DDHH - Devolver la identidad

SI TENÉS UN FAMILIAR VÍCTIMA DE DESAPARICIÓN FORZADA ENTRE 1974 y 1983

Equipo Argentino de Antropología Forense

Llamá al 0800-333-2334
Conocer la historia personal de los desaparecidos es, en muchos casos, un factor fundamental en el proceso de identificación.

EAAF – EQUIPO ARGENTINO DE ANTROPOLOGÍA FORENSE

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es una organización no gubernamental y sin fines de lucro argentina de carácter científico creada en 1984 a iniciativa de las organizaciones de derechos humanos de la Argentina con el fin de desarrollar técnicas de antropología legal (antropología forense) que ayudaran a descubrir qué había sucedido con las personas desaparecidas durante la dictadura militar (1976-1983).

Desde el año 1998 ha trabajado en 30 países de Latinoamérica, África, Europa y Asia; en lugares como Bosnia, Angola, Timor Oriental, Polinesia francesa, Croacia, Kurdistán iraquí, Kosovo y Sudáfrica.

Los comunicados de prensa del EAAF respecto reciente trabajo en México están disponible en formato PDF
Cómo trabajan día a día.

Son antropólogos. Saben leer el mensaje de los huesos para identificar víctimas de masacres y violencia política. Por su experiencia pionera, los convocan en distintos puntos del globo.

Hay un gringo que quiere hacer exhumaciones y necesita ayuda”, escuchó Luis Fondebrider mientras participaba en una marcha durante el incipiente gobierno de Raúl Alfonsín. La democracia se ponía de pie lentamente y, con la esperanza, subsistían atisbos de miedo, desconfianza y desinformación. Los familiares de los desaparecidos por el terrorismo de Estado estaban sumidos en el dolor y tenían una pregunta desesperada: “¿Dónde están?”.

Transcurría 1984. Luis y otros estudiantes de antropología se juntaron por primera vez cuando supieron de la presencia de Clyde Snow en la Argentina, el antropólogo “gringo” que, conociendo la realidad política del país, había viajado desde Estados Unidos para realizar exhumaciones con nuevas técnicas que permitían la correcta conservación de los restos para el análisis. Sólo contaban con sus estudios de antropología en curso y con su no menos importante vocación humanitaria.

Fue allí cuando se conformó equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), ONG de carácter científico que se dedica a recuperar los cuerpos de desaparecidos durante la última dictadura militar, con objeto de restablecer su identidad y, si es posible, restituirlos a sus familias.

Sus 55 integrantes actúan como peritos de la Justicia argentina, aportan pruebas en los juicios por delitos de lesa humanidad y se dedican a reconstruir la historia detrás de cada desaparición forzada, a través de la averiguación del paradero de los restos, su exhumación y el posterior análisis en el laboratorio.

Hasta el momento, llevan realizadas más de mil exhumaciones, determinaron 446 identidades y restituyeron a sus padres los cuerpos de 247 personas que, así, dejaron de ser desaparecidas.

Las primeras respuestas que el EAAF dio en nuestro país hicieron que, a través de las conexiones que los organismos de derechos humanos tienen con sus pares en el exterior, se enteraran de su existencia entidades como Amnesty International y la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Fedefam). La experiencia argentina era precursora y estos organismos no tardaron en pensar que el trabajo de estos forenses podría aplicarse a más de un país con situaciones políticas similares.

Primero fue en América del Sur, a fines de los 80, cuando comenzaron a buscar víctimas de las últimas dictaduras militares en Chile y Brasil. Luego se extendieron hacia América Central, donde investigaron en Guatemala y El Salvador.

Pero la violación de derechos humanos no era patrimonio exclusivo de este continente y pronto los forenses conocieron realidades más distantes. A comienzos de los 90 viajaron a Kurdistán para buscar a la población kurda que fue vícitima de los ataques del gobierno de Irak. Poco después realizaron uno de sus trabajos más trascendentes cuando fueron convocados por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia para investigar las masacres ocurridas en Bosnia, Croacia y Kosovo.

Uno de los casos que tuvo mayor repercusión fue la búsqueda, exhumación e identificación del cuerpo del Che Guevara en Bolivia. En 1995 había trascendido que sus restos estaban en el aeródromo de Vallegrande.

