Gaviotas que vuelan sobre el barco

BREVES REFLEXIONES ACERCA DEL PERIODISMO CORPORATIVO Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA MENTIRA

Maximiliano Pedranzini

Periodistas militantes, esa condición casi inhumana que el monopolio mediático defenestra con tanta bravura, como lo fueron sin ninguna duda Tato Contissa y Claudio Díaz.

        

“Gaviotas que vuelan sobre el barco”

BREVES REFLEXIONES ACERCA DEL PERIODISMO CORPORATIVO Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA MENTIRA

Periodistas militantes, esa condición casi inhumana que el monopolio mediático defenestra con tanta bravura, como lo fueron sin ninguna duda Tato Contissa y Claudio Díaz.

 

Por Maximiliano Pedranzini *

Reporte al Dia

13 Febrero, 2012

 

“Está claro que el país que queremos necesita de otros intelectuales,

también lo está que los Caparrós necesitan de esta Argentina que tenemos

 y se atemorizan cuando ven salir humos de cocinas desconocidas

que amenazan con el cambio de menú”. Néstor “Tato” Contissa

 

Suele ocurrir con cierta frecuencia que la escritura en manos de cualquier ignoto bien intencionado se retuerce sobre sí misma y no logra expandirse en el infinito escenario que representa el papel como la expresión más sincera de que las palabras desde Saussure en adelante, son un hecho social genuino.

 

Más bien se niega a obedecer, por su limitaciones tal vez, por la incapacidad de quien escribe o quizás por el objetivo de enfundar la solapada artillería de confusión e incertidumbres sobre la sociedad, de quienes han osado empuñarlas con mala fé y descarnada intencionalidad para un fin un tanto confuso por donde se lo mire, usándolas como navajas oxidadas sin filo al intentar interpelar a un desprevenido lector, que al acercar su mirada a cualquier artículo periodístico queda en la total intemperie, en la orfandad semántica al no poder dilucidar en el más mínimo detalle de qué tratan estos escritos.

 

Diríamos con certeza que los ciudadanos tienden a repetir lo que lee, como son los casos de Joaquín Morales Solá y Martín Caparrós a quien citaremos a lo largo de este artículo.

 

He percibido en un tímido acercamiento a este tipo de textos un excesivo uso de la “primera persona” o de los ya conocidos “potenciales”, imprescindibles para una prensa que se jacta de ser “independiente”; diríamos más bien un abuso de éstas, que requiere ante todo un señalamiento de tipo discursivo, quizás me este equivocando, pero corro ese riesgo como cualquier otro lector lo haría.

 

En este caso no conviene intuir lo que quieren decir sino lo que dicen, por lo que puedo percibir cierta presuntuosidad (pseudo) intelectual que estos autores le producen, una autoestima superior, un tanto narcisista.

 

Lo encuentro como primera impresión alimentada de una sed de venganza a alguien, a algo, que inesperadamente no aparece en el desarrollo de los artículos, no se hace presente, si el uso de la “primera persona” quien dispara de manera virulenta algo que no son precisamente elogios contra estos supuestos “enemigos del gobierno” a quien llama puntualmente “traidores”.

 

Estos supuestos “traidores”, personajes algo misteriosos, ocultos a la luz de sus palabras, a mi juicio parecen ser abstractos e inexistentes.

 

Hacen alusiones “potenciales” acerca de un posible complot en contra de la presidenta:

 

“El enemigo también está en casa. ¿Scioli? ¿Moyano? ¿Los dos juntos?” (Joaquín Morales Solá, Diario La Nación, 29 de enero de 2012).

 

El autor se da por aludido al no hacer referencia específica en ninguna de sus tan “elegantes” líneas de quien es o son los traidores que el gobierno sospecha.

 

De modo implícito intenta defenestrar a CFK y al gobierno nacional con esta vaga suerte de operación retórica, colocando a “todos contra todos”: el gobierno contra los sindicatos, la cúpula de la CGT contra el gobierno, el gobierno contra el gobierno, etc.

 

Parecen ser piezas intercambiables en el ceno del oficialismo, con la astucia impune de simplificar las tensiones sectoriales o institucionales que hacen los medios hegemónicos, donde todo está en permanente “estado de sospecha” y donde ronda una posible teoría del complot en contra del gobierno, en donde los traidores son señalados con el dedo por este gobierno que en su lógica manifiesta ciertos matices autoritarios que rozan el “naziestalinismo”, por lo tanto la búsqueda y persecución de traidores es una característica esencial de este gobierno.

