Al frente de los sindicatos peronistas que se oponen a la burocracia, desde 1971 es titular de la CGT regional Córdoba en alianza con los combativos.

EL NEGRO ATILIO LÓPEZ SUBÍA AL COMANDO CELESTIAL

Por Javier Trimboli

Llega a hablar de fusiles y augura que con el “apoyo de la clase trabajadora y del pueblo todo lograremos a partir del próximo 25 de mayo la total y absoluta liberación, la felicidad y el bienestar de nuestro pueblo”. La Juventud Peronista y Montoneros abrazan como propio al nuevo gobierno cordobés

EL NEGRO ATILIO LÓPEZ

Por Javier Trimboli

Telam

26/09/2014

 El 16 de septiembre de 1974 es asesinado Atilio López.

 Dirigente sindical forjado en los años de la resistencia peronista, López expresa también la lucha obrera que hacia fines de los años sesenta es avasallante y tiene al socialismo como meta.

 Expresión de esa fuerza, es candidato a vicegobernador de la provincia Córdoba por el FREJULI.

 Pero a principios de 1974 un golpe policial, el Navarrazo, destituye al gobierno popular.

 Cinco días antes de ser asesinado, Atilio López llega a Buenos Aires y se hospeda en un hotel de los alrededores de la Plaza Once, en La Rioja 277. 

Lo acompaña un gremialista docente, también contador y funcionario del gobierno de Obregón Cano: Juan José Varas.

 Ocupan la habitación número 7, en el entrepiso.

 El encargado dirá que se comportan como dos pasajeros comunes; que apenas hablan por teléfono y no reciben visitas.

 Desapercibido pasa “el Atilio” esos días, repitiendo los pasos de innumerables trabajadores de las provincias que se arriman cautelosos a la gran ciudad.

 Depuesto como vicegobernador, corrido de la conducción de la CGT y de su sindicato –la UTA-, Atilio López imagina volver a manejar un ómnibus.

 Días atrás, ante periodistas, comenta: “No tengo presente pero sí me queda porvenir… acaso tan brillante como mi pasado.” 45 años, esposa y dos hijos. 

Sólo una cosa cierta se sabe de su estadía en Buenos Aires: el domingo va a la cancha de Racing a ver a su equipo, Talleres, que enfrenta a River.

 La campaña de Talleres de Córdoba -lo dirige Labruna- es excepcional.

 Viene de ganarle a Gimnasia, a Belgrano, a Newells y va primero en su zona.

 Pero River es un grande.

 El partido es parejo en la cancha y también en las hinchadas, porque son muchos los cordobeses que no quieren perdérselo.

 Algunos reconocen al “Negro” Atilio López y lo saludan.

Morete mete el primer gol, para River; en el segundo tiempo entra Ludueña y el partido se hace favorable a los visitantes.

 Artico marca el empate.

 Las últimas declaraciones de López, para una radio de su provincia: “Fue una gran fiesta para el futbol. Lo mismo en cancha que en la tribuna.

 Lastima ese tiro de Pereyra que dio en uno de los postes de Perico Pérez».

 Alrededor de las 7 de la mañana del día siguiente, dos Falcon se estacionan a las apuradas en la puerta del hotel de Once.

 Sin esconder las armas, bajan un puñado de hombres que al rato reemprenden la marcha llevándose a Atilio López y a Varas. 

Sus cuerpos son encontrados horas después en las cercanías de Capilla del Señor, a  80 km. de la capital. Más de treinta disparos desfiguran el rostro de López.

 Su primer nombre es Hipólito, por Yrigoyen.

 No termina la primaria porque tiene que trabajar. Se identifica con el peronismo por añadidura.

 Ya conductor de ómnibus y en plena Resistencia, encabeza la lista peronista que gana las elecciones en la UTA y pasa a integrar el secretariado de la regional Córdoba de la CGT.

 Milita en el “legalismo”, opuesto a la ortodoxia.

 En 1962 es electo diputado provincial pero sólo en los papeles porque el gobierno de Frondizi tiene los días contados. 

Avanza la privatización y se disuelve la UTA.