El rumor motivó la creación de una comisión especial para su búsqueda, que convocó al EAAF por su experiencia. Tras dos años de arduo trabajo al que se sumaron expertos cubanos, en julio de 1997 el equipo halló la fosa del guerrillero y pudo identificar sus restos.

Las repercusiones y el éxito de sus hallazgos hicieron que en estos años los convocaran de todos los continentes.

Hoy trabajan en casi 40 países, financiados por organizaciones y fundaciones internacionales. Actualmente, entre otras misiones, buscan a desaparecidos durante la dictadura de Stroessner en Paraguay, y realizan entrenamientos para antropólogos en Chipre y Timor Oriental.
Tarea interdisciplinaria

Antropólogos, arqueólogos, detectives, científicos: las palabras esbozan aunque no llegan a definir completamente el trabajo que realiza este equipo de expertos. Ellos mismos entran en un largo relato cuando intentan explicar su labor, que tiene diferentes etapas aunque, en rigor, todas ellas ocurren en simultáneo.

En primer lugar, la investigación histórica. Los antropólogos deben dar con las coordenadas geográficas en donde se encuentran enterrados los restos óseos de las víctimas de la represión. Los huesos son, en esta historia, lo único que sobrevivió a la tortura y el tiempo: el único elemento tangible que los familiares pueden recuperar para realizar el duelo.

Para las identificaciones consultan a familiares que pueden aportar datos sobre las características físicas de la persona y las circunstancias de la desaparición. Por otro lado, resultan fundamentales los testimonios de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, que aportan pistas para dar con el paradero de los cuerpos.

En tanto, los documentos que quedaron de la burocracia estatal de aquel período, los libros de ingresos a los cementerios (fundamentalmente las entradas de cuerpos como NN) y los archivos, tanto gubernamentales como periodísticos, constituyen el corpus de fuentes escritas de las que se valen para definir los objetivos.

Una vez autorizados por la Justicia, proceden a exhumar los cuerpos, la otra etapa fundamental del proceso. Todas las lecciones que aprendieron de Snow las ponen en práctica en cada excavación. Mediante la aplicación de técnicas de la arqueología, los antropólogos descubren los restos ocultos en las profundidades de la tierra. Con palas, cepillos y pinceles trabajan uno a uno los huesos y los disponen en contenedores para su posterior análisis.

“Son restos que pertenecieron a personas que fueron torturadas, asesinadas, pero, además, enterradas de la peor manera, a veces en fosas comunes, a veces en precarios cajones”, describe Turner. Esas jornadas funcionan como bisagras en el proceso. Ese es el momento en que los que están desaparecidos aparecen.

Devolver la identidad

La siguiente etapa es la identificación en el laboratorio. Durante los primeros años, los antropólogos se basaban en la determinación del perfil biológico de la persona: sexo, edad, lateralidad y todos aquellos rasgos individualizantes, como lesiones óseas, patologías y particularidades odontológicas que pudieran ser cotejados con la información provista por los familiares y las historias clínicas.

Pero el EAAF siempre estuvo a la vanguardia de la ciencia en materia de estudios, y los avances que permitieron determinar el ADN a partir de restos óseos a finales de los años 90 (una técnica mucho más compleja de la que se realiza con sangre) les abrió un abanico de posibilidades en el laboratorio. “Antes dependíamos de que la persona tuviera algún rasgo característico o que hubiera alguna ficha médica”, explica Turner.

De allí la importancia de que los familiares de desaparecidos se sigan acercando a estos profesionales para dejar su sangre en un banco de datos: permite acotar los tiempos y aumentar exponencialmente las identificaciones. En este sentido, en 2007 el EAAF lanzó una campaña denominada Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos, que tiene como objetivo la recolección masiva de muestras de sangre para poder compararla genéticamente con los restos que aún no pudieron identificarse.
Mediante la firma de un convenio con la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de Salud de la Nación, se establecieron 63 hospitales y centros de salud de todo el país para la extracción de muestras. La presentación es voluntaria, confidencial y gratuita.

La culminación

Una vez confirmada la identidad de la persona encontrada, llega la instancia de comunicación a las familias, algo que los antropólogos hacen con la misma delicadeza con la que realizaron la labor científica, ya que implica contener a los padres de las víctimas en el momento en el que reciben la noticia. “Es un vínculo de confianza, de confidencialidad e, inevitablemente, de involucramiento”, describe Turner.

