Syriza es el partido radical griego de Alexis Tsipras que inspira a Podemos.

LOS GRIEGOS MARCHAN AL KIRCHNERISMO POR EL SOCIALISMO

Begoña Castiella

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Las experiencias de organización y autogestión nacidas en Argentina tras el 2001 florecen hoy en Grecia, uno de los países más castigados por el neoliberalismo

Los griegos siguen el ejemplo de autogestión y organización que dio Argentina al mundo en 2001

LOS GRIEGOS MARCHAN AL KIRCHNERISMO PERONISTA POR EL SOCIALISMO

Las experiencias de organización y autogestión nacidas en Argentina tras el estallido social de 2001 se vuelven a ver hoy en Grecia, uno de los países más castigados por la política impuesta por Bruselas.

 

En Grecia hay hoy empresas recuperadas, gestión comunitaria del agua o de la sanidad, redes solidarias y sobre todo un sentimiento de empoderamiento popular, a través de la democracia directa y las asambleas barriales. (MM)

 

Grecia se vuelca en la autogestión

 

Ante las políticas de austeridad, los mecanismos de autogestión se multiplican en la sociedad griega.

 

Incluso asuntos con histórica participación del Estado, como la salud o el agua, están siendo repensados desde la sociedad civil y la gestión comunitaria.

 

La economía cooperativa, las redes de solidaridad y las prácticas alrededor de los bienes comunes viven un momento dorado en el país helénico.

 

Dimitris Koymatsiouli es el único guardián de la fábrica Vio.me.

 

Su camiseta contiene un lema inequívoco: “La lucha es lo que hace dar vueltas al engranaje”.

 

Dimitris sabe que la autogestión de esta fábrica de productos de limpieza es un mito de muchos movimientos y pensadores del mundo.

 

Desde la sala de controles, llena de emoción cada frase: “Naomi Klein estuvo aquí. Estamos en una lucha global. Lo que hagamos aquí sirve de ejemplo al mundo”.

 

Eleni Dimitriadou, la socióloga que se ofrece de traductora, hace una breve introducción sobre Vio.me: “Los dueños quisieron cerrar la fábrica en el año 2011.Tenían beneficios, pero querían aprovechar la crisis para deshacerse de los trabajadores sin pagar despidos”.

 

Los trabajadores decidieron, según explica Dimitris, “mantener la planta en funcionamiento y sobrevivir”.

 

El proceso fue arduo.

 

Trabas judiciales. Amenazas.

 

Nos les interesábamos.Entonces, la mayoría de los 45 trabajadores votaron a favor de continuar con la producción de forma autogestionada”, afirma un entusiasta Dimitris.

 

Vio.me funciona de forma horizontal.

 

Realizan varias asambleas a la semana, algunas abiertas a movimientos sociales y ciudadanos.

 

Mientras muestra las naves de la fábrica, Dimitris enumera otras actividades que realizan, como performances o cine.

 

También cita a intelectuales internacionales que les apoyan, como David Harvey o John Holloway.

 

Al final de la charla, aparece Syriza, “la política”.

 

Pero a Dimitris no le interesa demasiado.

 

Vio.me es su prototipo y utopia. “Somos uno, estamos juntos, es la base de todo”, asegura en la despedida.

 

De crisis a la autoorganización

 

Autobús 15089, rumbo al centro de Salónica. Eleni Dimitriadou transforma el trayecto en una lección político social.

 

“Grecia es el laboratorio de los mercados, de la doctrina del shock, del miedo”, asegura.

 

Eleni recuerda la Grecia olímpica, con sus flamantes infraestructuras construidas con fondos europeos.

 

Y critica con dureza a la clase dirigente.

 

“Preocupante es el trato dado a los inmigrantes. El ascenso de Amanecer Dorado también es terrible”, matiza Eleni.

 

Tampoco se libra Syriza, al que tilda de “otro partido más”.

 

Critica Solidarity4All, la plataforma de Syriza, por ser un espacio de cooptación política.

 

En el tono triste de Eleni parecen flotar los datos de la austeridad made in troika que copan los grandes medios europeos: entre 2010 y el 2014, los salarios se han reducido un 23,8%, los impuestos sobre la propiedad han aumentado un 514%, el paro juvenil roza el 60%, el número de ciudadanos excluidos del sistema de salud supera los 3 millones…

 

Pero Eleni, como muchos griegos, sonríe cuando aflora el tupido entramado solidario en el que vive inmersa.

 

Eleni empieza a hablar de otro país.

 

Una Grecia social, solidaria, cooperativa.

 

Una Grecia en red, más micro que macro.

 

Una Grecia en pie. “El pueblo paró la privatización del agua, por ejemplo”, asegura, en referencia al referéndum (ilegalizado por el Gobierno) que ayudó a parar la privatización del agua en Atenas y Salónica recomendada por la troika.