 

El argumento no lo encuentran.

 

Los hechos sucedidos tampoco.

 

Las respuestas menos.

 

No encuentran absolutamente nada.

 

No hay relato.

 

No hay narración posible de los hechos.

 

No hay descripción de lo sucedido.

 

No hay explicación necesaria del acontecimiento.

 

No hay nada.

 

Más bien una serie de artilugios verbales que esconden mentiras inconmensurables y ficciones bien imaginadas por los editores de los diarios La Nación, Perfil y Clarín que parecen escritores de la novela negra o bien diría de ciencia ficción.

 

Esto raya la duda irracional, lo que nos deja una presunción de lo real, una simple apariencia de lo eventual.

 

Lo único que podemos encontrar en el umbral de sus palabras son sus convicciones impetuosas como auténticos antikirchneritas.

 

Esto me lleva a los siguientes interrogantes:

 

¿Qué me quiere decir con todo esto?

 

¿A quién intenta llamar “traidores” con tanto ímpetu sin decir claramente quiénes son, en qué contexto acontece y por qué razón lo son?

 

¿Qué significa la palabra “traidor” cuando no se esclarece a quien apela dicho calificativo?

 

¿Qué interpretación se puede hacer de este artículo?

 

Una aclaración inmediata que debemos hacer es precisamente en el uso de la palabras, de cómo se las utiliza como es en el caso de la palabra “traidor”, tan común en la jerga política argentina que merece una breve explicación.

 

El concepto “traidor” es una definición más bien moral y no política, ya que obviaríamos notoriamente las contradicciones que se producen en las prácticas políticas al reducirlas a una escala meramente moral, porque tenemos que tener bien en claro que no se puede definir en términos morales a aquellas circunstancias que son de tipo política.

 

Bien sabemos que la escritura de carácter política ha sido desde sus inicios una fuerte toma de posición ideológica, un impulso crítico de los hechos, una profunda interrogación respecto a las condiciones históricas de cada época, sobre todo la del presente.

 

La escritura debe generar inquietudes en el lector, exacerbar las profundas tensiones que merman de las distintas interpretaciones y volverlas arquetipo racional del hecho en sí mismo, que es la tarea más digna del escritor.

 

En este caso no.

 

Este tipo de artículos carente de argumento, con una abundante opacidad en sus enunciados, es el fiel reflejo de sus autores, una especie de autobiografía psicológica, que guarda entre sus párrafos un fuerte resentimiento a alguien (no sabemos a quién hace alusión porque el artículo no lo plantea) más que una verdadera crítica.

 

Esto psicoanálisis es muy común, en donde Freud analiza este problema utilizando el concepto de contratransferencia, donde el individuo (en este caso los autores de los artículos) hace una transferencia hacia el “otro” (los supuestos “traidores”), diciendo de manera casi sutil una serie de agravios e insultos hacia la otra persona o acciones que ésta realiza, pero inconscientemente se produce un fenómeno de contratransferencia, porque de manera inconsciente eso que le está diciendo al “otro” se lo dicen a ellos mismos.

 

Es más que claro, funciona como el reflejo de un espejo hacia los propios individuos que se ven reflejados en él, en este caso por sus propios textos pero de forma un tanto subliminal.

 

De este modo, no logran distanciarse de su subjetividad, cayendo al vacío del hecho en sí.

 

Aparece por medio de esta operación retórica tergiversado y distorsionado el hecho ocurrido (si es que realmente aconteció un hecho), cometiendo el improperio de omitir a los actores que participaron en el hecho o tergivérsalos en su discurso, y fundamentalmente el contexto histórico donde estaba situado para poder así someterlo a cualquier juicio subjetivo o interpretación que le plazca al autor, pero proscriben el hecho fundamental, la pieza histórica que le da sentido a lo sucedido, a cualquier interpretación posible donde poder aferrarse, sostenerse para construir los argumentos validos y necesarios para hacer la crítica:

 

La Historia.

 

Por ejemplo a la hora de hablar de Malvinas como lo hace con desdén Morales Solá: “Lanzarse unos a otros adhesiones de terceros países (la Argentina con el Mercosur y Londres con el Caribe) es un ejercicio vano.

 

Los dos ponen en juego los intereses ajenos de otras naciones, cansadas éstas ya de opinar sin que se avizore nunca una solución” (Morales Solá, Diario La Nación, 29 de enero de 2012).

