MARCHA ATRAS DE PIÑERA – PINOCHET = DICTADURA…

juntapinochet-2-1.jpg
Recientemente el presidente de la República de Chile Sebastián Piñera Echenique, ha decidido que en Chile no hubo dictadura

Chile, como el avestruz, esconde la cabeza . . .

PARECE QUE LO DE PINOCHET EN CHILE NO FUE DICTADURA…

 

Por Daniel Brion

 

Recientemente el presidente de la República de Chile Sebastián Piñera Echenique, ha decidido que en Chile no hubo dictadura [1]. . .!!

 

Como si bastara negar la realidad para que esta desaparezca y se desvanezcan sus efectos, en realidad el presidente de Chile, como el avestruz, esconde la cabeza pretendiendo no ser visto, pero evidencia ante la mirada de todos su propio culo[2].

 

En Chile no hubo dictadura, a partir de ahora los niños y los jóvenes chilenos, esos de las escuelas pagas y las poquísimas públicas  –ya que el señor presidente Piñera ha desoído los reclamos de toda la juventud chilena, pidiendo una educación pública y gratuita, con una brutal represión a su marcha- , a partir de ahora lo que hubo en Chile fue un “régimen militar”[3].

 

Régimen militar parece que a los oídos de Piñera atenúa las atrocidades y los crímenes del dictador Pinochet, parece que alivia su conciencia de quizás algún resabio de obediencia debida o de adhesión al mismo, y muchas de sus definiciones políticas.

 

El presidente Chileno Viajó a Estados Unidos (1973) para obtener el Doctorado en Economía en la Universidad de Harvard. Su tesis, con la cual obtuvo el grado de Doctor, se tituló: “Economía de la Educación en Países en Desarrollo. Una Colección de Ensayos”.

 

En sus años como estudiante de la Universidad de Harvard se relacionó con destacados economistas, varios de ellos Premios Nobel, fue profesor ayudante y pudo apreciar el valor de la libertad, la democracia y las oportunidades de un país como Estados Unidos.

 

Resulta clara su formación y su concepto de la enseñanza, no es fácil entonces la lucha de los estudiantes en la hermana República de Chile ante los oídos de quién aprendió en Harvard la “economía de la educación”.

 

Pero, volviendo al tema, ¿piensa que utilizar el término “régimen militar” (ya he transcripto el concepto del mismo y el de dictadura) podrá suavizar en las mentes del novel alumnado chileno las brutales consecuencias de la dictadura de Pinochet?

 

Quizás no sorprenda que en poco tiempo, como sucedió en nuestro país pretenda que en los libros de estudio de esa misma juventud a la que hoy se le dice que no hubo dictadura, cuando se nombre al Señor Presidente Constitucional de Chile D. Salvador Allende (Partido Unidad Popular) y su gobierno, se lo mencione como el presidente depuesto, o la dictadura del presidente depuesto, o el dictador ajusticiado; pretendiendo que tampoco ha existido su nombre y mucho menos su gesta y su gobierno.

 

¿O tal vez, se justifique el ataque a la Casa de la Moneda con medio ejército y aeronáutica bombardeando y ametrallando, como lo justo y necesario para derrocar a un presidente en la cuasi soledad de su despacho?

 

No ha sido una dictadura genocida Augusto Pinochet (1973-1990) quien ha superó las 40.000 personas (cifra en la que se incluyen 3.225 muertos o desaparecidos), según informe oficial elaborado por la Comisión Valech que investigó los abusos a los derechos humanos en Chile en las décadas de 1970 y 1980, y que revela que existen casi 10.000 víctimas más de lo que se había registrado inicialmente.

 

María Luisa Sepúlveda –directora de esa Comisión- ha declarado que se han identificado otras 9.800 personas víctimas de torturas y persecución política y 30 nuevos casos de desaparecidos y ejecutados.

 

De esta manera, el número total de víctimas oficiales entre ejecutados, desaparecidos y torturados durante los 17 años de la dictadura pinochetista quedó establecido en 40.280.

 

Se trata del tercer documento de este tipo publicado por el gobierno chileno en los 20 años transcurridos desde el final de la dictadura.

 

Para elaborar el informe fueron recabados los testimonios de más de 32.000 personas.

 

 Sin embargo, la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos ha criticado los resultados de esta labor afirmando que el número de víctimas puede superar los 100.000.

 

Todo esto, a partir de ahora no ha sido realizado por la Dictadura genocida de un dictador genocida y sus secuaces, porque en Chile desde hoy y en los libros de texto, por decisión del señor presidente, no existió la dictadura.

