EL HOMBRE QUE NO ESPERA

Emiliano Vidal

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El libro trata del periodismo actual en la Argentina y los mecanismos que hacen los grupos dominantes para perpetuar su poder.

EL HOMBRE QUE NO ESPERA

Por Emiliano Vidal*

 

En la última Feria del Libro  a sala repleta, el periodista rioplatense Víctor Hugo Morales, presentó su último libro “Audiencia con el Diablo”. El disparador de la obra fue la audiencia que el 8 de agosto del año pasado tuvo a instancias del titular del CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto. El libro trata del periodismo actual en la Argentina y los mecanismos que hacen los grupos dominantes para perpetuar su poder. La obra es una reflexión política desde la mirada del periodista devenido en redentor por una mejor tarea periodística, batalla librada desde hace más de tres décadas en una pelea desigual.

 

 

Entre los periodistas, Víctor Hugo Morales es por excelencia el más grande, palpable y visible enemigo de Clarín desde casi lo que lleva la democracia como sistema en la Argentina. Es un grandote de buen trato con todos con excepción de aquellos a los que les ha declarado la guerra. Ahora lo absorbe uno sólo de ellos: Héctor Magnetto, el CEO del gran diario argentino.

 

Y como todos los grandes luchadores, tuvo su día crucial: 8 de agosto del 2013. Fue cuando compelido por la Justicia acudió a la audiencia a la cual lo llevó Magnetto al demandarlo por daños y perjuicios por "manifestaciones calumniosas e injuriosas”.

 

Un intento natural de pararlo en sus ataques o, mejor, contraataques, por la banda izquierda.

 

El periodista guardaba una vana ilusión: verse de frente con el blanco de su pelea pero sólo logró irse del lugar –el juzgado de ocasión- entre abrazos y aplausos de manifestantes autoconvocados en su apoyo. “Abrazos que nunca olvidaré”, dice en su libro Audiencia con el diablo, la obra que surgió de aquel encuentro fallido.

 

Un libro que trasciende su cometido porque es un retrato de las últimas décadas de nuestra política y de nuestro periodismo.

 

El libro fue presentado el 1º de mayo por el propio Víctor Hugo en la última Feria del Libro ante una sala repleta.

 

Dos referencias previas y concordantes.

 

Un año atrás se había presentado en el Teatro ND Ateneo Víctor Hugo. Una historia de coherencia y convicción, libro del periodista Julián Capasso.

 

Al mismo tiempo, pero en la Feria del Libro, se presentaba otro, pero en su contra, del periodista Pablo Sirven, “escrito -señala Víctor Hugo- por un secretario de redacción del diario de los hermanos Saguier (La Nación), que me llama converso, que pretendía ser el insulto estrella de la provocación”.

 

Audiencia con el Diablo, de editorial Aguilar, es un reclamo a gritos por un mejor periodismo y una catarsis como eje de todo lo que quería decirle a Magnetto mirándolo a los ojos.

 

Autor también de Un grito en el desierto (1998) –imperdible para comprender al personaje-, Víctor Hugo la emprende ahora de un modo directo y frontal contra lo que representa Magnetto en armonía con otros poderosos de América latina ávidos de poder, de negocios del poder y de dominio del campo de operaciones donde se modela la opinión pública.

 

“En Chile, es El Mercurio, pero lo “Magnetto” se extiende por la América. El diablo no es Héctor Magnetto sino el conjunto de diarios y canales que cubrieron el mapa como una enredadera”, anticipa en el prólogo de Audiencia… como carga y descarga a la vez.

 

¿Qué impulsa a los medios dominantes a desatar ese castigo contra un periodista?. ¿Qué temen los empresarios periodísticos más poderosos de la Argentina?. ¿ La labor de un periodista que basó su carrera en una voz incomparable, popularizada por su capacidad como relator de fútbol?. ¿Sorprende acaso que, además, piense, tenga buen gusto, cultive el don del buen decir, se comprometa, estudie y reflexione en libertad a favor de un periodismo más creíble y que, a la vez, no fomente odios?

 

* El luchador

 

Suele decir en su programa diario por radio Continental, que él no es amigo de las empresas en las que trabaja.

 

Casi una obviedad, tratándose de un periodista.

 

La distancia entre el periodista y la empresa para la cual trabaja es inevitable porque así debe ser, lo cual demanda honestidad de ambas partes y respeto mutuo.

 

No es lo mismo cuando el periodista salta a la política, porque hay un guía, un referente, un líder, según se prefiera.