 

No se puede decir nada ni afirmar algo sin tener mínimamente los datos empíricos de los hechos para contrastarlos con los argumentos expuestos, ya que estos son interpretaciones de los hechos condicionados por la subjetividad de quien lo analiza.

 

Aquí se da de modo singular un fenómeno caracterizado por distorsionar lo sucedido en ese momento.

 

Una suerte de censura enmascarada o quizás una mala interpretación sin la presencia de los hechos.

 

La pregunta es: ¿qué tiene de negativo la solidaridad de los países del Mercosur por la soberanía de nuestras islas?

 

¿Por qué se considera una pérdida de tiempo o un acto efímero de parte de los países hermanos de América latina el apoyo a esta causa que no es sólo nacional, sino latinoamericana?

 

¿Por qué atacan y ningunean todos los esfuerzos diplomáticos que realiza el gobierno nacional?

 

Esa visión fragmentada que tienen de la historia latinoamericana nos muestra a los voceros de los principales diarios nacionales y enviados especiales a diarios españoles antinacionales, reproductores del viejo discurso dominante proveniente de las usinas de la historia oficial, que les dejó como herencia una frontera mental que creo imposible que se la puedan extirpar en la posición que se encuentran.

 

Vemos que queda atrapado en la más patética soledad política, producto de una tragedia casi traumática, que lo coloca inevitablemente en un punto muerto al formar parte de la nada misma, retratado por esta suerte de autobiografía melodramática y masoquista.

 

Esto queda explicitado en sus constantes arremetidas contra las decisiones políticas que toma la presidenta o cualquier funcionario del gobierno:

 

Embisten con toda su fuerza mediática a quemarropa.

 

Escribir en los diarios que se jactan de fundamentales para la opinión pública o en un blog en las circunstancias que atraviesa la comunicación global no significa nada en estos tiempos más que la expresión más firme de su hedonismo semiótico, de arrojar grafías y signos por el inmenso océano que representan los medios.

 

Sabemos bien que esto lo hace cualquiera, Incluso aquel que no sabe ni siquiera utilizar una computadora.

 

Esto es lo malo del democratismo comunicacional (aclaremos que el democratismo y la democracia son conceptos diferentes y no significan lo mismo, por lo menos para nosotros) que nos ofrece el mundo de los medios globalizados como es el Internet, relativismo de la comunicación que no comunica, más bien incomunica, desinforma, confunde a la gente, la desorienta, la hunde en las profundas aguas de la desinformación, donde aparece este tipo de artículos, camuflado como una tradicional forma de comunicar las noticias, teniendo la osadía de llamarlo “periodismo”.

 

La acción de informar se construye en un proceso colectivo a través del compromiso social y las prácticas políticas concretas que las constituyen.

 

Obviamente que esto representa todo lo contrario.

 

Tristemente el periodismo (sin cometer el pecado de meterlos a todos en la misma bolsa) da para cualquier cosa, como por ejemplo en este caso, donde lamentablemente se escribe y se dice cualquier cosa, que no hace referencia a nada, que no hace más que reventar el sentido de las palabras, de vaciarlas de contenido, descontextualizándolas de todo posible decurso histórico, como una gaviota que vuela sobre el barco y no forma parte de él, mirando desde lejos lo que pasará, especulando (o deseando con ansias que se unda) si el barco se hundirá o seguirá a flote, como es el caso las políticas que lleva a cabo este gobierno y de la misma Historia como la lucha histórica por la soberanía de las islas Malvinas, que estos “medios independientes” ponen en sospecha o peor aún lo señalan como un acto de demagogia y cinismo por parte de este gobierno que según estos medios intenta perpetuarse en el poder a través del cliché de la reelección indefinida, manipulando nuestra constitución nacional.

 

Una noticia vieja es olvidable, pero sigue siendo noticia a la hora de crear una atmósfera política determinada en la sociedad.

 

No queriendo ser parte del barco que es nuestro país y que conduce con coraje nuestra presidenta, sobrevolando todo el camino la tormenta golpea fuerte y lo hace tambalear al riesgo de hundirse, mientras que el pueblo en todas sus dimensiones se aferra con fuerza al timón para soportar con estoicismo los embates de los cipayos vendepatria, para llevar a buen puerto el barco que representa el proyecto nacional y popular.

 

Pero a veces se olvidan que también las gaviotas dejan huellas en la arena, aunque pequeñas y desapercibidas, las dejan. Suaves pisadas se ven a lo lejos en la costa y eso alcanza para saber por dónde camina y hacia dónde va.