 

Noche cerrada.

 

Acaba de terminar una manifestación contra la violencia de grupos ultraderechistas.

 

La policía comenzó a usar gas.

 

La multitud se dispersó a la carrera.

 

El centro social Micrópolis, en el centro de Salónica, es uno de los refugios.

 

Eleni conversa con Jeza Goudi (activista del 15M Barcelona, colaboradora del Festival de Economía Cooperativa y Solidaria de Atenas), Miki (un activista del 15M de Barcelona) y Theodoros Karyotis (vinculado a procesos de autogestión en general).

 

“Es increíble todo lo que está ocurriendo en Grecia desde las redes de solidaridad”, asegura Jeza.

 

Miki cita el ejemplo de la clínica autogestionada de Helleniko de Atenas, una de las 42 clínicas y farmacias autogestionadas de Grecia.

 

“Algunas televisiones y radios públicas de Salónica siguen ocupadas y gestionadas por los propios trabajadores”, matiza Miki. Jeza opina que Grecia no sobreviviría sin la autogestión:

 

“Sin las clínicas sociales, el 35% de la gente no sabría dónde acudir ante un problema médico.

Sin las asambleas de barrio y su contacto con las escuelas, no habría educación.

Sin los mercados sin intermediarios, muchas familias sufrirían hambre”.

 

Alternativas

 

El texto ‘Transformando crisis en Krisis‘ aborda la mutación social griega de los últimos años: “Estas iniciativas emergentes han sentado las bases de una red invisible, no regulada y autónoma que se ha llamado economía solidaria y cooperativa”.

 

Grecia se vuelca en la autogestión.

 

Sus ciudadanos se organizan sin el Estado, que les ha fallado.

 

La plataforma Omikron Project acaba de lanzar la segunda edición de su guía ‘Ouzo-Drinking Lazy Greeks? Grassroots groups in Greece’.

 

En ella encontramos la Grecia que no aparece en los medios, cientos de proyectos que configuran una nueva sociedad en marcha.

 

La Athens Wireless Metropolitan Network es una red de malla que provee internet comunitaria.

 

 La Red Solidaria de Profesores de Larisa suple los déficits educativos en dicha ciudad.

 

Nea Guinea incentiva la autosuficiencia energética desde el paradigma de la tecnología libre.

 

El proyecto Telaithrion evove alrededor de la permacultura.

 

Nuevos medios como omnia.tv tejen redes a partir de la comunicación libre.

 

Encuentros como el Commons Fest y el Festival de Economía Solidaria y Cooperativa de Atenas visibilizan y conectan esa vibrante Grecia paralela.

 

“Las robustas redes de solidaridad y de cooperativas ayudarán a catalizar esta transición hacia las comunas”, asegura a eldiario.es, Vasilis Kostakis, una de las voces griegas del procomún más respetadas.

 

Las imágenes de la manifestación regresan a la conversación en Micrópolis: banderas rojinegras, lemas anarquistas, puños en alto, estética negra, “No Pasarán” (en castellano).

 

Surgen algunas preguntas.

 

¿Cómo se conectaron los movimientos sociales clásicos que protagonizaron la oleada de protestas de 2008 y la ocupación de la plaza Syntagma de 2011?

 

¿Las ocupaciones de las plazas de los Indignados griegos fueron tan influyentes como las del 15M en España?

 

De Syntagma a Syriza

 

El Embros Theater de Atenas es uno de los mayores símbolos de la autogestión en Grecia.

 

Tras años de abandono, el colectivo Kinivi Mavil ocupó este teatro público del distrito de Psiris.

 

 “Lo ocupamos tras la oleada de Syntagma, a finales de 2011, con doce días de discusiones, charlas e intervenciones”, asegura Christina Thomopoulos, que trabaja con arte experimental.

 

Christina modera una charla en el Embros que resume la pluralidad de la sociedad griega.

 

También, la dificultad de diálogo.

 

El sexagenario Thomas Tsoutsos recuerda la ocupación de la plaza Syntagma con algo de desprecio.

 

Habla de “caos”, de “falta de organización”, de “decepción personal”.

 

En el lado opuesto de la mesa se encuentra Xara Alexakis, una profesora de arte dramático.

 

“A mí Syntagma me marcó.

Era algo muy vivo.

Había mucha gente que no tenía un pasado militante, interesada en la política”, afirma Xara.

 

Esta diferencia de posturas coincide con la conclusión de Jeza Goudi, tras un año de convivencia con activistas griegos: los movimientos sociales clásicos no se conectaron tanto con los Indignados de Sytagma.

 

“Tienen mucha más ideologización que en la España del 15M.

 

No hay un diálogo tan transversal.

