La sentencia mediática contra la Presidenta queda de esta manera más clara que nunca.

OTRA PUESTA EN ESCENA MEDIÁTICA PARA NEGARLE LA PALABRA A LA PRESIDENTA

Germán Celesia

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Celesia:-La prensa hegemónica cuestionó la vestimenta de Cristina para dar su mensaje, de manera de minimizar los anuncios y las definiciones políticas, como disolver la SIDE.

Manipulación mediática de la “Corpo”.

OTRA “PUESTA EN ESCENA” MEDIÁTICA PARA NEGARLE LA PALABRA A LA PRESIDENTA

La prensa hegemónica cuestionó la vestimenta de la Jefa de Estado y el entorno que eligió para dar un mensaje al País, de manera de minimizar los anuncios y las definiciones políticas, como la disolución de la SIDE.

 

Por Germán Celesia  

Agepeba

27 de Enero de 2015

 

Quedó claro anoche, una vez más, que las comunicaciones directas de la Presidenta con la ciudadanía son la principal vía a través de la cual es posible conocer su pensamiento político, el sentido de sus acciones de gobierno e incluso su sentir íntimo respecto de determinadas cuestiones que afectan las políticas de Gobierno.

 

Las corporaciones de prensa han dejado de ser, hace rato, intermediadores fiables de lo que dice o hace Cristina Fernández.

 

Y la reacción frente a la primera cadena nacional en mucho tiempo lo confirma.

 

“Si autocrítica ni condolencias para la familia del fiscal” es el “tema del día” para Clarín, según anuncia en su tapa de hoy, referida a los dichos de la jefa de Estado sobre diferentes cuestiones que tienen como eje ordenador el atentado contra la sede de la Amia, y lo central derivado de allí es un proyecto de ley que busca disolver la Secretaría de Inteligencia y crear una agencia destinada a cumplir con la mayoría de las tareas que hoy desarrolla la ex Side pero de manera más acorde con la división de poderes y el respecto por las garantías constitucionales.

 

Según la columna de Ricardo Roa  destacada en la tapa de la edición impresa, el sentido de la cadena nacional habría sido “negar todo y cambiar el eje”.

 

Aunque no hay especificaciones respecto del “todo” que se estaría negando, lo implícito es la culpabilidad de la Jefa de Estado en la muerte del fiscal Alberto Nisman, que la prensa hegemónica quiere cargar en su cuenta como parte de su campaña para provocar un “fin de ciclo” que deje su lugar a un gobierno más proclive a proteger sus intereses y los de sus socios.

 

“De riguroso blanco, sin joyas y en silla de ruedas: quedó claro cómo quería ser mostrada y qué quería transmitir.

 

Una presidente víctima de 'todos los demonios'.

Los demonios de los fiscales y de los jueces, de los servicios de inteligencia y de los medios”, dice Roa, marcando la pauta de la manera en que debía ser leída la exposición de la Jefa de Estado: como una “puesta en escena” que permita disimular todos los males adjudicados por el tándem ClarínNación al gobierno.

 

Esta idea está desarrollada precisamente en el artículo titulado: “Se mostró de blanco perfecto y en una silla de ruedas”, que firma Lucia Salinas.

 

“Alterando la habitual escenografía de una Cadena Nacional (…) la imagen que captó la atención de muchos fue ver a la Presidenta sentada en un silla de ruedas recuperándose aún de la fractura de tobillo que sufrió el 26 de diciembre.

Llamativo porque siempre cuida la imagen y la semana pasada en una reunión en Olivos fue exigente con las fotografías que le tomaban para que no se vea la bota negra.

Esta vez no procuró ocultarla”, afirma.

 

Así, la periodista obvia elogiar las escenografías anteriores, a las que ahora pondera por oposición.

 

La Nación, en tapa critica que se anuncie “de apuro, una reforma  de la red de inteligencia” y, sobre todo, que la Jefa de Estado haya realizado un discurso

“Sin autocrítica.

Sin pruebas.

Sin pésame”.

 

El artículo está firmado por Martín Rodríguez Yebra, quien insiste en la idea de que hubo una “puesta en escena” de la Jefa de Estado para la televisión, en la cual “eligió mostrarse vulnerable, sentada en una silla de ruedas y con la bota ortopédica a la vista, lejos del escritorio que suele usar para sus discursos por cadena nacional” y “ajena a cualquier autocrítica”.

 

Según el columnista, la Jefa de Estado “intentó construir un alegato de defensa de su gestión”.

 

Queda claro que ni siquiera le reconoce el haber sido eficiente en su “puesta en escena”, ya que existiría “una población que esperaba mensajes tranquilizadores en este verano de espanto se encontró con la declaración de otra guerra imaginaria”.

 

Para el hombre de La Nación, la Presidenta habría estado “tan carente de empatía que ni siquiera fue capaz de incluir el cortés consuelo de un pésame a la familia de un hombre muerto”.

 

Es decir, sería más importante eso que cumplir con sus obligaciones como Jefa de Estado, según la visión de este hombre de La Nación.

