En el fuero íntimo de la Casa Blanca y Downing Street, la Argentina debe figurar sin dudas al tope de los enemigos del terrorismo financiero y especulador multinacional.

ROSAS, CRISTINA Y LAS MALVINAS

Por Federico Bernal

Semanas después del 20 noviembre del 2010, los buques de guerra británicos en Malvinas atentaban contra la soberanía argentina y la de la Unasur. El año del Bicentenario cerraba así con un claro mensaje por parte de la “burda potencia colonial”

ROSAS, CRISTINA Y LAS MALVINAS

 Por Federico Bernal.

Miradas al Sur

20/11/11

 Vuelta de Obligado

 Semanas después del 20 noviembre del año pasado, los buques de guerra británicos en Malvinas atentaban contra la soberanía argentina y la de la Unasur a cañonazo limpio.

 El año del Bicentenario cerraba así con un claro mensaje por parte de la “burda potencia colonial”: esta Argentina pujante y soberana debe saber que emanciparse tiene su precio, que la fuerza de ocupación está a la vuelta de la esquina y que estará dispuesta a actuar toda vez que las exigencias económicas, financieras y comerciales del centro civilizado no surtan efecto.

 En este 2011 y días antes de un nuevo 20 de noviembre, la Pérfida Albión puso en práctica su segunda gran provocación de neto corte belicista: el Foreign Office anunció públicamente que el príncipe William sería trasladado a las Malvinas en febrero de 2012, donde habría de permanecer al menos seis semanas.

 Es decir, el duque de Cambridge, teniente de la Royal Air Force (RAF), estará en las islas el próximo 2 de abril, coincidiendo con el 30º aniversario del conflicto armado.

La escalada provocadora es más que ostensible y preocupante.

¿A qué le teme el Reino Unido?

Mejor dicho, ¿a qué le teme el frente franco-anglo-sajón?

 En el plano internacional, la debacle universal de la globalización conservadora brinda parte de la explicación.

 En el plano regional, los pone en alerta roja la consolidación de la Unasur y la partición del eje del Pacífico pro-conservador (Colombia-Perú-Chile), con un Chile cercado y una Colombia progresivamente suramericanizada.

 ¿Y en el ámbito local?

 La Argentina kirchnerista, la cuestión Malvinas y el petróleo. 

En este sentido, recordar la gesta de Vuelta de Obligado resulta vital para la defensa y consolidación del modelo vigente.

 La flota anglo-francesa que nos invadió en 1845 (como la inglesa en 1806/7 y 1833), volvió con la Otan en 1982 y hoy mantiene ocupada parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

 En el portal oficial de la RAF se describen las operaciones en Libia, Afganistán, Irak y Medio Oriente. Pegadito a esta última región, siguen los Balcanes y más abajo nuestras islas. 

¿Y en el portal de la Royal Marine? 

A no sorprenderse si las Malvinas están aún más cerquita al Golfo y a Afganistán.

¿Quién asegura no inventarán algo o no harán lo imposible para volver a ponernos de rodillas?

 La invasión anglo-francesa de 1845, y con ella el épico combate de Vuelta de Obligado, fueron el resultado de la política económica soberana aplicada por Rosas a partir de 1835.

 En efecto, la Ley de Aduanas del mismo año (y las modificaciones de 1837) produjeron una reanimación de la industria artesanal argentina atrofiada desde la derrota del Plan de Operaciones de Moreno y Belgrano. 

La Ley de Aduanas prohibió la importación de diversos productos domésticos a la vez que transfirió a manos del gobierno el control de la navegación de los ríos.

 Estaba claro que tales beneficios para las Provincias Unidas no serían tolerados por los talleres industriales de la época, Inglaterra y Francia. 

Además, Rosas constituía una amenaza a la “colonia francesa” de la Banda Oriental –como entonces expresó el ministro francés Thiers, artífice de la intervención francesa en el Río de la Plata y represor de la Comuna de París–.

En fin, la política proteccionista del “dictador” debía terminar.

