Mientras el General Perón fuera presidente, la lucha se encontraba en otro lugar.

EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA, SÍMBOLO DEL PERONISMO

Por Diego Guisande

El renunciamiento fue un acto de humildad, para una luchadora que entendía que sólo la organización del pueblo podía ser causa de su liberación.

EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA, SÍMBOLO DEL PERONISMO

Por Diego Guisande

TELAM

21/08/2011

Un 22 de agosto de 1951, frente a millones de personas congregadas en el Cabildo Abierto del Justicialismo, Evita rechazaba el puesto de candidata a la vicepresidencia que le ofrecían los participantes con estas palabras: “Estando el General Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidenta no es más que un honor”.

Sin embargo, ante la insistencia del público, se ve obligada a pedir unos días de reflexión, después de los cuales reafirma su postura inicial mediante su conocida frase “no renuncio a la lucha ni al trabajo, renuncio a los honores”.

A pesar de haberlo justificado de forma tan clara ella misma, muchos continúan aún hoy buscando o inventando razones para esa decisión.

Lo cierto es que esa exploración del pasado no puede realizarse sin terminar de entender al peronismo, su proyecto final, la comunidad organizada, y las prácticas políticas que llevó a cabo.

Visto desde esta perspectiva, el cargo de vicepresidenta era, en efecto, un simple honor, una institución social heredada del pasado que la organización del pueblo tarde o temprano tenía que superar, no necesariamente desde el punto de vista formal, pero sí seguramente desde su función política.

Para explicarnos podemos poner como ejemplo una lucha con la que Evita se consustanció profundamente, la igualdad de las mujeres.

No fue la primera en proponer el voto femenino en la Argentina, ni tampoco quien fuera más lejos planteando la igualdad en todos los aspectos, pero sí fue quien desde una posición de poder dijera en su primer discurso político que “la mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo.

Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados”.

Al año siguiente, pese a la oposición de la selecta Asamblea Nacional de las Mujeres, presidida por Victoria Ocampo, Evita  logra la sanción de la ley de voto femenino.

Pero la práctica peronista impedía que los derechos se otorgaran desde arriba, lo que hubiera supuesto la imposición de una visión eurocéntrica y caprichosa del lugar de la mujer en el engranaje social.

Es por eso que, luego de darle la herramienta del voto, Evita se encarga de crear el Partido Peronista Femenino.

Había comprendido que el feminismo en su versión clásica no redimía completamente a la mujer argentina humilde, sino que la terminaba sometiendo a un sistema de ideas que no le era propio, que no era reflejo de su voluntad ni resultado de su elaboración intelectual.

Evita construye entonces un instrumento de verdadera liberación, que no reclamaría una igualdad abstracta, sino que le permitiría a las mujeres tomar parte en pie de igualdad en su construcción y en todos los temas que fueran importantes para el país, dándoles también la oportunidad de definir por sí mismas qué lugar deseaban ocupar en la sociedad.

En las elecciones de 1951 son elegidas 109 mujeres para cargos públicos.

Idéntico proceso había sido la base sobre la que se organizó la CGT. Frente al anarquismo, el comunismo y el socialismo, el peronismo se encargó de construir el espacio donde los trabajadores argentinos pudieran desarrollar una ideología propia no sujeta a la cosmovisión europea sino surgida de su libre voluntad y de la experiencia política local.

Resulta así que el renunciamiento fue un simple acto de humildad, el rechazo de un honor sin demasiado valor para una luchadora que entendía que sólo la organización del pueblo podía ser causa de su liberación.

Mientras el General Perón fuera presidente, la lucha se encontraba en otro lugar.

La vicepresidencia no podía ser más que un honor para quien dijo: “Yo no quise ni quiero nada para mí.

Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo.

Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.

DG/