 

Claro, quizás dentro de poco más de cincuenta años, si se continúa cambiando la historia, Pinochet resulte ser un mártir de su país, como sucede en los textos argentinos cuando se nombra a Pedro Eugenio Aramburu, no se lee junto a su nombre las palabras Dictador genocida y podemos llegar a encontrar incluso hoy en nuestra patria quienes sostienen, al igual que el Presidente Chileno que ese régimen no fue una dictadura, que fue un “régimen militar” y llegan a decir con total descaro:

 

“…Rendimos  homenaje, a la memoria de Pedro Eugenio Aramburu, patrono de un sitial  de  esta  Academia, en el centenario de su nacimiento … Quiera  Dios que  el ejemplo de su vida y de  su muerte nos   infunda   fortaleza y  nos   impulse  a  luchar   con tesón,  sin  declinar   riesgos  y   esfuerzos ,  por la reconciliación y  la  concordia  entre los   argentinos …”[4]

 

Hemos vivido este triste proceso donde se ha manejado la historia en los textos escolares, los argentinos lo hemos padecido y estamos sacudiendo el polvo dejando aflorar la única historia valedera, que es la historia del pueblo, de sus prohombres, de sus héroes y mártires, revisionismo no significa atacar intelectualmente lo escrito, todo lo contrario, es integrar la parte jamás contada y formar una historia única, inclusiva, que no deje fuera a nadie y mucho menos que cambie el papel que, en esa historia, a cada uno le correspondió.

 

En este proceso esta la América toda, esta gran patria ignorada, ninguneada, levantando la cabeza no puede permitir si levantar la voz que nadie, ni un presidente de cualquier país, pretenda ahora decirnos que en Chile no existió dictadura, que existió un régimen militar, poque será el paso inmediato anterior a negar las atrocidades, justificar la “teoría de los dos demonios”, ignorar la intelectualidad política de los genocidas.

 

Sabe usted señor Presidente de Chile porque escribo esto, se lo voy a contar transcribiendo unas palabras que un compatriota suyo escribió hace un tiempo asi –quizas- lo comprende mejor:

 

 “…Como el vino nos fue saboreando a tal punto que nos llevo todos los sueños, nos bebió la sangre y nos dejó hiel amarga y lágrimas penitentes. El humo nos fue fumando el corazón hasta cambiarlo por una copa rota de cenizas.

 

¿Cuántas generaciones rompieron?

¿Cuántas generaciones convertidas en degeneración degradada de valores simples, tiernos y buenos?

¿Cuántos muertos hay detrás de cada verso, de cada palabra?

¿Cuánta sangre va cayendo por entremedio de los renglones de estas líneas adosadas a la espalda del tiempo?

¿Cuánta piel de fantasma prestada para escribir estas líneas infinitas?

 

Y si no empuño mejor las palabras, y si no me salen bien las oraciones es que se me atragantan las penas y mitad ignorante y mitad mediocre no puedo contarte más, no tengo ni la educación, ni el talento, y además tampoco puedo describir más sacrificios, porque fui uno más de los que trataron de sobrevivir y nos tratamos de aferrar a cualquier tabla con tal de no hundirnos y aquí mediocre de expresiones, tosco de modales, el cemento, la tierra, el agua y el aserrín y el barro se van juntando y van goteando recuerdos que duelen y me hago el valiente y no lloro como no lloraron nunca las mujeres.

 

Y no seré yo el que escriba el último verso, no seré yo el único que te escriba esta carta, sé que hay de esos que también escriben y se esconden de los más educados. Y cojos de corazón, tuertos de felicidad, pálidos de banderas partidarias, leprosos del sistema, inválidos de educación bonita y elegante, siguen, a pesar de todo, anhelantes.

 

Creerás tal vez que muchas cosas las invento, que no son ciertas, que miento. Te pido que les preguntes a los más viejos cuanto hay de verdad detrás de este relato atrasado de tiempo. También te pido que observes a tu alrededor si algo de lo que te he contado aún vive y se repite sobre seres indefensos. De ser así, te pido disculpas, no pudimos hacerlo mejor, más de la mitad es nuestra culpa. Ocupados estábamos llorando los hombres, ocupadas estaban las mujeres poniendo el hombro para atender hijos y maridos.

 

No dejes que te pase lo que ha nosotros nos pasó, levántate, despierta, sueña y lucha por un mundo mejor. No le hagas caso a nadie más que a tu corazón. No quiero que pasen los años y que seas tú la que escriba una carta confesión de derrotas y miserias olvidadas.”[5]

 

Finalizando, quiero recordarle la declaración de Hortensia Bussi de Allende a su arribo a Chile luego del exilio: “No traigo rencor ni ánimo de venganza. Quiero un Chile donde haya justicia y democracia y donde los derechos del hombre sean plenamente respetados. Nuestra mensaje no es el miedo sino la esperanza; no es el odio, sino la alegría; no es el pasado, sino el futuro que construiremos todos juntos.”

