"La Guerra de Malvinas puso en situación crítica la subestimación nacional” (Jorge Abelardo Ramos)

2 DE ABRIL DE 2011: MALVINAS Y PETRÓLEO EN EL ESPEJO LIBIO

Por Federico Bernal

Entre 1975 y 1976 una seguidilla de misiones británicas ratificaban importantes niveles de riqueza petrolífera y mineralógica en las islas. Una de esas misiones estuvo dirigida por Colin Phipps, diputado laborista, ingeniero en petróleo y hombre de la Shell. Fue el mismo Phipps quien estuvo en el despacho de la Dama de Hierro cuando ésta le declaró la guerra a la Argentina.

2 DE ABRIL DE 2011:

MALVINAS Y PETRÓLEO EN EL ESPEJO LIBIO

Por Federico Bernal

No dejaron de resonar los cañonazos británicos en Malvinas durante las “pruebas” de fines del año pasado, que el Reino Unido y la OTAN se lanzaron al masivo y genocida bombardeo a Libia.

A esta Argentina no se le perdona la profundización de una política económica soberana.

Tampoco se le perdona el haberse encontrado con la mejor tradición diplomática y política en relación a Malvinas; mucho menos se le perdona la batalla cultural librada por el campo nacional y que específicamente para los ingleses contó con una reciente y dura derrota: el reemplazo del busto de Canning por el de Scalabrini Ortiz en un acto en el Salón de Cuadros del Ministerio de Economía (18 de octubre de 2010), acto que además contó con la participación de los ministros de Economía, Educación e Industria de la Nación.

A Libia, tercer exportador de crudo y gas natural de la UE-27, primera reserva petrolera africana y octava a nivel mundial no se le perdona el reverdecer anti-imperialista de Kadafi.

Eslabón débil de una OPEP bolivarizada, en un mundo árabe fragmentado y una Unión Africana inservible a los intereses populares africanos, Libia es presa fácil y un botín imposible de dilapidar.

¿Cómo responder pues, nosotros simples mortales, a los ataques que los demócratas civilizados reparten brutal y copiosamente a la Periferia?

Apenas transcurrido un día después del 2 de abril, en plena lluvia de bombas y misiles sobre Trípoli, nada más oportuno que la deslibianización para la desmalvinización del pueblo argentino.

Porque si deslibianización significa no creerse la argumentación esgrimida por las potencias invasoras en esta nueva aventura guerrerista, desmalvinización implica tomar conciencia de los móviles políticos, geopolíticos, económicos y energéticos que la Gran Bretaña de Thatcher tuvo a la hora de invadir las islas una vez reconquistadas por la Argentina en 1982.

Y más importante aún, implica trabajar objetiva y subjetivamente para terminar con la grave amenaza a la seguridad nacional (argentina y unasurina) implícita en la actual intervención militar británica en nuestro archipiélago.

La “novel invasión” a Libia y la “invasión permanente” en las Malvinas convergen espléndidamente en sus móviles como no ocurrió con las últimas tropelías imperialistas en Irak o en los Balcanes.

 Malvinas, imperialismo y petróleo

 Entre 1960 y 1982, el rumbo de las negociaciones bilaterales entre argentinos y británicos sufrió un claro punto de inflexión.

A partir de 1975, la ya ambigua posición de estos últimos devino en una obstaculizadora y progresivamente intransigente de cara a la resolución del conflicto.

Ese año el Reino Unido decidió incluir un nuevo factor en las negociaciones: la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago malvinense.

 Razón no les faltaba: entre 1975 y 1976 una seguidilla de misiones británicas ratificaban importantes niveles de riqueza petrolífera y mineralógica en las islas.

Una de esas misiones estuvo dirigida por Colin Phipps, diputado laborista, ingeniero en petróleo y hombre de la Shell.

Fue el mismo Phipps quien estuvo en el despacho de la Dama de Hierro cuando ésta le declaró la guerra a la Argentina.

Fue asimismo Phipps quien en 1996 creó la operadora Desire Petroleum, ganó las primeras licencias otorgadas unilateralmente por los kelpers y se volcó a la exploración del off-shore malvinense.

Hoy por hoy, Desire –junta a otras compañías– se encuentra perforando el subsuelo argentino en búsqueda de crudo.

Los resultados preliminares indican cantidades comercialmente viables de hidrocarburos.

Con la confirmación del prospecto Sea Lion al norte de las islas (cerca de 242 millones de barriles técnicamente recuperables según informes de la operadora Rockhopper), y en función del ratio producción-consumo, el Reino Unido (RU) se estaría ahorrando 4 años de importaciones de crudo por unos 25.673 millones de dólares (a la cotización vigente del barril).

Y esto no es todo.

Una producción (ritmo de extracción) en Malvinas que supere los 163.000 b/d (brecha entre la producción y el consumo local del RU a 2009 según el último informe de la BP) podría convertir nuevamente al RU en exportador neto de crudo, beneficio no sólo económico, sino y fundamentalmente geopolítico al colocarse al ambicionado nivel  de Dinamarca, el único país de la UE-27 que no importa petróleo para satisfacer sus necesidades domésticas.

¿Y si a estos cálculos le sumamos el aporte que sobrevendrá una vez repartido el botín petrolero libio?

 Libia, imperialismo y petróleo

 Como fuera analizado oportunamente en el artículo “Libia, Imperialismo y Energía” (Tiempo Argentino 27/03/11), la UE-27 es libia-dependiente en materia hidrocarburífera.

La estrategia rebelde-invasora así lo prueba: las fuerzas rebeldes han tomado las ciudades de Ajdabiya, Ras Lanuf y As Sidr, las cuales junto a las ya capturadas Tobruk y Zouiatina dan a la oposición a Kadafi el control de 5 de las 6 terminales petroleras de exportación del país.

