ASTUCIAS DE LA POLÍTICA

Javier Trímboli

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En un Congreso con mayoría opositora tras las elecciones de 2009, Cristina Fernández produce un discurso que especifica la dicotomía entre el país real y el país virtual.

 

Cristina Fernández. Inicio sesiones ordinarias 2010

ASTUCIAS DE LA POLÍTICA

 

Por Javier Trímboli

TELAM

28/02/2014

 

En un Congreso con mayoría opositora tras las elecciones de junio de 2009, Cristina Fernández produce un discurso que hace centro en la dicotomía entre el “país real y el país virtual”.

 

Realidad y relato, gobierno o corporaciones, ejes de un discurso potente en un momento en el que muchos sospechaban debilidad.

 

Los años por venir se encargarían de mostrar la equivocación de esos pronósticos.

 

Al menos para la mitad de quienes escucharon a la Presidenta desde sus bancas el 1 de marzo de 2010, sólo en pesadillas el kirchnerismo no estaba en agonía.

 

Las caras de los legisladores opositores son serias pero no preocupadas.

 

Es cierto que las medidas apuntaladas desde finales de 2008 –reestatización de las jubilaciones, AUH y Ley de Medios- habían alterado el paisaje del ocaso sin pena ni gloria.

 

Pero igual el final, para ellos, parecía irreversible.

 

Se venía cuestionando el uso de las reservas del Banco Central para pagar deuda, el Fondo del Bicentenario.

 

Hacia el final de su discurso –poco más de una hora y media-, la Presidenta va al punto y actúa.

 

Deroga el decreto de la discordia y sanciona otros dos que van en el mismo sentido.

 

Con más cuidado y, ¿por qué no?, con astucia.

 

Al día siguiente escribe Carlos Pagni sobre este proceder: “trae a la memoria, irrefrenables, a los saqueadores de Santiago o a los boqueteros de Acassuso.”

 

Noticia de otro verano, en policiales.

 

El discurso presidencial toma fuerza de la oposición entre el país real y el país virtual.

 

Lejos de una revolución, el país real conoce sin embargo crecimiento económico con trabajo e inclusión social.

 

El virtual –medios y corporaciones- niega sistemáticamente ese escenario y anuncia que pronto todo volará por los aires.

 

¿Se burla Pagni al decir que el real lo integran “ella, su esposo y quienes los votaron”?

 

En el mismo diario, el mismo día, Sarlo le da filiación teórica.

 

En los “años 60” se sostuvo que los medios eran todopoderosos; en los “´80” los especialistas descubrieron que era más complejo y que la “gente” no cree todo lo que le dicen.

 

Si vale pensar que los medios no son solos, que se ayudan con clases u opiniones –intereses económicos y culturales- y sólo así se entronizan, mucho más cerca de esto está la presidenta que Sarlo.

 

Agreguemos que en la apelación a los dos países se alcanza a escuchar una lectura que desde lejos percibe esa tensión. Sí, el revisionismo y un poco más.

 

En 2010, una torsión en nada menor hace que la presidencia de la Nación se conjugue con el país real y no con el otro.

 

"El discurso presidencial toma fuerza de la oposición entre el país real y el país virtual. Lejos de una revolución, el país real conoce sin embargo crecimiento económico con trabajo e inclusión social. El virtual –medios y corporaciones- niega sistemáticamente ese escenario y anuncia que pronto todo volará por los aires."

 

En un año que será asaltado por la historia, sus marcas explícitas no sobreabundan.

 

Pagni rescata la principal.

 

Luego de referirse a los progresos de la política de derechos humanos –Bonafini y Carlotto miran desde un balcón-, la presidenta discute que haya odio hacia las Fuerzas Armadas.

 

“¿Nosotros los peronistas contra los militares?

 

Somos el único partido político vigente en la República Argentina fundado por un general.

 

Nuestro ADN se gestó allí cuando las fuerzas armadas acabaron con el fraude patriótico de la década infame.”

 

A Pagni no le importa lo que sigue –que a las FFAA las humillaron los que las condenaron a tareas represivas-,  y le enrostra en la última línea del artículo que Cristina elogió al golpe “filofascista” de 1943.

 

Antes la había afiliado con “el silencio es salud” de la dictadura.

 

Al leer La Nación del 2 de marzo de 2010, autoritarios, caprichosos y aviesos son la presidenta y su esposo.

 

Los kirchneristas no, porque no existen.

 

Irritan a una sociedad –sí, la “gente”- que viviría bien sin ellos.

 

Una excepción: en Sarlo, la pobreza así nombrada, tan vaga como todo lo demás, desprovista de espesor, es un problema.

 

Aunque sólo haya corderos a su alrededor, los Kirchner ven enemigos por doquier, dice.

 

De todas formas, que dos plumas tan preciadas –una, desde hace tiempo; la otra, en el último rato-, escriban sobre lo escuchado en el Congreso, permite suponer que las pesadillas se estaban haciendo ya más frecuentes.

 

Algo de esa agonía los inquieta.

 

Pagni emparenta la matriz política totalitaria del discurso de la presidenta con el yrigoyenismo y el peronismo.

 

Sarlo dice que se inspira en Laclau. 

 

A fines de 2013 a Pagni lo entrevista la revista Crisis, como si la inteligencia los llevara hasta él.

 

Lo dejan hablar y mucho.

 

Quizás hubo decepción porque no bendijo a Massa, pero sospecho que hay más cuando afirma lo que sólo parecía posible en la obcecación oficialista.

 

“El kirchnerismo produce el único relato que hay en la góndola. Todo lo que encuentro son cuestionamientos a ese relato, pero no encuentro otra explicación política.”

 

Ya que estamos en centenarios, cuando Ernst Junger evalúa por qué Alemania había perdido la Gran Guerra, señala que no habían alcanzado a dar con una bandera –relato, explicación- a la altura de la que enarbolaban sus enemigos, que era la de la civilización.

 

¿Exageración culturalista?

 

Puede ser, pero hasta la dictadura y Menem encontraron claves de sentido colectivas para hacer lo que hicieron. No hay pura administración.

 

Piedra basal del argumento de Pagni: “en el 2001 la sociedad se volvió loca”.

 

Nada le responden los compañeros de Crisis que pagan caro la oportunidad que le brindan al entrevistado de que luzca tan dudosamente su inteligencia.

 

Si ese enunciado se sostiene, lo que sigue tiene que ser evaluado desde esta incomprensión mayúscula.

 

Con esa cifra termina la presidenta su discurso.

 

“A todos –los políticos- nos querían matar en el año 2001”.

 

Por haber abdicado de la política y contentarse con ser gerentes de los grandes grupos económicos.

 

Desde Alberdi, disciplinar a las clases dirigentes es un tema en la Argentina.

 

En marzo de 2010 ya el pasado y el presente argentinos se podían entender mucho mejor.

 

A la vez, los erráticos intentos de explicar qué es la presidenta -¿qué representa?- hablan de una incomprensión que pasó a ser de quienes no están acostumbrados a lidiar con problemas de interpretación.

 

En cuanto al relato, nuestra preocupación es que no asfixie a la realidad; la de ellos, grave, es cómo hacerse de uno.

 

Que el desenvolvimiento de la historia y de la lucha social, su única fábrica, no los socorra.