 

No presidente Piñera, no haga como el avestruz, porque si usted pretende esconder la cabeza de la dictadura para fingir que no existió en realidad lo que está haciendo, como dije al principio es mostrar el culo y eso, señor presidente, no le queda nada bien.

 

DB/

 

 

·        Hijo de uno de los asesinados en los basurales de Jose León Suarez en junio de 1956 Presidente del IMEPU – Instituto por la Memoria del Pueblo.  Miembro de Número del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericana Manuel Dorrego

 

NOTAS

[1] La Dictadura Militar – Concepto de Dictadura: Se llama dictadura a la forma de gobierno ejercida por una sola persona que utiliza su poder arbitrariamente y sin estar especialmente limitado por la ley. Así, un dictador toma decisiones dejando de lado las posibilidades de consenso con la gente gobernada, aspecto que está en las antípodas de una autoridad democrática, que es elegida por sus gobernados. – ¿Qué es una dictadura?: Gobierno que se ejerce fuera de las leyes constitutivas de un país.(Diccionario Ideológico de la lengua española, Julio Casares de la Real Academia Española, Editorial Gustavo Gili S.A.- Barcelona, 1985). .Régimen político en que gobierna un dictador. (Diccionario Ideológico de la lengua española, Julio Casares de la Real Academia Española, Editorial Gustavo Gili S.A.- Barcelona, 1985).(soc.) Método autocrático de gobierno, según el cual una persona, o un grupo de personas, asume provisionalmente el poder político de modo absoluto e irrestricto, con el objeto de responder a una necesidad excepcional de fortalecimiento del Estado. II. Forma de gobierno por la cual una o varias personas asumen, sin limitación y de modo absoluto las funciones integras de la soberanía, concentrando en sí el ejercicio del poder público. Esta forma política, aparte de sus vicisitudes históricas, especialmente en Roma, constituye en la actualidad un sistema despótico por el cual la arbitrariedad se erige en norma jurídica, sin intervención de la voluntad de los ciudadanos, ni el contrapeso de la responsabilidad. Existieron en el siglo pasado en países de Asia, África y América Latina, dictaduras…

 

[2] Segùn la Real Academia Española – Culo: (Del lat. culus).

1. m. Conjunto de las dos nalgas.

2. m. En algunos animales, zona carnosa que rodea el ano.

3. m. ano.

4. m. Extremidad inferior o posterior de algunas cosas. Culo del pepino, del vaso

5. m. En el juego de la taba, parte más plana, opuesta a la carne.

6. m. coloq. Escasa porción de líquido que queda en el fondo de un vaso.

 

[3] Regimen Militar: Pronunciamiento Militar: Es una manifestación de las Fuerzas Armadas ante el gobierno, generalmente a través de la amenaza del uso de la fuerza (lo que no significa que la usen) y que no termina con el régimen constitucional, ya que los militares no pasan a ocupar las funciones de gobierno, puesto que sólo buscan manifestar su descontento ante alguna situación en concreta pero no hacerse con el poder. Frecuentemente es la conceptualización utilizada por los grupos de derecha leales al régimen militar o partidarios de este para referirse a los hechos del 11 de Septiembre de 1973, en Chile. Según la   Real Academia Española: Alzamiento militar contra el Gobierno, promovido por un jefe del Ejército u otro caudillo.

 

[4] EVOCACIÓN DE PEDRO EUGENIO ARAMBURU – Comunicación del  académico Alberto Rodríguez  Varela, en sesión privada de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas , el  13 de   julio de 2005

 

[5] Recuerdos de Dictadura – Carta Póstuma (Fragmento) – Andrés Bianque, Abril, 2007

 

……………………

INSTITUTO NACIONAL DE DD.HH: “EL NOMBRE DEL RÉGIMEN DE PINOCHET ES DICTADURA”

                                                                                                                                    Por Diario Digital

 

Fuerte y claro lo señaló el Instituto Nacional de Derechos Humanos, en voz de su Directora Lorena Fries, ante la decisión del Mineduc y del Consejo Nacional de Educación de cambiar en las bases curriculares del subsector Historia y Geografía, el nombre de la etapa histórica de Chile correspondiente a la dictadura, por “gobierno militar”. Fries se mostró “sorprendida”, calificando de “lamentable” una decisión que contribuye a ocultar la verdad.

 

“Probablemente hay sectores en el Gobierno que les es incómodo el concepto de dictadura, pero es la verdad y se usa en todas partes del mundo donde hubo gobiernos totalitarios que violaron de manera grave y sistemática los derechos humanos”, sostuvo Lorena Fries, añadiendo “costó mucho incorporar en el vocablo un concepto que marca una realidad que vivió Chile. Esta medida no contribuye al proceso de promoción de memoria histórica, que incluye una dictadura que duró 17 años y que así debiese mostrarse”.

