amplio de Uruguay, entre muchos más.

Estamos avanzando las tratativas para que vengan el ex presidente Lula, representantes de la izquierda alemana y Pepe Mujica.

–Una selección del progresismo mundial…

–Sí, con el perdón de la palabra “progresismo”: un mapa de lo que hoy es la vida político intelectual de un dispositivo alternativo a la hegemonía neoliberal.

Figuras que hoy están tallando a nivel mundial.

Vamos a hacer un encuentro donde, bajo el paraguas de la emancipación y la igualdad, se discuta el neoliberalismo, la actualidad, sobre todo a la luz de los trágicos acontecimientos ocurridos en Francia.

Como este encuentro será después de  las elecciones de Grecia, si gana Syriza allí habrá algo no menor, junto con el crecimiento de Podemos.

Así que se hará un debate latinoamericano que implica la posibilidad de discutir la región incorporando a Noam Chomsky y a un gran latinoamericanista de la Universidad de Pittsburgh, John Beverley, un hombre de los más importantes en el mundo académico de la izquierda norteamericana en relación con América latina.

La idea es generar, de cara a la sociedad, un gran debate con la ilusión de que se pueda producir un texto firmado en común por los participantes.

Al mismo tiempo que las mesas y las conferencias en el Cervantes, se harán, mediante modalidades de diálogo o de entrevistas, varios programas en la Televisión Pública. Ese es el eje del programa Diálogos de América latina y el Atlántico.

–Hasta hace quince años atrás, era vox populi que este tipo de encuentros no servía de mucho en lo empírico, ¿qué se modificó en esta década y media como para que un foro así tenga incidencia en lo cotidiano?

–Tanto en algunos países de Sudamérica como claramente en algunos países del Mediterráneo europeo, hay un fenómeno de repolitización con distintas características.

En América latina llevamos una larga década de desafío a la hegemonía neoliberal con experiencias particulares y diversas, ya que no es lo mismo la Argentina que Venezuela, Ecuador que Bolivia, Brasil que Uruguay, pero hay algo en común que tiene que ver con la renovación, sobre todo en América del Sur, de una lengua política que estaba bastardeada, vaciada, ninguneada en el interior de un proceso de despolitización que había dominado la región en el marco, fundamentalmente, de los años ’90, pero que era herencia de los fenómenos dictatoriales y de la propia crisis de las transiciones democráticas que fueron, en gran medida, absorbidas por el modelo económico-social neoliberal.

Entonces, creo que en estos once o doce años, con Chávez, con Lula, con Kirchner, con Evo, con Correa, América del Sur entró en un proceso de reinvención muy interesante en lo político, en lo democrático, en lo social, que dio lugar a una alternativa y un ir a contracorriente de lo que sigue siendo la hegemonía mundial del proyecto de la financialización del capital.

–A eso habría que agregarle que a partir de 2008, la crisis de la Europa mediterránea pone en cuestión el statu quo o, como dicen desde Podemos, la casta que había negociado la transición democrática española y que establece el vínculo entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero español..

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–Exacto, una crisis de la socialdemocracia europea, que es lo que expresan el socialismo francés o la democracia cristiana alemana o el laborismo inglés.

En España, esa crisis económica, social, de expectativas, cultural, encontró un emergente absolutamente nuevo y renovador en Podemos.

Podemos leyó de modo directo las experiencias latinoamericanas y jugaron en espejo con esas experiencias, por eso definen su tradición política utilizando un término muy complicado y casi maldito en la cultura política europea que es el término “populismo”.

Ellos se definen como populistas porque leyeron y tuvieron un vínculo con la obra de Ernesto Laclau y, a su vez, tuvieron una relación interesante con las experiencias de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Argentina.

–De acuerdo, pero, ¿por qué introducen en su cultura política el término “populismo”?

–Para no quedar en la lógica izquierda-derecha de la confrontación falsa entre el PSOE y el PP. Pero por supuesto reivindican una tradición que se podría llamar de izquierda.

Tanto en la Europa actual como en América latina hay un fenómeno de revalorización y relanzamiento de las tradiciones políticas.

Un encuentro de esta naturaleza, un foro que reúna a estos hombres y mujeres clave en los procesos internacionales, tiene que ver con este fenómeno contemporáneo que implica una disputa no imaginable en los años ’90.

