La Guerra de Malvinas será para la historia un hecho de heroísmo colectivo que ninguna acción individual puede opacar.

INVASIONES INGLESAS, ATAQUES IMPERIALISTAS A LAS ISLAS MALVINAS Y TERRITORIO CONTINENTAL ARGENTINO

Por Walter Formento

El Tratado de Tordesillas establecio un reparto de las zonas de conquista y anexion del Nuevo Mundo entre España y Portugal mediante una divisora del Oceano Atlantico y de los territorios adyacentes. El archipiélago de Malvinas y todo emergente del mar austral al este perteneció al Reino de España. Al ser reconocida nuestra independencia, por la debida cesión de tierras, formaron parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Breve relación de conspiraciones cipayas

 INVASIONES INGLESAS, ATAQUES IMPERIALISTAS A LAS ISLAS MALVINAS Y EL TERRITORIO CONTINENTAL ARGENTINO

Por Walter Formento*

 NAC&POP

02/04/2012

 ¨      El Tratado de Tordesillas estableció un reparto de las zonas de conquista y anexión del Nuevo Mundo entre España y Portugal mediante una divisora del Océano Atlántico y de los territorios adyacentes.

La nueva línea de demarcación convenida tenia sus extremos en ambos polos geográficos, a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.

Coincidía con el meridiano situado a 46º 37’ de longitud oeste (que pasa por la actual ciudad de São Paulo).

Fue refrendado por los reyes de Castilla y Aragón y el lusitano Juan II el 7 de junio de 1494.

El archipiélago de Malvinas y todo emergente del mar austral al este perteneció al Reino de España.

Al ser reconocida nuestra independencia, por la debida cesión de tierras, formaron parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Ciertamente entonces, las Malvinas y demás Islas del Atlántico Sur fueron, son y serán argentinas. 

1763. 6 de Enero.

En su alianza con Portugal, Inglaterra firmó el acuerdo comercial de Methuen (no por azar llamado también Tratado de los Paños y los Vinos), que le otorgaba la posibilidad de traficar en cualquier puerto lusitano del mundo, oportunidad para intensificar su más antigua forma de comerciar: el contrabando.

 Como resultado de tales acuerdos, se produjo el ataque a la ciudad más ambicionada por los portugueses: Colonia del Sacramento, en la Banda Oriental del Plata, entonces Gobernación de Buenos Aires, Virreinato del Perú. Fue defendida por su gobernador, luego el primer virrey del Río de la Plata: Don Pedro de Cevallos.

La invasión fue rechazada, y el Comandante inglés, John Mac Namara, pereció en el ataque.

 1765. Enero.

Tras su desembarco en la Isla Trinidad, que bautiza Saunders, el capitán británico John Byron tomó posesión del archipiélago malvinense.

En el llamado por los españoles Puerto de la Cruzada, fundó Puerto Egmont, en honor al primer Lord del Almirantazgo. 

Pero el acontecimiento casi desata una guerra entre los entonces circunstancialmente aliados.

Por medio de una Real Cédula, España incluye al archipiélago en la jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires.

Los británicos reconocen la soberanía española, pero no retiran sus tropas, lo que desata un choque armado favorable a España. 

1769. 10 de Diciembre.

El capitán Antonio Hunt ocupó en nombre de su Majestad Británica el archipiélago malvinense, desplazó al gobernador español Felipe Ruiz Puente y se estableció nuevamente en el llamado en inglés Port Egmont.

 El capitán de navío Juan Ignacio Madariaga, enviado desde Buenos Aires, entabló negociaciones con Mr. Hunt; pero éste defendió las islas que llamó Falklands como propiedad del Reino Unido.

Al cabo de breve combate, el jefe español obtuvo la rendición de los ingleses el 10 de Junio de 1770.

 1788.

Tropas británicas ocuparon la Isla de los Estados y la Tierra del Fuego.

El Virrey Nicolás del Campo, marqués de Loreto, logró expulsarlos en 1790 de la Isla Grande y recién para 1791 de la Isla de los Estados, cuando ya regía el tratado de San Lorenzo, pactado en el Monasterio de El Escorial entre Gran Bretaña y España.

 Los invasores violaban todos los pactos.

El acuerdo prohibía a los ingleses navegar y pescar a menos de 10 leguas de tierras españolas y con mayor razón establecerse en ellas. 

1806.

La Reconquista.

La escuadra naval invasora, compuesta por cinco navíos de guerra e igual cantidad de buques de transporte bajo bandera inglesa, partió desde el Cabo de Buena Esperanza a las ordenes del Comodoro Home Popham; las tropas que transportaban se encontraban al mando del Brigadier William Carr Beresford.

Antes de partir, los altos jefes de la expedición habían convenido en distribuirse los tesoros que sospechaban encontrar en Buenos Aires,

«Buena Presa» según las leyes navales inglesas.

 El 25 de Junio desembarcaron en Quilmes, y ocuparon la ciudad de Buenos Aires con poca resistencia.

