DDHH - Concluido juicio Vesubio II, ahora los condenados son 563

DICTARON CUATRO SENTENCIAS A CADENA PERPETUA

Emilio Marin

etenauta2-2
En ese horrible lugar fueron vistos Hector German Oesterheld, Haroldo Conti y Raymundo Gleyzer

DICTARON CUATRO SENTENCIAS A CADENA PERPETUA

 

Por Emilio Marín*

 

 

 

El jueves 18 hubo sentencia en el juicio de Vesubio II.

 

Cuatro represores fueron condenados a prisión perpetua por desapariciones, torturas, homicidios y violaciones. Ahora hay en total en el país 563 condenados.

 

Con una puntualidad suizo-argentina, de apenas diez minutos de demora, a las 13 y 40 horas del jueves 18, el presidente del Tribunal Oral Federal Criminal N° 4, Néstor Costabel, empezó a leer el veredicto. En el estrado, lo secundaban Horacio Barberis y Eduardo Fernández, los otros dos integrantes del tribunal que entendió en esta causa iniciada en febrero de este año.

 

Con un tono de voz modulado, Costabel iba leyendo y empezó por el agente penitenciario Néstor Cendón, al que hallaron culpable de desapariciones forzadas, torturas, dos homicidios y dos violaciones. “Perpetua”, dijo el camarista, y en la sala AMIA de los Tribunales de Comodoro Py el público festejó con gritos y aplausos.

 

El cronista estaba sentado en la sala de planta baja, pero también en la de arriba hubo euforia. Costabel pidió silencio, pero sin retos ni admoniciones de que en caso de repetirse ordenaría el desalojo.

 

Sólo dijo: “por favor guarden silencio hasta que termine la lectura”. Y siguió leyendo, pero con cada sentencia a perpetua que anunció, a los generales Federico Minicucci y Jorge Crespi, y finalmente al peor de todos, al jefe del Vesubio, el coronel Gustavo Adolfo Cacivio, alias “Francés”, los festejos fueron atronadores.

 

El cuarteto fue enjuiciado por 203 desapariciones, torturas, 27 homicidios y dos violaciones (las de las sobrevivientes Laura Katz y Marta Goldberg que habían declarado por teleconferencia desde Canadá e Israel respectivamente).

 

El público entró en un estado de emoción no violenta, de satisfacción colectiva por el hecho de que esos crímenes no quedaran impunes y sus responsables castigados por la justicia, bien que 36 años más tarde.

 

Había abrazos y sonrisas, pero no se puede decir de alegría total; el recuerdo bien presente de los desaparecidos no borra del todo la tristeza por sus ausencias.

 

Salió espontáneo el “Como a los yanquis les va a pasar, adónde vayan los iremos a buscar”. Alguien gritó: “por Roberto Cristina y los desaparecidos de Vanguardia Comunista” y se produjo el clásico “Presentes”, “ahora” “y siempre”.

 

El cronista estuvo sentado al lado de Mónica Cristina y su hija Valeria, hermana y sobrina respectivamente de Roberto Cristina, secretario general de VC desaparecido en ese CCDTYE (Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio).

 

Dos filas más adelante estaban María E. Cristina y Ana M. Molina, la hija y la compañera de ese dirigente marxista asesinado.

 

Mientras el público se iba retirando, con la satisfacción de las perpetuas logradas, los tres condenados acompañados por guardias eran retirados de la sala.

 

No se vio que los esposaran. Se supone que lo habrán hecho inmediatamente después.

 

El Vesubio

 

El centro de exterminio funcionó desde 1975 hasta fines de 1978 en las inmediaciones de Autopista Ricchieri y Camino de Cintura, en el partido bonaerense de La Matanza. Era una dependencia del Servicio Penitenciario primero utilizado por la Triple A y luego del golpe puesto bajo jurisdicción de la Brigada de Infantería Mecanizada X, dependiente del I Cuerpo de Ejército del general Carlos G. Suárez Mason.

 

Como se develó hace años, cada centro se especializaba en la persecución de determinadas organizaciones revolucionarias. Así la ESMA tenía por blanco a Montoneros y Campo de Mayo al PRT-ERP; Vesubio se centró al principio en la columna sur de Montoneros y luego en el intento de destrucción de Vanguardia Comunista.

 

Ese último es el período en que el jefe del lugar era Cacivio, oculto durante años bajo el seudónimo de “Francés”; vino en 1978 desde el Regimiento 7 de La Plata a reemplazar al coronel Pedro Durán Sáenz.

 

Es comprensible que el periodismo ponga de resalto que en ese horrible lugar fueron vistos personajes de la cultura como Héctor Oesterheld, Haroldo Conti y Raymundo Gleyzer.

 

Sin embargo, la razón de ser del centro Vesubio fue tratar de destruir a la mencionada columna sur y a la militancia de VC.

 

Fueron los sobrevivientes de VC, convertida en Partido de la Liberación, los que el 9 de diciembre de 1983 llevaron al periodismo hasta las ruinas del lugar y documentaron que se trataba del sitio donde tanto habían sufrido cinco años antes.