En ese entonces, después de la caída del Muro de Berlín, después de la cooptación de los procesos democráticos de América del Sur por un modelo neoliberal, de ajuste y de financialización del capital, después de la transformación de la socialdemocracia en un fusible del propio proyecto neoliberal en Europa, esto no hubiera sido imaginable.

Había una profunda crisis en las tradiciones populares, emancipatorias, de izquierda.

Hay que acordarse de la crisis del marxismo, del fin de las ideologías y de la historia, de la ponderación del discurso de Francis Fukuyama.

Fue un momento de mucha confusión en las tradiciones político-emancipatorias, que tenía que ver mucho con la hegemonía neoliberal pero también con un final del siglo XX, donde las grandes promesas libertarias y socialistas habían encontrado su propia noche.

Esto es lo que me parece que bajo nuevas formas, nuevos lenguajes, nuevas experiencias, vuelve a ponerse en discusión.

–¿Las mismas discusiones de entonces?

–No.

Ya no se dan solamente como discusiones teóricas o académicas, que sí se dieron en los años ’80 y ’90 en distintas universidades y coloquios para saber qué había pasado con las izquierdas, el debate modernidad-posmodernidad, las nuevas formas del individualismo.

Por eso, este tipo de encuentro que llevaremos a cabo asume, inmediatamente, un carácter político.

Y que sea un ministerio nacional y dentro de ese ministerio una secretaría cuyo universo de tareas está vinculado a la cuestión de las tradiciones políticas, ideológicas y culturales, el que lleve adelante una convocatoria de esta naturaleza, también expresa la relevancia de este momento histórico, político, cultural.

Un momento complejo, de potencialidades reales pero también de grandes peligros.

–Parece como que se hubiera revertido el orden mundial, con una Europa que está tomando modelos probados en América latina, cuando siempre fue al revés. ¿Qué es lo que pasa y qué nuevo orden mundial puede significar esto? Y además, ¿por qué la pelea electoral en España o Grecia va a ser entre izquierda o derecha mientras que en los procesos latinoamericanos existe un arco amplísimo de matices entre una y otra posición política?

–Hay que tener mucho cuidado en plantear que el neoliberalismo está en crisis.

Si uno lo toma literalmente, significa que está en retroceso mientras avanzan alternativas que vienen a cuestionarlo en términos discursivos y prácticos.

El neoliberalismo sigue siendo la matriz hegémonica de esta etapa del capitalismo.

Y de una manera cada vez más potente en términos de fenómenos de concentración.

Que hoy esté de moda la obra de Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI), que pone en evidencia todo recorrido histórico analizando el proceso de concentración del capital, pone en evidencia que éste quizás sea el momento de mayor concentración exponencial del capital en toda la historia del capitalismo.

Pero eso significa que hay que tener mucho cuidado al decir que el neoliberalismo está en crisis.

Al revés.

Uno mira Europa y ve la ofensiva sobre la posibilidad de buscar alternativas.

Quieren generar miedo ante un posible triunfo de Syriza en Grecia, quieren vaciar el impacto que Podemos genera en la sociedad española bajo el argumento que señala a este movimiento como un “populismo chavista-castrista”.

Y tienen todo el dispositivo comunicacional a su servicio.

–Pero siempre lo tuvieron…

–De acuerdo, pero si hoy hay un núcleo alrededor del cual el neoliberalismo expande subjetividad, conciencia y sentido común, son las grandes empresas comunicacionales.

Y en el interior de esas grandes empresas comunicacionales está el universo de la industria de la cultura.

Dicho esto, estamos en un momento infinitamente mejor que el de hace 15 años, donde la hegemonía neoliberal parecía cerrar la historia, parecía que el orden de lo inexorable se había realizado y lo que quedaba eran resistencias fragmentarias.

De ahí que en aquellos años se hablara de los nuevos movimientos sociales, de una serie de disputas o de peleas o de resistencias que iban en paralelo, desde los Sin Tierra hasta los colectivos gay o lésbicos pasando por los desempleados.

Pero todo en un tono que quería marcar que se había cumplido una época en el mundo, que el capitalismo había triunfado, que se había derrumbado la utopía alternativa al capitalismo y que lo único que quedaba era que cada uno salvara su propio pellejo.

