Una tarde había corrido la noticia de que Oesterheld había sido secuestrado.

SOBRE LA APASIONANTE FIGURA DE HÉCTOR GERMAN OESTERHELD CREADOR DEL «ETERNAUTA»

Por Martin Garcia

Un coleccionista de sonidos de Mar del Plata, compra unas cintas y descubre un reportaje que le hacen a Héctor Germán Oesterheld, y lo selecciona y aparta y entonces…

SOBRE LA APASIONANTE FIGURA DE HECTOR GERMAN OESTERHELD*

Por Martín García

Viento Sur

29/12/2014

Un coleccionista de sonidos de Mar del Plata, compra unas cintas y las escucha para encontrar tesoros, perlitas, notas o reportajes de personalidades de distintas épocas.

Es su hobby.

De pronto descubre un reportaje que le hacen a Héctor Germán Oesterheld, y lo selecciona y aparta.

Busca el teléfono de sus nietos Martín Miguel Mórtola y Fernando Araldi y los llama dándoles la nueva.

¡Apareció un reportaje a su abuelo! (se entusiasmó)

¡Es que hay muy pocos registros de la voz de Héctor!

 Luego les envía la grabación y los nietos se reúnen a escucharlo.

Al rato me llaman por teléfono y me cuentan la anécdota y agregan:

—¿Y sabes quien le hacía el reportaje a  Héctor?

—No —le digo yo…

—Vos —me dicen. El reportaje es tuyo.

Hacía 29 años que me había encontrado, un día, previa cita, con mi admirado autor de historietas y le hacía una serie de notas para luego pasarlas por radio Belgrano en el programa “Cinco por Buenos Aires” en pequeños micros.

En esa época se “limpiaban” los cassettes para volver a grabarlos, quizás porque eran caros, o porque era difícil conseguirlos, ya no recuerdo.

Nunca me había quedado una copia de aquellas notas.

Los había reunido a Héctor Germán Oesterheld con Osvaldo Ardizzone, a comer fideos con tuco, un mediodía de trabajo en la casa de mis viejos que estaban de vacaciones y me quedé con Héctor, para reportearlo luego de la comida.

Osvaldo Ardizzone, era un gran periodista deportivo, director de la revista “Goles”, que escribía poemas de hondo contenido humano y nosotros lo reproducíamos en el programa.

Ardizzone y Oesterheld no se conocían, pero tenían en común un enorme humanismo.

Escucho la voz aguardentosa de Osvaldo detrás del reportaje a Oesterheld.

Me da gracia sentirlos tan cercanos.

Un milagro.

Vuelvo a escuchar a Héctor en la cinta:

“La historieta de Bull Rocket contenía una familia que se había constituido y se mantenía a lo largo de las aventuras, con Bob Gordon, el super mecánico Pig, y Mama Pigmy.

Mama Pygmy cocinaba y limpiaba la casa pero les exigía que le devolvieran cariño.

Y Bull Rockett a la vuelta de las aventuras siempre se las ingeniaba para traerle un regalito, aunque la aventura lo llevara a la luna.

El hijo siempre se acordaba de ella y los otros le tenían un gran afecto.

Mama Pigmy a la vez era una mujer un poco especial, por ejemplo una vez quiso participar en un concurso de leñadores, y lo ganó.

Con Bull Rockett encontré una formula que luego aplique a otras historietas que fue la de no hacer héroes solitarios sino héroes en grupo, con los conflictos, las intrigas, las pequeñas cosas que le pasa a la gente corriente y que enriquecía a los personajes ya que hasta entonces, los héroes siempre habían sido solitarios”.

Era 1963.

En ese tiempo yo trabajaba para editorial Abril y hacía tres historietas, Bull Rockett, el Sargento Kirk y el Indio Suarez que salía en Rayo Rojo.

Me daban muchas ganas hacerlas.

Las ganas siempre quedan.

Ninguno de los personajes que deje de hacer lo hice porque se agotaran.

Ahora en la revista Skorpio esta decidido que volverá la aventura de Bull Rocket aunque deba justificar su silencio de 15 años, aparecerá un sabio loco que los encerró en una especie de capsula”.

Al darles carnadura, sentimientos, conflictos humanos, Oesterheld valorizaba a los héroes ante el público. Antes de él, las historietas eran de un blanco y negro total.

“Otras obras muestran grupos pero no se si la amistad la sienten como nosotros. Literalmente en otras no lo hacían.

Destacar la amistad de gente que la vida los junta con la solidaridad de uno con otros sin vínculo previo, la amistad de necesitar darse uno con otro.

Ha habido muchas aventuras de grupos humanos que no lo mostraban.

Nosotros no tenemos pudor de mostrar la amistad y la mostramos, en Bull Rocket o en Sargento Kirk” (1).

Hago un alto, quizás alguna persona que lea esto, vea las circunstancias de una aventura y de unos personajes como algo un poco superficial, casi un relato para niños.

Y lo era, pero escuchemos lo que dijeron de Héctor Germán Oesterheld, algunos guionistas, críticos, intelectuales, escritores de ficción, y después lo seguimos escuchando a él.

Estos textos tienen frases que he mezclado de unos y otros reportajes y escritos, aunque todo lo que dicen aquí respeta estrictamente sus textos:

“Héctor fue para la historieta lo que Gardel para el tango marcó un antes y un después en la forma de escribir guiones.

Para mí fue el inventor del guión de historieta moderno.

Es un referente ineludible y como todo grande, inimitable.

En El Eternauta la irrupción de lo desconocido en un ámbito familiar es lo que la hace tan estremecedoramente realista. El guión de Héctor es brillante.(1)” (Enrique Breccia)

“Un capítulo aparte merece el compromiso de Oesterheld con su tiempo.

Un hombre que no pertenecía a la generación de esos jóvenes que querían cambiarlo todo.

Un hombre con un pasado muy distinto del de esos muchachos que estaban tratando de cambiar la Argentina y que deja su cómoda vida y se mete de lleno en una lucha que lo va a llevar a la tortura y a la muerte.

¿Cómo no sentirse impresionados por tamaña muestra de moral, de compromiso con una causa noble?” (2) (Leonardo Killian)

“Héctor Oesterheld fue un notable contador de aventuras y, por sobre todas las cosas, un hombre bueno y sensible.

Un hombre bueno que manifestaba su sensibilidad contando aventuras, si se quiere.

Un hombre sensible que contaba aventuras que no necesariamente “terminaban bien” pero que dejaban en claro que había razones suficientes para sentirse cerca de sus personajes buenos. Oesterheld era un hombre ético que además escribía.

Oesterheld se encuentra con la realidad por el camino de la aventura, y la aventura se encuentra con la Argentina a través de Oesterheld.

La vida no era para él una cuenta de resultados o una carrera por llegar antes o ser el mejor.

No buscó ni la riqueza ni el poder.

Quiso ser coherente, escribir y vivir de acuerdo y sin contradicción con lo que creía.

Eso es muy valioso y cuesta caro.

Y se gana respeto y admiración y memoria como esta; pero se paga como en su caso, con la muerte violenta. 

Este hombre digno, bueno y coherente, que fue el mejor escritor de aventuras que dio este país, además de un ejemplo para muchos de nosotros, murió asesinado como un perro.” (3)  (Juan Sasturain)

“Si el Martín Fierro, un poema criollo y popular, pudo plantarse como la gran novela fundante de nuestra literatura, por qué no tirar de la cuerda y afirmar lo mismo de esta historieta que se llamó El Eternauta.

Cuando reivindicamos a Oesterheld reivindicamos nuestra historia personal y también un modo de leer la vida, la literatura y la historia nacional.

