"A mí me gusta mucho el carácter que tienen los barrios viejos, que tiene que ver con la historia, con los lugares transitados, sobados por la gente."

ENTREVISTA A CALOI

Por Gaston Leytes

«A mí me costaría mucho esfuerzo si fuera empleado bancario o si tuviera que laburar en el puerto o en cualquier otra cosa, porque en realidad lo único que sé hacer es dibujar, lo único que me sale es dibujar».

Lo único que sé hacer es dibujar

ENTREVISTA A CALOI

Por Gaston Leytes*

NAC&POP

08/05/2012

El talentoso dibujante humorístico vuelve a exponer en Buenos Aires.

En el siguiente diálogo, el artista se refiere a sus comienzos, su extensa obra y a los veinticinco años de tira diaria con su más popular y afamada creación: el inefable Clemente.

Caloi afirma que tiene todavía un sueño incumplido y es que sólo le falta publicar un chiste en el Boletín Oficial.

Este deseo, a su vez, explica un hecho irrefutable y es que prácticamente no existe publicación en este país en la que no haya aparecido la labor de Caloi.

Dibujante desde que tomó el primer lápiz e hizo los primeros garabatos y humorista desde que llevó, a los 17 años, sus primeros trabajos a la legendaria revista Tía Vicenta,

Caloi, o Carlos Loiseau, ha sido una cantera inagotable de creación.

En su trayectoria, además de sus trabajos como dibujante humorístico, no faltan libros, películas de animación, guiones de cine, programas de televisión y numerosas exposiciones de su obra.

Recientemente inauguró otra muestra, en el Centro Cultural Recoleta –que contó con el auspicio de El Arca, entre otros– donde exhibe unos 120 trabajos que han sido publicados en la revista Viva.

En el corazón de su desahogado estudio, donde el sol y el verde de Parque Lezama son protagonistas indiscutidos de la escena, Caloi se revela apacible, simpático y cordial.

— ¿En qué consiste la muestra que está realizando en estos momentos?

— Es una exposición que tenía muchas ganas de hacer, porque en la impresión de la revista hay una pérdida muy grande de lo que son en realidad mis originales.

Yo siempre he trabajado en blanco y negro, pero ahora, desde que la revista sale en color, me he enfrentado a una serie de planteos de tipo plástico a los que no estaba acostumbrado.

Además, necesitaba no pelearme con la noción, que es que lo que rige un poco este tipo de trabajo, de que la exigencia de estas obras es la mezcla exacta entre un dibujo, con sus cualidades plásticas correspondientes, y la idea humorística. Que no se pierda el chiste, en una palabra.

En la muestra también se exhibe una maqueta, que en realidad es una escenografía, que hicimos para un corto que se da todas las noches a las 22 por ATC, en el que difundimos una peliculita dedicada a uno de los derechos de la infancia.

— ¿Cómo va su programa de televisión Caloi en su tinta?

— Bien, ya hace diez años que está en el aire y esperamos que siga. Ahora estamos en el receso de verano.

Vamos a ver, cuando se lance la nueva programación, si nos ponemos de acuerdo con el canal.

Tenemos, sí, preparadas muchas películas; hemos comprado los derechos de muchos filmes para encarar el nuevo ciclo, pero vamos a ver si conseguimos el auspiciado del canal o de las empresas.

— ¿Y cómo fue la reciente experiencia en las plazas?

— Esto de la pantalla inflable fue muy lindo.

Fue una idea muy original que se le ocurrió a mi mujer (María Verónica Ramírez, quien es también productora general de Caloi en su Tinta).

Nosotros vamos todos los años a un festival, donde compramos los derechos de las películas y donde vemos qué se ha producido durante el año en todo el mundo, dentro del material que difundimos nosotros, que es el Cine de Animación de Autor.

Y allí, en la ciudad de Annecy, al sur de Francia, habían montado una pantalla inflable al borde de un lago. Pensamos en traer esa pantalla, pero era muy grande y carísima.

Entonces intentamos producirla con gente de acá, con tecnología nuestra.

Contratamos a un equipo especializado en esto de los inflables (aeroestatos, globos, etc.) y llegamos a un diseño y a un tamaño que nos gustó.

Luego, auspiciados por la Secretaría de Cultura de la Nación, empezamos a hacer circular la pantalla por todas las plazas y parte de la provincia de Buenos Aires.

Y fue una cosa muy linda, porque de alguna manera recuperamos el espíritu que tenían aquellos personajes de La strada, que llegaban con la pantalla a los pueblos.