 

Los grupos de izquierdas que participaron en las revueltas de 2008 encuentran naives a los de 2011″.

 

Christina Thomopoulos, mientras modera la charla informal del Embros, tampoco toca la macropolítica.

 

Ni rastro de partidos.

 

Apenas habla de gestión colectiva, de detalles que abren puertas.

 

“Investigamos nuevos caminos comunitarios, la producción artística, la convivencia”, afirma Christina.

 

Todos los caminos llevan a Exarcheia

 

En la Atenas social, todos los caminos llevan a Exarcheia, el barrio anarquista.

 

En la terraza del centro social Nosotros, Christine Papadopoulou hace un minucioso repaso cronológico de la ocupación de Syntagma.

 

“Fue una llamada de los Indignados españoles. Alguien en la puerta del Sol colocó un cartel tipo “silencio, que vamos a despertar a los Griegos”.

 

Y la gente se lanzó a las plazas”, afirma Christine.

 

A partir del 25 de mayo de 2011, los griegos tomaron la plaza Syntagma de Atenas y cientos de plazas en todo el país. 100.000 personas rodearon el Parlamento, con un gran cartel en español: “Estamos despiertos. ¿Qué hora es? Es hora de que se vayan”.

 

Christine habla de Syntagma con emoción: “Yo nunca había tenido contacto con la política.

 

Muchos nos conocimos en Syntagma y empezamos a hacer cosas juntos.

En el inicio no había ni banderas de partidos.

Poco a poco, comenzaron a llegar los infiltrados de grupos organizados”.

 

Syntagma fue un divisor de aguas.

 

Christine comienza a enumerar alternativas que surgieron de la ocupación de Syntagma, como la Campaña Ciudadana de Auditoría de la Deuda, el Banco del Tiempo de Atenas, el Bazar de Intercambio solidario o el grupo de Democracia Directa.

 

“El formato asamblea se expandió por barrios y ciudades. El boom de la economía solidaria es fruto de Syntagma”, matiza Christine.

 

Todos los caminos, todas las luchas, llevan a Exarcheia.

 

La revolución de 1973 empezó en la universidad politécnica, en la calle Stournari.

 

El asesinato del adolescente Alexis Grigoropoulos, que dio pie a las revueltas de 2008, ocurrió a pocos metros del centro social Nosotros.

 

Una esquina desconchada sirve de memorial colectivo.

 

Una fotografía recuerda a Alexis Grigoropoulos, al lado de un cartel con el rostro de Salvador Puig Antich (ejecutado por el franquismo).

 

Durante el estallido de 2008, tras la muerte de Alexis, una frase que apareció en una pared de Atenas viralizó por el país: “Somos una imagen del futuro”.

 

Aquella imagen del futuro fue la ocupación de Syntagma en 2011.

 

O las protestas de diciembre de 2014, las primeras masivas de los últimos años.

 

Para James Roos, editor de Roar Magazine, “el futuro distópico es ahora”.

 

La nueva imagen del futuro son las revueltas en solidaridad con Nikos Romanos, el preso anarquista que acaba de terminar una huelga de hambre.

 

Pero la imagen del futuro también es pasado.

 

El 2 de diciembre, la represión policial en Exarcheia se agudizó en la entrada de la Universidad Politécnica, el lugar exacto del levantamiento estudiantil de 1973 que acabaría derrumbando al régimen de los coroneles.

 

“Hay un sentimiento generalizado de que la nueva generación tiene que levantarse hacia el desafío de nuestros tiempos, como sus padres lo hicieron en los setenta”, asegura James Roos.

 

Pero tal vez no sea un futuro tan distópico.

 

Nikos Romanos ha forzado al Parlamento a concederle un régimen abierto.

 

El Gobierno se tambalea.

 

Los coroneles de la troika tiemblan.

 

Syriza está más cerca del poder que nunca.

 

Aunque tal vez la imagen del futuro que inquieta a la troika no es la de un pueblo en las calles.

 

Es la imagen de un país volcado en la autogestión que está cocinando una atractiva narrativa que sobrepasa el neoliberalismo

 

Fuente: Pájaro Rojo

 

SYRIZA EL PARTIDO RADICAL GRIEGO DE ALEXIS TSIPRAS QUE INSPIRA A PODEMOS

 

Por Begoña Castiella

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17/12/2014 

Cuatro años de promesas «idílicas» a los griegos han terminado calando en un pueblo desesperado

 

Hace cuatro años era impensable en Grecia, pero ahora es una realidad: el partido radical Syriza, líder de la oposición, está contando las semanas para hacerse con el poder.

 

Al menos eso es lo que piensan quienes les apoyan: antiguos socialistas y comunistas desencantados, ciudadanos de izquierda a los que no les convence la izquierda moderada y muchos, muchísimos griegos asqueados con los dos grandes partidos, el conservador Nueva Democracia y el socialista Pasok.