Los analistas de fenómenos de cultura popular lo citan fervorosamente, los adultos recuerdan con añoranza aquella dorada época de Misterix y Hora Cero, los más jóvenes lo descubren siempre nuevo y fresco en sus guiones. (Guillermo Saccomano)

El Eternauta como Don Quijote como el Martín Fierro como tantas obras míticas tiene un ingrediente que solo poseen unas pocas películas, escasas canciones, algunas novelas, cuando un lector lo agarra, en la época que sea encuentra alusiones al mundo en el que habita a lo que está pasando.

Una obra mítica no es ni más ni menos que una obra que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

Y El Eternauta, que tuvo esa lectura inocente de 1957, de la cienciaficción que por fin pasaba en Buenos Aires y no en Nueva York o en Tokio, tuvo también una versión de los 70, en la que la nevada fatal se leía como aniquilación de personas silenciosamente, y no había que ser un buscador demasiado exhaustivo de metáforas para asociar a los Ellos con los militares que habían tomado el poder.

La historieta se publicó pero no fue posible evitar el horror.

La Argentina siguió viviendo su realidad encrespada. Los cientos de miles de lectores que conocieron la obra de Oesterheld y Solano más de quince años después, no leyeron como nosotros una maravillosa fábula sobre la soledad, la desesperación y la resistencia.

Encontraron, en cambio, una metáfora sobre los años de plomo, una profecía que se estaba cumpliendo en la realidad, tan llena de destrucción y muerte que se llevó, entre tantos, al propio autor de la fábula»(5) . (Carlos Trillo)

“Oesterheld, tenía una admirable filosofía de vida, donde el compañerismo, la solidaridad, el amor, la familia, los buenos sentimientos, son los que en realidad vencen en todas sus historias.

Hay sacrificios por un amigo, hay entrega para salvar el mundo, hay empeño en hacer las cosas bien.

Fundó su propia editorial Frontera donde nace El Eternauta, que marcó una huella que hizo girar a la historieta argentina a la historieta mundial como una brújula por un bandazo de tormenta» (6). (Jorge Morahín)

“Me permito recordar las páginas iniciales de El Eternauta, con el guionista tratando de escribir su historia en la soledad de la noche, en un suburbio de Buenos Aires, imagen que me parece la escena inaugural no solo de esa aventura, sino de la historieta argentina.

Ahí se abre algo que tal vez no haya terminado del todo» (7). (Pablo de Santis)

“Oesterheld fue el mejor de todos nosotros, el número uno” (8) (Robin Wood)   

“Creo que a todos los que éramos pibes en los 50, el Sargento Kirk de Oesterheld, nos reventó la cabeza. Los héroes tenían debilidades, arrugas, barba y lealtades tenaces.

Las historias eran ásperas, no tenían necesariamente finales felices, a veces morían los buenos, ganaban los malos, siempre uno entendía que la vida era azarosa, que nada está asegurado.

Ni siquiera el triunfo de los mejores.

Fue el hombre que narró las más brillantes, inteligentes historietas a una generación que fue condenada al martirio y a la desaparición de los cuerpos.

No sabemos la fecha en que los desaparecidos de este país fueron asesinados.

Y Oesterheld es uno de ellos.

Hay una gigantesca y trágica paradoja en la desaparición de Oesterheld.

Y él (a quien, todos, le decían el “viejo”) sufrió en carne propia (y aquí la expresión “carne propia” no es metafórica, no se limita a decir “le ocurrió a él” sino que dice: “le ocurrió a él en su propia carne, en su cuerpo y en la pérdida de su cuerpo”) el destino de los jóvenes a quienes había deslumbrado desde niños.

El golpe de Onganía despierta su abominación por los militares.

El Cordobazo lo acerca a lo social.

Y la lucha de la izquierda peronista lo cobija en sus complejos pliegues.

En 1974 ya es un cuadro de la organización Montoneros.

Esta es su etapa más desconocida, y la que más ardua y escasamente ha sido incorporada a su biografía.

Oesterheld ha sido mayoritariamente interpretado como un gran historietista de los años 50 y 60, no como un militante revolucionario.

Se le otorgará definitiva densidad si se lo reintegra a sus sueños, equivocados o no.

Pero ése fue, también, Héctor Oesterheld: el militante que publicó en (el diario) Noticias, su historieta más claramente política: La guerra de los Antartes.

Las similitudes con El Eternauta son muchas, pero hay una novedad decisiva: el agresor ya no es extraterrestre.

Es, sin más, simple y contundentemente, el imperialismo.

Acaso la nostalgia, su compromiso político y su destino trágico agranden su figura, y acaso por eso lo valoremos, lo queramos tanto. 

Sin embargo, más allá de todo eso, hay algo indudable: fue un maestro del arte popular.

Un escritor único.” (9). (José Pablo Feinmann)

“Creo que El Eternauta, igual que la salingeriana y doméstica Mafalda, es más allá de lo que digan o dejen de decir los cánones, la academia, y los criticantes una de las más grandes novelas argentinas jamás escritas. Y dibujadas” (10). (Rodrigo Fresán)

Sigo con mi reportaje a Héctor.

“Contra los que muchos creen que soy alemán y estuve en la guerra, soy argentino en segunda generación, mi abuelo era alemán.

Nací en Balvanera Capital Federal, y cursé mis estudios primarios en un Colegio alemán. Mitad argentino, mitad alemán, aunque siempre me sentí totalmente argentino.

Hice secundarios en el Colegio Nacional Manuel Belgrano y estudié geología, aunque no di la tesis para el doctorado en Ciencias Naturales en la Universidad de Buenos Aires”.

“Héctor era de una familia de alcurnia de Alemania, en cambio yo era una gallega, de apellido Sánchez, mi familia era muy humilde” (11) (Elsa Sánchez de Oesterheld)

“Hice la carrera en 9 años y trabaje como geólogo en YPF pero fui dejando la carrera porque me invadió por dentro lo que en mi adolescencia fue un hobby.

Nunca me dio por escribir poesía sino cuentos, cuentos para chicos,

La aventura la agarré mucho después.

La aventura nació en mí, la venía leyendo desde muy chico, pero no había leído historietas, Leia libros de aventuras, Robison Crusoe, Salgari, Conrad.

Yo era el cuarto de cinco hermanos, y sigo leyendo, pero mi acercamiento a la historieta fue en mi carrera en las editoriales.

“Un día escucho a una de mis cuatro hijas reir sin parar, ella iba subiendo las escaleras, ya que la casa de Beccar donde vivíamos tenía dos plantas.

Me acerque al pie de la escalera a ver que la hacía reir tanto. –Que te pasa hija?

Le pregunte. –nada mamá, me contestó…es que somos tan felices! (12) (Elsa Sánchez de Oesterheld)

“Comencé haciendo divulgación científica para muchachos en Codex” continúa Héctor.

“Licenciado en Ciencias Naturales – especializado en Geología, le faltaba la presentación de una tesis para alcanzar el doctorado –, Oesterheld trabajó en la Dirección Nacional de Minas, en YPF y en el laboratorio de minería del Banco de Crédito Industrial, hasta que abandonó su profesión para dedicarse de lleno a la historieta, a comienzos de la década de 1950” (13). (Roberto Vacca)

“En Abril necesitaban guiones para la revista Misterix, e hice Alan y Crazy dibujado por Zoppi”

                                                                                       

“En Abril conocí a Héctor Oesterheld, dice el dibujante Eusebio Zoppi a Lautaro Ortiz que lo publica en 23 de enero del 2003 en Radar de Pagina 12.

Oesterheld ya escribía cuentos para niños con el seudónimo de Sánchez Puyol.

Un día, Cesare Civita, editor responsable de Abril, le encarga una historieta sabiendo que Héctor desconocía el género.