 

La Directora del INDH agregó “el problema aquí es que las dictaduras no se nombran así porque hayan entregado o no el poder, sino porque tienen poder total y deciden sobre incluso la vida y la muerte de las personas, no hay que minimizar, el nombre del régimen de Pinochet es dictadura”.

 

Finalmente, lo que preocupa particularmente a Lorena Fries es el modo en que estas decisiones se llevan a cabo, “me preocupa la poca publicidad de todo este proceso de la reforma de bases curriculares, ya que esta propuesta del Ministerio se aprueba en el Consejo y los ciudadanos no tienen mucho acceso para ver en qué y cómo está se cambiando la educación en materias de formación de ciudadanos y ciudadanas”, sostuvo.

 

Fuente: El Ciudadano

 

DICTADURA O RÉGIMEN MILITAR: LA DISPUTA POR LA NOMINACIÓN DEL PASADO

Por Cristina Moyano *

5 de Enero de 2012

 

Según se informó en la prensa,  las bases curriculares recientemente aprobadas por el Consejo Nacional de Educación el 9 de diciembre pasado, presentan un cambio conceptual importante en lo que refiere a la historia reciente de nuestro país: en la página 31 de las bases curriculares de historia se ha dejado de hablar de “dictadura militar” para ocuparse el término “gobierno militar”.

 

Alguien podrá decir que este cambio conceptual es nimio y que no afecta en nada a lo que “realmente ocurrió” en Chile durante 17 años.

 

Que la mayoría de los chilenos sabe que en Chile gobernaron autoritariamente los militares, que se instalaron después de un golpe de Estado dado a un gobierno democráticamente elegido, que violaron sistemáticamente los derechos humanos y que transformaron radicalmente los cimientos materiales y subjetivos de nuestra nación.

 

Algunos también podrán decir que un concepto no importa si ya somos capaces de discutir estos temas de historia reciente en público o si en la televisión se abordan  abiertamente las violaciones a los derechos humanos con series como “Los archivos del Cardenal” o la última temporada de “los 80”.

 

Como historiadora discrepo absolutamente de estas afirmaciones, porque la disputa por la nominación del pasado siempre está abierta y los cambios conceptuales no son inocentes ni ingenuos.

 

De allí, que las palabras del ministro no sólo no convenzan a los ciudadanos, sino que encubren lo que todo proceso de conceptualización implica: disputar políticamente una nueva visión del pasado, donde las atrocidades cometidas durante 17 años contra ciudadanos chilenos, queden invisibilizadas en un concepto como el de régimen/gobierno militar.

 

Detrás de ello hay una intencionalidad política e ideológica evidente y por tanto, es importante visibilizarla, más aún cuando afecta a lo que los niños de este país estudiarán como “nuestro pasado”.

 

El pasado no está cerrado, afirmaba hace muchos años atrás un viejo filósofo alemán más conocido por su seudónimo de Walter Benjamin.

 

Con ello abría una invitación no sólo a repensar la historia como “devenir”, sino que también la historia como “escritura” o trabajo con el pasado.

 

Deriva de aquello que la disputa nominativa sobre lo que ocurrió, o sobre lo que pudo ocurrir en un pasado cercano o lejano, está abierta a la discusión y al debate colectivo.

 

En enero de 1999, un grupo de historiadores liderados por Gabriel Salazar, Julio Pinto, Mario Garcés, Sergio Grez y María Angélica Illanes, arremetieron la ardua labor de disputar abiertamente la nominación y la representación del pasado reciente, en una conflictiva correspondencia con el historiador de derecha, Gonzalo Vial y su intención de “narrar” una historia del “régimen militar” vaciada de las atrocidades cometidas durante esos 17 años y bajo una perspectiva de que dicho golpe de Estado se entendía como la salvación a una institucionalidad político democrática en crisis terminal.

 

De esa labor surgió el famoso “Manifiesto de Historiadores” firmados por miles de historiadores chilenos y extranjeros.

 

Quienes nos dedicamos a esta disciplina sabemos que los conceptos son artefactos clave en la constitución de la realidad social, que su contenido tanto como campo de experiencia así como en la definición de sus horizontes de expectativas, está en la base de los procesos de producción de significados de esa realidad material a la que aspiran  referirse (nominalmente), pero también a transformar.

 

De allí que el proceso de conceptualización sea un proceso eminentemente político y la disputa por cuál o qué concepto se use, clave para definir lo ocurrido y lo que vendrá.

 

Por esto, si cambiamos el concepto de dictadura por el de régimen militar, estamos cambiando el campo de experiencia nominal y por ende también los horizontes de expectativas de los actores sociales.

 

La intencionalidad no puede ocultarse con las palabras del ministro Beyer, quien plantea que régimen/gobierno militar es un concepto más general que el de dictadura y que por ello se justifica su uso, aunque él afirme posteriormente que cree que fue “efectivamente dictatorial”.