Era la época de lo “políticamente correcto”, donde se podía discutir la temática de los derechos civiles pero cerrando la agenda de los derechos sociales.

Fue la época de la gran escisión, por eso había tanto progresista.

Andaban por todos lados, pero eran progresistas que aceptaban que la lógica del capital neoliberal se había impuesto y que la lógica de transformar al Estado solamente en protector de ese proceso de concentración y de financialización del capital ya se había despegado de una vez y para siempre.

–¿Cuáles serían los ejemplos en el país?

–Chacho Álvarez, el Frepaso y su alianza con el radicalismo, hecho bajo la premisa de “salvemos a la República pero al precio de no poder en discusión la hegemonía económica”.

Eso es lo que cambió en América del Sur y lo que hoy comienza a ponerse en discusión en algunos países de Europa.

–¿Sin diferencias?

–Sí, por supuesto, con una diferencia interesante.

En octubre del año pasado estuve en España, con la gente de Podemos, y en Francia, con la gente del socialismo de Mélenchon.

La diferencia era notable.

La crisis en España empezaba a generar este fenómeno de innovación que es Podemos bajo una perspectiva de radicalización progresista, que cortaba transversalmente a toda la sociedad española bajo un proyecto y un discurso absolutamente distribucionista, de reforzamiento del Estado, de redemocratización de la sociedad, un proyecto que uno podría ubicar en las tradiciones nacionales y populares, izquierdas y progresistas.

En Francia, la crisis estructural del sistema volcaba a la sociedad hacia la derecha cada vez más extrema, y el gran ganador parecía ser el Frente Nacional de Marine Le Pen.

Esto se refuerza con lo sucedido por la masacre de la redacción de Charlie Hebdo.

Así, se plantea la complejidad de los escenarios.

No toda crisis abre la posibilidad de una alternativa renovadora.

El caso francés es muy preocupante: por el hundimiento del socialismo y la falta de una alternativa a ese hundimiento.

Hace unos años, esa alternativa parecía estar encarnada por Mélenchon, que hizo una gran elección pero el propio proceso de derechización de la sociedad francesa lo frenó.

Eso es parte de lo que se está discutiendo en Europa y es parte de lo que se discute en América del Sur, porque aquí los fenómenos políticos son diversos.

Los momentos son difíciles porque son momentos de cambios en términos del papel significativo que tuvieron algunos commodities a lo largo de la última década: la caída exponencial del precio del petróleo, y la de la soja plantean la necesidad de que muchos de estos proyectos políticos pongan en prueba hasta dónde tienen consistencia para desplegarse en el tiempo.

También lo que son los procesos de mutación dentro de la sociedad.

La sociedad del capitalismo espectacularizado y espectacularizante genera subjetividades en flujo continuo.

–Ese flujo, ¿puede hacer que un mismo electorado cambie de mirada de la noche a la mañana?

–Allí está el ejemplo de Ecuador en 2013.

En junio de ese año, Correa ganó con el sesenta y pico por ciento de los votos la reelección, y a fin de ese año, en las elecciones municipales, sus votos cayeron al 35% sin que hubiera pasado nada que motivara ese cambio.

Creció la candidatura de un personaje joven, con una estética determinada como la aparecida en Venezuela con Capriles y quiere aparecer aquí con Massa como una especie de estrella televisiva o deportiva.

También se dan las mutaciones de las nuevas clases medias con el fenómeno del voto contra el PT en Brasil, el hecho de que Dilma gane con el voto más profundo del Brasil profundo y casi pierda el voto de la clase obrera ascendente y de la nueva clase media que votó a la derecha.

La experiencia argentina también va en ese sentido.

Todo eso hace que tengamos que tener muchísimo cuidado al analizar los fenómenos político-sociales, como diría Nicolás Casullo, “desde los fenómenos de culturalización de la vida política y la vida social”.

Fenómenos que tienen una incidencia directa que no se reduce a aquello de “se vota con el bolsillo”.

–¿Entonces?

–Entonces, que si pensamos sólo de esa manera, no habremos entendido nada de estos procesos.

La clase media paradójicamente vota en contra de su propio bolsillo.

