El director de Linea y el Despertador en el recuerdo. Su filosofía era la de la Doctrina Social de la Iglesia, más peronista que algún argentino, con la herencia de Aparicio, de Artigas, de Ferreira Aldunate. Su pluma nunca se distrajo en su defensa de los descamisados, los desposeídos, Perón y Evita.

EL CUMPLE DE MI PAPA, EL GATO CARBONE.

Por Gabriela Carbone Rivas

El hombre que andaba escalando una montaña en La Rioja hace muchos años atrás en búsqueda de una flor del cactus era Alberto Luciano Carbone, mi papá. Nuestro papá, nuestro abuelo, nuestro tío y nuestro compañero. El 25 de noviembre, es su cumpleaños.

EL CUMPLE DE MI PAPA, EL GATO CARBONE.

Por Gabriela Carbone Rivas

NAC&POP

25/11/2014

Este hombre que anda escalando una montaña en La Rioja hace muchos años atrás en búsqueda de una flor del cactus es Alberto Luciano Carbone, mi papá .

También es nuestro papá, nuestro abuelo, nuestro tío y nuestro compañero.

El 25 de noviembre, es su cumpleaños.

Va aquí nuestro recuerdo para este libertario que sigue ayudándonos desde el cielo a encontrar esa precisa y bella flor en medio de una multitud de espinas.

Brindamos por vos, te queremos

! Viva la vida , Gatito !

GCR/

¿QUIÉN ERA EL GATO CARBONE?

Por el Profesor Daniel Chiarenza

Haré una confesión: hasta la semana pasada no sabía quién había sido el “Gato” Carbone.

Hoy, está vivo en la galería de los protagonistas más entrañables de lo nacional y popular.

Todo ello debo agradecérselo al compañero y amigo Martín García quien me concientizó con una insuperable semblanza de aquel ser humano maravilloso.

Parece que un día el hombre “cruzó el charco” (vino a Argentina desde Uruguay) y nos hizo partícipes de la epopeya de sus héroes nacionales: Leandro Gómez y Aparicio Saravia.

Transmitió a todos los que lo que lo conocieron que eran heroicos sanduceros.

Así se nos fueron desdibujando las fronteras, como inteligentemente dijo Perón “no eran otra cosa que líneas que tenía el hombre en la cabeza”.

El Gato Carbone fue el autor de La Casualidad y el Ocaso que presentó con el “Gallego” Álvarez, Julio Collotti y “Cacho” Novoa.

Director de las revistas “Línea” y “El Despertador”, donde eran redactores Martín García, Fermín Chávez, Osvaldo Guglielmino, Norberto Fernández Gamarra, Daniel Barberis, Mario Casalla, Julio Cardoso, Félix Herrero, Jorge Götling, Emilio Petcoff, Claudio Negrete y Jorge Scalabrini Ortiz.

Gran periodista del diario Clarín, aunque los “aprietes” lo hicieron renunciar.

Era compañero de Claudio Díaz –autor del Manual del Antiperonismo Ilustrado- y que también “renunciaron” del “Gran diario argentino” por sus declaraciones en Veintitrés con motivo del conflicto del campo, leal como le enseñara su amigo el Gato.

Alberto Carbone colaboraba con Martín García en “Feriado Nacional”.

De esas cosas hablaban cuando se reunían en la esquina del diario, compartiendo un vino, entre las guitarreadas de los compañeros santiagueños; mientras los pibes jugaban en aquella semioscuridad y las “chinitas” iban y venían; y no pensaban como Serrat que ese día “las musas se habían ido de ahí”, sino que se habían quedado.

Fundador, junto a otros compañeros/as, de la agrupación Oesterheld, compartió una de las últimas mesas de los sueños en el subsuelo de un Hotel ubicado en Florida –en el momento que estaba disertando Eric Calcagno (hijo)- cuando brindaban por el jefe de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, que el pueblo lo había rescatado de la prisión, como a Perón el 17, había echado a Carmona y había puesto a Hugo en su lugar, el de presidente de Venezuela.

Su filosofía era la de la Doctrina Social de la Iglesia, más peronista que algún argentino, con la herencia de Aparicio, de Artigas, de Ferreira Aldunate.

Su pluma nunca se distrajo en su defensa de los descamisados, los desposeídos, Perón y Evita.

El Gato con su mirada felina y escrutadora había descubierto uno de los bares más acogedores de la ciudad, el de “Roberto”, en Bulnes y Perón.

Allí disfrutaban de las empanadas fritas, acompañándolas –según- con tinto, fernet o cerveza, amén de los parroquianos del lugar que a veces se transformaban en cantantes, poetas, pequeño grupo de tango, que hacían las delicias de un auditorio unisex y de todo pelaje.

Sus cumpleaños en el bar de Roberto, en Bulnes y Perón, Almagro eran apoteósicos, no podían pasar inadvertidas en el barrio, las murgas uruguayas con los trajes de colores, los cantos irreverentes hacia el poder.

Quien soportaba gustosamente estas vivencias era su mujer, Primavera, y toda la familia; las mujercitas que admiraban al viejo y el pibe que era –por supuesto- hijo e´tigre, aunque le llamaran Gato.

Se estaba dando el trasvasamiento generacional de peronistas orientales.

El Gato estaba convencido que había logrado su “lugar en el mundo”.

Alberto «Gato» Carbone ya estaba enfermo y Martín García lo entretenía hablándole de política, mientras él lo miraba por encima de los anteojos donde debajo tenía “El País” de Montevideo.

Lo alegraba críticamente el triunfo de Tabaré, del cual tenía enormes dudas que después se confirmaron.

Allí se despidieron los dos grandes amigos, sin hablarse, apretándose las manos, pero diciéndose en silencio lo mucho que se querían.

A Martín le quedaron grabados sus bigotes felinos, su pelo rubio “sucio” de gaucho, su uso de la ironía, como un Jauretche oriental.

En sus últimos días ya no se lo podía despertar ni para darle un abrazo.

Falleció a las diez de la mañana del 16 de abril de 2005, a los 66 años.