EL ROMANCE DE DOÑA VIDA Y DON MEMORIA

Victor Ego Ducrot

Porque hace diez años, con Néstor, volvió a tomar forma la misma esperanza de aquellos revolucionarios, y de tantos compañeros muertos, desparecidos y torturados

EL ROMANCE DE DOÑA VIDA Y DON MEMORIA

Porque hace diez años, con Néstor, volvió a tomar forma la misma esperanza de aquellos revolucionarios, y de tantos compañeros muertos, desparecidos y torturados

Por Víctor Ego Ducrot (*) /

Tiempo Argentino

25 de Mayo de 2013

Que no importa si él y ella o ambos ellos, ni tampoco si las dos son ellas; y aunque les vaya a sonar a contramano lo que sigue, de todos modos lo voy a escribir: el título de este texto surgió casi como un guiño entre ideas desarmadas cuando ni sé por qué se me cruzaron algunas imágenes de las estampadas sobre viejo celuloide por el genial Leonardo Favio.

Como lo comprobarán dentro de muy pocas líneas, el contenido de prolongado amor o furtivo lance, no viene el caso, que denota la frase de más arriba, poca relación tiene con lo que me preocupó, en el sentido de que las preocupaciones necesariamente preceden a la ocupación, antes de ensayar lo que prometo será un intento que  no importa si exitoso pero sí se los aseguro, feliz; o sí, ustedes dirán, porque tal vez o quizá la escritura no sea una práctica de senderos rectos, limpios o despejados; lo es más de huellas rumbosas, de canales a veces mal dragados, de cuestas en las que las piedras que parecen firmes ciertas veces ruedan como aquellas bolitas de cristal duro que ya no se ven y que hace tantos años encerraban toda la baraja (de baraka o fortuna ) que un pibe podía tener, o no, sobre un recuadro de tierra seca con un hoyo hecho a dedos sucios en el medio; para el hoyo y quema, claro.

Hoy muchos, tal vez la mayoría, celebramos la vida desde la memoria por partida doble.

Porque la patria, la niña bonita tan mimada por los Moreno, los Belgrano, los French y tantos otros que por amor a ella sí la emprendieron a sablazos y tiros de cañón contra los godos; y porque hace diez años volvió a tomar forma la misma esperanza, sí, de aquellos revolucionarios de 1810, de los que los siguieron, y muchos más hacia nuestros días, de los tantos compañeros muertos, desparecidos y torturados, cuando Néstor Kirchner le metió un gancho al hígado al país de la dictadura, de la democracia cobarde que la siguió, de la bestialidad neoliberal.

Le metió un gancho al hígado, de esos que hacían levantar del rinsai con entusiasmo a Julio Cortázar, aunque no pudo darse el gusto de oír la cuenta hasta diez, porque la vida se lo llevó para allá arriba, con Evita y con Perón, con el Che, y también ahora de parranda con Hugo Chávez.

Y no digo que a Néstor se lo llevó la muerte sino la vida porque es eso lo que celebramos este 25 de mayo de 2013, tanto que tal vez tenga razón Facundo Somosa, un joven militante de Proyecto Nacional, el espacio de construcción política que encabeza el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, para desplegar acciones de apoyo a la conducción estratégica de Cristina sobre todo el territorio bonaerense, cuando me dijo, Somosa, aclaro, Kirchner dejó en claro que no se doblegaría ante el poder corporativo el día que ordenó bajar los cuadros de la dictadura.