Un ejemplo concreto de sectores de la clase obrera que vieron mejorada su situación y cambiaron su voto puede verse en Villa Constitución en las elecciones de 2013: allí, el que más votos sacó fue Miguel Del Sel, del PRO.

Y estamos hablando de Villa Constitución, paradigma de la clase obrera metalúrgica más avanzada, de movimientos como el que ocurrió en 1974, con una UOM con dirigentes impolutos, con una media salarial que a finales de ese año era de 15.000 pesos, con una incidencia de los metalúrgicos del 50% sobre la demografía de la ciudad.

Y sin embargo no hubo allí un voto clasista ni la idea de una identidad obrera.

Eso hace que los proyectos democráticos, populares, progresistas, de izquierda, tengan que enfrentar estos desafíos: los flujos, las mutaciones, la gran disputa con el universo cultural comunicacional están en juego.

Parte de eso se va a discutir tanto en el Foro de Emancipación e Igualdad como en los foros Hacia de la Nueva Independencia.

Esto es parte de esta discusión.

Y la Secretaría quiere romper las miradas simplistas, dogmáticas.

Por supuesto, en la idea de lo nacional ponemos en discusión, desde el vamos, una autoctonía esencialista, una trama identitaria que está guardada desde la noche de los tiempos fundacionales para que la podamos descubrir y poner en evidencia vaya a saber cuándo.

Hoy pensamos a lo nacional en disputa con un falso cosmopolitismo, en disputa con un mecanismo de universalización abstracta del capital porque hoy lo nacional puede aparecer desafiando en verdad una suerte de universalismo vaciado de contenido.

Tenemos que ver hasta dónde podemos poner en evidencia que las tradiciones populares y emancipatorias son aquellas que logran salirse de un reduccionismo dogmático.

Que esas tradiciones hoy son las que tienen la posibilidad de recuperar su mejor perfil libertario.

Y para eso hay que discutir el sentido común dogmático de cierta izquierda nacional, de cierta estructura nacional y popular que cree que con dos frases de Arturo Jauretche se resuelve la representación del mundo.

Sin que eso quiera decir que no nos interesan Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz o Juan José Hernández Arregui.

Por el contrario, nos interesan mucho y son parte de una tradición en movimiento de la Argentina.

No debemos detener ese movimiento.

El riesgo de ser un intelectual

Allá por el año 2000, una foto del crítico, ensayista y activista palestino-estadounidense Edward Said arrojando piedras, junto a un grupo de manifestantes, contra un puesto de control israelí en la frontera libanesa, abrió la discusión sobre el compromiso de los intelectuales.

Trece años después, el historiador de las ideas Enzo Traverso abriría su libro

¿Qué fue de los intelectuales?

Recordando esa imagen y sumándola a la de muchos otros pensadores que tomaron partido (el inglés creador de 1984, George Orwell, durante la Guerra Civil Española; el historiador francés Marc Bloch en la Resistencia frente al nazismo; el escritor y periodista Rodolfo Walsh contra la dictadura en la Argentina, entre otros).

Hoy, fundamentalmente en el país, pero también en toda Latinoamérica, parecería prohibido que un intelectual haga públicas sus creencias políticas.

Forster responde: “El libro de Traverso da cuenta de una crisis muy profunda de los intelectuales europeos, que en gran medida, sobre todo los intelectuales franceses, no quisieron salir de una suerte de autorreferencialidad teórica”.

“Están con el discurso de la crítica a cualquier opción que no aparezca defendiendo una concepción autonomista o una mirada a lo Toni Negri o a lo Badiou, que discuten los fenómenos de América latina como si fueran excrecencias del capitalismo y tienen, de alguna manera, una responsabilidad en la derechización de sus propias sociedades”.

 “Creo que en la cultura latinoamericana, en las experiencias de los últimos años, hubo una reconfiguración o redefinición del lugar de los intelectuales”.

“Mejor dicho, de algunos intelectuales”.

–¿Por qué “algunos”?

–Porque uno cree que el intelectual siempre abraza las mejores causas o siempre tiene un espíritu crítico.

Falso.

Hay que poner en discusión la imagen voltaireana del ideal de intelectual.

Hay una genealogía en ella muy problemática.

El intelectual es el que interviene, el que se equivoca.

Sartre es un ejemplo extraordinario de eso.

Nunca dejó de equivocarse.