Sabe muy bien la alianza invasora que sin apropiación del crudo no hay chances de triunfo.

La fórmula propuesta es la siguiente: <<la OTAN apoya a las fuerzas rebeldes, pero las fuerzas rebeldes deben comenzar por desnacionalizar el crudo y ponerlo a disposición de Europa y Estados Unidos.

De allí saldrán los recursos para derribar a Kadafi>>.

Días atrás, el órgano oficial del orden petrolero anglosajón publicaba: “El gobierno británico aceptó desviar a los rebeldes unos 1.100 millones de dólares en concepto de compra de crudo libio que originalmente Londres debía haber pagado a Kadafi” (O&G Journal – 24/03/11).

¿Cómo lograron apropiarse del crudo los rebeldes?

La principal subsidiaria de la petrolera estatal libia (CNP), la Arabian Gulf Oil Company (Agoco), está en manos de las fuerzas opositoras.

Agoco –que opera el yacimiento petrolero más importante de Libia (Sarir), al sur de la base rebelde de Bengasi– ha cortado lazos con el Estado y se encuentra cerrando los primeros acuerdos para comercializar crudo y gas puenteando a la CNP.

Tal como señaló Ali Tarhouni, economista estadounidense ex ministro de finanzas de la CNP hoy devenido en ministro de economía, finanzas y petróleo de la oposición a Kadafi (O&G Journal 29/03/11): “Agoco ya está negociando con Qatar la compra y posterior comercialización de su producción”.

Tarhouni es además miembro del flamante Consejo Nacional Libio, que Qatar ha reconocido como “único representante del pueblo de Libia”.

El estadounidense Tarhouni explica al mundo sin tapujos: “las exportaciones comenzarán en menos de una semana. Produciremos entre 100.000 y 130.000 barriles diarios (bd), pudiendo llegar fácilmente a unos 300.000 bd.

El acuerdo con Qatar nos dará acceso a liquidez en dólares”.

 

Conclusiones: bombazos, inteligencia pirata y beligerancia

 Desmalvinizarse a través de historiadores, políticos y militares de origen inglés constituye, además de una exquisitez, un gran envión a la toma de conciencia nacional.

Al respecto, vale siempre la pena recordar el artículo del insigne historiador Eric Hobsbawn “Falklands Fallout” (Marxism Today – enero de 1983), en el cual denunciaba al Falklands Islands Company –el consorcio empresarial isleño fundado en 1852 y hoy operador petrolero en el archipiélago– como el auténtico propiciador del conflicto bélico.

En igual sentido, resulta oportuno mencionar el libro “The Role of the Falkland Lobby, 1968-1990” en International Perspectives on the Falkland Conflict. A Matter of Life and Death, 1992.

Otro, el reciente del almirante inglés Sandy Woodward “Los Cien Días”.

Y como estos, infinidad más, a los que resulta insoslayable sumar las declaraciones de esta semana del ex secretario de Marina estadounidense y banquero John F. Lehman: “Sin la ayuda de los EE.UU. los ingleses habrían perdido en Malvinas”.

Pues bien, ocurre que la invasión a Libia vale por mil declaraciones, artículos y libros como los citados.

La Presidenta de la Nación ya se refirió al respecto: “Cuando uno ve a los presuntamente civilizados resolver las cuestiones a los bombazos, me siento muy orgullosa de formar parte de los países de esta región”.

En Libia como en Malvinas: bombazos, pero acompañados de mucha inteligencia y corporativismo piratas.

Con la CIA operando en plena guerra desde la avenida Paseo Colón, la decisiva ayuda bélica estadounidense, el ingeniero Phipps y el consorcio kelper intrigando para dirimir militarmente el conflicto y hacerse del crudo malvinense, igual combinación de bombazos, inteligencia y corporaciones piratas se vislumbra hoy en Libia (reemplacemos a Phipps por Tarhouni y al consorcio kelper por Agoco).

Las bombas no impactan en los yacimientos ni en las instalaciones hidrocarburíferas, sino en los civiles y militares indistintamente de si son portadores de los nuevos viejos bríos nacionalistas o anti-imperialistas que sacuden al mundo árabe.

 Este 2 de abril de 2011, en plena definición de la gran encrucijada nacional, los argentinos y argentinas debemos convivir con una potencia extranjera que ocupa ilegitima e ilegalmente territorio argentino.

La crisis energética, económica y financiera del arrogante y desesperado mundo “civilizado” está más presente que nunca.

La seguridad nacional, económica y energética argentina y unasurina están gravemente amenazadas. Libia es una prueba más e irrefutable de ello.

Como escribió Jorge Abelardo Ramos en el prólogo a otro imprescindible trabajo sobre la cuestión Malvinas “El Servicio Secreto Británico y la Guerra de Malvinas” (ya mismo a disposición del lector inquieto):

“Gran parte de la intelectualidad [local] ha sido formada en una actitud psicológica derrotista según la cual la Argentina no podría medirse con ninguna de las grandes potencias a riesgo de un fracaso bochornoso.

La Guerra de Malvinas puso en situación crítica esta subestimación nacional”.

Scalabrini Ortiz por Canning, política económica soberana, desendeudamiento y expulsión del FMI; recuperación progresiva y ascendente de la cultura, la conciencia nacional, el trabajo, la producción y la justicia social, etc. van revirtiendo con palpable éxito la psicología derrotista que impidió al pueblo argentino ser artífice de su propio destino.

La defensa irrestricta que el Gobierno nacional hace de la soberanía, el desembozado interés petrolero británico, la decadencia de los “civilizados”, la consolidación de Unasur y, por supuesto, el espejo libio aceleran las condiciones objetivas para la recuperación de nuestras islas Malvinas.