 

Jorge Watts, hoy un pequeño empresario y en ese entonces obrero de Bagley, hizo la primera denuncia penal en el juzgado de Morón (causa 1800, juez Alfredo Ruiz Paz) y lideró a 34 sobrevivientes a sumarse a la causa 35040, en el juzgado de Carlos Oliveri de la Capital, con el patrocinio de Luis Zamora.

 

Todo ese esfuerzo colectivo, de Watts y la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos de la que fue el primer presidente, fue alimentada en estos años hasta llegar a los juicios Vesubio I y II.

 

El proceso político iniciado en 2003, del kirchnerismo, fue un viento favorecedor del avance hasta el demorado juicio, en este y otros tantos casos.

 

Esa precisión ilustra que los juicios y condenas no fueron un mérito del gobierno nacional sino ante todo de los organismos de derechos humanos y partidos populares que durante décadas lucharon por Juicio y Castigo.

 

A la vez hay que poner de resalto que sin las condiciones favorables creadas por la política del Estado desde 2003, tales juicios y condenas difícilmente hubieran tenido lugar.

 

En julio de 2011, luego que el juez federal N° 3 Daniel Rafecas elevara la causa a juicio, concluyó Vesubio I, con siete condenas a los represores. Cacivio no había sido aún identificado y no estuvo en el banquillo.

 

En esa oportunidad, luego de un juicio que duró un año y medio, y donde este cronista fue convocado como testigo, fueron condenados Héctor H. Gamen, general retirado del Ejército, ex segundo comandante de la Brigada de Infantería X; Hugo I. Pascarelli: coronel y ex jefe del Área 114, donde estaba El Vesubio.

 

También fueron condenados los suboficiales y guardias penitenciarios Ramón A. Erlán, José N. Maidana, Roberto C. Zeolitti, Diego S. Chemes y Ricardo N. Martínez.

 

Los cinco penitenciarios recibieron penas de entre 18 y 22 años de prisión. Se salvó de una segura perpetua Durán Sáenz, quien se murió en junio de 2011, un mes antes del veredicto.

 

Esa misma “suerte” tuvo ahora el ex general Faustino Svencionis, al fallecer antes que el TOFC4 redactara su fallo.

 

“El Francés”

 

Con los cuatro condenados esta semana, el número de condenas en juicios por delitos de lesa humanidad se amplió a 563, tomando de referencia los 559 informados por la Procuración de Luis Auat hasta octubre pasado.

 

A Cacivio se le agotó la suerte en 2011 porque el juez Rafecas pudo al fin identificarlo como el jefe del Vesubio.

 

Era mayor del Ejército al momento de sus crímenes, pero había ascendido, con premios, a coronel de la misma fuerza.

 

La pista para su identificación muy posiblemente fueran sus atrocidades previas, cometidas durante su pertenencia al Regimiento 7 de La Plata, que entre otros centros clandestinos operaba el de “La Cacha”.

 

El 24 de octubre pasado concluyó en la capital bonaerense ese juicio, y allí Cacivio recibió su primera cadena perpetua junto a otra quincena de genocidas.

 

Watts lo recuerda como un oficial de inteligencia muy cruel con los detenidos y torturados, y que a la vez era tan rata que ordenaba a sus subordinados que en los allanamientos ilegales robaran los casetes de música. A veces se los arrojaba a la cara diciéndoles que los tenía repetidos tres veces.

 

De una maseta en la vivienda de Jorge Montero no se llevó casetes sino unos dólares que eran los ahorros de Vanguardia Comunista; seguramente fueron a su bolsillo.

 

Sin embargo, ese genocida quiso dar cátedra de patriotismo hasta el jueves de su sentencia. Sin ningún arrepentimiento, dijo que habían luchado por la Patria y contra la subversión.

 

Se copió de los generales Menéndez y Videla para decir que si ellos no hubieran triunfado el país habría sido una nueva Cuba comunista, con los Andes convertidos en Sierra Maestra.

 

Declaró que el núcleo de su actuación en Vesubio fue combatir contra Vanguardia Comunista, cuyo secretariado había querido ocupar el lugar vacante por la derrota del ERP.

 

En sus mentiras –como su colega Ernesto Barreiro respecto a La Perla- negó que en Vesubio hubiera muerto alguien.

 

En el juicio se comprobó el asesinato allí de Luis Pérez, delegado del banco Tokio y miembro de VC.

 

Una reflexión personal para que los lectores entiendan el plus de interés puesto en esta nota. En agosto de 1978 quien escribe concurrió a una cita envenenada, en el bar de San Luis y Pueyrredón, en Once.

 

Y salió ileso del lugar. Años más tarde, por los sobrevivientes, supo que el “Francés” había exclamado, contrariado: “Uy, me olvidé del cordobés”.

 

Estaría contando billetes o escuchando casetes, creyendo que el grueso de su trabajo contra VC había concluido en victoria. Como sea, se olvidó de ir a secuestrar al cordobés.

 

El jueves, vidrio de por medio, aquél se fue rumbo a la cárcel de Marcos Paz y el cronista, con sus apuntes, salió a la calle con quienes festejaban otro paso hacia la Memoria, Verdad y Justicia.

 

El pálpito es que habrá un juicio Vesubio III, mal que les pese a quienes despotrican contra el “curro de los DD HH”.