Como en un acto de purificación ritual, recuerdo que comenté, porque el combate continúa; porque se quedó Cristina y una multitud de militantes, jóvenes muchos, muchísimos, y otros no tanto aunque también hacemos nuestro barullo, y con la creciente certeza de que sí esta vez el nocaut les será inevitable a los dueños del odio, que son los mismos que fueron dueños de la tierra en aquella la vieja oligarquía, la que «sufría y sufría porque se venía una nueva tiranía» (¡Ja!) y hoy lo son de los sillones lustrosos del corporativismo globalizado, los mismos que se relamieron cuando en el ’76 los genocidas tomaron el poder; gracias a ellos se consolidaría el modelo económico y social de exclusión de la mayorías y vaciamiento de la patria, o no señor Magnetto y tus tantos secuaces, entre empresarios y dizque periodistas a los que estás empleando para llevar adelante el paquete llave en mano que le compraste a las oficinas de inteligencia de Estados Unidos y sus centros académicos (¡si las paredes de la Embajada hablasen!), a ver si pueden voltear o al menos mellar al gobierno popular y hacer la plancha hasta que regresen los asesinos de siempre, porque esa es la pobre ilusión de los ángeles desangelados del odio.

¿Pero acaso no tomaron nota?

Sí, a ustedes me refiero, ángeles desangelados; no se percataron que algunas de sus siniestras incapacidades le están diciendo al país todo que ese tiempo que tanto adoraron, el del abuso del otro, individual y colectivo, está llegando a su fin.

Al revés de los que hoy cantaremos en las calles para celebrar a nuestros compañeros queridos, ustedes no saben qué hacer con  sus propios muertos, como si ese no saber fuese un arma a la cual le salió el tiro por la culata, matándote matador.

Por favor otórguenme un minuto de gracia para la siguiente digresión, que así por susurros caprichosos, como me sucedió con el título conforme expliqué temprano, la que sigue me está permitiendo cerrar este intento de ensayo: recordé dos películas cubanas, del maestro Tomás Gutiérrez Alea Guantanamera, co dirigida con Juan Carlos Tabío, y Muerte de un burócrata.

En una y otro obra, guionistas y cineastas juegan con cadáveres que deambulan y entierro cargados de simbología crítica, siempre en clave de comedia o de farsa, en un desmadejamiento para seguir tejiendo en torno a la cultura popular de un pueblo, en una circunstancia histórico política concreta. Ambas películas fueron trazadas e luminan desde la vida.

Y me repito, aunque lo haya escrito hace un instante de papel:  al revés de esas miradas y de los que hoy cantaremos en las calles para celebrar a nuestros compañeros queridos, los ángeles desangelado no saben qué hacer con  sus propios muertos, como si ese no saber fuese un arma a la cual le salió el tiro por la culata, matándote matador; y es probable que el mejor título para esa crónica de escalofríos, acerca del viaje entre secreto y sigiloso del asesino, de la misma  forma que él mató cuando era amo de la muerte ajena, como preparándose el camino hacia su propio castigo, el que le llegó, ha sido el de una colega del diario Página 12, «Un fantasma recorre el país.

Alejandra Dandan escribió ayer: desde las diez y diez de la mañana (…) se perdieron los rastros del cuerpo del dictador Jorge Rafael Videla.

El fabricante de la máquina de lo clandestino terminó clandestinizado por su familia para evitar las voces de repudio a su figura que se vienen sucediendo desde que hubo indicios de que sus restos iban a volver a su lugar natal en la ciudad de Mercedes».

La historia cuenta que en la vieja Roma los sepulcros habitaban a la vera de los caminos, para que el transeúnte pudiese rendir honores a quienes en ellos moraban, y a la luz del día.

Los mexicanos conviven (por decirlo de alguna manera) con Mictecacíhuatl, dama de la Muerte y esposa de Mictlantecuhtli, señor de la Tierra de los Muertos.

Aquí, sin ir más lejos, también celebramos nuestros particulares diálogos con quienes nos dejaron pero persisten no importa cómo ni desde dónde; pero quienes en vida se dedicaron a segar la del prójimo, esos no encuentran sepultura, y quienes, por vergüenza, no pueden enterrar a sus muertos…esos quedaron definitivamente fuera de la historia.

Nosotros, en cambio, festejamos la memoria.

VED/