Y entonces se produjo, en torno a la animación, una suerte de fiesta de la gente, del barrio.

Iban con sus sillas plegables, su gaseosa, el mate, y se ubicaban delante de la pantalla.

Hicimos una selección de películas que eran aptas para todo público y que tenían como denominador común el humor.

“A mí me gusta mucho el carácter que tienen los barrios viejos, que tiene que ver con la historia, con los lugares transitados, sobados por la gente.”

— ¿Cómo nace su relación con el humor y el dibujo, principalmente?

— Empecé cuando uno arranca a dibujar y después de pasar por todas las etapas por las que pasa un pibe, desde el garabato al dibujo.

Luego, haciendo historietas en las que imitaba los personajes de Disney, el Pato Donald y otros personajes.

Después fui desarrollando mis propios personajes.

Hacía historieta seria, porque cuando yo era pibe la historieta seria era muy importante.

Era la década del 50 y había muchas y buenas revistas y muchos y muy buenos dibujantes, como Breccia, Pratt, que estaba viviendo acá,

Solano López, y un montón de historietistas serios. De manera que la literatura que uno consumía eran esas revistas, como Hora Cero, Misterix,

Rayo Rojo, en lo que respecta a historietas serias, o Rico Tipo y Patoruzú principalmente, dentro de las humorísticas, que reunían a los mejores dibujantes de aquel entonces.

— ¿Cómo fueron sus comienzos profesionales?

— En Tía Vicenta, muy poquito tiempo antes de que Onganía, en uno de sus primeros decretos, la clausurara.

Yo tenía 17 años, todavía estaba en el colegio secundario y recuerdo que tenía los mismos desastrosos horarios que ahora.

Me quedaba hasta muy tarde dibujando y a veces iba hasta sin dormir al colegio, después volvía a mi casa, comía, y me iba a entregar los dibujos que había hecho durante la noche, a Tía Vicenta, Siete Días, las primeras revistas en las que publiqué.

Muy joven también entré en el diario Clarín y lo hice de la mejor manera que se puede entrar a Clarín: por un aviso clasificado.

Pedían “un dibujante para tira diaria”.

Bueno, en ese entonces uno producía mucho y publicaba poco, así que mandé mi sobre.

El director de Clarín Revista, un suplemento nuevo que encaraba el diario, León Bouché, un prócer del periodismo argentino, se robó mi sobre de la mesa donde estaban todos los sobres de los aspirantes, porque le gustaron mis dibujos, y me llamó por su cuenta para trabajar en la nueva revista.

Y ahí empecé, aunque me hizo perder la oportunidad de la tira diaria, que tuve muchos años después.

— En esos bocetos, ¿ya existía Clemente?

— No, nada que ver.

Clemente fue mucho después.

Hacía una tira con pajaritos, pero sin un personaje principal.

Aunque, para mi sorpresa también, buscando en los dibujos que yo hacía cuando era pibe, encontré que hacía una especie de Clemente, una suerte de pollos, sin alas, medio rayados.

Te hablo de cuando tenía tres, cuatro años de edad.

Bueno, quizás esos hayan sido los antecedentes de Clemente.

— ¿Cómo es esto de hacer una tira diaria?

— Para mí es una cosa natural.

A mí me costaría mucho esfuerzo si fuera empleado bancario o si tuviera que laburar en el puerto o en cualquier otra cosa, porque en realidad lo único que sé hacer es dibujar, lo único que me sale es dibujar.

De manera que es una actividad natural y cotidiana para mí, porque la tira la hago día por día.

A veces estoy enganchado con series, digamos, de varias tiras que tienen un tema.

Otras veces nada, simplemente agarro el diario y me pongo a leer.

Y de alguna noticia, de alguna información, éste es el reaseguro de la frescura de la tira, sale alguna idea humorística, porque Clemente está muy ligado a la actualidad, ya sea política, social, cultural, deportiva y de todo lo que está pasando en el momento.

Por eso incluso me cuesta mucho hacer libros de recopilación de Clemente, porque todo el material, o un gran porcentaje, hace referencia a cosas del momento.       

“Los personajes tienen la posibilidad de hacer realidad sus fantasías y, a su vez, también hacen realidad las fantasías del autor. Es un berretín.”

— Además del diario, ¿tiene otras fuentes de inspiración?

— Todo lo que es el mundo de la observación, de la realidad.

A veces es el dolor de hígado de uno, lo que mira por la ventana, lo que pasa en la familia, lo que le pasa al amigo.