 

Esto no es un problema de generalidad u objetividad, porque la historia no es objetiva, sino que objeto de interpretación, abierta al debate y por ende, políticamente construida.

 

Cuando recién se recuperó la democracia en Chile, este debate también estuvo instalado en el plano educacional.

 

Tomó varios años en que pudiera decirse públicamente que entre 1973 y 1990 en Chile existió una Dictadura Militar.

 

Esta nominación fue objeto de duras discusiones y su incorporación en los programas de estudios y textos escolares, permanentemente objetada por la misma derecha que hoy gobierna el país.

 

De allí, que las palabras del ministro no sólo no convenzan a los ciudadanos, sino que encubren lo que todo proceso de conceptualización implica: disputar políticamente una nueva visión del pasado, donde las atrocidades cometidas durante 17 años contra ciudadanos chilenos, queden invisibilizadas en un concepto como el de régimen/gobierno militar.

 

La derecha que hoy gobierna quiere que así se interprete el pasado y si bien esto es lícito en una democracia y está vinculado a los procesos de constitución de las hegemonías, sería importante y éticamente deseable que así lo dijeran.

 

·        Doctora en Historia con mención en Historia de Chile. Académica del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la USACh.

 

https://www.fahu.usach.cl

 

AL ROJO POLÉMICA POR LLAMAR RÉGIMEN MILITAR A LA DICTADURA

 

Gran polémica ha causado la decisión del ministerio de Educación, en tiempos de Felipe Bulnes, de cambiar la palabra dictadura de textos escolares por régimen militar en los libros de historia de 1º a 6º básico.

 

La medida ha encontrado amplio rechazo en los ámbitos político, intelectual, de defensa de los derechos humanos y en las redes sociales. La dictadura fue una dictadura, independiente del nombre con que se la designe, es lo menos que se ha dicho.

Sin duda la medida aprobada por el Consejo Nacional de Educación que cambió el concepto de "dictadura" por el de "régimen militar" para referirse al período de Augusto Pinochet, y que después fue justificada por el ministro de Educación, Harald Beyer, ha hecho crecer la molestia de ex autoridades, parlamentarios, cibernautas y fueron víctimas de este negro período de nuestra historia.

 

Harald Beyer, el ministro de Educación, justificó la decisión de su cartera de reemplazar en los textos escolares de enseñanza básica el término “dictadura” por “régimen militar”, ya que a su juicio se trata de un concepto “más general” para abordar la historia del país entre los años 1973 y 1990.

 

El secretario de Estado se refirió así a la información dada a conocer este miércoles por el medio digital El Dínamo, el cual señala que la modificación realizada por el Mineduc forma parte de la propuesta de bases curriculares de primero a sexto año básico para las áreas de Lenguaje y Comunicación, Matemática, Historia, Geografía y Ciencias Sociales y Ciencias Naturales, y de 5º y 6º básico para Inglés, las que fueron aprobadas el 9 de diciembre último por el Consejo Nacional de Educación (CNED).

 

El artículo detalla que el cambio de “dictadura” por “gobierno militar” aparece  en la página 31 de la propuesta, que propone para los ejes temáticos de Historia para sexto básico “comparar diferentes visiones sobre el quiebre de la democracia en Chile, el régimen militar y el proceso de recuperación de la democracia a fines del siglo XX, considerando los distintos actores, experiencias y puntos de vista, y el consenso actual con respecto al valor de la democracia”.

 

El rechazo fue contundente de quienes siempre han llamado dictadura a los 17 años de Pinochet, mientras que hubo matices entre parlamentarios oficialistas, rechazando aquellos que toman distancia de Pinochet y aplaudiendo la medida quienes aún lo defienden.

 

Cristián Monckeberg (RN) se planteó en contra de la medida que fue respaldada por el nuevo ministro de Educación. "Si se denominaba dictadura y ahora pasa a denominarse gobierno militar producto de que unos técnicos encerrados en una oficina así lo deciden, no va a cambiar el curso de la historia. Yo prefiero que sean los historiadores, los que escriben, los que interpretan, los que le den su denominación", indicó.

 

Añadió que una medida como esta, "lo único que va a producir es ronchas en algunos y aplausos en otros". Y así fue, al menos al interior de su partido y de la Coalición por el Cambio.

 

Alberto Cardemil, ex funcionario de Pinochet y actual diputado RN, habló de "un esfuerzo técnico y profesional del ministerio de Educación de dar una versión equilibrada de nuestra historia", apuntando que "los países tienen que ir revisando con el paso del tiempo su historia para dar una versión equilibrada".

 

El diputado más pinochetista del parlamento, Iván Moreira (UDI), dijo que "el hecho que se hable de dictadura es una forma de estigmatizar a un gobierno que entregó democráticamente el poder y eso en ninguna dictadura del mundo se ha dado, sólo en Chile, lo que ha habla muy bien del espíritu democrático de Chile".