Luego del momento del entierro, al que los forenses suelen asistir, suele proseguir un intercambio de llamadas y visitas con los familiares, en un lazo que ya no podrán romper con quienes recibieron un poco de alivio, después del dolor por la muerte.

“Para los familiares es, por un lado, un momento muy terrible, porque tienen la certeza de que esa persona fue asesinada. Pero, por el otro, sienten cierta paz después de tantos años de incertidumbre. Ahora saben qué pasó, dónde estuvieron, tienen los restos, pueden enterrarlos, tener una sepultura y visitarlos, además de reinsertar en la sociedad a ese ser querido que había perdido su identidad”, expresa Fondebrider.

“Son momentos muy difíciles, de una carga emocional muy fuerte. Pero sabemos que es algo importante para las familias, que influye en su proceso de duelo. En general los familiares se muestran muy agradecidos con nosotros y eso nos da aliento para seguir. Más allá de que somos peritos ante la Justicia, son momentos en los que uno entiende por qué está haciendo esto”, agrega Turner.

En septiembre, el EAAF realizó un envío de evidencia a dos laboratorios, Lidmo, en Córdoba y The Bode Technology, en los Estados Unidos, que son unos de los pocos lugares con capacidad de hacer cruces masivos de datos genéticos. Ahora, espera cotejar el ADN de los 925 restos óseos cuya identidad aún no pudieron establecer con las nuevas muestras de sangre del banco de datos.

0800-333-2334

eaaf@eaaf.org

https://www.eaaf.org/eaaf__sp/

campaña de Identificacion de desaparecidos

 https://www.youtube.com/watch?v=F-yN_-kD060

Recommendaciones

Basándonos en nuestra experiencia como antropólogos forenses trabajando con Comisiones de la Verdad, Comisiones Especiales de Investigación y tribunales nacionales e internacionales, formulamos una serie de sugerencias.
Creemos que la efectividad de estos organismos institucionales se puede optimizar siguiendo las normas siguientes:

1. Mejorar la relación entre los familiares de las víctimas y los equipos forenses.

Recomendamos con insistencia en que haya un contacto directo entre el equipo forense y los familiares de las víctimas. En muchos de los casos que involucran violaciones de los derechos humanos, especialmente en casos de desapariciones políticas, los familiares de las víctimas han sido maltratados por los funcionarios públicos, quienes a menudo niegan el hecho mismo de la desaparición de los seres queridos. Por eso es importante reestablecer el vínculo de confianza y respeto.

1.1 Facilitar el derecho a la verdad de los familiares de las víctimas.

Los investigadores forenses deben hacer lo posible por asistir a los familiares de las víctimas: (1) facilitando el acceso a los lugares donde se llevan a cabo las investigaciones, (2) proveyendo información básica antes, durante y después de las labores forenses, informándoles acerca de todos los resultados posibles de la investigación (por ejemplo, si los restos se podrán localizar e identificar o no), teniendo siempre presentes sus expectativas, (3) teniendo en cuenta sus preocupaciones, dudas, preguntas y objeciones, y (4) promoviendo mecanismos que proporcionen a los familiares los resultados de las investigaciones forenses, acorde a las recomendaciones y protocolos forenses internacionales.

1.2 Buscar la aprobación de las familias y/o comunidades antes de llevar a cabo las exhumaciones y respetar los ritos funerarios tanto religiosos como culturales.

Cuando no haya impedimento legal, y cuando se conozca la identidad de los cadáveres a exhumar, debe solicitarse el consentimiento de los familiares y/o comunidades afectadas. La experiencia de EAAF en distintos países, de culturas, religiones y situaciones políticas diversas, nos ha enseñado que las exhumaciones y las ceremonias de reinhumación relacionadas con violaciones de los derechos humanos tienen un fuerte efecto curativo en las familias y las comunidades de las víctimas. No obstante, en algunas situaciones, los familiares no desean la exhumación, mientras que en otras debe hacerse respetando las prácticas culturales y religiosas de los parientes y sus creencias acerca de la muerte y sus rituales de reinhumación.