Treinta años después me enteré que ese primer trabajo de Héctor, me lo habían dado para ilustrar a mí”.

 Junto al novato guionista, Zoppi crea a los agentes Alan y Crazy, los personajes de “Cargamento Salvaje” dice Ortiz.

“Oesterheld me preguntaba todo pensando que yo tenía más experiencia que él, cuando en realidad yo sabía muy poquito.

Recuerdo que charlamos, y al tiempo él ya había pescado el secreto.

Era un tipo muy rápido, que le aportó a la historieta una gran temática y un desarrollo formal distinto.

 A tal punto que lo que sugería a partir de su ignorancia del género –siempre buscaba la manera de aclarar el texto– resultó tan bueno que la editorial tomó sus normas como base y exigió a sus guionistas que las siguieran.

Oesterheld interrumpía la acción con un cuadro de puro texto que condensaba en pocas y precisas palabras todo lo que no se podía ilustrar, el mundo interior del personaje.

Era parte de un método de trabajo que él había inventado.” (15)

A Craizy le siguieron otros personajes que fueron delimitando lo que con el tiempo sería la principal característica de Oesterheld: la calidez, verosimilitud y humanidad de sus creaciones.

Así surgieron Ray Kitt –policial– y Lord Comando, que fue la primera historieta de guerra pergeñada en la Argentina.

La revista Misterix, por entonces trataba de imponerse con abundante material proveniente de Italia relata Roberto Vacca.

“El éxito –asegura HGO– permitió que se importaran valores como el guionista Alberto Ongaro y dibujantes de la talla de Hugo Pratt e Ivo Pavone.

Un grupo de muchachos de poco más de 20 años con los que conformamos un grupo excepcional.

Precisamente, Pratt me dibujó Ray Kitt y enseguida la conjunción permitió el nacimiento de Bull Rockett, mi primer personaje trascendente”. 

Pregunto yo:¿Cómo nació Bull Rockett?

Me contesta Oesterheld en nuestro reportaje grabado y hallado:

—¡Bull Rocket empezó siendo un personaje, muy simple. 

Me pidieron un piloto de pruebas pero cuando lo empecé a vivir empecé a ver que un piloto de pruebas daba para muy poco, así que le fui agregando elementos y al final termine convirtiéndolo en un super sabio.

“Me lo rechazaron, (continúa Héctor en el reportaje de Roberto Vacca) por supuesto, y me retaron porque no tenía nada que ver con lo que me habían pedido.

Todo quedó ahí, hasta que al mes siguiente irrumpió en la redacción César Civita –editor de las publicaciones– gritando que era el mejor guión que había leído en su vida.

Inmediatamente dispuso que se lo tradujeran al italiano y se lo enviara a Italia para que lo dibujara Campani.

Fue mi primer gran éxito y duró como cinco años”. (13)

Sigue Héctor en mi grabación de su reportaje:

“Lo que aprendí en la Universidad me sirvió mucho para la historieta. Abandone mi carrera de geólogo. No me quejo de haberla seguido y de haberla dejado. Mi hobby se convirtió en trabajo y sigo leyendo lo técnico y la aventura.

Viví mucho tiempo en Beccar. A la mañana me gusta el pan manteca y dulce de leche con una taza grande de café con leche. Me gusta la vida afuera. También me gusta tomar mate. No frecuento cafés por falta de tiempo. Me gusta mucho el centro de la ciudad de Buenos Aires y camino por ejemplo de Retiro a Constitución. Me gusta más el faina que la pizza. El faina es mas comida que la pizza”.

Después vino el éxito del Sargento Kirk.

Sargento Kirk fue traducido Ingles, francés, italiano, alemán. Incluso tuvo una revista con ese nombre.

Represento muchísimo dentro de la historieta que hice. Bull Rocket fue una especie de introducción pero con el Sargento Kirk yo ya sabía adonde quería ir.

Deliberadamente en vez de un héroe solitario, hice un grupo de héroes basados en la amistad simple que surgía de la misma vida que llevaban ellos. Nunca se dicen entre si que cualquier tema no era  un problema de ellos. Se relacionan a través de la amistad.

La aventura de buscar un tesoro –reflexiona Héctor— puede ser muy valiosa pero hacerlo a través de la amistad es lo que verdaderamente la enriquece.

El sentido de la amistad, algo nuestro, no se si los demás lo sienten como nosotros. Una amistad que nace porque si.

Los personajes del Sargento Kirk no están en el Cañadón Perdido, porque escapen de algo y ese sea un lugar de refugio, no, allí trabajan, ese es su medio de vida, que tienen ellos como personas.

Allí trabajan y crían caballos, y viven de eso. Son gente que trabaja. Es el héroe que trabaja y además vive aventuras.

Por eso muchas aventuras nacen allí.

Kirk es un oficial en la lucha contra los Pieles Rojas.

De tanto combatirlos comienza a comprenderlos igualándose.

Cuando se enfrenta con la orden de aumentar la represión y matanza de indios, deserta del ejército aunque no se va con los indios y se queda en esa tierra de nadie entre unos y otros.

Sus aventuras lo ponen a veces del lado de los blancos y otras veces del lado de los indios.

Los blancos los van despojando haciendo acuerdos que después no cumplen por eso normalmente esta del lado de los indios. Los indios le dicen Swati (escudo) porque Kirk los protege de los villanos, sean o no del ejercito.

Corto, su compañero, nace con una pelea que tiene Kirk con unos forajidos. En esa pelea hay una cosa de empate y Kirk se queda con el Corto, que estaba entre los malos, y se hacen amigos.

El doctor Forbes aparece en la historieta porque esta viajando en una diligencia que atacan los indios. Como se defiende bien, los indios lo respetan.

En esa pelea conoce a Kirk y los indios y se da cuenta que son personas de bien. Finalmente se queda con ellos y no quiere volver a  la civilización.

Maha, el más joven, tiene familia y Kirk lo descubre siguiendo un hilo de sangre ya que, herido, esta a punto de ser muerto por unos forajidos y Kirk lo salva.

Cuando toman algún rehén Maha tiende a cortarle la caballera, es un muchacho grande que puede matar, pero Kirk lo controla”.

Nació para ser una especie de Martín Fierro, una aventura de gauchos, pero la editorial considero entonces, que esa idea no era comercial.

Cuando pasó por Argentina Hugo Pratt, que fue el gran dibujante del Sargento Kirk y que luego creara El Corto Maltes, ya retornado a Europa, siguiendo el rastro de Butch Cassidy y el Sundance Kid en Cholila, en la Patagonia, le hice un reportaje para el viejo diario Tiempo Argentino, donde yo escribía en la sección Señores que dirigía María Moreno.

Estuve con Pratt y con el dibujante que le hacía los trenes, tanques, aviones y todo tipo de aparatos de línea recta, para las aventuras del Corto Maltés. El Corto Maltés tuvo una aventura en un Buenos Aires de tangos y guapos. En su presentación en un Centro Cultural le pedí un Sargento Kirk dibujado y me hizo un Corto Maltés con la gorra del sargento. Ya había perdido la mano y la fisonomía de Kirk, aunque el Sargento Kirk y el Corto Maltés eran, ambos, una recreación de cómo Pratt se veía a si mismo más flaco, más joven, tal como le hubiera gustado mantenerse. Como nos gustaría a todos, mantenernos.

“El Sargento Kirk o El Eternauta o Bull Rockett, vuelven a tener vigencia porque sus historias trascienden el tiempo” continúa diciendo Oesterheld en esta cinta recuperada…

Si después de 20 años una nueva camada de lectores se conmueve es porque son buenas historias.

Yo trataba de hacer historias lo mas validas posibles con personajes reales en relación a sus sentimientos o pasiones. Estos cambian muy poco con las épocas. Los personajes auténticos no mueren nunca.