 

El diputado comunista Hugo Gutiérrez criticó duramente la decisión del gobierno de cambiar términos como “dictadura” y “derechos humanos” de los libros de historia para escolares, indicando que surgen de la petición expresa de algunas universidades y que sólo son un intento de la derecha por reinterpretar la historia patria.

 

“Hace ya un tiempo a esta parte que está la pretensión de reescribir la historia patria, han recibido varias iniciativas los que están construyendo los curriculums de historia de Chile, peticiones de universidades tendientes a que se modifiquen las palabras “dictadura militar” que se estaban utilizando en los textos de historia, como también pretenden cambiar “derechos humanos” por derechos esenciales y quieren que se hable de gobierno militar y de atropello a los derechos esenciales y también señalan que no es adecuado hablar de “violaciones”, sino que hay que hablar de “excesos” precisó.

 

“Todas estas modificaciones que pretenden hacer a los textos me parecen que son inadecuadas, impertinentes y es cambiar la historia patria, porque hoy están todos de acuerdo con que hubo una dictadura militar que estuvo encabezada por Pinochet y esos intentos son burlar la historia, burlarse de nuestro pueblo y de lo que ellos sintieron en carne propia cuando vivieron bajo esa dictadura oprobiosa de Pinochet”, recalcó.

 

El parlamentario comunista no ocultó su molestia e indicó que “esos textos de historia van a durar lo que dure el gobierno de Piñera, ese intento de la derecha de querer cambiar la realidad y de reinterpretar la historia patria va a durar sólo lo que dure este gobierno”, insistiendo en que los hechos que marcan nuestro pasado y presente deben ser llamados por su nombre, sin segundas interpretaciones.

 

La Senadora Isabel Allende señaló que  en Chile hubo una feroz dictadura con las más graves violaciones a los Derechos Humanos:  “Me parece lamentable que el estreno del nuevo ministro de Educación Harald Beyer sea con la justificación del cambio en los textos escolares, del concepto de Dictadura por  el de régimen militar, expresó la senadora Isabel Allende, jefa de Bancada de los Senadores PS.

 

Beyer justificó el cambio de “dictadura” a “régimen militar” en los libros de historia para escolares, señalando que dicha modificación fue aprobada por el Consejo Nacional de Educación (CNED), cuya composición es “transversal” y que el objetivo era utilizar expresiones “más generales” sobre ese período.

 

“Esto es inaceptable, es ir contra el sentido común, porque todo el mundo sabe que durante 17 años lo que hubo en Chile fue una feroz dictadura con las más graves violaciones a los Derechos Humanos, donde no hubo parlamento, donde no hubo libertad, donde hubo persecución, asesinatos, desaparecidos y muchas violaciones a los DDHH”, precisó.

 

Enfatizó que “es lamentable que se intente cambiar una realidad que es reconocer que hubo una Dictadura durante 17 años para que como país no repitamos los mismos errores y proyectar a las generaciones futuras que por muy grave que sea una crisis política, nunca hay que romper la institucionalidad democrática”.

 

“Lo que está haciendo el ministro de Educación es un error,  aquí hubo una Dictadura y hay que entenderlo así con todas sus letras y no tratar de disfrazarla con un `régimen militar`, al igual como cuando se hablaba de excesos al referirse a las graves violaciones de los DDHH o  como cuando se decía pronunciamiento en vez de Golpe Militar de 1973. Yo no quiero volver a esa época, quiero que las cosas se digan como son”, puntualizó.

 

Osvaldo Andrade desde la Concertación, el timonel PS "esto es dictadura, le pongan el nombre que le pongan. Algunos quieren maquillar la historia, ponerle nombres que no corresponden. Es dictadura, le duela a quien le duela, así es la historia".

 

Eduardo Frei ex Presidente y senador DC, recalcó que "las dictaduras son dictaduras y no tienen apellido. La dictadura en Chile fue una dictadura dura, fuerte.

 

En pocos días más vamos a conmemorar los 30 años del Presidente Frei, que fue asesinado.

 

Eso fue una dictadura, podrán tratar de cambiarlo, pero no solamente en el imaginario colectivo, sino que en la realidad de Chile y en la realidad internacional Chile vivió una oprobiosa dictadura y nadie va a cambiarlo con un texto o una declaración".

 

María Antonieta Saa (PPD) dijo que, como miembro de la comisión de Educación, va a pedir explicaciones al gobierno y exigir que se revierta la medida. "Es una falta a la ética", indicó, apuntando que se quieren "transmitir mentiras, historias distorsionadas.

 

Patricio Labra, secretario ejecutivo de Serpaj-Chile, criticó la medida del gobierno: "Es un verdadero acto de menoscabo e injusticia ocultar la realidad y la verdad histórica a las generaciones que hoy se están formando en nuestro país".