Maneja un taxi, es vendedor ambulante, hasta que en 1967 vuelve a conducir un ómnibus y reconstruye el gremio.

El centro de gravedad de la vida política argentina –efervescencia social y grandes movilizaciones de masas- se desplaza hacia las provincias (Healey).

 Y Córdoba está a la vanguardia.

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 El “Negro” es uno de los dirigentes obreros principales del Cordobazo, nunca tan fascinante como el “Gringo” Tosco, pero por eso mismo quizás más enraizado.

 Al frente de los sindicatos peronistas que se oponen a la burocracia, desde 1971 es titular de la CGT regional Córdoba en alianza con los combativos.

 Sólo se entiende que acompañe en la candidatura a Obregón Cano por la insoslayable insurrección obrera. 

Su discurso se enciende por esos días.

https://youtu.be/SkjrGx1pAyo

Llega a hablar de fusiles y augura que con el “apoyo de la clase trabajadora y del pueblo todo lograremos a partir del próximo 25 de mayo la total y absoluta liberación, la felicidad y el bienestar de nuestro pueblo”.

 La Juventud Peronista y Montoneros abrazan como propio al nuevo gobierno cordobés, pero el gabinete es moderado.

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Por querer regular los precios de la carne, se enemista con las entidades agropecuarias.

 Con la Iglesia, por entrometerse en sus escuelas.

 Con la policía, cuando 5 cooperativistas son masacrados por agentes que los confunden con guerrilleros.

 Todo lo que ocurre a nivel nacional, aísla al gobierno de Córdoba.

 La derecha peronista, política y sindical, mueve los hilos del alzamiento que termina con el gobierno constitucional. 

Alfonsín aclara: “Decir que se trata de problemas internos del peronismo es hacer de Poncio Pilatos.” (Servetto)

 Y La Nación, preocupada por las formas, es la brújula: “La presencia dominante de elementos de la izquierda radicalizada en el gobierno cordobés no era un secreto para nadie, y difícilmente algún partido de la oposición ajeno a posiciones marxistas hubiera enfatizado demasiado en el Congreso la defensa eventual de los señores Obregón Cano y López».

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 Al día siguiente del golpe, el 28 de febrero, se realiza un plenario de la CGT en el que sólo participan los gremios controlados por la ortodoxia y se elige una nueva conducción. 

La movilización que los gremios combativos planeaban en respuesta se suspende.

 Atilio López está detenido en el Comando Radioeléctrico. Tosco y René Salamanca se saben en la mira de la represión.

 Desde El Descamisado se señala que Obregón Cano cometió el error de negociar y no movilizar.

 Lo cierto es que confían en Perón y que la parálisis ganó a una sociedad que se había lucido en su despliegue.

 En agosto López pierde por pocos votos las elecciones en la UTA, un escalón más en la caída.

 ¿Se ha vuelto inofensivo?

 Afortunadamente eso no se puede afirmar de nadie hasta su último día.

 No obstante, parece un punto sin trama.

 En esa circunstancia va a Buenos Aires y a la cancha.

Sus restos son trasladados a Córdoba y se lo vela en su casa del barrio Empalme.

 Llantos y desconsuelo en la capilla ardiente.

 Su viuda no acepta que se lo lleve a la Legislatura, tampoco a los sindicatos que quedan en pie.

 Tosco y Salamanca despiden al compañero, como miles de trabajadores que acompañan el cortejo fúnebre hasta el Cementerio San Jerónimo. Coches, bicicletas, a pie, en colectivos y camiones.

Cuando se propone que lo ocurrido en los ´70 fue un asunto político entre el “peronismo revolucionario” y la “derecha político-sindical”; cuando se lo entiende como un drama de la clase media o entre generaciones – Alsogaray padre, militar, enfrentado a Alsogaray hijo, revolucionario-; cuando se desvincula todo eso del ascenso de la lucha obrera y de masas que la Argentina conservadora no quería dejar sin sanción; cada línea que se escribe en esta dirección vuelve a disparar sobre el cuerpo de Atilio López.

JT/