CLODOMIRO CORDERO ¡PRESENTE!

Juan Carlos Jara

Sin los cálculos políticos del General Mitre y la subordinación militar del General López Jordán, Urquiza no hubiera podido mantenerse en el poder..

Los malditos excluidos de la historia oficial

CLODOMIRO CORDERO ¡PRESENTE!

(Aproximadamente 1825 – 1884)

 

Por Juan Carlos Jara


Según los pocos investigadores que se detuvieron en su figura había nacido en Entre Ríos en fecha no determinada, durante la primera mitad del siglo XIX. Pero si nos atenemos a sus propias palabras («Los Horacios y los Curiacios», p., XIII-XIV) su cuna habría sido Buenos Aires, aunque desde chico vivió en Entre Ríos, «a la sombra protectora de sus frondosos árboles» y disfrutando el amparo «de sus hogares hospitalarios».

 

Lo cierto es que estudió en el histórico Colegio de Concepción del Uruguay, graduándose luego como abogado.

 

Fue diputado a la legislatura entrerriana en tiempos de Urquiza.

 

Ultimado éste, en 1870, formó parte de la cámara que eligió a López Jordán nuevo gobernador de la provincia.

 

Junto a Onésimo Leguizamón medió, sin éxito, ante el gobierno nacional, buscando impedir la intervención armada sobre la provincia.

 

Al año siguiente se trasladó a Buenos Aires con la misión expresa de defender desde la prensa la causa jordanista.

 

Sus artículos de entonces se reunieron en el volumen. «La Revolución de Entre-Ríos. La guerra y la paz» (1871).

 

En esas páginas describe críticamente la política urquicista posterior a Pavón y alega a favor de quienes terminaron por dar muerte al declinante caudillo. «No soy amigo de la sangre -dice Cordero-, daría mi vida por salvar la vida de mis semejantes; pero veo en los actores de la tragedia de San José al infeliz esclavo pintado por un poeta, arrojando el hacha sobre la frente del capataz que lo azota».

 

No se le escapa a Cordero que, «sin los cálculos políticos del General Mitre y la subordinación militar del General López Jordán», Urquiza no hubiera podido mantenerse en el poder por mucho tiempo luego de la apostasía de Pavón. «Pudo ser un Solón y prefirió ser un César.

 

Él mismo se preparó el precipicio en que lo hemos visto sepultarse».

 

No ahorra tampoco sus reproches al gobierno nacional que por boca del presidente Sarmiento había prometido rociar con sal los campos entrerrianos luego del levantamiento de López Jordán.

 

Asi, afirma, los «antiguos bardos» del pueblo entrerriano, «convertidos en gobernantes son hoy sus severos jueces.

 

Pero no quieren solo el sacrificio de sus hijos, quieren arrojar al viento sus cenizas y no dejar piedra sobre piedra en sus hogares».

 

Radicado en Buenos Aires, Cordero ejerció su profesión en el foro porteño y en 1875 fue director y redactor principal del diario autonomista «La Política», fundado por Evaristo Carriego.

 

Por entonces, milita junto a José Hernández en el ala «cambarecista» del partido de Alsina, tendencia que lo llevó como candidato a diputado en 1877.

 

En 1882, como abogado, hizo la defensa del periódico «Las Plagas» de Buenos Aires en el juicio de imprenta llevado en su contra. Al año siguiente publica «Los Horacio y los Curiacios.

 

Estudios sobre la Capital de Entre-Ríos y sus reformas constitucionales», recopilación de artículos publicados en «Las Provincias» y «El libre pensador», que dedica «a la juventud de Entre Ríos, llamada a edificar sobre las ruinas del pasado, consumando las reformas de la constitución y demás leyes»,

 

«Las luchas civiles -afirma allí- sacrificaron o dispersaron a todos vientos a nuestros hermanos, dejando nuestros hogares tristes, desiertos, sin la luz de una esperanza; pero cobrando nuevas fuerzas de nuestra propia debilidad, de las ruinas hemos regenerado nuestra existencia y hemos convertido campos de soledad, en centros de movimiento activo, comercial, haciendo surgir con la labor común, esas sábanas de verdura, esos amenos jardines, que contemplamos».

 

Por ello sugiere consolidar ese renacimiento evitando los personalismos políticos, la «preponderancia clerical» y el avasallamiento de la soberanía entrerriana.

 

Para conseguirlo, «los gobernantes no deben desviarse nunca de las corrientes populares, si aspiran a encauzarlas, y aman la patria (y) los gobernados, con plena conciencia de sus derechos, no deben consagrarse a degradantes paganismos políticos, y deben ver en los gobernantes a simples representantes suyos, sin ataviarlos con la falsa aureola de espíritus extraordinarios».

 

Este liberal nacional, admirador de Alberdi, Leandro Gómez y la revolución francesa, escribió también «La Argentina. Su vida y sus instituciones», un estudio hoy inhallable.

 

Clodomiro Cordero falleció en Buenos Aires el 27 de septiembre de 1884.


Su condiscípulo Domingo Aramburú, lo recuerda como un hombre de «espíritu generoso y soñador». El hubiera agregado: «pero téngase en cuenta que los sueños de hoy suelen ser la realidad de mañana».

 

JUAN CARLOS JARA – LOS MALDITOS – Vol. III – Pág. 271 –

Ediciones Madres Plaza de Mayo