 

Es el caso, por ejemplo, de Rodolfo Terragno, fundador y director en los setenta de la revista Cuestionario, que dejó de ser periodista cuando decidió ser ministro del gobierno de Raúl Alfonsín en los ochenta porque a partir de allí otra fue su vida, otra su carrera y otros los preceptos que rigen y diferencian a un político de un periodista.

 

Por eso, VHM presta mucha atención –y lo dice y lo repite- a lo que sucedió el 12 de junio de 1989.

 

En el libro lo escribió así: “El 12 de junio de 1989, Rodolfo Terragno llegó a La Rioja para transmitirle a Menem la decisión de Alfonsín de entregar el poder antes de lo previsto. Al llegar a la casa de Menem, encontró al presidente electo reunido con Héctor Magnetto.

 

“Que hacía Magnetto ahí”?, le preguntó el periodista Ari Lijalad: “Ah, ¿Yo qué se?. No pregunté”, respondió Terragno”.

 

Explica el autor que “Alfonsín le había pedido a Magnetto que lo dejara llegar hasta el final de su mandato, dolorosa confesión de la debilidad del poder político ante la corporación económica, sindical, rural y eclesiástica presidida por el mandamás de Clarín.

 

Alfonsín rogaba por una simple tregua. Como una ciudad sitiada que pide que dejen entrar agua y algunos alimentos. Unos pocos meses para que su esforzada transición no quedara en la historia como un fracaso de la política y de su partido”.

 

Téngase en cuenta que el 14 de mayo de 1989, Carlos Menem había derrotado categóricamente al candidato radical Eduardo C. Angeloz y que, a fin de ese mismo mes, habían estallado súbitamente asaltos a supermercados, contagiándose como reguero hasta en vecindarios donde se hacía lo mismo con el almacén de la esquina.

 

El clima de desestabilización tendía a lograr la entrega anticipada del gobierno, lo cual significaba humillar al derrotado en las urnas y “hacerlo escupir sangre” como clamaba Domingo Cavallo, que luego sería canciller y más tarde ministro de Economía.

 

Se trataba, en síntesis, de generar las condiciones para consumar un plan cuyas primeras herramientas iban a ser la declaración de la Emergencia Económica y la Reforma del Estado, las dos primeras leyes logradas por Menem, tras asumir la presidencia el 8 de julio.

 

La declinación de Alfonsín – comprensible eufemismo por renuncia-, tuvo por único consuelo salir en la foto poniéndole la banda a su sucesor.

 

* La construcción

 

Con Menem en el poder, comenzaría la ola privatizadora.

 

En esas aguas, Clarín se quedaría formalmente con Canal 13 y Radio Mitre.

 

Sobrevendrían –lo cuenta Víctor Hugo en la página 119- trescientos canales, cuatro diarios en la Capital Federal, decenas de radios en el resto del país, diez portales de Internet, diez radios… “un ejército cuyos integrantes se turna y se potencian con saña, en los foros de lectores a los que se ofrecen, como si fuesen las partes nerviosas de un animal muerto a las aves de rapiña”.

 

No le falta motivo a Morales para poner en foco a Terragno, el enviado especial de Alfonsín a La Rioja, siendo que el hombre encargado de ese cometido -estaba en la órbita de su cartera- debió haber sido Juan Carlos Pugliese, ministro del Interior.

 

A Pugliese, el ex ministro de Economía de Arturo Illia y, entre 1983 y 1989, el presidente de la Cámara de Diputados, un político reconocido, le hubiera llamado la atención encontrar allí a Magnetto.

 

A Terragno, el periodista avenido a político, no.

 

 * La descarga

 

Vale una aclaración. La obra no radica en el Magnetto persona. “Es extraño pero nunca sentí nada por su persona. Es el significante Magnetto el objeto de la confrontación que nos llevaría a estar, pensaba, frente a frente. Un hombre así, da pelea” (Pág 79).

 

También dice: “Magnetto sostiene que la sociedad es igual. Se divide entre los que fácilmente creen que alguien se puede vender, porque es lo que ellos harían, y aquellos otros que no lo conciben y dejan de lado la sospecha”. (Pág 31)

 

Autodefinido como un “hijo del Estado”, lo defiende, se pregunta cómo acaso podría traicionarlo y cómo no luchar contra sus enemigos, porque así, se responde, no hay otro modo de construir una Nación. “Cuando el Estado es así, es la Nación misma con mayúscula” remarca.

 

Quizá porque proviene de la tierra de uno de los líderes más importantes de América latina -don José Gervasio Artigas-, Víctor Hugo es un luchador que no claudica.

