DANIEL ORTEGA GANÓ CON AMPLITUD SU REELECCIÓN EN NICARAGUA

Emilio Marín

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Daniel Ortega ganó y se aseguró otro mandato por 5 años. Pese a la enorme diferencia que sacó a sus rivales, éstos no reconocieron el resultado. EE:UU. tampoco.

Estados Unidos no felicitó ni reconoció su triunfo

DANIEL ORTEGA GANÓ CON AMPLITUD SU REELECCIÓN EN NICARAGUA

El presidente nicaragüense ganó el domingo 6 y se aseguró otro mandato de cinco años. Pese a la enorme diferencia que sacó a sus rivales, éstos no reconocieron el resultado. Ídem hizo Estados Unidos.

 

Por Emilio Marín

 

Daniel Ortega Saavedra será presidente por tercera vez por elección democrática, marcando una gran diferencia con las dictaduras de la familia Somoza, de los Tachos y los Tachitos siempre apadrinados por EE UU. 

 

El presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt dijo de Anastasio Somoza García: “puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

 

Ahora corren otros vientos en el país centroamericano. El cambio empezó en julio de 1979, cuando los sandinistas derrotaron con una guerrilla popular al Somoza de turno.

 

Daniel Ortega fue coordinador de la Junta Sandinista de gobierno y posteriormente ganó en las urnas su primera presidencia (1885-1990).

 

Por el desgaste de una guerra de agresión de Estados Unidos y los “contras” de Reagan-Bush, que afectó tanto a la economía como a la sociedad nicaragüense, en 1990 los sandinistas fueron derrotados por la UNO (Unión Nacional de Oposición).

 

Una dama de la oligarquía, Violeta Barrios de Chamorro, se convirtió en presidenta de la mano de norteamericanos y obviamente de los núcleos conservadores locales.

 

Desde entonces pasaron varios gobiernos liberales y conservadores, con “doña Violeta”, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños.

 

En todos esos comicios Ortega fue derrotado, hasta que en los de 2006 pudo poner otra vez al tope al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

 

En esa ocasión su triunfo fue con el 38 por ciento de los votos.

 

En cambio el domingo pasado ganó con el 63 por ciento, según proclamó -tras el escrutinio oficial- Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral.

 

Algo bueno debe haber hecho el hombre en el último quinquenio para casi duplicar su cosecha.

 

El sandinista le sacó 33 puntos de ventaja al segundo, el casi octogenario empresario radial Fabio Gadea, que compitió por una de las tantas fracciones de liberales-conservadores (Partido Liberal Independiente aliado al Movimiento de Renovación Sandinista, escindido del FSLN en 1994).

 

El ex presidente Aleman llegó tercero, con el 8 por ciento de los votos, jugando a favor del ganador, al dividir el espectro opositor. Otros liberales, de la Alianza Liberal Independiente y la Alianza por la República, tuvieron pocos votos y también dispersaron a la oposición.

 

Ortega ganó por sus propios méritos en estos últimos años.

 

Pero incuestionablemente se vio favorecido por el brutal fraccionamiento de la oposición oligárquica, que se astilló y quebró en cuatro listas.

 

Casi hasta el final del proceso, cuando ya se lanzaba la campaña electoral propiamente dicha, esos pedazos sueltos del liberalismo se destrozaban entre sí y ante la justicia electoral tratando de que ésta los reconociera con exclusividad y penara a quienes disputaban ese sello.

 

Que no digan ahora que esa fue una obra del oficialismo, porque éste sumó fuerzas en la Alianza Unida, Nicaragua Triunfa.

 

Aquellos sellaron su propia derrota; paradojalmente, ahora aparecen juntos para objetar la victoria de Ortega y denunciar un supuesto “fraude”.

 

Razones del Frente

 

Ya se dijo que en 1990 Barrios de Chamorro derrotó a Ortega en base al cansancio y desmoralización que campeaban en la población, luego de siete años de guerra de desgaste de los “contras” que operaban desde Honduras con logística, financiación y entrenamiento proporcionados por la Casa Blanca.

 

En los gobiernos liberales que se sucedieron, el país estuvo mucho peor. Llegó a ocupar el triste segundo lugar en el ranking latinoamericano de los más pobres, detrás de Haití.

 

La polarización entre ricos y pobres se hizo espantosa, así como la corrupción (el ex presidente Aleman recibió una condena por ello).

 

Ya no atacaban los “contras” desde aquellos campamentos limítrofes del norte, sino el neoliberalismo desde muy adentro del poder en Managua.

 

Atacaban desde el gobierno, la Asamblea Nacional, La Prensa, Nuevo Diario, Canal 2 y otra prensa monopólica; el Consejo de la Empresa Privada (Cosep) y, especialmente, la embajada norteamericana. En ésta se creían que volvían los años en que Roosevelt había llamado así a su perrito faldero centroamericano.