 

Estas gaviotas son los voceros de los grupos de poder que ponen de manifiesto los intereses que se disputan en la arena de lo político y se cristalizan en el terreno de la opinión pública.

 

Eso indica el grado de compromiso real con cualquier proyecto político, fuere cualquier fuere.

 

Si uno apoya desde cualquier lugar un proyecto político siempre se es parte de él, nunca se está afuera de él, a menos que se especule con los destinos del proyecto, si sigue en pie o fracasa, como quieren que ocurra con este proyecto inclusivo que impulsa nuestra presidenta.

 

Ese es el sentido del compromiso político auténtico, el de acompañar e involucrarse pese a las contradicciones y a las debilidades que pueda tener cualquier proyecto, por ejemplo el de este gobierno que sigue un camino estrecho y difícil por donde se lo mire.

 

Si no se es un “oportunista”, un “mercenario del poder político” o peor aún, un “lacayo del poder mediático” de la más rancia escuela, que ponen en funcionamiento el aparato ideológico de la mentira como construcción indubitable de “verdad” a ser aceptada por la ciudadanía.

 

Este es su nicho.

 

Aquí se esconden.

 

Se protegen los unos con los otros.

 

Ese es su mascarón de proa.

 

Se montan las 24 horas del día sin descanso.

 

Y es que la clase dominante no tiene descanso.

 

Están siempre a la espera, acechando como los buitres que vuela inquieto sobre la carroña que pueda dejar el futuro fracaso de un modelo raquítico por donde se lo mire, para luego asechar sobre los restos moribundos que van quedando en el camino, siempre llevando la bella coartada de la “libertad de prensa”.

 

Pero como diría notablemente el maestro Arturo Jauretche: “No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa”.

 

Son precisamente cultivadores de zonceras, de esas ideas negativas que generan desprecio sobre el otro sostenidas por estas empresas periodísticas.

 

Como estos cultivadores de zonceras hay muchos, y anunciarse con escritos de escueto argumento lo hace cualquiera que intenta hacerse valer con una retórica banal e insustancial, atrapado en un discurso abstracto, ambiguo y monológico, despojado de todo sentido crítico, degradando el valor de lo escrito, que no dice nada más que la expresión más certera de su irritante cinismo y patetismo frente a los intentos desesperados de trascender en un insignificante medio como en el que pretende mostrarnos con su carta de presentación “nacional y popular”, que no hacen más que alimentar su egocentrismo con estas tristes palabras de compasión de cara a la multitud.

 

Como estos lumpenes-pseudointelectuales hay muchos, en las corporaciones liberal-académicas, en las mediáticas, etc.

 

Pero no debemos preocuparnos tanto y menos de estos alcahuetes de los medios hegemónicos, que no tienen difusión en el corazón del pueblo que opta por otras alternativas comunicaciones gracias a la nueva ley de medios audiovisuales.

 

Sólo tienen la atención de este humilde servidor (y otros críticos) que se ha tomado el trabajo de leer semejante incongruencia manuscrita, en donde posiblemente cometa el terrible error de darle entidad a algo que no lo tiene, de darle mayor trascendencia de la que ya tiene y que tal vez no merezca ser contestado, pero asumiré ese riesgo.

 

El siglo XX se caracterizó trágicamente por el silencio de las palabras, de su abandono, olvido y desaparición, como el de la memoria y los grandes relatos históricos.

 

Pues en este caso donde intentamos recuperar ese sentido olvidado de las palabras, sucede un efecto contrario con la aparición de un descomunal y exagerado bombardeo de información, en el que estamos sujetos a esta excesivo democratismo del discurso, a este relativismo que nos propone decir cualquier cosa que se pueda publicar en cualquier diario sensacionalista o en la masiva red virtual que representa el Internet, ausente de toda historia, habitante del desierto, pura nada de sentido.

 

Este bastardeo se encuentra precedido por el onanismo literario de estos autores, para decir con un excesivo uso -y abuso- de las palabras absolutamente nada.

 

Solo lo que su investidura ideológica nos muestra, pero solo lo percibimos como una sombra atrapada por una intensa luz.

 

Uno puede visualizar con claridad cómo se va plagando el lenguaje de estos pseudointelectales a la lógica del mercado, donde opera el vaciamiento de las palabras, en donde se observa un paisaje difuso y vertiginoso que acumula palabras y enunciados; una sucesión de palabras sobre palabras contenidas en el texto que no cierran en una idea clara y coherente de lo que intentan plantear, compuesta de un argumento válido a ser constatado y sometido a la crítica.