Nos dirigíamos a un público de mayor edad. No es un público tan infantil como los norteamericanos o los europeos. Tratamos aquí los guiones de una manera inusual. Encaramos las historias desde el aspecto humano de los personajes, que no sean tan de cartón.

Aclarando que algunos, como el Corto Maltes, que vino de Europa, no son así, pero en general los que vienen de afuera son personajes en blanco o negro, sin matices, son previsibles, con recetas calcadas de un episodio de otro. Uno no recuerda situaciones que se diferencien.

Nosotros no lo logramos siempre, pero en general lo logramos.

 Lo que hacemos acá tiene un peso distinto de lo que viene de afuera. Las revistas argentinas que venden bien se producen en Argentina. Ninguna sobrevive con historias extranjeras.

Hacemos un producto que no necesita leyes que la defiendan. El editor argentino tiene que poner historias hechas aquí sino no sobrevive”.

En el 50 Bull Rockett y el Sargento Kirk.

Aunque confiesa que le gustan mucho “el primer `Joe Zonda` una comedia aventurera excelente, lo mismo `Rolo`, con su barra de club porteño que termina luchando en Marte”, considera el escritor que “el mejor `grupo humano` fue el de `Sargento Kirk`, porque se formó a lo largo de aventuras largas que permitían ir conociendo a los personajes, sin un armado de antemano”. (14)

Dice Oesterheld a Roberto Vacca para la Revista SIETE DIAS (29/09/74) “Al mismo tiempo, que hacía Bull Rockett, el sargento Kirk y el Indio Suarez, para Rayo Rojo, esta última, trabajaba en la revista infantil Gatito, cuyo personaje también creé yo, al igual que el Ogro Rompococo y Pilín, la Princesa Tilina y el Rey Panza.

Fueron cuentos cortos ilustrados, de gran éxito allá por 1953.

También por entonces trabajé en el Pato Donald, haciendo un folletín sobre Dippy, al que hoy, no sé por qué llaman Tribilín.

Pero hubo un tiempo en el que me dediqué a publicar libros, en base a las tiras de Kirk y de Bull Rockett.

Los lancé como Editorial Frontera, con mi hermano, y llegamos a vender entre 12 y 15 ejemplares de cada título.

Cuando me desvinculé de Editorial Abril empecé a sacar revistas propias: así nacieron Frontera y Hora Cero, dos publicaciones que hicieron época en el mundo de la historieta.

Mi hermano, con el pseudónimo de Jorge Mora, y yo, éramos los únicos guionistas, y el lote de dibujantes fue excepcional, como jamás se ha reunido: estaban Pratt, Arturo del Castillo, Carlos Cruz, Ivo Pavone, Alberto Breccia, Alfredo Moliterni, Carlos Roume, Solano López, Cirilo Muñoz, Emilio Zoppi, Carlos Vogt, Ernesto García y el chico Leopoldo Durañona.

Llegamos a tirar 90 mil ejemplares y allí nació un lote impresionante de historias y personajes.

En 1961 nos fundimos.

Ernie Pike sale en el 56.

“No solo Pike, que fue, es cierto, uno de los más importantes”, le cuenta a Vacca.

“En esos años (1956—1961) nacieron también Ticonderoga, donde se lucía Pratt con sus aguadas suaves; Randall, que dibujaba Arturo del Castillo y que, traducida al inglés, apareció en Inglaterra con el nombre de Ringo.

Y fíjese que, en un reportaje, el Beatle Ringo Starr, reconoció que adoptó aquel apodo, debido a su fanatismo por mi personaje, (y no por esa historia que inventaron sobre los anillos que usaba).

De esa época, además, es Sherlock Time, una historia de ciencia ficción que transcurre en una quinta de San Isidro y que dibujó Alberto Breccia; también allí nació Patria Vieja, que eran pantallazos de la historia argentina ilustrados por Roume”.

“Patria vieja, —me confiesa Oesterheld en mi cinta— es la historia vista desde la gente común. La historia vista desde adentro, como la historia la hacen los de abajo, fue desde adentro y desde abajo. Fue algo nuevo.

Fue un enfoque original porque empezó a verse una historia nuestra diferente, no por revisionista sino por su perfil humano, que era como la gente de hoy, pero viviendo en 1810, o cuando fuera.

La gente les creía como si la pudieran conocer.

Por ejemplo una historia de chicos previa a la batalla de San Lorenzo, que son como los mismos chicos que hoy que podrían estar jugando en un baldío.

Hasta entonces los personajes eran muy acartonados. Como si a San Martín nunca le hubieran dolido las botas o no le hubiera parecido muy caliente un mate que le servían.

Eran dos pibes que iban en un bote con un lanchero y este descubría la emboscada que iba a hacer San Martín y los pibes trataban que el lanchero no descubriera a San Martín y entonces peleaban entre si y morían los tres.

El enfoque básico de Patria Vieja quería contar la historia que nunca se contó. Como si hoy en vez de contar la historia de los que manejan la economía contáramos historias de la gente común”, me cuenta Oesterheld en mi grabación. “Me encantaría retomarla”.

Volvamos a Ernie Pike:

¿Es cierto que Ernie Pike es usted mismo? El dibujo, en realidad, parece una caricatura suya (le pregunta Roberto Vacca para SIETE DIAS).

Lo es, pero sólo el dibujo, claro.

El personaje está inspirado en un corresponsal norteamericano llamado Ernie Pyle, seguramente el más grandioso de los periodistas que vivieron la Segunda Guerra Mundial.

Se caracterizó porque en lugar de cronicar las grandes batallas, narraba pequeñas historias secundarias, chiquitas, tremendamente humanas.

A ese tipo siempre le rechazaban los trabajos en Time y en Life.

Su vida era una tragedia y finalmente lo mató un francotirador en Iwojima, en 1944.

Pues bien, lo tomé como personaje y empecé a inventar historias que, supuestamente, él representaba.

En cuanto al dibujo, fue una broma de Pratt: cuando creé el personaje, le adjunté una nota con el primer guión y le dije que lo hiciera simpático, noble, buenazo.

Como chiste, terminé la nota así: “Bah, hacelo como yo”.

Y Pratt se lo tomó en serio e hizo una caricatura mía.

Vuelvo a mi reportaje “Ernie Pyle era un corresponsal que se ocupaba de los problemas humanos de los soldados norteamericanos.

Durante la segunda guerra se publicaban con enorme repercusión.

A mi me impactaron y en su homenaje le puse un nombre parecido al de el.

Ernie Pike cumple esa diferencia. Es la guerra vista con un enfoque mas humano.

Allí la guerra es el villano.

Héroes de gente de todos los días que se ven abocados a una guerra y se enfrentan a situaciones pedestres que viven como pueden en plena guerra.

Había japoneses o alemanes que aparecían como buenos y norteamericanos como malditos. Cambiábamos las reglas porque hablábamos de personas reales.

Fue un gran impacto. Siempre con impacto positivo.

Nos dio la idea que habíamos tomado una línea correcta.

Las historias del original Ernie Pyle eran brochazos, pinturas. No me servían para las historias mías. En ese caso, cualquier cosa me ha servido para crear historias. Una foto, una escena en una película, o una frase”.

Allí uno recuerda al joven soldado alemán que pierde la vida retrasándose de su columna par rescatar la muñeca de una niña que llora y la reclama; o un piloto de aviones japonés que se prepara como si fuera a casarse, para inmolarse contra un barco norteamericano, en su calidad de kamikaze, habiendo uno conocido su vida personal previa, cumpliendo con un mandato de honor para si y su familia.

