Evita enseñó que las convicciones no se negocian aun ante el ataque de los poderosos. 

EVITA, HOY

Por Juan Manuel Abal Medina (h)

Está claro que los desafíos son distintos a los de décadas atrás; la Argentina y el mundo han cambiado mucho. Pero la voluntad irrenunciable por la justicia social es un valor tan vigente como en los tiempos de Evita.

EVITA, HOY

Por Juan Manuel Abal Medina (h)

TELAM

26/07/2012

Se cumplen hoy un nuevo año desde el fallecimiento de Eva Perón.

 Es, por lo tanto, un día de merecidos recuerdos y homenajes a su extraordinaria figura. 

Pero, mientras escribía estas líneas, pensaba en el orgullo de integrar un gobierno que homenajea las ideas y los valores de Evita todos los días, y que los plasma en acciones concretas en favor del pueblo.

 Puedo resumir esto en tres grandes principios de la obra de Eva que guían, indudablemente, a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

 Me refiero, en primer lugar, a su vocación por los más humildes y los excluidos.

 Para Evita estaba claro que el Estado no podía ser un actor neutral en las relaciones sociales, sino que debía romper activamente con las desigualdades existentes.

 Por eso se enfocó en la dignificación de las mujeres, de los trabajadores, de los niños, de los ancianos, de los más débiles y necesitados.

Los ricos y los poderosos no necesitaban de la protección estatal (de la cual, por otra parte, habían gozado siempre); su accionar debía dirigirse, entonces, a los más pobres.

En segundo lugar, esa vocación implicaba una constante ampliación de derechos y una democratización de la sociedad.

 “Ha llegado la hora de la mujer argentina redimida del tutelaje social”, decía Evita sobre la sanción del sufragio femenino y sobre la consagración, así, de la verdadera democracia en la Argentina.

“Y no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos”, decía también sobre la gigantesca obra social del gobierno de Juan Perón.

Los sectores populares, fortalecidos política, económica y socialmente, se sentaban por primera vez en la mesa de las decisiones.

La democracia se dotaba de sustento.

Finalmente, Evita impulsó este programa bajo el asedio feroz y permanente de los privilegiados de siempre. 

Fue ella la receptora de los peores agravios y los mayores odios.

Los soportó con enorme dignidad, sin flaquear, sosteniendo sus principios, sabiendo que su pueblo estaría con ella.

Con el puño crispado respondió a la saña de sus adversarios y profundizó el rumbo de justicia social.

Enseñó que las convicciones no se negocian aun ante el ataque de los poderosos. 

Estos valores son una constante de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

 El Estado ha sido puesto decisivamente del lado de los más humildes, con la Asignación Universal por Hijo, las jubilaciones dignas, la multiplicación de escuelas y hospitales y una infinidad de políticas que han generado mucho más empleo, mejores salarios y menor pobreza y desigualdad. 

Está claro que los desafíos son distintos a los de décadas atrás; la Argentina y el mundo han cambiado mucho. 

Pero la voluntad irrenunciable por la justicia social es un valor tan vigente como en los tiempos de Evita.

 Lo mismo ocurre con la democratización de la sociedad.

 En estos años dimos grandes pasos en la democratización de las comunicaciones, en el matrimonio igualitario, en la identidad de género.

 Son temas que obviamente no estaban en agenda cinco décadas atrás, pero que avanzan en terminar con las jerarquías y los privilegios en la vida social. 

Junto a ello, la recuperación de la negociación colectiva ha dotado a los trabajadores de una fortaleza que parecía perdida.

 Éstas son expresiones concretas de la sociedad más igualitaria que soñaba Evita.

 En estos años, como entonces, este camino ha sufrido los embates de los privilegiados por el statu quo tradicional. 

Durante mucho tiempo esos poderosos tuvieron éxito en disciplinar y chantajear a la política.

 Pero Néstor y Cristina, siguiendo el ejemplo de Evita, demostraron que con coraje y convicciones es posible enfrentar esos ataques.

 Demostraron que es posible defender la soberanía nacional al negociar con los organismos internacionales, que es posible juzgar a los genocidas, que es posible plantarse ante los monopolios mediáticos, que es posible gobernar siendo independiente de las corporaciones. 

Cuando Cristina asumió en diciembre de 2007 y mostró que venía a profundizar el rumbo, el ataque mediático y corporativo se hizo aún más salvaje.

 Pero se encontraron con una Presidenta que no cede a las extorsiones y sostiene sus principios.

 Una Presidenta que, como Néstor Kirchner antes que ella, no venía a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada.

 Y el pueblo argentino ha sabido reconocer este esfuerzo.

 Por todo esto me genera un profundo orgullo integrar un proyecto que rinde homenaje todos los días a los valores de Eva Perón. 

Por la vocación por los humildes, por la democratización de la sociedad, y por la valentía para mantener las convicciones aun ante los peores ataques.

 Como nos enseñó Evita.

 JMAM(h)

 

* Jefe de Gabinete