Ocurre que lo hizo con buenas intenciones.

Y después están los intelectuales que asumieron compromisos políticos directos, en términos de experiencias gubernamentales o de oposición política potente al sistema.

El intelectual debe ser capaz de guardar siempre una potencia crítica, pero esa potencia no es antagónica a asumir compromisos que a veces tienen la forma de la participación política en una gestión.

También hay intelectuales de derecha que tuvieron y tienen una fuerte participación en la configuración de la escena cultural contemporánea.

–Pero a esos intelectuales no se los ataca cuando se los ve trabajar. No se lo ataca a Mario Vargas Llosa cuando trabaja en nombre de la derecha…

–No, claro. Porque hay una idea como de traición.

Maristella Svampa dice que el intelectual no debe dejarse capturar por la irradiación de ese fuego que emerge del poder.

Yo pienso que está equivocada: hay momentos históricos en donde el poder está en disputa y los intelectuales que creen que es posible generar condiciones de cambio de la sociedad tienen que asumir el riesgo de lo que esa disputa plantea.

Por supuesto que la máquina estatal siempre es problemática, que el poder siempre es problemático, pero no conozco ninguna forma de transformar una sociedad si no es poniendo en disputa la máquina estatal, el poder, sabiendo que esas disputas no tienen la forma de lo absoluto, como en otro registro de la historia que implicaba pensar la disputa del poder bajo la matriz de lo absoluto.

Las experiencias políticas, culturales, sociales contemporáneas tienen otras características.

–Producto de un siglo tremendo como lo fue el XX…

–Somos el producto de la barbarie del siglo XX, no sólo de las derechas, del capitalismo, sino también de las que se cometieron en nombre del socialismo. 

Hay que hacerse cargo de las nuevas escenas de la vida cultural y social de las sociedades contemporáneas.

Un pensamiento que se quiera crítico, heredero de tradiciones emancipatorias, sabe de sus riesgos, sabe de sus debilidades. La política no es lo cerrado, lo que se completa.

Es más bien todo lo contrario, aquello que no se puede completar nunca.

Si se completara, se acabó la política.

Esa es la diferencia entre la política como acción transformadora y la utopía.

La realización utópica es el horror: una sociedad estática.

La política es la evidencia de que la sociedad está siempre en litigio, siempre tiene una trama conflictiva que no se puede resolver porque es parte de la temporalidad y la complejidad de la vida humana.

Este es un momento interesante, rico, desafiante, peligroso también.

–¿Cuál es el peligro?

–Los desafíos.

 Los intelectuales en los años ‘90 no tenían ningún riesgo.

Por eso ahora la disputa.

Por eso a veces la dureza de las discusiones: hay mucho en juego y hay un enorme riesgo.

Todo desafío implica tomar riesgos.

Se los toma o no, podés poner en discusión la pureza de tus ideas y dejar que te contamine una realidad que siempre es contaminante o no.

La realidad política no es diferente a la realidad de la sociedad.

Las sociedades están contaminadas y un intelectual no puede ser una especie de monje que desde la pureza diga por qué camino hay que ir porque ese y no otro es el camino de la verdad, sino una persona que plantee que no hay ese camino hacia la “puridad” ni esa verdad.

–¿Qué hay entonces?

–La compleja construcción de lo político, lo cultural y lo social con todas sus fragilidades.

Ahí entra la dimensión crítica y el hecho de no creértela.

Uno está trabajando siempre como quien camina por un desfiladero, con la posibilidad de caerse del lado de lo absoluto o del lado de un relativismo que te permita justificar que ya no se puede hacer nada porque todo da igual.

Esa es la diferencia de lo nuevo que se expresa en América latina y en parte de Europa: sin regresar a la dogmática de lo absoluto se puede recuperar una gran parte de la tradición popular, emancipatoria y libertaria en su diversidad, poniéndola en el registro de la contemporaneidad que tienen los nuevos desafíos.

–Dicho esto, ¿sigue Carta Abierta?

–Carta Abierta sigue existiendo.

Yo no tengo la misma presencia en ella porque mis tiempos son diferentes.

Pero Carta Abierta es un colectivo que se sigue reuniendo.

En octubre del año pasado se publicó la Carta 17, y habrá más: hay mucho para debatir y para decir.