Si no se observan estas precauciones antes de llevar a cabo el trabajo forense, la tarea puede fracasar y producir más dolor y sufrimiento a las personas que se está tratando de ayudar.
A menudo existen formas conciliatorias de respetar la decisión de los familiares y/o las comunidades de las víctimas en el caso extremo de una total oposición a la exhumación y documentar las violaciones de los derechos humanos. Desde un punto de vista legal, esto es posible puesto que (1) la mayoría de los tribunales y comisiones ordenan tareas forenses en un número selecto de casos, y (2) para demostrar una masacre, por ejemplo, no hace falta encontrar y examinar todos los restos. Desde el punto de vista histórico y documental, frecuentemente se puede estimar el número total de víctimas por otros métodos.

2. Crear mecanismos para extender los procesos de recuperación e identificación más allá del mandato de una comisión o tribunal.

El tiempo de actividad de una comisión de la verdad o de un tribunal tiende a ser corto en relación al tiempo necesario para llevar a cabo las exhumaciones e identificaciones de las víctimas en un conflicto dado. Veinticinco años después del momento más álgido de la represión en Argentina, EAAF todavía está buscando los restos de los desaparecidos. Asimismo, el trabajo en Chile y Guatemala continuará por años. La mayoría de las comisiones no ponen en marcha mecanismos, ni incluyen en sus recomendaciones, formas específicas de continuar su labor después de la conclusión de las investigaciones mismas. En algunos casos, la labor forense continúa con dificultades e interrupciones, otras veces termina con la comisión. No obstante, localizar e identificar a las víctimas es un derecho de los familiares, y una obligación de las partes involucradas en un conflicto dado. También es un paso mínimo fundamental en el proceso de reparación, uno que ayuda a la sociedad a enfrentarse con su trágico pasado. Exhortamos a las comisiones incluir normas específicas en sus recomendaciones finales para extender los procesos de búsqueda e identificación de las víctimas de violaciones de los derechos humanos más allá de los hallazgos iniciales.

3. En lo posible, maximizar la comunicación entre expertos forenses independientes y magistrados, fiscales, jueces y abogados locales.

Es esencial hacer presentaciones ante los magistrados y abogados locales con información básica sobre cómo pueden contribuir las ciencias forenses, sobre todo la antropología y la arqueología, a las investigaciones judiciales. Ésta es también una buena oportunidad para discutir la forma en que se maneja la evidencia en un país dado, debatir casos examinados en otras partes del mundo, así también como casos locales específicos, y entender las inquietudes de la comunidad legal regional.

4. Cuando sea posible, entrenar y promover equipos y expertos forenses locales.

Creemos que el papel de los equipos forenses internacionales no se limita a cumplir su trabajo forense específico, sino que incluye colaborar, entrenar y promover la formación de equipos y expertos forenses locales.

En países donde han ocurrido violaciones masivas de los derechos humanos, y se requiere el trabajo forense, pensamos que es vital reforzar las unidades forenses existentes o ayudar a entrenar a nuevos equipos locales. Hay varios motivos importantes:

a. En la mayor parte de estos países, identificar a las víctimas de las violaciones con el trabajo forense puede demorar décadas. Normalmente, los equipos internacionales sólo permanecen un tiempo limitado en cada misión, durante unos pocos años, mientras que un equipo nacional puede abocarse a esta labor tiempo completo.

En muchos de los países en los que trabajamos, las ciencias forenses están poco desarrolladas o son casi inexistentes, y en muchos se desconocen las técnicas arqueológicas y antropológicas. Generalmente, la utilización de pruebas físicas en los tribunales es limitada, y la mayoría de los testimonios son orales. Por lo tanto, reforzar o crear un equipo forense nacional o profesionales forenses especializados, conlleva una mejora general de los procedimientos criminales, y como resultado, un mayor rigor en la aplicación de la ley.

Los equipos nacionales pueden servir a los familiares y comunidades de las víctimas de formas más efectivas: como expertos que hablan la misma lengua, que pertenecen a la misma cultura, y quienes a menudo han vivido experiencias similares y suelen estar muy comprometidos con la mejora en la aplicación de las leyes de sus países.

A su vez, suele ser importante contar con expertos independientes que colaboren con los equipos nacionales, puesto que muchos de los miembros de los sistemas médico-legales han sido cómplices o incapaces de actuar dentro de los regímenes previos.