Los caudales reales habían sido enviados a Córdoba, pero fueron capturados.

El tesoro llegó a Londres en medio de un enorme jubilo; se lo vio desfilar en ocho enormes carros que llevaban cada uno cinco toneladas de pesos plata.

En esos momentos,  Buenos Aires ya había sido reconquistada por el pueblo de la ciudad conducido por el entonces Capitán de Navío Don Santiago de Liniers.

 1807.

La Defensa.

Los ingleses desembarcaron en Maldonado desde la mayor flota mercantil-militar reunida hasta la época. Iniciaron la nueva invasión con una sangrienta toma de las ciudades de Montevideo y Colonia y, hacia fines de Junio, tiraron anclas en la Ensenada de Barragán.

Al mando del Teniente General John Whitelocke, desembarcó una poderosa fuerza de 12 mil hombres escogidos por su experiencia que incluía el invicto Regimiento 71 Highlanders, mientras los vecinos de Buenos Aires se organizaban para la defensa.

 Hombres y mujeres, comerciantes y esclavos, españoles, criollos e indios de todas las edades y Provincias del Virreynato, combatieron con inédito coraje y eficacia.

El 7 de Julio, el Comandante firmó la rendición incondicional de las tropas Inglesas. 

Pero la guerra continuó por otros medios: la sigilosa pero astuta diplomacia británica, siempre orientada a la apertura de nuevos mercados a los productos de la revolución industrial manchesteriana.

 1828.13 de diciembre.

La perfidia de la diplomacia inglesa se cobra la vida del ex soldado de la independencia coronel Manuel Dorrego.

Lavalle lo derrocó en lo que será el primer golpe militar a un gobierno legítimamente elegido por el pueblo.

Los sediciosos Julián Segundo de Agüero, Salvador María del Carril, los hermanos Florencio y Juan Cruz Varela, Martín Rodríguez, Ignacio Álvarez Thomas y Valentín Alsina lo instigan para que fusile sin demoras al depuesto gobernador de Buenos Aires.

Nadie ignora que atrás de estos traidores está la presión inglesa, ejercida directamente por el enviado lord John Ponsonby, representante de los intereses de la Corona Británica en Buenos Aires. 

1830.

La diplomacia británica alcanzó uno de sus mayores triunfos en suramérica.

La provincia conocida como Banda Oriental del Virreinato del Río de la Plata (que incluía también parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur), alcanza su independencia.

De tal manera, la Confederación perdió una porción de su territorio y la soberanía sobre el estuario del Plata, que pasa a ser un límite internacional.

La República Oriental del Uruguay recibió su actual denominación en su primera Constitución, jurada por el pueblo el 18 de julio de 1830.

1831. }

Aunque en 1825 se había firmado un tratado de amistad, comercio y navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y la Gran Bretaña por el que se reconocía la independencia de la Nación, el Capitán John James Onslow al frente de la corbeta de 18 cañones HMS Clío, ocupó nuevamente el Puerto de Soledad.

 

El Gobierno de Buenos Aires había nombrado Primer Comandante Político Militar en las Islas Malvinas al ciudadano alemán Luis María Vernet quien, con una vasta tarea colonizadora, ayudó a consolidar la soberanía argentina; hizo cumplir las leyes nacionales, cuidó sus costas y dictó los reglamentos de pesca; y se hizo rico en la explotación salvaje del trabajo de gauchos e indígenas contratados.

Construyó un fuerte y se proveyó de algunos cañones para defensa del lugar. 

En 1831 el cónsul norteamericano en Buenos Aires desconoció el derecho argentino para reglamentar la pesca en las Malvinas.

Y a fines de ese año, hombres de la Armada de los Estados Unidos transportados por la corbeta de guerra USS Lexington, saquearon los bienes y las propiedades y destruyeron las instalaciones de artillería.

Los principales pobladores fueron conducidos prisioneros ilegalmente a Montevideo, en un desigual acto de guerra imperial.

Vernet se retiró a Buenos Aires y renunció a su cargo en marzo de 1833.

Le sucedió luego el capitán José María Pinedo, presente cuando esta vez las naves de su graciosa majestad británica invadieron nuevamente el territorio argentino.

El usurpador manifestó tener instrucciones del Almirantazgo para tomar el control de las islas con su muy superior poderío militar, y dio veinticuatro horas para arriar la bandera argentina y proceder a la evacuación. Pinedo fue sumariado por el gobierno de la Confederación bajo el cargo de no resistirse de manera apropiada a la usurpación.

 

1833. Autorizado por los ocupantes británicos y desde Buenos Aires, Vernet prosiguió con su empresa privada en la colonia de Puerto Louis, controlándola a través de sus encargados.

El descontento cundía entre los gauchos empleados de Vernet pues el capataz, con la excusa de la ocupación británica, intentaba extenderles las ya pesadas tareas campestres, entre otros excesos de autoridad.