Nosotros, los pibes que éramos entonces, no habíamos leído relatos de alemanes o japoneses buenos, jamás, dentro de esa guerra cruel que mato a 40 millones de personas, una cifra que horrorizaba a Perón, que fuera observador en ella, por eso la aversión que siempre tenía el General por la violencia contra los pueblos.

Ernie Pike se inicio dibujada por Pratt, pero luego la hicieron varios dibujantes, entre ellos, el gran Alberto Breccia.

Con la quiebra de la editorial Frontera, Oesterheld vuelve a trabajar para las editoriales como guionista de historietas por encargo, empleado y de alguna manera deja de estar visibilizado por sus lectores.

De pronto en los 70 aparece en un emprendimiento más afín, la revista TOP Maxi historietas y allí vuelve con Ernie Pike.

Es en julio de 1971, que el propio Oesterheld en su papel de Ernie Pike presenta las nuevas historietas en TOP Maxi Historietas diciendo:

“Aquí estoy, de regreso, después de un silencio de años. Siempre con mis historias «no periodísticas», por algo no pude publicar nada en tanto tiempo.

La Segunda Guerra Mundial me sigue tan viva en el recuerdo como el primer día, y si el mundo estuviera en paz seguiría escribiendo como antes, sobre Normandía, o Tarawa, o El Alamein.

Pero cañones y fusiles siguen su diálogo letal: hoy la guerra se llama Vietnam.

Imposible seguir recordando la guerra vieja cuando el presente arde al rojo vivo. Por eso esta nueva etapa de mi carrera periodística, enteramente dedicada a la guerra que hoy, en este mismo momento en que me estás leyendo, lector, está desgarrando el cuerpo tan lleno de vida de un muchacho como tú”(16).

En esta revista, TOP Maxi historietas, entre  1971 y 1972, aparece “Artemio el taxista de Buenos Aires” con guión de H G Oesterheld, dibujada por Néstor Olivera, que luego en la TV se convertirá en “Rolando Rivas, taxista” con la pluma de Alberto Migre.

Finalmente —le dice a SIETE DIAS— en ese período creé mi mas grande historia: El Eternauta.

(Tiemblo, en la cinta grabada de su reportaje, Oesterheld comienza a hablar como si nada de la “historia de ciencia ficción más grande que se haya escrito en Argentina”, según Carlos Trillo).

“El Eternauta, arranca con cuatro amigos jugando al truco: Polski, Favalli, Juan Salvo y Lucas. Aparecía todo Buenos Aires desde Vicente López, la Batalla de Ríver Plate, de la General Paz, del subterráneo en Plaza Italia.

La historia de la invasión de los Ellos se manifiesta con la nevada que mata todo lo que toca, y el silencio que interrumpe de golpe en la casa de Juan Salvo y corta la partida de truco.

La amistad, y la solidaridad es la base de toda historia. Algunos lo han destacado como una característica mía, no querer tanto el héroe tan individualista sino querer el héroe más en grupo.

Juan Salvo es uno de tantos dentro de la historia.

Cuando va avanzando la aventura el que va copando con su protagonismo es Franco, un tornero, que es el que junta la capacidad de acción y la decisión de actuar y es solidario con todos, es el que trata de resolver el problema tremendo, que trae la invasión.

Otro personaje que quizás fuera yo metido en la historia era Mosca, el pobre tipo que trata de escribir la historia que lo sobrepasa por todos lados, trata de describir esa cosa tan tremenda que lo supera por todos lados.

El personaje de Los Manos, y la glándula que les segrega veneno, cuando temen, y mueren.

Juan Salvo también en cierto modo me esta reflejando su preocupación por la familia por los hijos y por todo ese Buenos Aires, que se le muere de pronto, y cada uno me resulta especialmente querido como los mismos Manos, que en parte también son uno de nosotros.

Como yo los pensé entonces, los Manos eran seres como nosotros, tenían sentimientos, tenían amor por las cosas sencillas, tenían las mismas cosas que nosotros, solo que tenían esa glándula del terror que le habían impuesto, y que les obligaba a comportarse de la manera en que lo hacia, solo cuando esta seguro que se muere, que cometió el error de asustarse, entonces puede franquearse con los terrestres, y ahí se muestran como son, y ahí es cuando una simple pava o cafetera, cobra un valor enorme como cuando vamos a un museo y vemos una ánfora, y pensamos en su importancia.

El Eternauta tiene un final un tanto insólito, salió como salió y yo creo que era el final que le correspondía.

Siempre hay esperanza, al menos nunca hice una historieta donde se acabara la esperanza,

              

Los Ellos son lo que queda en la imaginación de cada uno, ni siquiera le puse un nombre de fantasía” (1).

Los Ellos son los jefes, los Comandantes que nunca dan la cara, como los fondos buitres.

Los verdaderos enemigos.

Los Ellos comandan a diferentes combatientes que constituyen el ejercito de ocupación: los Cascarudos, los Manos, que son como los oficiales a cargo de sofisticadas maquinarias que generan diversas escenografías y estrategias, los hombres robots, atrapados e insertados con un transmisor en su médula y los gurbos, iniciando el cine catástrofe, dentro de a historieta, ya que son inmensos, y pueden tirar edificios abajo con su fuerza y su decisión.

En la segunda versión del primer Eternauta, dibujada por Alberto Breccia para la revista GENTE, los Ellos negociaran como los estados del Norte, la ocupación de Suramérica a cambio de no agredir a las potencias occidentales más ricas.

En medio de la desolación y la muerte, los amigos sobrevivientes comienzan a organizarse, primero para resistir y después para atacar al invasor.

Hasta la caída de Perón, en 1955, Oesterheld estaba en esa franja de progresistas influidos por el Partido Comunista que consideraban a Perón como una especie de Hitler o Mussolini atrasado, por lo que celebró su caída.

Pero cuando escribe El Eternauta, la invasión extraterrestre que rompe la paz de la vida cotidiana trayendo muerte y desolación, es claramente una manera de narrar los bombardeos a plaza de mayo de la aeronáutica naval antiperonista, con cientos de muertos, la bomba en el subterráneo que causa otras muertes inocentes, el golpe de Lonardi y Aramburu y Rojas, haciendo estallar usinas y amenazando con explotar las refinerías de petróleo; los fusilamientos de  los basurales de José León Suárez donde se asesina a sangre fría a militantes peronistas que intentaban volver al orden constitucional con el general Juan José Valle a la cabeza.

Lo cierto es que la resistencia al invasor extraterrestre comienza a sumar civiles con soldados nacionalistas sobrevivientes del viejo orden peronista.

Estamos en 1957, a dos años de la Revolución Libertadora y un año de los fusilamientos.

Oesterheld está narrando su comprensión del fenómeno antiimperialista del peronismo. Esta entendiendo su carácter de movimiento de liberación nacional.

“Yo había trabajado en aquella extraordinaria colección que se llamó Más Allá, y que editaba Abril le cuenta Héctor a Roberto Vacca.

“Desde entonces, me había quedado pensando en un cuento corto que empezaba con unos amigos jugando al truco mientras la ciudad muere a su alrededor por la acción de una nevada mortífera.

La idea era hacer una historia de final rápido, pero tuvo tal éxito que se convirtió en un folletín semanal que duró dos años.

Lo dibujó Solano López, que se lució a lo largo de mas de 350 páginas de 12 cuadros cada una, logrando una historieta popular de gran comunicación“ (18).