 

Debemos poner en sospecha (en el mejor de los sentidos) la crisis del lenguaje y la pauperización cultural frente al terrible avance de los medios de comunicación que se van imponiendo en la sociedad.

 

La banalización que habita en el discurso y la intensa vocinglería que los atraviesa, mediante la constitución sistemática de un lenguaje técnico incomunicable, se manifiesta en un nuevo ritual donde el silencio de las ideas ha sido remplazado por el ruido de esta nueva concepción global.

 

Las palabras se van encogiendo cada vez más perdiendo su sentido simbólico, negándose a ser confinadas a los textos livianos y desprovistos de criticidad.

 

Este tipo de textualidad está compuesta por un lenguaje vacío, reducido a la mínima expresión, a la más contundente simplificación reduciendo las ideas y que no permite encontrar los matices para una mayor profundidad.

 

Un destino lo bastante incierto y amenazado por aquellos que esconden sus abdicaciones en una pseudodiscursividad acrítica amparada en estas escrituras que aspiran a dejar conformes a los lectores y a sus edulcoradas y descafeinadas inteligencias, expresado en un pensamiento colonial y funcional a los edictos del mercado y el orden burgués, representada bajo la figura parasitaria de laintelligentzia cipaya antinacional.

 

Parafraseando un poco a Jauretche serían “técnicos de la superestructura cultural al servicio del mercado”.

 

Ricardo Forster sobre esto es más contundente y dice que “este tipo de escritura sólo sirve para alimentar con palabras cómplices de los circuitos massmediáticos, la sed onanística de una época de comentadores, de académicos betselleristas, de periodistas pseudointelectuales que hablan de su propio pasado como si jamás hubieran atravesado, con las ideas y con el cuerpo, la trágica experiencia de su desmoronamiento” (Ricardo Forster, Crítica y sospecha, 2003) …es el malestar ante la cultura y la sociedad contemporánea, de malestar ante los discursos lavados de aquellos que han eliminado de su escritura la presencia trágica del pasado de aquellos que se han resignados a viajar utilizando los servicios de las agencias de turismo y qué sólo aspiran a ser “entendidos y leídos” por el gran público.

 

Jauretche los llamaría de manera contundente “el medio pelo de la sociedad argentina”, donde el individuo tiene tanto miedo a ser poco, que aparenta ser demasiado, aparenta ser más de lo que es, intenta ser lo que no es.

 

Citaremos algunas líneas del artículo de Martín Caparrós publicado en el diario anti-argentino El País de España: “Creo que es un límite, y creo que sería un error dejarlo pasar, reírse, escatimarle bola.

 

O, quizá, mi error sea seguir creyendo en las palabras: pensar que significan. Mientras tanto, me declaro traidor a la patria -o lo que sea que eso sea” (Martín Caparros, Diario El País, 31 de enero de 2012).

 

Efectivamente, su notable descripción freudiana de ellos mismo lo torna indefensos ante tanta “verborragia oportunista” y permeabilidad discursiva que se vuelve trágicamente en su contra, el más claro reflejo de su posición ridícula y patética de cara a la realidad nacional.

 

Siguiendo al autor en su planteo: ¿Quién es el verdadero “traidor” en estos testimonios tan trillados?

 

Creo que en el interior de estas escrituras (como los Morales Solá, los Caparrós, los Lanata, los Blanck, los Grondona, los Fontevecchia, los Leuco, los Sirvén o las Sarlo entre otros “defensores de la libertad de empresa”) explican por sí solas su aciaga errancia y su fáustico periplo.

 

La mejor forma de recordar a verdaderos compañeros periodistas del campo nacional y popular, esos que toman postura frente a la realidad y que nunca temen o resignan considerarse un “periodista militante”, esa condición casi inhumana que el monopolio mediático defenestra con tanta bravura, como lo fueron sin ninguna duda “Tato” Contissa y Claudio Díaz.

 

Es por eso que siguiendo ese legado tan maravilloso de defender con valentía y valor intelectual lo que es legítimo para el pueblo y luchar a través de las armas de la crítica contra esos personeros cómplices de los intereses más nefastos de la historia argentina y que todavía gozan del beneficio de la impunidad.

 

 MP/

 

·        Ensayista. Integrante del Centro Cultural E. S. Discépolo de Misiones y militante del Movimiento Universitario Evita.