El 26 de agosto se sublevó un grupo de ocho peones acaudillados por el gaucho entrerriano Antonio Rivero,

Tras un breve enfrentamiento, fueron muertos el administrador del archipiélago William Dickson, Matthew Brisbane, Jean Simon, y otros dos colonos.

Arriaron la bandera inglesa e izaron la azul y blanca.

 1834.

En los primeros días del año, dos buques británicos llegaron a la isla Soledad para recuperar el control de las Islas; organizaron una partida armada e intentaron capturar a los gauchos, que alcanzaron a huir.

Tras varias expediciones al interior de la Isla lograron apresarlos, engrillarlos y conducirlos detenidos a Gran Bretaña para ser juzgados.

Allí permanecieron varios meses en prisión, hasta que el Almirantazgo decidió dejarlos en libertad y embarcarlos de vuelta a Buenos Aires.

El gaucho Antonio Rivero perdió la vida mucho después a orillas del Paraná; se afirma que luchando otra vez contra los ingleses para la Confederación de las Provincias del Río de la Plata.

Cayó quizás en la Vuelta de Obligado o, según otras fuentes, en Angostura del Quebracho.

 1845.

Las potencias europeas pretendían obtener la libre navegación de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay para sus buques mercantes.

La Confederación, en defensa de la soberanía nacional, negó el pedido; las dos mayores armadas del mundo, Inglaterra y Francia, con 90 buques mercantes y 20 de guerra, intentaron imponer su comercio mediante la internacionalización del río Paraná con la creación de otro país ficticio sobre sus costas orientales, el de la República de Mesopotamia.

Contaban con la complicidad de los exiliados unitarios en Montevideo. Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, ordenó fortificar el paraje conocido como Vuelta de Obligado, al norte de la provincia.

Varias embarcaciones unidas con cadenas les cortarían el paso, a la vez que cuatro baterías de cañones defenderían la posición.

El 20 de Noviembre tuvo lugar el combate.

No fue una victoria, pero a excepción de Corrientes, la expedición comercial fue un fracaso y terminó de ser diezmada en otro encuentro aguas arriba: Angostura del Quebracho.

Finalmente, el 15 de Julio de 1847 Inglaterra levantó el bloqueo, y Francia dispuso similar medida un año más tarde.

 1908 y 1917.

Unilateralmente, Gran Bretaña dispuso, librando en cada ocasión dos cartas patentes, otorgar permiso y supervisión a la pesca internacional en el mar que cubre la plataforma continental argentina; no sólo en aguas de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, sino también en gran parte de nuestro litoral patagónico.

En sus pretensiones de expansión colonial llegaron incluso a querer ejercer sus pretensiones sobre territorios continentales, utilizando estas veces el comercio como arma.

Afortunadamente, todo quedo sin efecto por esos años merced a las gestiones diplomáticas, aunque es cierto que la invasión existió. 

Con la simple observación de cualquier mapa se comprueba el pretendido robo inglés, que se arrogaba como suyas las tierras y aguas al sur del paralelo 50°, y entre los meridianos 80° y 20° de longitud oeste.

1933.

Plena “década infame”.

Culminación de la invasión económica y política inglesa.

El 1 de mayo se firma del “Pacto Roca-Runciman”, pacífica pero letal intervención, animada por funcionarios del gobierno oligárquico.

La delegación que viajó a Londres estaba presidida por Julio A. Roca (hijo del ex presidente Julio A. Roca), y formada entre otros por un catamarqueño, director de una empresa ferroviaria inglesa en argentina distinguido por Guillermo IV, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, como Sir William Leguizamón.

Este declara: “La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad”.

El propio Roca, vicepresidente de la Nación, afirma: “Argentina, por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico”.

1982.

El 2 de abril los argentinos desayunamos con la garra de la incertidumbre en la garganta, pero también con la emoción del consentimiento en el corazón.

Puestos ante el hecho consumado de la recuperación militar, la Guerra de Malvinas será para la historia un hecho de heroísmo colectivo que ninguna acción individual puede opacar.

Porque no cabe olvidar que los invasores fueron y aun son los ingleses; y de ellos la porción de responsabilidad histórica y contemporánea de las pérdidas y el dolor de la guerra.

Por canallas o por cobardes, entre los argentinos también hay quienes tienen aun una deuda con su Patria.

Hubo en cambio una heroica mayoría que se comportó a la altura de las fatales circunstancias que les tocó vivir.

Son nuestros soldados, oficiales y suboficiales que, con la precariedad de los recursos de que dispusieron, se encontraron ante la obligación de defender ese jirón de Patria y lo hicieron dando lo mejor que tuvieron, incluso la vida.

Pero no sólo la muerte redime.

A los 30 años de una guerra que jamás debió haber ocurrido, siguen siendo acreedores.

 La hora de cumplir con el deber pendiente de todos los argentinos: homenajear el patriótico coraje de aquellos combatientes, ha llegado. 

*Lic Walter Formento

ENPL – CIEPE

 

Gentileza de Carlos Alberto Ripoll