Es injusto equiparar la situación de una bailarina con la de alguien que ha sido secuestrado.

MANZANAS

Gabrie Fernanez

Las posiciones progresistas sobre el comportamiento de las personas están asentadas en los mismos valores del ultraconservadurismo. Incluyo a la izquierda y buena parte del peronismo.

MANZANAS

 

Por Gabriel Fernández *

La Señal Radio

05/01/2014

 

Quiero señalar algo que puede resultar interesante e irritante: las posiciones progresistas sobre el comportamiento de las personas están asentadas en los mismos valores del ultraconservadurismo.

 

Incluyo a la izquierda y buena parte del peronismo.

 

No me refiero a las posturas económico sociales, que forman parte de otra discusión, sino a las que hacen hincapié en el accionar individual.

 

Aclaro para no ser injusto y englobar dentro de una crítica a quienes, como lo hacemos todos, aciertan y yerran en distintos flancos.

 

*Voy a esto: los cuestionamientos a la sexualidad en la comunicación, incluidos los bailes con dosis de erotismo, los concursos de belleza y otras acciones mediáticas evaluadas como cosificación, parten de la lejana admisión del pecado cometido al comer de la manzana del deseo.

 

*Voy a esto: los cuestionamientos a la técnica, la vida urbana y la industria por contaminante, incluida la web por evitar el contacto directo, zarpan de la lejana admisión del pecado cometido al comer de la manzana del conocimiento.

 

De entrada nomás, el poder evaluó que sexo y conocimiento merecían una fuerte reprimenda porque ambos ligaban al ser humano a la libertad.

 

Esto lo comprendieron rápidamente los poderes sucesivos en distintos modos de producción, que refrendaron la hipótesis.

 

Ahora bien, como muchas franjas medias depositarias de esas creencias se sienten cómodas en la queja aristocratizante del estilo “ya no hay moral”, “no se cuida a la naturaleza”, “el ser humano ha perdido humanidad” y cosas así, buscan argumentos léidos para objetar variantes modernas.

 

Entonces, confunden baile con prostitución, avances científicos con deshumanización, industria con incomunicación.

 

Pero se posicionan como adelantados conceptualmente, mientras retoman aquella interpretación dual de la manzana lanzada en los albores de la escritura.

 

Por eso, mientras se sigue luchando por los derechos civiles, cosa que me parece muy pero muy bien, es preciso reflexionar acerca de los bordes, de las decisiones individuales y del origen de muchas “causas justas” que suponemos defender.

 

Algunas consideraciones.

 

Es injusto equiparar la situación de una bailarina con la de alguien que ha sido secuestrado y forzado a ejercer la prostitución.

 

Es una confusión flagrante entre un contrato de trabajo y un delito que amerita severo castigo.

 

Es equívoco señalar que la vida en condiciones naturales es mejor que la tecnologizada.

 

La realidad de los pueblos ha mejorado vastamente –se observa en los indicadores de mortalidad en los últimos 200 años- con agua potable, electricidad, gas y otros beneficios, como los adelantos en la construcción.

 

Si no se hace referencia a todo eso, en realidad se habla de vivir en un country y se le llama a esa modalidad “vida natural”.

 

Ahora bien, en todos los casos mencionados se visualiza una sensación, un tono de pérdida, de lo que jamás existió.

 

La mujer, que hoy parece bastardeada por un programa televisivo, antes estaba en su casa; los golpes no eran denunciados y hasta eran evaluados comprensibles por la sociedad.

 

No sólo no podía bailar en televisión: tampoco era bien visto que saliera a trabajar de lo que fuere.

 

Las obreras debían hacerlo por razones económicas, pero las capas medias se guardaban de mostrar ese “desliz”.

 

En cuanto a la ecuación industria – naturaleza, contiene la soberbia de suponer que el milímetro que el ser humano ocupa sobre el planeta basta para quebrar capas tectónicas, incendiar los cielos y ensuciar los mares.

 

En verdad, sin industria, seguirá el calentamiento global paulatino, habrá emanaciones volcánicas que damnificarán partes de la atmósfera… y seremos más pobres y con menos trabajo.

 

Yo sé que duele admitirlo porque el progresista está muy cómodo denunciando lo “tonta” que es la humanidad.

 

Pero el viejo topo no es ningún salame.

 

Y las minas, que forman la mitad de ese conglomerado, tampoco.

 

GF/

 

 

*Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Grafica FM 89.3.