 

Veámoslo en todas sus letras (un modo de decir porque hay muchas más que aquí se omiten por razones obvias):

 

 “Mire, Magnetto, era mejor que mandase a matarme que la muerte lenta a la que quiso someterme con su ataque incesante. Usted que tiene idea clara de lo que significa para un hombre en contacto permanente con el público la mirada desaprobatoria de cuanto imbécil juega a creer en las mentiras de sus diarios y de sus canales. Y me acusa de pertenecerle al gobierno, se solaza en el invento, más atroz aún, de asignarle un interés económico a esa afiliación para que la gente tenga un pretexto que le permita descargar su odio sólo porque no tolera al que piensa distinto. Y no le alcanza con que a uno lo rechacen por pensar equivocado, sino que debe haber según sus inventos un interés espurio, es decir, tiene que haber dinero, pero sosteniendo la infamia sin pruebas que sería imposible reunir, sólo con insidias, mencionando la plata del Estado, la entrega de la conciencia a cambio de lo que no sólo no necesito, sino que lo he ganado con creces. Y lo logré, pese a confrontar públicamente con su diabólico poder, sin resignar una sola bandera, sabiendo como sabemos que hubiera bastado entregarme al mismo y beneficiarme con pertenecerle yo también como pudo haber sucedido tantas veces, y no quise, en cada ocasión que quisieron cooptarme con TyC, con Radio Mitre, en el Canal Metro, en el diario Olé, del que fui el primer periodista entrevistado para escribir los comentarios del fútbol, y a cambio fui castigado a la desaparición de sus medios. Y así veinte años, lo cual era entendible, hasta que apareció la discusión de la ley de medios y entonces, porque mi palabra adquiría otro valor, porque tenía antecedentes de haberlo denunciado en incontables ocasiones en mis espacios, en los reportajes, en el Congreso de la Nación, entonces, para anularme como contendiente procedieron a herir mi credibilidad y lo hicieron con una saña jamás vista contra un periodista, salvo los asesinados por mafias, comprando redactores de libros infames, arrojándome los perros de sus redacciones con títulos y comentarios provenientes de lo que ustedes mismos preparaban…”

 

Palabras incontenibles que no pudo decirle en la audiencia (Pags. 21/24)

 

Magnetto, que ese 8 de agosto de hace dos años estuvo en el juzgado pero eludió encontrase con Víctor Hugo, hubiera escuchado todavía más, según lo que ahora el periodista escribe en su libro.

 

 “Pero –sigue el oriental- de decírselo debía cuidarme. Me lo prometí en cada una de mis cataratas mentales cuando el torrente del pensamiento fluía como una lava incandescente que resbalaba por mi rostro…no lo vas a putear, no lo llamarás hijo de puta…no levantaras la voz” -Pág. 30- se decía el periodista en diálogos imaginarios.

 

“¿De qué se siente ofendido, usted –prosigue-, cuya infamia me perseguirá más allá de mi muerte? Mire esta carpeta, ¿sabe cuántas páginas de falsedades hay aquí? Mil páginas, Magnetto, en menos de cuatro años, esa es su campaña y la de quienes lo siguen por complicidad o por temor a sus represalias, mil páginas sin contar las horas de radio y televisión que me ha dedicado, o los correos electrónicos canallas enviados, empezando por aquel que decía que el gobierno me dio diez millones de dólares para torcerme el brazo, salido de la clandestinidad de su usina de la calle Perú, probadamente falso, “firmado” por personas inexistentes, correos que llegaron a millones de personas para que, como peces en una red lanzada al mar, quedaran atrapados los ingenuos, los odiadores, los fachos, esos que, por carecer de argumentos para la discusión de fondo, se sienten cómodos en la injuria.

 

¿Sabe usted -añade- que he ganado en mi vida bastante más que ese dinero, y que lo conseguí sin venderle mi dignidad a nadie, empezando por usted mismo, que no pudo comprarme? ¿Y que sin embargo no puedo manejar el auto de mi mujer porque es importado, a riesgo del insulto de los que, por odio o por envidia, lo pondrían en la cuenta de esos diez millones de dólares que sus criminales mediáticos entintados pusieron en mi cuenta?

 

¿Y sabe dónde está la prueba de cada peso facturado? En la AFIP -se responde-, donde debo ser el periodista que más dinero pagó nunca en impuestos a las ganancias, acusando un salario que, vergüenza debería darle a usted, es un poco, nada más que un poco, inferior al que usted declara. Ahí tiene mi verdad, ahí está pulverizada su mentira y la de sus sicarios, ¿sabe cuánto dinero pude ganar decentemente en la TV Pública? Nada más el Mundial de 2010 pudo dejarme una fortuna y renuncié a ese privilegio la misma noche que se votó la ley de medios.

