“Tengo fe en los hombres que trabajan porque no he sido jamás engañado ni defraudado por los humildes. En cambio, no puedo decir lo mismo de los poderosos”.

PERON, EL ANTES Y EL DESPUÉS

Por Emiliano Vidal

Nunca hubiera habido un coronel, un general un teniente general y presidente de la Republica en tres oportunidades, habiendo sido hijo de una india y, encima, en concubinato.

EL ANTES Y EL DESPUÉS

Por Emiliano Vidal

NAC&POP

09/10/2011

Nunca hubiera habido un coronel, un general un teniente general y presidente de la Republica en tres oportunidades, habiendo sido hijo de una india y, encima, en concubinato.

En 1895, en días que se realizaba el segundo censo poblacional realizado en la historia argentina, con un débil presidente José Evaristo Uriburu, asediado por quien era el titular del Senado y además el responsable del genocidio de los pueblos originarios, Julio Argentino Roca, el 8 de octubre de ese año, según una versión de la historia o de dos años antes, según algunas investigaciones, nació en Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, Juan Domingo Perón.

Era hijo de Mario Perón, un empleado judicial trasladado a Lobos por razones de salud, y nieto de Tomás Perón, el médico de Bartolomé Mitre.

Su mama era Juana Sosa, descendiente de tehuelches, cuya casa, casi una tapera, tenía el título de propiedad a su nombre.

Hoy, conservada y protegida bajo un tinglado, es un centro de atención turística de esa ciudad. 

Casi no importa que la historia oficial mitrista y sostenida cada día por el diario La Nación,  le asigne a Lobos el lugar donde nació Perón, ubicada en la calle Buenos Aires, en una casa construida en 1925 y declarada por esa razón museo por el entonces gobernador Antonio Cafiero.

No importa incluso que quede en un segundo plano la investigación del alguna vez médico del propio Perón, Hipólito Barreiro, reflejada en su libro “Juancito Sosa, el indio que cambio la historia”, tarea ratificada por una investigación ampliada por Oscar Domínguez Soler y Alberto Gómez Farias, publicada por la Universidad de La Matanza.

 No importa, porque Perón es hijo de esa pampa húmeda que debería explotar aún más, el hecho de haber sido el ámbito y lugar donde fue concebido, nació y dio sus primeros pasos el político más importante de la historia argentina.

 Ingresado en el Colegio Militar, en 1911, con la ayuda inestimable de su abuela paterna, quien había conseguido que Mario y Juana contrajeran formal casamiento cuando ya tenían dos hijos.

  El propio médico Barreiro, asegura que ello fue así para preservar de ataques al ya encumbrado militar,  como había acontecido antes del 17 de octubre de 1945 en su dura pelea con el general Eduardo Ávalos y aún en 1953, cuando iban  in crescendo los afanes golpistas ante la contundencia de las urnas. 

Su infancia repartida entre el campo bonaerense y los rigores de la Patagonia, los cuidados de sus padres y su formación militar, fueron torneando su personalidad hasta convertirlo en la figura más fuerte que marcó el siglo veinte  en la República Argentina.

 Para analizar el pasado, para comprender los procesos del presente y para proyectar hipótesis sobre el futuro, es trascendental la figura de Juan Domingo Perón, quien fue y sigue siendo el único argentino en ser tres veces elegido presidente de la Nación mediante el voto popular.

Juan Perón, quien irrumpió en la historia hacia el final de un momento clave tanto a nivel mundial como nacional.

 Quien comprendió que es el impulso estatal el que genera una reacción en todos los sectores que componen el poder de un país y quien supo agregar a esa inversión estatal, en sus diferentes formas, inversiones públicas, de protección del mercado interno, a un sector relegado históricamente: el movimiento obrero.

 Perón, el líder popular, el estadista, quien un día dijo: “Tengo fe en los hombres que trabajan porque no he sido jamás engañado ni defraudado por los humildes.

«En cambio, no puedo decir lo mismo de los poderosos”.

 Nunca hubiera habido un coronel, un general un teniente general y presidente de la República en tres oportunidades, habiendo sido hijo de una india y, encima, en concubinato.

 Quien mire detenidamente a ese hombre de frente amplia y cabeza aplanada, amante de dichos y enseñanzas camperas, estudioso y conocedor de las ciencias médicas, sabrá encontrar los sellos de sus ancestros.  

 EV/