UN INFORME SOBRE LA COLOMBIA DE HOY

Anthony Boynton

La economía colombiana sube a la velocidad de un globo de aire caliente…a punto de estallar.

¿Colombia en alza? (Ayuda a entender la política de Santos).

UN INFORME SOBRE LA COLOMBIA DE HOY

 

Por Anthony Boynton

Reconquista Popular

26 Diciembre 2011

 

Bogotá, Colombia – Quizás no sea la madre de todas las burbujas.

 

Pero es enorme.

 

La economía colombiana sube a la velocidad de un globo de aire caliente…a punto de estallar.

 

Un aluvión de inversiones (en gran medida extranjeras), bajo la guía del Banco Mundial y sus aliados dentro del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, aprovecha el despojo de millones de campesinos colombianos después de décadas de violencia, combinadas con inundaciones desastrosas producidas por el calentamiento global.

 

Y hace crecer a tasas récord la minería, el petróleo, la agricultura industrial y la construcción.

 

Las ciudades colombianas registran tasas de crecimiento comparables

con las más altas del mundo.

 

Ya hay más de 25 ciudades con más de 200 000 habitantes, al menos cinco superan el millón, tres los dos millones, y la capital, Bogotá, está a punto de romper la barrera de los ocho millones de habitantes.

 

El crecimiento de estas ciudades no se debe solo a una alta tasa de nacimientos sino también al desplazamiento de millones de personas que

vienen del campo.

 

Desde 1985, la violencia paramilitar y el conflicto militar desplazaron más de seis millones de personas.

 

Solo en el último año, las inundaciones provocadas por una seguidilla de Niñas desplazaron tres millones más.

 

Las Niñas causaron dos records de lluvias en un solo año.

 

La fiebre de la especulación inmobiliaria triplicó los precios de la vivienda urbana. En Bogotá, se demuelen viejas barriadas para dejar lugar a grupos de edificios de departamentos de seis pisos, mientras que el anillo periurbano de campos de pastoreo bovino da sitio a enormes parques industriales e hipermercados.

 

En la última década brotaron más de cien “shoppings”, y en este momento se están construyendo 167 más.

 

Este salvaje atracón de inversiones se debe a muchos factores.

 

Desplazamientos:

 

El principal (y que es raro ver comentado) es la creación de una vasta y nueva clase trabajadora en las ciudades a partir del desplazamiento de millones de personas. Combinado con el terror estatal y paramilitar contra los sindicatos, deprime los salarios, los beneficios laborales y las condiciones de trabajo.

 

Dos tercios de los trabajadores colombianos se desempeñan en lo que eufemísticamente se denomina “sector informal”, donde reciben salarios inferiores aún al salario mínimo y los beneficios mínimos legales.

 

El salario mínimo mensual es, por ley, de unos 630 000 pesos (566 700 más un subsidio de transporte de 67 800), o sea unos 250 euros (327 dólares).

 

En segundo lugar, se secaron las oportunidades de invertir con ganancia en Europa occidental y América del Norte. Esto significa que los capitalistas de Colombia dejaron de especular en inmuebles en Miami: antes bien, prefieren buscar salida a su dinero más cerca de su propia casa.

 

También significa que el capital europeo, canadiense y estadounidense mira hacia países del Tercer Mundo, como Colombia, para obtener nuevas ganancias.

 

En tercer lugar, durante los últimos diez años la demanda mundial de carbón, petróleo y metales se lanzó en cohete a la Luna. En parte, esto se debe al “milagro económico” chino, pero también al sostén de precios artificialmente altos de la energía, a consecuencia de las guerras y amenazas de guerra en el Medio Oriente. Una pequeña proporción viene también de capitales privados que abandonan Venezuela y entran a la casa de al lado.

 

En cuarto lugar: los inversores (locales o externos) sienten que tanto

las FARC como el ELN han sido derrotados, y ya no temen verse

obligados a poner plata para cubrir la “extorsión” o el “secuestro” de

sus ejecutivos o trabajadores.

 

Quinto: uno tras otro, los gobiernos colombianos privatizaron la economía y levantaron todas las normativas regulatorias.

 

Desaparecieron las tasas de importación para el equipamiento minero, las empresas estatales pasaron a manos de inversores extranjeros o se convirtieron en emprendimientos público-privados que cotizan en bolsa, y Colombia firmó “Tratados de Libre Comercio” con EEUU, la Unión Europea y varios países por separado.

 

Seis: el gobierno de Santos restableció las buenas relaciones con Venezuela y Ecuador, que su predecesor Álvaro Uribe había llevado a punto de congelamiento.

 

Para los industriales colombianos, fue un regreso a los buenos tiempos, porque –especialmente en el caso de la industria textil y de las alimenticias- los países próximos siempre habían sido sus principales mercados de exportación.

 

NOTA DE LA NAC&POP: La tercera sección se refiere a las tensiones  que el autor percibe en esta vasta transformación. Tiene menos interés para nuestros fines, pero puede consultarse en inglés en la fuente original. En realidad, su utilidad es cuestionada aún por el autor de la nota, que en el fondo no hace sino un pronóstico general de "final abierto", quizás porque escribe para un semanario socialista australiano: "Nadie sabe qué pasará en 2012. Pero aunque la economía mundial es un factor de gran importancia, los nuevos movimientos sociales que están naciendo en Colombia son otro."  NESTOR GOROJOVSKY/ R-P / NAC&POP nmgoro@gmail.com

 

Original, completo, en inglés: https://links.org.au/node/2673