«Yo tenía la suerte de leer ‘El Eternauta‘ antes que nadie», explica Elsa Sánchez de Oesterheld a Clarín.com. «El escribía con unos signos que sólo él entendía. Después los pasaba y me los daba: —Tomá, a ver si te gusta’. A mí nunca me gustó mucho la ciencia ficción, pero esa historia  ¡no lo podía dejar!   (19)

“El Eternauta parece ser uno de esos casos en que el protagonista se despega de sus autores y vive sus propias reglas” dice Solano López. (20)

Para Judith Gociol, coautora de “La historieta argentina” y “Oesterheld, rey de reyes” que se publicaba en España, El Eternauta, al menos, es comparable a los cuentos de Borges, de Bioy Casares” . (21)

“Oesterheld dejó en términos míticos, el relato más importante de la narrativa argentina de la segunda mitad del siglo XX“. “Operación Masacre” como “El Eternauta” dice Juan Sasturain, son obras de fines de los 50 “releídas y resignificadas por sus propios autores en los años siguientes.

No es casual entonces que luego, en lo ideológico, a grandes rasgos, Rodolfo Walsh y Héctor Germán Oesterheld, también coincidieran”. (22)

Para Oesterheld, “la aventura es el resultado de la asunción, por parte de una persona `común`, de una situación límite que lo pone en circunstancias de elegir ser/hacer lo que cree o sueña o quedarse en el molde. Es esa decisión interior lo que lo convierte en héroe”.

“Más allá del resultado final: no hay héroe anterior a la aventura. Y la aventura es una decisión ética, existencial” termina Oesterheld (23) .

«Apenas Che apareció a la venta Oesterheld comenzó a trabajar en el argumento de Evita y consecuentemente Breccia empezó con los dibujos.

En medio de esto, Che fue retirado de la venta y los originales —se supo después— destruidos» (Javier Doeyo, en Evita, vida y obra de Eva Perón, Doedytores) (24)

Cuando reporteaba a Oesterheld, corría el verano de 1976.

Habíamos debutado con mi grupo de locutores en dos programas, uno en radio Splendid “Dulces y Pomelos” dedicado al rock nacional, y otro en radio Belgrano “Cinco por Buenos Aires”.

Pero habíamos iniciado una experiencia, la de crear una “radiohistorieta” basada en nuestras recordadas Tarzán (con los actores Cesar Llanos, Mabel Landó y Oscar Rovito), que escuchábamos de pibes en radio Splendid de Buenos Aires, en la década del 50, “Sandokan” un heroico pirata de la Malasia, acompañado del portugués Yáñez, que combatían contra los ingleses, y «Poncho Negro» acompañado de Kalunga, y gritando, al galope, «Arriba, Satán». 

Nuestra historieta para radio se llamaba “El Equipo Equis” y naturalmente, estaba inspirada en El Eternauta.

Tenía ya música propia compuesta por Litto Nebbia y Héctor, en un gesto de amor, nos dedico un ejemplar de El Eternauta con esa frase “Al Equipo Equis, pensando que estamos en lo mismo,”

Pusimos al aire su reportaje, en grageas, una vez por semana, el mismo día, como una cita.

Una tarde había corrido la noticia de que Oesterheld había sido secuestrado.

Un locutor que estaba pegado a nosotros en la programación me llamó y me dijo: —“Che, ustedes están pasando el reportaje a Oesterheld pero a Héctor lo detuvieron, como tu voz es parecida a la mía, me encaró, no vaya a ser que crean que lo paso yo”.

En esos momentos no pensé que la Dictadura del Proceso iba a ser tan cruel como lo fue, habíamos pasado la Libertadora; el golpe de Onganía, Levingston y Lanusse y creíamos que esta era una más, lejos del genocidio inhumano que ejecutó después.

Por lo que seguimos poniendo en el aire su reportaje varias semanas más hasta que lo pasamos todo.

Después nos levantaron todos los programas, sin comentarios, al respecto.

“En enero de 1978 Oesterheld, fue visto con vida en el campo clandestino de concentración sito en Avenida Ricchieri y Camino de Cintura.

Luego lo trasladaron al Regimiento Viejo Bueno en Monte Chingolo, Provincia de Buenos Aires.

El jefe de regimiento, era un apasionado de la historieta y sabía de los quilates de Héctor.

Le propuso entonces, ser el guionista de una historieta que reflejara la epopeya del general San Martín cruzando la Cordillera de los Andes.

Aceptó.

Pero lógicamente seguía siendo un prisionero y permanentemente fue interrogado por la inteligencia militar en busca de datos que permitieran apresar nuevos militantes.

Un brazo suyo, fracturado, fue testigo mudo de esos interrogatorios.

El jefe de regimiento le sugirió dar algún dato:

Una casa, una persona, algo que les permitiera distraerlos, para poder así abocarse a su trabajo específico y de paso salvar su vida.

Héctor se negó: No tengo nada que decir, no tengo nada que negociar.

Al poco tiempo se lo llevaron y nunca más se supo de él. Al momento de desaparecer, el viejo Héctor, militante peronista, tenía sesenta años.

Sus cuatro hijas, también militantes (Beatriz, Diana, Marina y Estela) fueron asesinadas por la Dictadura militar.  (Roberto Baschetti Campana de Palo) (25).

“La vez que Oesterheld se incorporó al grupo, todos lo miramos con prevenciones.

En primer lugar porque nos triplicaba en edad.

Ana juraba que debía tener más de 60 años.

Luis, más benévolo lo hacía cincuentón.

Y Rosita fue la que expresó lo que todos sentíamos: esa desconfianza o por la fama que traía, porque todos lo conocíamos desde niños, todos habíamos leído infinidad de veces el nombre y apellido del viejo Héctor en las revistas de historietas.

Todos habíamos sido atrapados por la fantástica odisea de Los Eternautas, habíamos luchado junto al Sargento Kirk alguna vez, o compartido las aventuras de Ticonderoga, de la Brigada Madelaine, o entusiasmado con las narraciones de Ernie Pike, el corresponsal de guerra, o sufrido con el patético relato de Mort Cinder.

Además, él, era el primero y único tipo famoso que se incorporaba al grupo.

Y la fama resulta sospechosa para los jóvenes que se sienten revolucionarios.

Me cautivó su modo de ser tan italiano, tan afectivo, tan cálido y firme como una luna de enero sobre Buenos Aires.

Representaba una especie de símbolo, de espejo que todos deseábamos conservar para cuando tuviéramos su edad.

Era un afecto que el nos retribuía gentilmente, cuando nos comparaba con sus hijas, de quienes hablaba con orgullo, porque las cuatro —como sus cuatro yernos — eran militantes.

Era militante desde hacía un montón de años y lo había seducido la furia revolucionaria de la juventud peronista, quizá porque, como una vez declaró, bajando la vista, acaso ruborizado, finalmente veía, a sus años, una revolución posible, cercana, casi palpable.

Había como una especie de endeblez que se imponía a su corpachón de viejo carpintero, y que nos hacía temer que, si lo detenían no resistiría a la torturara.

Éramos todos tan jóvenes, entonces, y no sabíamos que el valor es también una cuestión de madurez.

Hasta que llegaron los comentarios de su desaparición, que trajeron un dolor intenso, profundo, nunca expresado (porque uno siempre se las ingenia para no exteriorizar los dolores intensos.

Profundos.

Lo imaginé entonces soportando un calvario, resistiendo un poquito y —lo deseé con todas mis fuerzas— muriéndose rápido gracias al cansancio de su corazón.

Y hasta pensé: —Que bueno, al viejo Héctor le habrá servido de algo tener tantos años: para sufrir menos y no cantar a nadie.

Dicen estos compañeros, que lo detuvieron en una casa que estaba cantada, en la que habría una reunión importante y que los demás habían sido alertados, excepto él.

Dicen que le salieron al encuentro un montón de milicos, que lo golpearon mucho y se lo llevaron, de prisa.