 

Para Patricio Labra, secretario ejecutivo del Servicio Paz y Justicia, Serpaj-Chile, resulta inexplicable el cambio implementado por el Ministerio de Educación a los libros escolares, donde se reemplazará la palabra "dictadura" por la de "régimen militar", pues aseguró que "el pan es pan y el vino es vino, y en Chile hubo una dictadura y aquellos que no quieran verla seguramente quieren crear un manto de olvido a la memoria histórica de nuestro país.

 

En Chile hubo 17 años en que se prohibió la libertad de prensa, estuvo cerrado el Congreso Nacional, en donde se mantuvieron campos de concentración, aparatos represivos que dependieron directamente de la dictadura como la DINA y la CNI, por eso quien no quiera considerar eso como una dictadura probablemente este muy vinculado con los que hoy siguen manteniendo o quieren mantener de manera indefinida el sistema binominal". .

 

Según el secretario ejecutivo de Serpaj-Chile "ha existido un reconocimiento no sólo nacional, sino también internacional de que en Chile se instaló una dictadura, se levantó un gobierno anti-democrático y por lo tanto, nos parece un verdadero acto de menoscabo e injusticia ocultar la realidad y la verdad histórica a las generaciones que hoy se están formando en nuestro país".

 

Polémica en redes sociales

 

Y es que así al menos se ha demostrado en las redes sociales, manteniéndose como uno de los temas más comentados en Twitter y Facebook.

 

Entre las opiniones está el senador Jaime Quintana quien escribió en su cuenta Twitter: "Ley 20.370 obliga a nombrar el Consejo Nacional de Educ responsable d cambios curriculares. Eliminar palabra dictadura no tiene legitimidad"

 

Quienes también se sumaron fueron:

 

Diputado Gabriel Silber: "Próximo martes comparece nuevo Ministro de Educación! Exigiremos explicaciones x inexcusable cambio curricular!".

 

Antonio Leal Labrin: "Beyer quiere blanquear la historia d la dictadura y d la derecha civil .No se puede permitir. Parlamento y Tribunales deben impedirlo".

 

Diputado Hugo Gutiérrez: "El gob piñera le quiere enmendar la página a pinochet. En los libros de historia ya no se hablara de dictadura militar sino de gobierno militar"

 

A ellos se suman:

Inti Illimani: y vuelta a los eufemismos perversos de la derecha…. ¡¡¡FUE DICTADURA!!! Y PUNTO. Al pan, pan y al po… vino, vino. PUNTO.

 

Marco Antonio de la Parra: coincidamos q hay gente q lo pasó bomba en esos años. y están en el poder. no se enteraron siquiera que había una dictadura de tomo y lomo.

 

Freddy Stock: Bueno, en Chile los niños hasta 6to básico pueden creer en el Viejito Pascuero y que el gobierno de Pinochet fue sólo un "régimen" militar..

 

Luis Mariano Rendón: ¿Y si le llamamos "Régimen Militar Terrorista"? ¿Podríamos alcanza un gran consenso nacional?

 

Mario Waissbluth: Sobre uso de termino "dictadura" el lema Mineduc parece ser "para que evitar fricciones si siempre hay alguna sabrosa disponible" :-p

 

 

TODOS SUPIMOS SIEMPRE TODO

 

Por Roberto Garretòn Merino (*)  

 

En la defensa por los derechos humanos que desarrolló la Vicaría de la Solidaridad durante la dictadura cívico militar de Pinochet tuvimos siempre dos frentes esencialmente unidos: la violencia más brutal y sanguinaria de toda la historia de Chile, y la mentira inherente.

 

Lo que más indignaba al dictador y sus secuaces era que la Vicaría desenmascarara todas y cada una de sus mentiras.

 

No hay detenidos desaparecidos; son mentiras del comunismo internacional; no hay presos políticos; nadie ha sido torturado; murió al fugarse; murió en un enfrentamiento; atravesaron la cordillera a pié; los mató el Partido Comunista; se suicidó (incluso una familia completa asesinada fue presentada como suicido colectivo).

Se montaron espeluznantes operaciones mediáticas para justificar los crímenes, como la de los 119 opositores asesinados en Chile que se dieron por muertos por sus amigos en el extranjeros, para lo que fundaron diarios tanto en Argentina como en Brasil.

 

En este esfuerzo participaron todos los estamentos del Estado y los que el Estado autorizaba: cuatro ramas de las Fuerzas Armadas, la diplomacia, el Poder Judicial, la Contraloría, todos los servicios públicos, la diplomacia (el embajador Sergio Diez es el ejemplo emblemático del recurso a la mentira), las organizaciones juveniles de fachada, los sindicatos alineados, las comisiones legislativas que redactaban las leyes que pedía el dictador, el gran empresariado que se liberaba de los sindicatos descabezados.