5. Cuando sea posible, mantener contacto con organizaciones locales de derechos humanos.

A menudo, cuando en un país dado han ocurrido violaciones masivas de los derechos humanos, se desvirtúa la capacidad de los organismos legales locales de investigar imparcialmente los crímenes cometidos por el mismo estado o por los contendientes en un conflicto civil. Por otra parte, las Comisiones de la Verdad se suelen crear en momentos de transición, al final de conflictos civiles, guerras, terrorismo de estado, etc. Por lo tanto son, a menudo, las organizaciones no gubernamentales (ONG) las que llenan parte de ese vacío. A veces, con gran riesgo para sus miembros, tienden un puente entre las instituciones investigadoras y los testigos, sobrevivientes y familiares de las víctimas. Incluso en momentos de transición democrática, los testigos y los familiares de las víctimas se sienten con frecuencia más seguros proporcionando información a una ONG local o dando testimonio ante un tribunal o una comisión de investigación nacional o internacional con el apoyo o la mediación de una ONG. Los investigadores de las Comisiones de la Verdad suelen depender de la labor de las ONG como punto de partida para sus pesquisas, y por extensión, de la labor forense relacionada.

6. Facilitar y extender el acceso al ADN.

Informar a los familiares de un ‘desaparecido’ de que los restos que se están analizando no corresponden a los de su ser querido es muy difícil. No obstante, es igualmente difícil decirles que no estamos seguros de si esos restos corresponden a su familiar o no, y que como no existe la forma de resolver esta duda, los restos deben volver a ser colocados en una caja y almacenados.

Las técnicas antropológicas forenses tradicionales son limitadas cuando no puede obtenerse suficiente información previa a la muerte. Esta era a menudo la situación hasta principios de los años 90, cuando se desarrolló la técnica de recuperación de ADN de restos óseos. Los exámenes genéticos se convirtieron rápidamente en una herramienta esencial para las investigaciones sobre derechos humanos.

No obstante, el análisis del ADN es muy costoso en tiempo y dinero. EAAF depende del generoso trabajo desinteresado de laboratorios en EE.UU., Canadá y el Reino Unido, y más recientemente en Argentina, pero estos laboratorios sólo pueden encargarse de un número limitado de casos. Cada año, EAAF debe dejar varias docenas de casos sin resolver debido a la falta de análisis de ADN.

Como remedio parcial a este problema, a partir de 1998 EAAF comenzó a recopilar en Argentina tres muestras de sangre de cada familiar de una persona desaparecida que haya visitado nuestra oficina en Buenos Aires. Estamos creando un banco de sangre genético con esas muestras con el fin de llevar a cabo análisis genéticos que nos ayuden a realizar identificaciones. El banco de sangre también permitirá identificaciones futuras, según se descubran más enterramientos, estén presentes o no los familiares. Este sistema resultará importante en muchos proyectos, por ejemplo, en el proyecto que tenemos en marcha en Zimbabwe, donde el VIH afecta al 25% de la población adulta.

7. Proteger los posibles lugares de asesinato y entierro.

Siempre que sea posible, es importante proteger los probables lugares de asesinatos y entierros si no se investigan en el momento de su descubrimiento. De esta forma, estarán disponibles para futuras investigaciones de expertos y familiares de las víctimas.

  1. Preservar las pruebas cruciales y los informes forenses ante la posibilidad de investigaciones y procesos judiciales actuales y futuros.

Descubrir evidencias de crímenes contra los derechos humanos no siempre significa que se haga justicia de forma inmediata. Muchas violaciones de derechos humanos se investigan pero no se llevan ante los tribunales, sobre todo a causa de las leyes de amnistía, limitando el papel que las pruebas forenses puedan desempeñar en los procesos judiciales.
No obstante, a medida que se van desarrollando nuevos mecanismos en el campo de las leyes criminales internacionales, y antiguos casos se vuelven a presentar ante la justicia (como son los casos de Chile y Argentina), es importante que las pruebas esenciales y los informes se preserven para poder utilizarlos en juicios futuros, cuando sea necesario.

9. Crear programas de protección de testigos e informantes.

En cada comisión o tribunal, existe normalmente un núcleo de 10 a 15, o menos, testigos principales de incidentes graves. Con frecuencia, estas personas necesitan protección, incluyendo la emigración a otro país por motivos de seguridad. En muchos casos, este tipo de comisión no tiene mecanismos para manejar la seguridad de los testigos. Pueden ordenarse medidas específicas en un momento dado, dependiendo del mandato concreto de la comisión, cómo se interpreta, y la flexibilidad de las instituciones regionales, nacionales e internacionales que ayudarán en este proceso. Aunque poner en marcha un Programa de Protección de Testigos es, evidentemente, un tema complicado, pensamos que es extremadamente importante incluir algún tipo de mecanismo a partir la fase de planificación como algo ineludible.