Dicen que cundió cierto pánico y que costó un día levantar lo levantable, cambiar citas, movilizar casas, hacer mudanzas apresuradas, esconder gente, porque —aseguran— realmente nadie creía en su fortaleza, en  su silencio.

Pero pasó ese día y otro, y otro, y una semana y no sucedió absolutamente nada.

Todo siguió igual, y esa fue la prueba de su aguante. 

Yo guardo para mí pocas fortunas, pero una de ellas es la de haber conocido su casa —cuya dirección daba a muy poca gente— y haber tomado unos mates una tarde de septiembre, escuchando el paso del tren suburbano.

Creo que en algún  momento le pregunté la edad.

¿Tenía entonces sesenta y dos años, como me parece?

No lo sé bien, pero sé que le pregunté porqué militaba a su edad y con su fama.

Me miró como pidiéndome disculpas, cebó un mate.

Y dijo, con una naturalidad que ahora me emociona evocar: “Y ¿qué otra cosa puedo hacer?

¿Acaso no somos todos responsables de la misma tarea de mejorar la vida?

Yo solo se que el peronismo es un trabajo y que hay que hacerlo”. (Mempo Giardinelli, El Viejo Héctor) (26)

“El Viejo en una reunión conspirativa de muchachos en los 70 parecía salido de una historieta.

En esas reuniones del Bloque Peronista de Prensa, la agrupación de la Juventud Trabajadora Peronista en el gremio de prensa, el Viejo que escribía historietas, hacía que los demás nos sintiéramos en una historieta.

En el grupo, donde estaban Mempo Giardinelli, Lía Levit, Ana Villa y otros compañeros, los demás discutían como jóvenes que se sentían protagonistas de una historia única, heroica, irrepetible, y el Viejo intervenía o escuchaba con una sonrisa cálida y asentía mientras fumaba su pipa.

Nosotros vivíamos una historia grandilocuente; él simplemente vivía.

Esa actitud suya, tan pancha, nos hacía sentir exagerados, por eso lo de la historieta.

Pero esa forma serena y discreta no lo hacía distante ni superado: era uno más, un joven con unos cuantos años más que el resto.

En esa época estaba escribiendo La guerra de los Antartes para la contratapa del diario Noticias.

Era una trama de ciencia ficción sobre una invasión de extraterrestres que querían quedarse con Latinoamérica.

La tira, de cinco o seis cuadros por día, era una metáfora sobre el proceso político argentino.

Era divertido, porque mucho de lo que discutíamos en esas reuniones aparecía después camuflado en la lucha contra los Antartes.

El Viejo explicó que su participación en la militancia se debía a su admiración por lo que estaba haciendo la juventud, esa generación de la que formaban parte sus hijas.

Algo de él estaba en sus personajes, y algo de sus personajes estaba en muchos de los compañeros de esa generación. (Luis Bruschstein) (27)

“Oesterheld pertenece a la misma generación que Borges y Sábato, pero eso no los iguala.»

No aplaudió los sucesivos genocidios practicados por los militares, no festejó a Videla ni almorzó con él.

En todo caso, quiero precisarlo, cuando digo mi generación quiero decir aquellos que éramos jóvenes y no tanto y que en los años 70 pretendíamos cambiar la sociedad, hacerla más justa.

Si había una coincidencia general, ésa era la construcción del socialismo.

Si había una discusión era el cómo.

Y se centraba en la viabilidad de la lucha armada.

Se dirá que éramos intolerantes.

No lo negaré.

Pero, ¿qué significaba ser democrático cuando uno se educaba bajo el autoritarismo y las botas?

Me pregunto si fue el amor por la aventura lo que decidió a Oesterheld por la militancia que eligió.

Pienso en el Che.

Y en su muerte en Bolivia.

Lo interesante de los grandes escritores, como Oesterheld, es que los interrogantes que plantearon en su momento se prolongan a través del tiempo.

Yo creo que éste es el hallazgo de su obra.” (Guillermo Saccomano) (28)

En 1983, con unos amigos, entre los que se encontraban Litto Nebbia, Otelo Borroni, Carlos Loizeau (Caloi); Roberto Fontanarrosa, Cristobal Reinoso (Crist); Alejandro Pont Lezica, entre unos cuantos más, donde trabajaron tantos queridos maestros como Mandrafina, Emilio Petcoff, Horacio Ferrer, Alberto Breccia, Alejandro Dolina, José Pablo Feinmann, Juan Sasturain, Patricia Breccia, Alberto Macagno; Maicas, Sanyu, Rep; Horacio Lalia, Carlos Marcucci, Cristobal Reinoso (Crist) Maitena, Sendra, Perinelli, Marcelos Schapces, etc, hicimos una revista de humor para competir con la HUM® de la editorial de la Urraca.

En el número cinco, que coincidía con las elecciones presidenciales creamos una contratapa que tenía el mismo valor de la tapa, aunque traía todo al revés, es decir que había que girarla para ver bien lo que se puso y se leía.

Como su director, se me ocurrió, que era hora de plantear públicamente la desaparición de Oesterheld, lo que, prácticamente nunca se había expresado claramente en ningún medio del país durante la Dictadura que, aún, no se había retirado.

Ahí se me ocurrió una imagen (que después fue un póster que regalamos con esa edición) donde pudieran verse los personajes creados por Héctor, marchando por la Avenida de Mayo, yendo para la Plaza con un cartel que dijera “Donde esta Oesterheld.”

Con Juan Sasturain, que era el Secretario de Redacción de “Feriado Nacional” pensamos en un dibujante que pudiera copiar los diferentes estilos de los distintos dibujantes que acompañaron a Oesterheld en la creación de sus diversos personajes y se eligió a Félix Saborido, un excepcional dibujante y aún mejor persona.

Todavía estaba la Dictadura del proceso y aunque ya se votaba para la salida democrática, durante años la banda del Proceso tuvo el control de las fuerzas armadas, las fuerzas policiales y la inteligencia a su servicio.

Esa noche no dormí de los nervios, nunca nadie, en ningún medio publico había dicho lo que todos sabíamos y decíamos allí por primera vez, que Oesterheld estaba desaparecido.

Era el desaparecido de la historieta.

Ese gran dibujo de Saborido fue de allí en más un ícono de Oesterheld en todo el mundo.

Ocupo las calles en Turín, durante una semana de homenajes al Gran Héctor; apareció en Alemania en su homenaje y en Argentina fue la característica grafica de la muestra del Palais de Glace, que organizo su nieto Miguel Martín, un gran director de Arte del cine argentino.

Desde entonces, ese afiche de la revista Feriado… ha popularizado una pregunta que aún está por contestarse.

“En noviembre de 1977 fui secuestrado y permanecí desaparecido hasta enero del 78.

Todo ese tiempo estuve en un chupadero (prisión clandestina) situado en el Camino de Cintura y avenida Richieri.

Hoy funciona allí un campo de salto a caballo de la Policía de la provincia.

Cuando llegué, Oesterheld estaba hacía ya tiempo.

Su estado era terrible.

Permanecimos juntos mucho tiempo.

Nos encadenaron espalda contra espalda.

Estábamos ambos prácticamente desnudos.

El sólo tenia un pantalón, yo un calzoncillo.

Las cabezas cubiertas por capuchas.

Oesterheld —como yo y como todos los que estábamos allí— fuimos torturados salvajemente.

El unía a ese tormento su dolor ante la suerte de tres de sus hijas, que también habían sufrido secuestro.

La cuarta era buscada junto con el marido y esa búsqueda motivaba, por lo que yo pude presumir, la captura de Héctor.

Durante las largas horas que permanecimos en aquella inmovilidad forzosa, nos ayudábamos para poder descansar un poco, tirados en el suelo, o acomodando nuestras cadenas para aliviar un poco el dolor, entre interrogatorio e interrogatorio.