 

Al ganar en 2006, Ortega dio comienzo al “Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional” (GRUN) y dijo que atendería la situación de los más humildes. Que él sería el “Presidente Pueblo”.

 

Retomando el programa brasileño impulsado por Lula, en Nicaragüa se implementó el plan “Hambre Cero”, que entregó alimentos, gallinas, cerdos, etc en la ciudad y sobre todo en zonas rurales.

 

También se prestó mucha atención a la construcción de viviendas populares, dentro del “Plan Techo”, proveyendo casas de entre 40 y 50 metros a las familias que más lo demandaban.

 

Los interesados podían aportar su trabajo de zanjeo y otras labores no especiales, para disminuir el costo de la obra.

 

El pago representa a los beneficiarios unos 30 dólares al mes, cuando un alquiler en condiciones peores y lugares más reducidos no baja de 45.

 

Esos planes de viviendas (que otros gobiernos latinoamericanos han postergado, con los resultados de tomas de viviendas, tierras y parques, con muertos y heridos) también tienen opciones de intervención entre el estado nacional, las municipalidades y organizaciones sociales.

 

Hubo un avance notorio en educación y salud, dos rubros donde los dieciséis años de neoliberalismo habían provocado graves daños.

 

Así las cosas la extrema pobreza disminuyó desde más del 47 por ciento de la población al 40, lo que da una idea de la mejoría (y su impacto electoral) pero también de la montaña que todavía falta escalar.

 

¿Cómo financió Ortega esos programas sociales? Con ayuda venezolana; según “La Nación”, Petrocaribe aportó 500 millones de dólares anuales, sobre un presupuesto nacional de Nicaragüa de 1.274 millones de esa moneda.

 

Imperio con bronca

 

Las elecciones del domingo tuvieron un resultado claro para el Consejo Supremo Electoral, que proclamó ganador a Ortega el martes 8.

 

Las misiones de observadores de la OEA y la Unión Europea reconocieron la limpieza del comicio y sólo reportaron incidentes menores en algunos lugares de votación.

 

Observadores de la Comisión Nacional de Universidades dijeron que sólo hubo disturbios en Río San Juan, el distrito 3 de Managua y casos aislados en Matagalpa.

 

El propio secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, declaró que el proceso había sido inobjetable.

 

Sin embargo el empresario Gadea y los otros tres candidatos derrotados no han reconocido el resultado y están haciendo lobby en EE UU para que la administración Obama se sume a la impugnación.

 

Ahora, después de la derrota, exhuman que Ortega no habría podido ser reelecto (lo fue por la sentencia No 504-2009 que declaró inaplicable el art. 147 de la Constitución que prohibía la reelección continua).

 

La representante republicana por La Florida, Ileana Ros-Lehtinen, furiosa enemiga de Cuba, también lo es de la Nicaragüa sandinista, se ha sumado a esa campaña de la oposición vapuleada en las urnas.

 

Si la cosa terminara allí no sería problema. Pero el mismo Departamento de Estado no se ha pronunciado sobre el escrutinio en Managua.

 

Su vocero dijo que estaban estudiando las denuncias de “graves irregularidades”, una manera de amplificar el ruido de los cuatro partidos derrotados.

 

En cambio ese Departamento no tuvo inconvenientes en saludar ese mismo domingo al ganador de los comicios en Guatemala.

 

Claro en este caso se trataba de un general retirado, de ultraderecha, con denuncias por represor en los años de la guerra sucia. Otto Pérez Molina obtuvo la bendición de los voceros de Obama, encantados con que Guatemala volviera al regazo de la derecha, tras el turno socialdemócrata de Alvaro Colom.

 

Hugo Chávez y Raúl Castro extendieron rápidamente sus plácemes a su amigo Daniel, con la idea de fortalecer el ALBA, calificado por el vencedor como “un verdadero milagro para Nicaragüa”.

 

En cambio, Washington seguía embroncada.

 

Hace dos meses que en Managua está vacante la embajada “gringa” y no se sabe si Obama retirará la propuesta de Jonathan Farrar para el cargo.

 

Tampoco les gustó que el Consejo Supremo Electoral les negara autorización para que el personal de su embajada en Managua pudiera desempeñarse como “observadores electorales”.

 

EE UU ha incumplido la promesa hecha por el director de la Oficina de Asuntos Centroamericanos del Departamento de Estado, Gonzalo Gallegos, cuando en la semana previa al comicio fue a Nicaragüa y dijo: “Elecciones libres y transparentes, lo demás es cosa de los nicaragüenses”.

 

Las hubo, fueron limpias, pero el imperio sigue buscando cómo desconocerlas.

 

No se convence de que allí no tiene más su “son of a bitch”.