— ¿Es cierto que usted sale a sacar fotos por la ciudad o que se inspira en películas?

— Sí. No lo hago con Clemente, porque es un lenguaje muy sintético y aparece el personaje repetido en la secuencia, pero sí en los otros trabajos para la revista.

Es justamente una de las cosas que voy a mostrar en la exposición: cómo, para hacer una página, puedo sacar tres rollos de fotos sobre un lugar que me interesa de Buenos Aires.

A mí me gusta mucho el carácter que tienen los barrios viejos, que tiene que ver con la historia, con los lugares transitados, sobados por la gente.

Son esas calles, esos empedrados, esos frentes los que se convierten en personajes de la ciudad.

Para mí esta es una herramienta expresiva.

Muchas veces me encuentro con gente que me dice que cree poder encontrárselo a Clemente a la vuelta de cualquier esquina de Buenos Aires.

A mí eso no me pasa, yo necesito hacerlo todos los días, necesito trabajar su lenguaje y no tiene existencia propia sino a partir de mis instrumentos.

Clemente, un personaje que cumplió veinticinco años renovándose con la actualidad.

— Luego de veinticinco años de Clemente, ¿no siente cierto desgaste, cierto aburrimiento con el personaje?

— No, porque se va renovando con la actualidad.

Este es el secreto.

Cuando yo empecé a hacer la tira, tenía muy fresco el ejemplo de Quino, que se había tenido que ir a Bariloche a mirar los arbolitos y los pajaritos porque le había dado un surmenage de tanto trabajar obsesivamente en el personaje de Mafalda.

Yo quise romper con todo eso, por mis características personales, y hacer un personaje con más absurdo, que pudiera hacer cualquier cosa, que no se supiera qué era, de manera que pudiera meterle cosas de la actualidad y que lo renovara permanentemente.

Al principio pensé que eso iba a ser Bartolo, pero después me di cuenta que era Clemente quien mejor cumplía con mis objetivos.

— También Clemente logró salirse del género historieta y pasó a la televisión…

— Claro, eso fue una adaptación al medio, que proponía cosas muy interesantes para mí.

Yo pensé que la conversión lógica a un medio como la televisión iba a ser el dibujo animado, pero era muy dificultoso y caro hacerlo.

Entonces surgió la posibilidad de que Clemente apareciera como un muñeco.

Ahora ya no era esta cosa individualista, solitaria, en que todo lo hace uno, sino que tuve que formar un equipo.

El verdadero cambio fue que Clemente comenzaba a tener color, movimiento y sonido.

Ahora tenemos preparada una versión, cuando se den las condiciones, de un Clemente en 3D (tercera dimensión).

Es decir, ya no es un muñeco animado, una especie de títere, sino que es un Clemente virtual, que existe en la pantalla nomás.

— ¿Y cómo nace el personaje de La Mulatona?

— Los personajes tienen la posibilidad de hacer realidad sus fantasías y, a su vez, también hacen realidad las fantasías del autor.

Es un berretín.

La historia es así: a Clemente yo tuve que cuidarlo más que a un hijo, porque los hijos se buscan las novias solos.

A Clemente se la tuve que buscar yo, se la tuve que inventar yo.

Entonces con esta posibilidad de que los personajes realizan sus fantasías, dije “bueno, le voy a hacer una novia soñada por, al menos, el imaginario colectivo porteño”.

Pero me equivoqué en el tiempo, porque la primera novia de Clemente fue Mimí, una canaria muy fina, con piernas de mujer, que estaba en una jaulita, pero que en realidad respondía al modelo de la prostituta francesa, que era la fantasía del porteño, pero del porteño de tres o cuatro generaciones atrás.

Entonces dije “voy a buscar algún sueño más actual” y entonces apareció La Mulatona, que está ligada a lo latinoamericano, con una presencia mucho más firme, más poderosa.

— ¿Cómo define Caloi al humor?

— No, no me atrevo a esas cosas.

Yo me defino como un dibujante, no como un humorista a secas, porque el humor puede abordarse, por supuesto, desde la literatura, el cine, el teatro y también desde el dibujo.

El humor es una consecuencia del tipo de dibujo que yo desarrollo, pero no me animo a definirlo, hay mucha gente que lo hace mejor que uno.

Para mí esto es un oficio, una profesión en la que dibujo e idea humorística se conciben juntos.

De manera que yo he hecho humor desde siempre.

Fuente: El arca /38
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
Gentileza Néstor Gorojovsky nmgoro@gmail.com
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