Al principio no me di cuenta de que era él.

Lo descubrí cuando se levantó la capucha y pude ver su cara: era ni más ni menos Ernie Píke, cuyas aventuras yo leía desde chico.

Claro que un Ernie Pike mucho más flaco.

Durante las pocas oportunidades en que no tiramos vigilados, conversábamos en susurros.

El me hablaba un poco de sus historietas, de su trabajo, y a veces jugábamos mentalmente al ajedrez, cantando las jugadas.

Uno de los momentos más terribles fue cuando trajeron al pequeño nieto de Héctor, de cinco años.

Esa criatura fue recogida tras la captura y muerte de la cuarta hija y el yerno de Héctor y la llevaron a aquel infierno.

Con nosotros había un pibe de unos 17 años que acostumbraba hacer figuritas con miga de pan.

Al final todos le entregábamos la miga de nuestros panes.

En Nochebuena, el viejo cantó con ese pibe la canción Fiesta de Serrat.

Chaplín murió cuando estábamos presos, el último día del ’77.

Me enteré porque un guardia un poco más bueno me dejó ir al baño debido a una gran diarrea que tenía.

Ahí afané unas hojas de diarios que había y me los llevé escondidas.

Leyéndolas me enteré de la muerte de Chaplín y lo comenté.

El viejo se conmovió. Dijo que quería mucho a Chaplín.

Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena de 1977.

Los guardianes nos dieron permiso para quitamos las capuchas y. para fumar un cigarrillo.

También nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a los que allí estábamos.

Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía unos sesenta años cuando sucedieron estos hechos.

Su estado físico era muy, muy penoso.

Ignoro cuál pudo haber sido su suerte.

Yo fui liberado en enero de 1978.

El permanecía en aquel lugar.

Nunca más supe de él”.

Me llamo Eduardo Arias, soy psicólogo y tengo 38 años. (revista Feriado Nacional 1983) (29)

Durante más de 16 años algunos compañeros decidimos fundar una agrupación política, social y cultural que llevara el nombre de Héctor Germán Oesterheld.

Así nació en 1997 la Agrupación Oesterheld.

Una vez por semana, los lunes, de abril a diciembre, nos reunimos a comer, brindar y homenajear a los protagonistas de la lucha por el pueblo y por la patria que forma parte del peronismo, nuestro movimiento de liberación nacional, social y democrático y también a discutr, ver películas, documentales, presentar libros, inaugurar posters, recordara  los compañeros queridos, entregar premios a los mejores militantes del año, etc.

Ya había centros culturales Jauretche, Marechal, Scalabrini Ortiz, Discépolo, nosotros decidimos inaugurar otra etapa, en ése sentido, y le pusimos Oesterheld.

Finalmente con la llegada y la consolidación de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, llegaron las nuevas generaciones a la historia y poniendo el rostro de Néstor al Eternauta, cerraron el círculo del relato de la obra de Oesterheld.

De hecho, el último dibujo de Francisco Solano López, el legendario dibujante de El Eternauta, tuvo el rostro de Néstor Kirchner.

El que volvía al inicio de la historia era Néstor, pero, en realidad, era Perón. 30 años después de la muerte del viejo líder, de la más grande personalidad de la Argentina del Siglo XX, el general Juan Domingo Perón y de Evita, su maravillosa compañera y esposa, volvían de la mano del pueblo argentino con sus políticas sociales, su política industrialista, su defensa de la soberanía nacional, su reconstrucción de la Argentina, su visión de una America Latina necesariamente unida, y su decisión de distribuir el producto del trabajo dignificando a los trabajadores y sus familias, priorizando la salud, la educación y el progreso colectivo de una comunidad unida y organizada.

Esta política de profundo humanismo, de respeto profundo a los derechos humanos estuvo siempre en los contenidos de la obra de Oesterheld, como en la política de Néstor y Cristina, en la de Perón y Evita. Estamos hablando del mismo proceso, una generación después.

 A través de estos 16 años, Elsa Sánchez de Oesterheld, la esposa que Héctor conoció cuando tenía 17 años y con la que formo una familia feliz, tuvo que sobrevivir a la perdida de sus cuatros hijas Diana, Marina, Estela y Beatriz. militantes peronistas de la Unión de Estudiantes Secundarios, (UES) como los chicos de La Noche de los Lápices, y de la Jotapé, (la Juventud Peronista de la Tendencia Revolucionaria), al recibir y educar a sus nietos, hijos de las chicas, Martín Miguel Mórtola y Fernando Araldi, fue comprendiendo, año a año, al escuchar los testimonios de tantos compañeros y compañeras combatientes y observar el destino de otros chicos y chicas que. en los 70. formaron parte de la lucha del pueblo argentino y el peronismo, (por la liberación nacional), que no fue Héctor quien llevo a las chicas a la lucha y a la muerte, que no fue solo una desgracia que genero la muerte de sus hijas, que no hubo culpa en su familia para que todo terminara de una manera tan trágica, sino que la misma esencia del plan Cóndor, planeado por el Premio Nobel de la Paz, Henry Kissinger, y ejecutada por los ejércitos latinoamericanos instruidos en la Escuela de las Américas por los franceses de la OAS, que habían actuado en la Guerra contra Argelia, con sus métodos de tortura y exterminio, necesariamente tenía que cobrar vidas jóvenes, para que nuestro país nunca mas se tentara con una política independiente, una economía propia y una soberanía socialmente justa.

Ese componente que Oesterheld mostraba en la sicología sometida de los Manos, a quienes los Ellos habían insertado una glándula del terror que, a la sola sensación de temor de los Manos al castigo de sus mandantes, se abría, liberando veneno y matándolos.

El terror con el que quisieron vacunarnos, controlarnos y someternos después del último gobierno de Perón hasta el 2001.

Aunque comenzara antes, con los bombardeos a la Plaza de Mayo, de 1955.

Como expresaba claramente El Eternauta con la nevada mortal y el ataque de los extraterrestres durante la batalla de la General Paz, la Batalla de River Plate, la batalla de Plaza Italia, y la batalla del Congreso Nacional, en 1957.

Elsa Sánchez de Oesterheld, admirada por la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, en su entereza ante tal tragedia familiar, y por su lucha en Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que la convirtió en figura principal en la Semana de la Cultura Argentina en Alemania, ratificando su encuentro final con Héctor y las chicas, expreso -en más de una ocasión- que, Néstor Kirchner y Cristina le habían devuelto a sus hijas y a su marido, es decir, al sentido de su sacrificio, ya que, al concretar un gobierno de justicia social estaban cumpliendo el legado de su marido y sus hijas desaparecidas, devolviéndoles la vida en la alegría del pueblo argentino y latinoamericano, tal como ellos lo soñaron y desearon y por lo que lucharon.

La imagen de El Eternauta con el rostro de Néstor Kirchner se convirtió en un ícono de esta época feliz para el pueblo argentino.

Un símbolo de la militancia.

Una manera de narrar la epopeya actual.

Sin fusil, con un balde de pintura y un rodillo, para pintar escuelas, o de otras mil maneras, el dibujo que hiciera Patucho Álvarez sobre la grafía de Solano López, que impulsaran la Juventud Peronista, y otras organizaciones políticas de juventud, están impresas por los militantes en remeras, banderas, paredes y muros de cada lugar del país.

Tiene que ver con aquello de Mao Tsé Tung, que reverdeciera Néstor Kirchner, al decir “Que florezcan mil flores”

¡Héctor Germán Oesterheld Presente Ahora y siempre!

·        Artículo escrito para la revista “Viento Sur” que edita La Universidad Nacional de Lanús. (UNLa) y publicado en los números 8 y 9 del año 4, en noviembre y diciembre de 2014.