GRITOS DEL MUNDIAL Y LA POPULAR DE ADRIANO

La Poderosa

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Cayendo el atardecer, se convoco a una manifestacion por las calles de Copacabana y casi de madrugada, arrancamos rumbo a otra favela pacificada, desde el mismo potrero que rego la infancia de Adriano
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GRITOS DEL MUNDIAL

 

Cayendo el atardecer, mientras se jugaba el partido de Brasil que todos pudieron ver por mil cadenas de televisión, ayer se convocó a una manifestación en caravana, por las calles de Copacabana. Y ahí, decidimos que fuera un grupo de nosotros, para ratificar o rectificar lo que nos contaron los otros, cuando nuestro único punto de observación estaba condicionado por los medios de comunicación.

 

Distintos referentes del campo social y pancartas contra la violencia institucional, acompañaron la protesta contra el Mundial, cuestionando los ingresos supuestos e interpelando los egresos de presupuestos que estaban destinados a otras cosas, antes de iniciarse estas obras monstruosas.

 

Todo eso lo vimos, lo oímos y lo compartimos, pero no sería realista afirmar que existe una fiebre antimundialista, porque en las favelas no viven sólo militantes comprometidos, sino personas que tienen ganas de ver los partidos.

 

Fruto de esa voluntad que muchos pudieran atribuirle a la ingenuidad, aunque nosotros preferimos no pensar por los otros, existe una crítica latente, que claramente habla de un pueblo consciente, dando su propia batalla cultural, sin dejarse arrastrar por la corriente del “todo mal”.

 

Pues así nos parezca tremendo o tremendamente genial, acá no están todos esperando una revuelta social… Por suerte, hay muchos militantes combatiendo la muerte, fortaleciendo a las organizaciones sociales, denunciando a las multinacionales e intentando evidenciar lo que todos los Mundiales nos invitan a fumar.

 

Toda esa lucha se está sintiendo y por eso estamos acá escribiendo, pero la historia nos enseñó a ser responsables con la verdad, sin atribuirnos ninguna representatividad que no encuentre un correlato con la realidad.

 

Cerca de 500 manifestantes, en un pueblo de 200 millones de habitantes, levantaron bien altas todas sus banderas, con la dignidad propia de nuestras trincheras, otra vez a favor de la paz y siempre deseando ser muchos más, para que la utopía riegue esas convicciones y para que algún día seamos millones…

 

A ese espíritu militante, no le pesa saber cuánto nos queda por delante, sin necesidad de caer en las verdades parciales que nos proponen los pulpos comunicacionales, recortándonos cuadros de la pantalla para ir calentando la hornalla de la opresión, que también sueña con una explosión.

 

Pero no para que estalle la patria socialista, ni la revolución marxista-leninista, sino como punta de la mecha que nos tira la derecha, para incinerarnos en su propio juego, el día que todo se prenda fuego.

 

Y entonces, ¿qué gritamos ahora? Que no existe ninguna Policía “Pacificadora”, que sólo pacifica la escuela, que “ninguna Copa vale las lágrimas de la favela”, que la FIFA es la sede de todos los mundiales, que nos siguen matando los capitales, que la militancia no es terrorismo, que esa arrogancia se llama racismo, que no somos tan boludos los villeros, que no entramos al embudo de los caceroleros y que este sistema de mierda necesita una favela que pierda…

 

¿Qué gritamos para toda la eternidad?

 

Que el pueblo siempre será dueño de su propia voluntad y que los brasileros no necesitan más voceros, sino muchos compañeros dispuestos a empujar: cuenten con nosotros, a la hora de gritar.

 

 

La Poderosa.

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LA POPULAR DE ADRIANO

 

 

Casi de madrugada, hoy arrancamos rumbo a otra favela pacificada, porque en Villa Cruzeiro se siguen regando las raíces del suelo latinoamericano, desde el mismo potrero que regó la infancia de Adriano, ese gran delantero del fútbol brasilero que se volvió embajador de su pueblo villero, gritando goles en todos los países, sin que nadie pudiera arrancarlo de sus raíces.

 

Invitados por sus propios amigos, cazamos nuestros abrigos y salimos hacia allá, para vivir esa fiesta que jamás llegará al Maracaná.

 

Y que nadie se asombre si la guardería tiene su nombre, o si encuentra su cara en cualquier barrilete, porque aunque debió partir a los 17 para sumarse como refuerzo latino al calcio italiano, no hay un solo vecino que no lo sienta “un hermano”.

 

Pues la guita jamás lo dejó preso, ni lo alejó de la cancha “Orden y Progreso”, donde se formó como jugador, llenándose la panza en un comedor. Por esas cosas de la vida, ahora le toca llevar la comida, vestido de futbolista, de comentarista o de lo que sea…

 

Total, no lo hace para que alguien lo vea, ni para vender un ídolo de papel, sino por un compromiso comunitario: como él, la mitad de los pibes no terminó el secundario.

 

Sin foto para el diario, ni pose con disfraz, busca la cámara y le pasa por atrás, “porque él comía acá como todos los demás”, cuando nadie quería hacerle una nota y “ni siquiera era el mejor jugando a la pelota”.

 

De físico grandote y salidas delirantes, padeció al garrote y a los narcotraficantes, intentando disfrutar en cada grito de su infancia, sin caer en el delito, ni en la arrogancia.

 

Un día, discriminado y hasta investigado como el malo de la novela, lo buscaron en Italia y lo encontraron en la favela, tirando paredes por estos pasillos que la prensa sólo pisa en informes amarillos.

 

A partir de todo eso, alterando el orden que detiene al progreso, elegimos mirar el partido con su ranchada, donde el Mundial cambia todo y no cambia nada, porque en esta barriada no hay una coartada, sino una esencia verdadera que arrastra mucho barro en los pies…

 

Por esa resistencia villera, ¡somos locales otra vez!

 

 

 

La Poderosa.

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