A 40 AÑOS DEL ULTIMO DISCURSO DE PERON UN LLAMADO A LOS ARGENTINOS

Fernando del Corro

Juan Domingo Perón, se despidió de un pueblo que lo tuvo como su conductor a lo largo de tres décadas con una convocatoria a la lucha por un mundo mejor.

Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino»

A 40 AÑOS DEL ULTIMO DISCURSO DE PERON UN LLAMADO A LOS ARGENTINOS

 

Por Fernando Del Corro

Télam

11 de junio 2014

El 12 de junio de 1974, 40 años atrás, el entonces presidente por tercera vez de los argentinos, Juan Domingo Perón, se despidió de un pueblo que lo tuvo como su conductor a lo largo de tres décadas con una convocatoria a la lucha por un mundo mejor a lo que no debe faltar ninguno «que tenga el corazón bien templado».

 

Se trató de un acto imprevisto que sorprendió a muchos que circulábamos por las adyacencias de la Plaza de Mayo y que así pudimos participar del acto pero que, a la par, hizo que no se pudiera congregar una multitud que cubriera toda la zona céntrica procedente del resto de la ciudad y del Gran Buenos Aires como habría sucedido, con toda seguridad.

 

En ese marco hizo explícito su agradecimiento a los asistentes y, como sabiendo que su muerte estaba próxima, se despidió de ese pueblo al que había guiado y que pocos meses antes le había dado su nuevo respaldo con un 62 por ciento de los votos, señalando que se llevaba «grabado en su retina» ese «maravilloso espectáculo» de quienes le llevaban el respaldo que necesitaba.

 

Perón había asumido por tercera vez el 12 de octubre de 1973 sucediendo a Raúl Alberto Lastiri quién, a su vez, había reemplazado a Héctor José Cámpora, tras los 18 años de proscripción a que había sido condenado el peronismo tras el golpe de estado de septiembre de 1955 y, sobre todo, tras el golpe dentro del golpe de noviembre de ese mismo año que llevó a la presidencia de facto a Pedro Eugenio Aramburu.

 

Se trató de un período en el que la Argentina impulsó un profundo plan de cambios socio-económicos que permitió que la distribución del ingreso en favor de los asalariados haya sido la más alta de la historia del país, la aparición de una política de intercambio internacional que permitiese la exportación de productos industriales y la generación de las empresas estatales autogestionadas por sus trabajadores.

 

Todos beneficios para el país que se perdieron con el golpe de 1976.

 

Todo ello fue lo que las multitudes le hicieran llegar ese día «esa maravillosa música» que «es la palabra del pueblo argentino» y que Perón dijo que lo iba a acompañar en su vida.

 

El texto completo de su breve intervención es el siguiente:

 

«Compañeros:

 

Retempla mi espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria.

 

Creo, también, que ha llegado la hora de que pongamos las cosas en claro.

 

Estamos luchando por superar lo que nos han dejado en la República y, en esta lucha, no debe faltar un solo argentino que tenga el corazón bien templado.

 

Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha, suele ser invencible.

 

Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamas otra causa que no sea la causa del pueblo.

 

Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección; pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin dejarnos influir por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda.

 

EI Gobierno del Pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos.

 

Mientras nosotros no descansamos para cumplir la misión que tenemos y responder a esa responsabilidad que el pueblo ha puesto sobre nuestros hombros, hay muchos que pretenden manejarnos con el engaño y con la violencia.

 

Nosotros, frente al engaño y frente a la violencia, impondremos la verdad, que vale mucho más que eso.

 

No queremos que nadie nos tema; queremos, en cambio, que nos comprendan.

 

Cuando el pueblo tiene la persuasión de su destino, no hay nada que temer.

 

Ni la verdad, ni el engaño, ni la violencia, ni ninguna otra circunstancia, podrá influir sobre este pueblo en un sentido negativo, como tampoco podrá influir sobre nosotros para que cambiemos una dirección que, sabemos, es la dirección de la Patria.

 

Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados.

 

Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo.

 

Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener; pero, fuerte con el concurso organizado del pueblo, nadie puede ser detenido por nadie.

 

Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y que actúe de acuerdo con las circunstancias.

 

Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender.

 

Compañeros, esta concentración popular me da el respaldo y la contestación a cuanto dije esta mañana.

 

Por eso deseo agradecerles la molestia que se han tomado de llegar hasta esta plaza.

 

Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires me trae el mensaje que yo necesito.

 

Compañeros, con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo.

 

Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el ultimo aliento.

 

Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen.

 

Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo.

 

Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino».