ECOS DE LA HECATOMBE

Marcelo Bellotta

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A 10 años de los tristes sucesos de 2001 aún resonaban los ecos de sus víctimas, quienes se convirtieron a la fuerza en personajes públicos.

ECOS DE LA HECATOMBE

           

Por Marcelo Bellotta  

A diez años de los tristes sucesos de 2001 aún resonaban los ecos de sus víctimas, quienes repentinamente abandonaron  su habitual anonimato para convertirse a la fuerza en personajes públicos.

Tal es el caso del  comerciante chino Wang Zhao He, que el 19 de diciembre de 2001 lloraba desconsoladamente frente a las cámaras de televisión mientras una horda de saqueadores vaciaba su supermercado.

Juan, como le decían cariñosamente los vecinos de Ciudadela, tuvo que regresar a su tierra de origen sin pena ni gloria: “El saqueo lo desestabilizó para siempre, nunca terminó de aprender el idioma, en fin, trabajó dos años más en otros supermercados pero al final decidió irse”, cuenta Ester, una de las testigos de ese cruel episodio.

Otro de los casos recordados de aquellas trágicas jornadas, es el de Martín Galli, uno de los sobrevivientes de la brutal represión policial que se cobró ocho vidas (entre las más de treinta que fallecieron durante esos nefastos días).

El 20 de diciembre de 2001, Martín, con sus jóvenes 26 años, recibió un tiro en la cabeza.

El impacto le provocó una inflamación cerebral que paralizó su pierna derecha, quedando postrado en una silla de ruedas durante varias semanas.

Pero  milagrosamente conservó la vida aunque con serias secuelas: una epilepsia, cuyo tratamiento consta de once pastillas diarias.

El cacerolazo también fue otro hito en esa época de crisis, donde la gente se volcó a la calle para protestar al son de “que se vayan todos”.

En ese entonces, la Asamblea Popular de Almagro que nucleaba cerca de 400 vecinos fue protagonista central de esta particular forma de expresión.

Su sede funcionaba en Medrano 475, había sido testigo de una ardua labor social que incluía la alimentación de cartoneros, la lectura comunitaria, la enseñanza gratuita de música y la organización de festivales solidarios entre otras actividades. Hasta que hace algunos años, el lugar fue clausurado por el Gobierno porteño y finalmente desalojado.

En la actualidad, solo queda el terreno donde proyectan construir un lujoso edificio. 

Recordemos que el detonante de tamaña debacle fue el nefasto corralito instaurado por Domingo Cavallo, quien en estos días se lavó las manos como Pilato al decir que este método restrictivo  “fue utilizado por la oposición para hacerse del poder e imponer realmente lo que ellos tenían en mente”.

Sin embargo, quien recuerda bien lo que sufrió en carne propia a causa de esta medida económica es María Silvia Dickson, una ahorrista que había depositado una importante suma de dinero que reunió con sumo esfuerzo durante una década con la expectativa de hacer una buena inversión para asegurar su futuro.

Sin embargo, luego de la drástica medida anunciada por Cavallo solo pudo recuperar el 20% de sus depósitos.

De los 100 mil dólares que había depositado sólo le permitieron retirar 20 mil y en forma pesificada (28 mil pesos). “Pedí un amparo y salieron dos sentencias favorables pero no me pagaron”, recuerda Silvia.

Que todavía aguarda que el banco que adquirió los activos de aquella entidad bancaria que retuvo su dinero en 2001 le devuelva lo que es suyo.

Tras el estallido de 2001, muchos fueron los que abandonaron el país.

Así lo hizo María Cincotta al radicarse en España junto a su familia.

Su marido estaba desempleado y tenían un crédito que se les costaba pagar.

“Nosotros no nos fuimos. Fue la crisis que nos expulsó”, señala esta mujer.

Y agrega: “No nos quedó otra. O nos íbamos, o lo perdíamos todo”.

Luego de varios años de destierro en Europa, María y su prole pudieron regresar a la Argentina para recuperar sus afectos y el tiempo perdido.

 

·        Periodista