Como no era Dios ni podía estar en todas partes, no luchó en Venezuela, convertida hoy en una de las mejores pruebas de cuánto se puede avanzar en lo social.

EL ASESINATO DEL CHE EN BOLIVIA

Por Sergio Ortiz

“Hasta siempre comandante”, lo inmortalizó Carlos Puebla y sus Tradicionales, aunque esa canción fue compuesta por Puebla antes que al Che lo asesinaran en La Higuera por orden de la CIA; había partido a la misión internacionalista al Congo o a Bolivia, pero esa canción, casi un himno, quedó como su despedida.

El Che vive en las luchas por la liberación nacional y el socialismo en el mundo

EL ASESINATO DEL “CHE” EN BOLIVIA

 

Por Sergio Ortiz

LIBERACION Nº 286

Octubre 2012

“Rabiosos, consternados”, recitaba Mario Benedetti.

 “Yo tuve un hermano, no nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano que iba por los montes mientras yo dormía”, escribía Julio Cortazar.

 “Iba desnudo, matando canallas”, cantaba Silvio Rodríguez. 

 “Che comandante”, decía Nicolás Guillén, asegurando que Cuba iba a encontrar sus restos.

 Y así fue, treinta años más tarde, cuando lo llevaron de vuelta a Santa Clara, junto con algunos de sus hermanos que cayeron con él en Bolivia. 

“Hasta siempre comandante”, lo inmortalizó Carlos Puebla y sus Tradicionales, aunque esa canción fue compuesta por Puebla antes que al Che lo asesinaran en La Higuera por orden de la CIA; había partido a la misión internacionalista al Congo o a Bolivia, pero esa canción, casi un himno, quedó como su despedida.

 El Guerrillero Heroico es de esos muertos que nunca mueren.

 Que como bien se dijo del tanguero Aníbal “Pichuco” Troilo, es de los que no se van porque “ya están volviendo”.

 Puede ser casualidad o no, pero por donde anduvo el Che regalando simientes florecieron rebeliones populares y revolucionarias.

 Lo sorprendió de joven el golpe en Guatemala y allí surgió años después la UNRG, una guerrilla importante.

 Pasó luego a México y unas décadas más tarde se incubó en Chiapas la guerrilla zapatista.

 Desembarcó en Cuba, aún hoy un faro luminoso de socialismo, que a veces puede parecer que parpadea pero es para ver y verse mucho mejor. 

La isla es una estrella que no se apaga, pese a los agoreros que decretaron una y mil veces su final-final, y sigue en su lugar, como el Che.

 Guevara también luchó en el Congo y al final ese país vio colapsar y caer la dictadura de Mobutu Sese Seko, con liberadores como Laurent Kabila y otros que conocieron en los ´60 al cubano-argentino.

 Nuestro héroe fue fusilado en Bolivia, que hoy se reconoce como pluriétnico y plurinacional, con el primer presidente indígena de América, Evo Morales.

 El itinerario guevarista es parte del recorrido de la revolución en el Tercer Mundo, sobre todo en nuestra sufrida América.  

 Como no era Dios ni podía estar en todas partes, no luchó en Venezuela, convertida hoy en una de las mejores pruebas de cuánto se puede avanzar en lo social cuando se gobierna para los de abajo.

 De todos modos, Chávez dice que aprendió mucho del Che, muy presente en Venezuela, a nivel de gobierno y pueblo. 

Jóvenes y no tanto portan sus retratos y consignas en marchas populares de los cinco continentes, como las cinco estrellas de su célebre boina.

 Hoy, en medio de la fenomenal crisis del capitalismo y el imperialismo, nuevas generaciones miran hacia la figura de Guevara.

 Buscan en él la inspiración para luchar contra el desempleo y la miseria que la barbarie del capitalismo tiene para ofrecerles e imponerles a palos como la única receta, aún en el siglo XXI.

 Puesto a elegir qué cosas destacaría del Che, elijo tres.

 Habría diez, cien, mil.

 Una, la validez de la lucha por la liberación nacional y social, y el socialismo, como una nueva sociedad igualitaria, sin explotación del hombre por el hombre, sin imperios ni guerras.

 En estos tiempos de barbarie de la superpotencia y el capital concentrado, aquella es la alternativa justa y necesaria, no importa cuánto camino nos separe todavía de ella.

 Hay que caminar hacia ese objetivo, con la metáfora de la utopía descripta por Eduardo Galeano.

Lo imposible sólo tarda un poco más, nada más.

 La otra cosa, vinculada con la anterior, es la vigencia de la lucha antiimperialista.

 No importa si se es comunista, peronista o de otra condición política, si luchamos contra el imperialismo estamos del mismo lado y el imperialismo nos tratará igual de enemigos, dijo un 25 de mayo de 1962 en el discurso a la comunidad argentina en La Habana.

 Sabias palabras.

 Y la tercera, es que para la lucha ardua de los trabajadores, campesinos, intelectuales, pueblos originarios y ambientalistas, hace falta un partido marxista-leninista. 

Es verdad que “esta ola de gigantes no parará porque la forman los más”, pero ese mar picado demanda un piloto de tormentas: una dirección y un partido de ese tipo.

 El Che era un destacado revolucionario pero no un espontaneísta ni individualista ni anarco ni basista ni horizontalista.

 Fue el médico del M-26 con una disciplina y un jefe como Fidel.

 Y luego fue comandante de una columna de Sierra Maestra que abrió otros frentes.

 Luchó bajo esos cielos y en otros como miembro de una organización política.

 Sus extraordinarias condiciones pueden hacer pensar en él como individuo, que por cierto lo era, de ese alto valor, pero por sobre todo era un militante marxista-leninista.

 Siempre fue parte de un colectivo.

 Sabía que sólo así pueden ganarse batallas, aún las que se han perdido.

 

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