 El siguiente fragmento de Pérez Amuchástegui en su magistral obra Crónicas Argentinas es elocuente en relación con la presión de los banqueros y empresarios favorables al derrocamiento del “dictador”: “[El presidente del Consejo de Ministros] Robert Peel vióse en 1844 ante el pedido insistente de plazas como las de Liverpool y Manchester que urgían al gobierno británico para que conjuntamente con el de Francia, adoptase medidas para limitar las restricciones puestas al comercio en el Plata.

Solicitaban también se asegurara el acceso de los comerciantes británicos a los mercados del Paraguay y regiones del interior”.

 El reclamo –nos recuerda brillantemente Jorge Abelardo Ramos– fue respaldado por diez memoriales de los centros industriales de Yorkshire, Liverpool, Manchester, Leeds, Halifax y Bradford, sumados a 1500 banqueros, comerciantes e industriales de las mismas ciudades.

 En paralelo a esta petición, la gran prensa inglesa disparaba munición gruesa contra Rosas, acusándolo de despotismo, crueldad y sacrilegio. 

Dice J. Cady en su notable libro Intervención extranjera en el Río de la Plata: “El clero entero del Reino Unido convocaba a levantar por doquier voces irresistibles en apoyo a la justicia, la civilización y la cristiandad en América del Sur: ‘los gobiernos de Inglaterra y Francia no pueden permitir que semejante tirano extienda su dominio en la tierra’”.

 Una sola cosa debe tener en claro el pueblo argentino: por más sonrisas y alabanzas que Obama y el FMI –entre otros “presuntos civilizados”– gentilmente nos obsequien, la Argentina es para ellos una gran amenaza a la conservación del orden financiero y económico planetario conservador.

Nación inteligente, pacífica, corajuda y persistente; nación punta de lanza de la unificación sudamericana, de la consolidación de la Unasur; nación democrática, popular y soberana, la Argentina contemporánea extermina además el mito instaurado en 2009 por ex economistas del FMI de que de una crisis financiera sólo se sale por medio de una recuperación lenta y dolorosa (para los intereses populares).

Es más, a este paso, llegará pronto el día en que los indignados del mundo lleven en sus protestas nuestra insignia nacional.

Por eso el rechazo –por ahora sutil y soterrado– que la Argentina provoca al corazón del neoliberalismo global.

 Y es que a la Argentina que despunta no se le perdona la profundización de una política económica soberana, ni el notable desendeudamiento con expulsión del FMI incluido; no se le perdona la defunción del Alca, ni su progresivo rol internacional, ni el haberse encontrado con la mejor tradición diplomática y política en relación con Malvinas.

 Mucho menos se le perdona la batalla cultural-comunicacional librada por la sociedad.

 Pero cuando además de todo esto, el imperialismo advierte la falta de cipayos domésticos (como aquellos unitarios que se plegaron contra Rosas, o esos cuarteles y civiles que se volcaron al genocidio social y económico al promediar el siglo pasado); cuando advierte que las grandes mayorías se alimentan y empapan de la inteligencia, el coraje, la calidad democrática y el nacionalismo popular de su presidenta (y viceversa), y cuando fundamentalmente advierte que esa presidenta va por su segundo mandato con un 54% de apoyo ciudadano, convocando a su pueblo a la unidad nacional, a profundizar la lucha por la justicia social y la defensa de las industrias domésticas, entonces la preocupación y el rechazo imperialista, como con Rosas, va mutando en odio visceral.

 En el fuero íntimo de la Casa Blanca y Downing Street, la Argentina debe figurar sin dudas al tope de los enemigos del terrorismo financiero y especulador multinacional.

 La sempiterna maquinaria de presión y asfixia financiera, económica, comercial, política y militar sigue haciendo de las suyas. 

Este 20 de noviembre, a menos de dos semanas de la segunda asunción de Cristina Fernández de Kirchner, a pocos meses del 30º aniversario de la Gesta de Malvinas, recordar Vuelta de Obligado y ligarla a este presente constituye una pieza clave en la progresiva y definitiva consolidación de una Argentina industrial, democrática, popular y soberana.

 FB/