 

¿Y sabe para qué? Para que no pudiera usted decir, o sus esbirros, que el gobierno pagaba de esa manera mi adhesión a la causa de la ley, que en realidad era mi propia causa mil años antes de que existiera el gobierno en cuestión”.

 

¿Fuerte, verdad? ¿Quién puede emplear ese tono si en cada línea no hay una verdad documentada? ¿Acaso el mismo Magnetto?

 

* Ley de medios

 

En el capítulo 11 –Pag. 155-, de los 18 que tiene la obra- Víctor Hugo escribe con el mismo tono la dimensión profunda de un pesar del cual se hubiera liberado de haber podido decírselo a Magnetto al asegurar “… ese día de agosto yo hubiera muerto feliz”.

 

En este pasaje, Morales describe que ha tomado café al menos con diez personas de las que fueron a la calle Carlos Pellegrini, donde está el tribunal, el día de la audiencia. Que ha podido decirles gracias, mano a mano, como a Sebastián, un destacado médico residente en los Estados Unidos.

 

 “Tiene tanto poder Magnetto que me consiguió, en una sola tarde, como cuatro mil amigos”. (Pág 158)

 

El 29 de octubre del año pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró constitucional la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

 

Habían transcurrido cuatro años desde su sanción por el Congreso de la Nación.

 

 “El poder de un Estado dentro del otro quedó demostrado como nunca había sido inimaginable. Igual a un cuerpo cuyo chip fue cambiado, el Estado padre fue sustituido por el de una elite establecida desde que en las estribaciones finales del siglo XIX ciertos próceres del liberalismo blindaron la historia y fundaron el futuro para ellos”. (Pág. 95).

 

* Tramos de esta historia

 

La pelea del periodista por lograr un mejor periodismo viene de mucho antes.

 

“¿Sabe, Magnetto, cuándo escribí por vez primera sobre Clarín? En 1987, hace veintiséis años. ¿Sabe desde qué fecha está documentado que hablo contra los multimedios como el suyo y denuncio los perjuicios que provocaría al periodismo, a la sociedad y a las relaciones del poder? Desde 1991. ¿Entiende lo que eso significa de libertad en mi conciencia? La misma que me provoca saber lo que he perdido económicamente en estos años, porque, mientras usted me ensucia, la realidad es que de publicidad he dejado de percibir más del sesenta por ciento de lo que está pautado, usted puede preguntarle al actual director de Radio Continental, que trabajó para Clarín hasta no hace demasiado tiempo, cuánto dinero dice perder porque los avisadores de la derecha se niegan a poner los avisos en mis programas, acaso cumpliendo lo que por las redes sociales piden desde su SIDE de la calle Perú, y ese mismo señor de la radio puede decirle que acepté trabajar dos años, 2011 y 2012, sin un peso de aumentos porque, si no, no podían mejorar los salarios del personal en la eterna crisis de las emisoras.

 

"¿Y usted se dice ofendido –sigue-, siendo que, de manera kafkiana, mientras denuncia que lucro con mis opiniones, no he cesado de perder fortunas, por el abandono de seguidores publicitarios que eran de fierro, y por lo que no pude aceptar para que no mezclaran principios con intereses?

 

"Todo esto se lo quise demostrar a su propia gente de la ONG Poder Ciudadano que, al ver que nada podrían demostrar en mi contra, declinaron la auditoría que yo mismo les ofrecía hacerme.

 

" ¿Qué más debo ofrendar para dejar en claro lo patético de la demanda de un ensuciador profesional como usted?

 

" Y hace no mucho tiempo, Magnetto, cuando usted y las consultoras liberales, los grandes entregadores del país, pugnaban por la devaluación, para sostener mi manera de pensar, tomé el ahorro que tenía en el banco y lo convertí en pesos, perdiendo quizás la mitad del capital”. (Pag.25).

 

* El camino

 

Tomo Audiencia con el Diablo repasando mis recuerdos por la vieja redacción de Clarín, cuando iba de la mano de mi padre. Y podría escribir cómo veía de niño a sus grandes figuras, comenzando por Menchi Sábat, otro oriental querido.

 

Aunque estaba, no eran los tiempos plenos de quien hoy es una obsesión para muchos porque las viejas y ruidosas máquinas de escribir eran de los periodistas.

 

El periodismo melló en la vida de este abogado que quiere dedicarse a un oficio que aprendió amar entre diarios apilados y bibliotecas desbordadas.

 

Y que cree en las palabras que hacen camino como las de Víctor Hugo Morales, un hombre solo, que no está solo y no espera.

 

*Abogado y periodista.

Conductor del programa

 “De acá para allá”,

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