10. Proporcionar asesoramiento y apoyo psicológico a las personas que testifican, y a los familiares y amigos de las víctimas antes, durante y después de las exhumaciones.

Evidentemente, estos momentos son muy difíciles y dolorosos, e implican complicados e inusuales procesos de duelo en el ámbito individual, comunitario y nacional. La accesoria psicológica comunitaria o individual ya ha sido desarrollada por ONG locales en Guatemala y Zimbabwe. Creemos que contratar una ONG local o regional, que ya esté familiarizada con la cultura, idioma, religión y situación individual de las víctimas ofrece beneficios extremadamente valiosos para las familias y las comunidades implicadas. Las organizaciones locales suelen tener un conocimiento de primera mano del clima político resultante de un conflicto. Finalmente, proporcionar accesoria psicológica a través de una ONG local o regional también puede conducir a una etapa de reparación más efectiva en la resolución de un conflicto.

11. Accesoria o apoyo psicológico para los miembros del personal que reciben testimonios para estas comisiones y para el personal forense.

A veces, el enorme peso de los relatos de los testigos, víctimas y familias puede producir sentimientos conflictivos de agotamiento, culpa y depresión en los investigadores de las Comisiones de la Verdad que examinan estas atrocidades. En algunos casos, las misiones investigadoras internacionales han proporcionado apoyo psicológico, pero sigue siendo una excepción. La asesoría psicológica resulta especialmente útil cuando el trabajo de estas comisiones es mayor de un año, como suele suceder.

12. Promover la incorporación de Protocolos Forenses Internacionales para las Investigaciones de Derechos Humanos en los procedimientos criminales domésticos.

Tenemos que promover la incorporación de protocolos forenses internacionales para investigaciones de derechos humanos en los procedimientos criminales domésticos. Esto asegurará que las herramientas y mecanismos científicos desarrollados para las investigaciones de derechos humanos tengan un efecto más duradero. En esa línea, las Naciones Unidas han publicado varios documentos referentes a la ciencia forense y los derechos humanos. Entre los más importantes se encuentran el Manual de NN. UU. sobre la prevención e investigación efectivas de ejecuciones ilegales, arbitrarias y sumarias – 1991 y Normas de conducta para investigaciones de NN. UU. sobre alegatos de masacres -1995.

Conclusión

Cuando iniciamos nuestra labor hace dieciocho años, necesitábamos distanciarnos de los sistemas médico-legales y otras instituciones gubernamentales que había perdido credibilidad. Trabajamos fuera de esas organizaciones, incorporando nuevas herramientas científicas en las investigaciones de derechos humanos. Para lograr un efecto duradero y aún más significativo, queremos ir incorporando protocolos internacionales del trabajo en derechos humanos a los procedimientos criminales domésticos. De alguna forma, estamos cerrando el círculo.


SI TENÉS UN FAMILIAR VÍCTIMA DE DESAPARICIÓN FORZADA ENTRE 1974 y 1983,

UNA SIMPLE MUESTRA DE SANGRE PUEDE AYUDAR A IDENTIFICARLO

Llamá al 0800-333-233

Esta campaña tiene como objetivo principal la recolección de muestras de sangre, pero también nos permitirá contactarnos con un número importante de familiares de desaparecidos que nos pueden aportar información esencial para el desarrollo de nuestro trabajo.

 

Conocer la historia personal de los desaparecidos es, en muchos casos, un factor fundamental en el proceso de identificación. Por eso, les pedimos que nos manden la información que consideren importante sobre la historia de sus familiares.

•La toma de la muestra se realiza en todo el país en forma gratuita.

•Todos los datos obtenidos son confidenciales.

•Pasos a seguir:

1) El familiar se comunica al 0800 o concurre directamente a la oficina de derechos humanos que le corresponda.

2) Retira un formulario y el turno para la extracción de la muestra de sangre en el centro de toma correspondiente.

3) Concurre el día del turno al centro de toma y se extrae la muestra