El justicialismo de Perón enseñó a los argentinos y al mundo subdesarrollado y colonial que el trabajo no tiene solamente una dimensión económica.

TRABAJO Y TRABAJADOR EN EL PROYECTO DEL OCHENTA

Por Jorge Bolivar

La economía política inglesa que se internacionalizó en forma acelerada, dividió al mundo en tres clases sociales: los terratenientes, los capitalistas y los asalariados.

TRABAJO Y TRABAJADOR EN EL PROYECTO DEL OCHENTA

 Por Jorge Bolívar

Telam

01/05/2011

 El Proyecto del 80 que comienza con la caída de Rosas y finaliza complejamente con las jornadas de octubre de 1945, experimenta una gran influencia cultural de las tres grandes revoluciones liberales que terminaron construyendo el Occidente moderno: la inglesa de fines del siglo XVII y la norteamericana y la francesa de fines del siglo XVIII. 

La irradiación teórica y práctica de estos procesos se produjeron, justamente, durante el siglo XIX, en particular en la segunda mitad del mismo, época en la que fueron estudiados y asumidos como propios sus principios organizativos por los grandes modelizadores del Proyecto del 80, como Alberdi, Sarmiento, Echeverría y Mitre. 

La unión de la Revolución Industrial con el individualismo burgués que organizó la economía política inglesa y la formación del Estado nacional, cuyo protomodelo fue el francés, junto con el crecimiento del protestantismo, producen un fraccionamiento de la «ecumene» de la cristiandad sobre la que había estado organizado el Imperio español.

Aparece así un nuevo «ethos» social que exige nuevos principios de organización territorial.

 La novedosa figura de nación que surge, ya no sólo está interesada por la cuestión territorial, sino más aún por la cuestión poblacional. 

La población nacional no debe estar vinculada solamente por razones religiosas y militares, sino también por razones culturales, comerciales y políticas.

 Con la asunción a la presidencia de Julio Argentino Roca se concreta, con la liga de gobernadores que lo apoya y con la federalización de la Ciudad de Buenos Aires como capital de la Argentina, el aspecto político organizativo del Proyecto. 

Es un avance indudable para los habitantes de este suelo patrio que tiene varios aspectos favorables, pero también no pocos aspectos negativos.

 Entre estos últimos podemos citar, la consolidación de una clase oligárquica llamada inicialmente patriciado, la persecución de los habitantes originarios que vivieran sobre territorios potencialmente fértiles y la rápida integración en carácter de país dependiente del naciente Imperio inglés, el cual signará desde el punto de vista organizativo y humano la concepción y la experiencia del trabajo que marcará la época hasta la llegada del Proyecto de la Justicia Social iniciado plenamente en 1945.

 La economía política inglesa que se internacionalizó en forma acelerada, dividió al mundo en tres clases sociales: los terratenientes, los capitalistas y los asalariados.

Esta invención era consecuencia de que existían sólo tres factores de la producción de riquezas: la Tierra, el Capital y el Trabajo.

 La figura de los trabajadores se redujeron a aquellos habitantes del espacio nacional que no tenían ni tierras, ni empresas industriales, ni capitales.

 La gran mayoría de la población quedaba en una situación de dependencia laboral, generalmente con salarios bajos, pues como lo había estudiado el economista inglés David Ricardo, las retribuciones al trabajador sólo tenían que posibilitar la sobrevivencia de éstos para ampliar la acumulación del capital que era la base para la creación de riquezas.

 El Estado nacional debía facilitar la libertad mercantil y la libertad de producción y contratación tratando de no interferir en este proceso. 

Esta configuración omitía, además, mostrar la diferencia entre el empresario productor y el financista.

 Una omisión que permitiría la extraordinaria expansión del sector financiero con su decisivo rol en los procesos imperialistas de base económica y colonial. 

Nuestra organización constitucional nace pues, con este signo fuertemente liberal en su concepción acotada y parcial del trabajo del pueblo.

 Alberdi escribe en sus notas publicadas con el título de «Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina Según su Constitución de 1853»: «La Constitución Federal Argentina contiene un sistema completo de política económica, en cuánto garantiza, por disposiciones terminantes, la libre acción del Trabajo, del Capital y de la Tierra, como principales agentes de la producción. Ratifica así la ley natural de equilibrio que preside el principio de la distribución de la riqueza y encierra en límites discretos y justos, los actos que tienen relación con el fenómeno de los consumos públicos».

 Continúa Alberdi con una frase que subraya su liberalismo económico: «¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse?

Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra».

Sólo después de la Primera Guerra Mundial, Argentina y gran parte de Latinoamérica advirtieron que habían interiorizado un orden político-económico que en vez de permitir una creación de riquezas propia y autónoma, los subordinaba a un gran imperio mundial que se reservaba para sí el desarrollo industrial, condenando a sus colonias o cuasi-colonias a un desarrollo puramente agrícola-ganadero, más interesado en alimentar a los grandes países centrales que a su propia población.

 En el Proyecto del 80, aún con todas las comprensiones epocales que merece, la Argentina puso la Tierra y el Trabajo del pueblo, mientras Inglaterra aportó el Capital y la gestión empresaria de las industrias destinadas a permitir el comercio internacional y, parte también, del nacional. 

Este orden injusto en lo esencial, que limitó nuestro desarrollo, fue generando una conciencia crítica en los trabajadores expresada en agrupaciones sindicales de distinto signo.

Finalmente, el golpe cívico-militar del 30 aceleró la unión de los dirigentes sindicales creándose así la primera Confederación General del Trabajo.

 Este orden y esta concepción subordinada e incompleta de trabajo se subvertiría en el Proyecto de la Justicia Social, el cual atacó la visión mercado-céntrica que lo organizaba. 

El justicialismo peroniano enseñó a los argentinos y al mundo subdesarrollado y colonial que el trabajo no tiene solamente una dimensión económica.

 Es mucho más que eso, es un acto de creación material y espiritual que une a los hombres de un pueblo en una trama de asombrosas complementariedades.

 Todos necesitamos de todos.

 Además, cuando el trabajador adquiere su valor se dignifica, y este proceso provoca no sólo una humanización del ser que trabaja, sino que también favorece un lazo social fraterno en la vida en común de los pueblos.

JB/