 

Al igual que Clarín, el diario de las familias Mitre-Saguier publica un artículo para criticar la imagen que transmitió la Presidenta y de paso desviar la atención de otras cuestiones menos efímeras que un vestido o un elemento para desplazarse sin comprometer su tobillo fracturado.

 

“En silla de ruedas, vestida de blanco y con una foto de Néstor, elementos de la puesta en escena de Cristina en cadena nacional”, es el largo título elegido a tal fin.

 

“La presidenta Cristina Kirchner eligió cuidadosamente el escenario para grabar la primera cadena nacional tras la muerte del fiscal Alberto Nisman.

El escenario es la Quinta de Olivos.

Ella se presentó de cuerpo entero, no tras el escritorio, como suele suceder en la mayoría de las cadenas.

En este plano se la puede observar sentada en una silla de ruedas, donde se moviliza por su fractura de tobillo, algo que ya había dejado ver en alguna ocasión desde la lesión”, dice La Nación.

 

Además, “Cristina eligió un atuendo blanco, un traje claro con algo de transparencia en los brazos.

No parece casual ya que se empeña en hablar de cómo intenta llevar claridad a la ex SIDE, altamente criticada tras la muerte de Nisman y que el Gobierno ahora impulsa disolver”, arriesga presurosamente el matutino.

 

“Ella se presenta al lado de una mesa donde depositó el proyecto de reforma que elevará al Congreso. Allí hay marcadores, se nota que estuvo trabajando en ello”, afirma La Nación.

 

Y por último, agrega: “Detrás, una ventana deja ver alguna porción verde de la Quinta de Olivos. La naturaleza, el verde, la esperanza del cambio quizá leería un semiólogo”.

 

La Nación publica además diversas columnas de opinión que se destacan por su violencia verbal contra la Presidenta y el tono feroz de sus acusaciones.

 

Por ejemplo, Sergio Bergman, diputado del PRO, pide que “nadie le ponga un arma en la sien a la república”, y responsabiliza al Ejecutivo por el fallecimiento del fiscal:  “El Estado no sólo no lo supo cuidar, aun amenazado, lo hizo víctima también de su violencia política verbal (…)

Nisman murió por denunciar con valor lo que las pruebas sostienen (…)

Así como Nisman no merecía la muerte, sí merece Cristina un juicio político (…)

 Desde aquella infame sentencia de 24 horas en la que el Gobierno y su coro de obsecuentes sentenciaron suicidio hasta hoy, cuando pretende apoderarse del muerto al que no protegió, al que denostó, agravió y expuso al asesinato.

Ese gobierno hoy pretende transformarse en víctima”.

 

Además, dice el diputado, “mientras la Justicia hace su trabajo investigando cómo murió, es decir, quién lo mató, no se pueden postergar las consecuencias políticas e institucionales que tendrá el saber por qué murió el fiscal. Y aquí está clara la respuesta: a Nisman lo mataron por su investigación.

Murió por la causa AMIA, que ahora ya son tres causas: la masacre, su encubrimiento y el asesinato de Nisman.

Una semana atrás, la Presidenta y sus funcionarios debían hacer frente ante la Justicia a las imputaciones de encubrimiento que contenía la denuncia de Nisman.

Debía explicar su negociado con los terroristas de Irán, por comerciar la causa y la sangre de las víctimas por petróleo, granos y un giro geopolítico para ser socios de los peores en el mundo”, así da por ciertas las débiles acusaciones del fiscal.

 

El dirigente macrista también comete el exabrupto de comparar kirchnerismo con el menemismo. “Así como el gobierno de Menem será recordado trágicamente por la masacre de la AMIA, el de Cristina será recordado por la muerte de Nisman (…)

En 2015, Cristina se irá quizás sin saber quién derramó la sangre de Nisman, pero no podrá evitar que esa sangre la salpique (…)

No sabemos quién le disparó a Nisman, pero sí sabemos que es el Gobierno el que debe hacerse cargo de su muerte, para que nadie pueda ponerle un revólver en la sien a la República”, afirma.

 

Quizás suponía que la muerte del fiscal provocaría la renuncia de la presidenta por presión de los “caceroleros” se manifestaron entonces a tono con la prensa hegemónica.

 

A s vez, para el presentador de noticias la CCN Andrés Oppenheimer, “nada de lo que digan el gobierno o la justicia argentina será creíble para la mayoría de los argentinos”, por lo cual propone una intervención extranjera que su propio país (Estados Unidos) jamás aceptaría.

José Octavio Bordón, sostiene por su parte que “el gobierno nacional, con sus errores, ha contribuido a generar el clima de incertidumbre y anomia social que estamos viviendo”, con lo cual niega injerencia alguna a la prensa hegemónica en la creación de ese “clima” que se percibe en los medios dominantes.

 

Ninguna de esas opiniones, sin embargo, expresan conceptualmente algo parecido a lo manifestado en el título de la nota firmada por Gernmán Angeli en Perfil: “Cristina 'mató' a Nisman, 'condenó' a Lagomarsino, e 'incriminó' a Clarín (por el parentesco de Diego Lagomarcino con un estudio de abogados asociado al multimedios).

 

La “sentencia” mediática contra la Presidenta queda de esta manera más clara que nunca.