 

Son griegos que creen en el mensaje electoral de su líder, Alexis Tsipras: hay soluciones alternativas a la crisis, vendrán tiempos mejores, todos los griegos percibirán pronto un mejor sueldo y jubilación, habrá menos impuestos y el Estado volverá a contratar a más empleados…

 

Los expertos en economía se llevan las manos a la cabeza y los posibles inversores extranjeros cambian de estrategia y de país.

Burgués

 

¿Quién es realmente Tsípras, el líder de los radicales?

 

Alexis es un ateniense nacido en julio de 1974, en una familia burguesa. Su padre es dueño de una constructora que también invirtió en las primeras unidades fotovoltaicas de Grecia.

 

Su infancia y juventud transcurrieron en el barrio burgués de Ambelokipi, en el centro de Atenas.

 

El instituto de su barrio fue escenario de sus primeras actividades políticas.

 

Allí era conocido por sus sentadas y ocupaciones que lograban cerrar el centro educativo durante el curso 1990-1991.

 

Luego consiguió ingresar en la escuela de ingenieros de la prestigiosa Universidad Politécnica de Atenas.

 

Aunque más bien se ocupaba de asuntos políticos y sindicales por ser miembro de las juventudes comunistas.

 

Tras acabar la carrera en el año 2000 (sus rivales recuerdan que en esa época ser líder sindical y de izquierda hacía que los profesores te aprobaran o te subieran la nota con facilidad), hizo un master en urbanismo, que terminó en 2003.

 

Alexis Tsípras empezó a trabajar como ingeniero y creó una constructora con sus hermanos.

 

Entonces ya destacaba en la Coalición de la Izquierda (conocida entonces como SYN) y por ello fue elegido candidato a las elecciones municipales de Atenas en 2006.

 

Tsípras resultó ser el tercer candidato más votado y logró cuatro representantes en el consejo municipal

 

En vespa por Atenas

 

En esa época conocí a Alexis Tsípras, que tenía 32 años, era muy atractivo y se dedicaba a recorrer Atenas en vespa, vestido de forma deportiva.

 

Mis amigas le llamaban «el kurabié», nombre de un delicioso dulce navideño, por su atractivo.

 

En el momento de su triunfo electoral aún seguía trabajando con su familia y ya vivía con su novia, Peristera (Betty) Baziana.

 

Llevan diecisiete años de convivencia (han firmado un contrato de vida común), tienen dos hijos pequeños y residen en Kipseli, un barrio ateniense donde viven muchos jubilados y emigrantes.

 

Betty trabaja fuera de casa, es la discreción personificada y no se han divulgado fotos de sus hijos.

 

Pero hablando un día con Tsípras de fútbol, me confesó su pasión por el Atlético de Madrid, me enseñó unas fotos en el móvil que había sacado durante un partido en el estadio Vicente Calderón y, de paso, me mostró una de sus dos niños.

 

Venezuela

 

La Coalición Radical buscaba un cambio y una cara nueva.

 

En febrero de 2008 elige presidente a Alexis Tsípras, que tenía 34 años, con el 70% de los votos.

 

En esos tiempos, Tsípras ni hablaba inglés ni conocía la escena internacional. Su rival, el abogado Fótis Kuvelis, acabaría creando su propio partido de izquierda moderada, Dimar.

 

En las elecciones de 2009 el partido arrasa y Alexis Tsípras ya es diputado.

 

Desde 2006 vive de la política y ahora es líder de un partido.

 

Desde entonces sube como la espuma.

 

Viaja como parlamentario a Venezuela y este país y su entonces líder, el desaparecido Hugo Chávez, le impactan.

 

Asesoría de imagen

 

Al estallar la crisis griega se muestra contrario a cualquier recorte y cambio en la estructura estatal y recoge los votos de quienes han perdido su trabajo y su futuro.

 

En las dobles elecciones de 2012 se convierte ya en el segundo partido y líder de la oposición.

 

Comienza a viajar al extranjero, mejora su inglés y su aspecto.

 

Tsípras ha cambiado su discurso y se ha sofisticado.

 

Ya no habla de que «Grecia va camino al infierno» ni del «bárbaro programa de reformas».

 

Se ha entrevistado hasta con el Papa Francisco, tiene un equipo económico organizado que ha visitado recientemente a inversores extranjeros en la City de Londres…

 

Acepta tratar a los medios de comunicación extranjeros cuando se convierte en candidato de la Izquierda Europea: nos invita a todos a una copa navideña.

 

A la pregunta de cómo va a «alimentar» al enorme sector público –que quiere hacer aún mayor al nacionalizar empresas privatizadas– contesta con una gran sonrisa que «existen alternativas» y habla de la Europa solidaria.