Seguirá su camino, con sus debates internos, con sus avances y retrocesos.

No todo lo que se genera en Carta Abierta me interesa tanto como me podía interesar cuatro o cinco años atrás: eso es parte de lo cambiante de la realidad y de la necesidad de tener que asumir otros desafíos, pero cada vez que puedo me llego hasta las reuniones de Carta Abierta.

Los nuevos pensadores

 Jauretche es hijo de una época, hijo de una escritura, de un folklore político distinto –dice Forster–.

Lo mismo ocurre con Scalabrini Ortiz.

Uno no discute los ferrocarriles o el petróleo o la relación con el imperio británico de la misma manera que la discutía Scalabrini en los años ’40 o ’50.

Eso no significa que no haya una cantidad de elementos muy ricos en esa tradición.

Yo creo que de lo que se trata es de mezclar esas distintas tradiciones.

Pero también hay zonas oscuras en Scalabrini y en Jauretche. Scalabrini, entre otras cosas, en los años ‘30 fue germanófilo.

Hay que ser capaces de poner todo eso sobre la mesa y discutir de verdad.

El debate sobre la izquierda nacional que se dio en el momento en que se creó el Instituto Dorrego, ahora en crisis.

Y claro, cómo no va a estar en crisis si, finalmente, el núcleo de dirección del Instituto Dorrego responde más bien a una estructura dogmática que ni siquiera salió a discutir el revisionismo.

Norberto Galasso estuvo muy bien cuando señaló que no pensaba integrarse a un instituto que no lo representaba, entre otras cosas, porque no reivindicaba a Rosas.

También debe discutirse la visión de Abelardo Ramos del rol de Julio Argentino Roca.

Ramos fue un gran reivindicador de Roca.

Y todo eso implica que hace falta una discusión.

Y también la idea mecánica y simplista de dos historias en la Argentina: la del revisionismo y la del mitrismo.

Eso no se sostiene de ningún modo.

El mapa es muchísimo más complejo.

El universo de la historiografía argentina no se puede reducir a dos vertientes.

De hecho, no es lo mismo el revisionismo de Ernesto Palacio o los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, que el de Hernández Arregui, Rodolfo Puiggrós, Abelardo Ramos o Norberto Galasso.

Hay distintos revisionismos: el católico, reaccionario, profranquista y el de izquierda, donde confluyen las tradiciones de un peronismo revolucionario. Todo eso hay que repensarlo.

Con el mitrismo ocurre lo mismo.

Milcíades Peña no es un mitrista, ¿y qué hacemos con él?

¿Qué hacemos con Tulio Halperin Donghi y su enorme obra?

Las nuevas corrientes historiográficas plantean que no se puede ser dogmático.

Incluso que tenemos que saber leer la compleja trama de la historia argentina desde el relato de aquellos que uno no debería poder leer porque son los enemigos.”

–¿Habla de Sarmiento?

–Claro. ¿Cómo no leer a Sarmiento?

Si Sarmiento nos funda.

Nuestra lengua es sarmientina, nuestro modo de pensar la Argentina está en el Facundo.

Eso no significa que digamos que Sarmiento tiene toda la razón del mundo, pero no podemos pensar “sin” Sarmiento, del mismo modo que tenemos que saber pensar “contra” Sarmiento.

Si la Secretaría logra que las nuevas generaciones ingresen a este debate yo sería el hombre más feliz de la Tierra.

·        Ricardo Forster (porteño, 1957) es doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y ensayista. En 2008 creó, junto a Nicolás Casullo, Horacio González, María Pía López y otros, el Espacio Carta Abierta. Vinculado a los medios de comunicación, condujo programas de televisión sobre historia y filosofía, es miembro del comité de dirección de la revista Pensamiento de los Confines y colaborador habitual del diario Página/12. En junio de 2014 fue designado por el gobierno de Cristina Fernández como titular de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura. Tiene publicados, entre otros libros, Walter Benjamin-Theodor Adorno, el ensayo como filosofía (1991), El exilio de la palabra. Ensayos en torno a lo judío (1997), La anomalía Argentina (2010), La muerte del héroe (2011), Nicolás Casullo, semblanza de un intelectual comprometido (2013) y La anomalía kirchnerista. La política, el conflicto y la invención democrática (2013).