 

La mentira no se detenía ni frente al ridículo: en Chile hubo una guerra que nadie vio, sin que se pudieran siquiera de acuerdo en cuándo comenzó: algunos Consejos de Guerra dicen que en 1969, otros que 1970, varios en marzo de 1973, y algunos el 11, 12 o 22 de septiembre 1973.

 

Nada de esto se inicia con el cuartelazo: estaba todo organizado desde hacía muchos años.

 

Piénsese en el montaje tramado en la Universidad Católica sobre un supuesto fraude electoral que había ocurrido en las parlamentarias de marzo de 1973, en que Jaime del Valle, Hernán Larraín, Gustavo Cuevas y algunos otros golpistas sostuvieron que hubo fraude, porque los resultados no cuadraban con sus cálculos … y lo evaluaron en 600.000 votos.

 

Las operaciones para deshacerse del general Prats fueron también montadas por civiles, y, como no, de la Universidad Católica.

 

El plan del Golpe incluía masacres desde antes del 11: los detenidos en La Moneda fueron llevados a Peldehue, donde días antes habían comenzado a hacerse las fosas para el gran día. De los asesinados, que estuvieron años como desaparecidos, se dijo que nunca habían sido detenidos.

 

La Caravana de la Muerte no existió. Tampoco fueron detenidos los campesinos de Isla de Maipú, pero cuando en Lonquén fueron encontrados sus restos, el entonces ministro del Interior Sergio Fernández cambió de mentira: murieron en enfrentamientos.

 

Cuatro Alamos, Villa Grimaldi, el cuartel Silva Palma y cientos de otros, no existieron para las autoridades de facto. Desde luego, toda la prensa autorizada, los canales de televisión y la mayoría de las radios sostenían el discurso de las mentiras.

 

Todas esas mentiras fueron develadas en un primer momento por la Vicaría, y luego por las comisiones Rettig y Valech, y desde el histórico 16 de octubre de 1998, también por nuevas generaciones de jueces.

 

Ya con todo develado, hubo que cambiar de mentiras. Y apareció la del yo no supe. Nadie supo nada, pero todos participaron en los crímenes, por acción u omisión: desde luego los directores, editores y periodistas de televisión, de los diarios del Bando 15 (El Mercurio y La Tercera); los jueces a quienes tapábamos con un promedio de 300 escritos diarios sólo en Santiago; el Contralor; Sergio Diez, obligado profesionalmente a leer todos los informes sobre las atrocidades de la dictadura; los ministros militares pero sobretodo civiles que disponían detenciones en centros de torturas y otros que firmaban decretos arrebatando la nacionalidad chilena a opositores en el extranjero, los que requerían la firma de todos los secretarios de Estado; los ministros de Hacienda que entregaban fondos de todos los chilenos a los criminales de la DINA y demás cuerpos represivos; los que desfilaban en Chacarillas; el rector de la Universidad Católica y su jefe de gabinete, que entregaron ilegalmente al profesor Ávalos Davidson a funcionarios no identificados de la DINA, tampoco supieron nada, ni siquiera que lo entregaron.

 

Hubo también otra colaboración igualmente siniestra: la de los que optaron por no hablar para alegar no saber, y que están magistralmente representados en “Los archivos del cardenal”: aquellos que, sabiendo, aparentaban ignorancia.

 

Si alguien hablaba de algún crimen, pedían “no hablemos de política” (madre del abogado Sarmiento); su esposo agrega “cuidado que soy asesor”, y su hijo “nos pones en peligro”.

 

Así ninguno sabía nada y todos tenían la conciencia tranquila. Terrible, porque se creen el cuento de la conciencia tranquila.

 

Estos últimos fueron indispensables para el régimen: con su silencio transmitían la sensación de que no pasaba nada y que todo eran mentiras de los comunistas.

 

El senador Carlos Larraín pertenece a estos, que sabiéndolo todo, jugaron y juegan a no saber nada. Y tiene la conciencia tranquila. Por eso la serie y la verdad lo intranquilizan, y de allí sus reacciones destempladas contra el programa de TVN.

 

Seamos claros.

 

Uno: todos supimos siempre todo.

 

Dos: todos tomamos nuestras opciones políticas, pero por sobre todo morales, sabiéndolo todo.

 

La barrera moral entre unos y otros es insuperable e indestructible.

 

Nadie puede pretender que militares y civiles, ministros, subsecretarios, jueces, diplomáticos, religiosos, propietarios, directores de medios autorizados y periodistas de esos medios, y los empresarios que hicieron sus fortunas gracias al régimen dictatorial, no sabían nada.

 

La serie ”Los archivos del cardenal” no descubre nada, pero desenmascara todo. Y eso el fascismo no lo perdona.

·        (*) Abogado de la Vicaría de la Solidaridad entre 1976 y 1990.

 

Fuente: Los Casos de los Archivos del Cardenal