"¡Qué lindo que va a ser: el Tío en el Gobierno, Perón en el Poder!".

11 DE MARZO DE 1973: TRIUNFO DE LA FÓRMULA PRESIDENCIAL DEL FREJULI, CÁMPORA Y SOLANO LIMA.

Por Daniel Chiarenza

Los pibes, que jugábamos a la pelota desde la infancia, parecíamos experimentados políticos discutiendo entusiastamente, obedeciendo a un reflejo casero.

11 DE MARZO DE 1973: TRIUNFO DE LA FÓRMULA PRESIDENCIAL DEL FREJULI, CÁMPORA Y SOLANO LIMA.

Triunfa la fórmula presidencial Cámpora-Solano Lima.

 Por Daniel Chiarenza

NAC&POP

05/03/2011

Aquel día lo recuerdo nítidamente.

Tenía 17 años.

 No pude votar en esa oportunidad, ni en septiembre del ´73 -lo que no sospechaba era que iba a tener que esperar para ver una urna hasta los 28 años.

Los días previos a aquella elección fueron de un entusiasmo mágico. 

Los pibes, que jugábamos a la pelota desde la infancia, parecíamos experimentados políticos discutiendo entusiastamente, obedeciendo a un reflejo casero.

 La mía, una formación peronista intrauterina; mi vieja corrió de un lado a otro, siendo el “envoltorio” que en su interior me albergaba, el día de los bombardeos a la Plaza de Mayo, pues vivíamos a unas cuadras de allí y mi “matriz” era visceralmente peronista. 

Era más chico, pero tenía fotográficamente guardado en la memoria el día en que unos jóvenes peronistas habían matado a Aramburu y me identifiqué rabiosamente peronista.

 Escuché, entre otras cosas, que “el Vasco” era el mentor de la profanación del cadáver de Evita y su posterior desaparición.

 Aún no expliqué a mi otro hemisferio cerebral, tal vez el del frío razonamiento, cómo funcionaba.

Mi padre, tal vez por herencia de su padre (mi abuelo el siciliano) que en los años ´20 leía marxismo y por ser músicos -un gremio identificado con el PC- mi nono y mi padre eran izquierdistas.

 Seguro que el voto de mi viejo se orientaría hacia la Alianza Popular Revolucionaria del Dr. Alende.

Comunicado de la muerte de Aramburu.

 De las charlas con los pibes, recuerdo las riñas con Marcelito, cuya familia provenía de los tiempos de la tentativa de 1893 en Temperley y la construcción del Comité Grigera, ahí en Colombres y el Pasaje González, es decir, era radical balbinista.

Marcelito llegó a ser presidente de la UCR de Lomas, concejal, y adscripto a los sectores tradicionales.

Un gorilita en estadio de mono tití.

 Discutíamos, sin tener ninguno de los dos una línea argumental coherente aún.

 Un día mi vieja vino contenta de la Unidad Básica, ubicada en Loria casi Pavón, y controlada por la JP, haciéndome saber: «¿Sabés quién me entregó las boletas para votar a Cámpora?

¡La piba Yesi!».

 Los Yesi eran sederos, comerciantes en la calle Laprida que, al igual que el inolvidable Enrique Ferman, apoyaban sin tapujos al peronismo revolucionario.

 Aclaro, porque hubo un Yesi de la juventud sindical y del comando de organización, por lo tanto, un «facho».

Mi amigo «Marcelito».

Ese domingo 11 de marzo fue vivido con una alegría desbordante, a pesar de que la dictadura lanussista reformara el código electoral y si no se llegaba al 50% de los votos se debía ir a una segunda vuelta («ballotage»).

 Se sintió algo de temor, porque el pueblo argentino estaba acostumbrado a las trampas del régimen gorila para que las mayorías populares no llegaran al gobierno.

Serían las 20,30 hs. cuando iniciaron con el escrutinio.

 Se empezó a decir que era casi definitivo y que Cámpora había alcanzado el 49 y pico %.

 Por unas centésimas no llegaba al exigido 50%.

 Se iba a tener que votar de vuelta.

 La indignación iba en aumento, creíamos que habíamos caído en una nueva trampa, desde afuera se escuchaba, en sordina «¡A la lata, al latero, las casas peronistas son fortines montoneros!».

 Después de conversar con Balbín, que era el lejano segundo, Lanusse salió por TV: “que si bien el FREJULI no había alcanzado el 50% más uno, la diferencia con la segunda y la tercera de las fórmulas era tan elocuente que ‘le parecía’ que resultaba inútil ir a un ‘ballotage’”.

 Boleta electoral del FREJULI

Aspecto de la Plaza de Mayo el 25 de Mayo de 1973.

 Predominando los más jóvenes -serían las 9 en esa cálida noche de Lomas- salimos a la calle casi vestidos: a lo sumo remerita, bermudas y ojotas.

 Con el primero que me encontré fue con Raúl, un par de años mayor que yo y terminando el secundario de adultos en La Boca, con una marcada vocación por la enfermería.

 Como vivíamos a cuatro cuadras de Pavón empezamos a sentir el ruido alentador de una multitud quilombera a lo lejos y el golpe inconfundible del folclórico bombo peronista.

 Nos miramos con Raúl de una manera cómplice y dijimos a la vez «¡Vamos!».

«Aviso en casa que voy hasta la Avenida y vuelvo».

 Cuando llegamos allí era para no creer.

La avenida desbordante y cada tanto un camión, una camioneta enracimada de pueblo.

No lo pensamos ni un minuto fue «atracción fatal».

 -«¿Donde van compañeros?».

 -«A la casa del Tío o dónde lo encontremos».

 Nos asombramos: «¿Caminando?».

Se rieron y alguien dijo «¿Y qué querés ir en limusina, compañero?». 

Caminamos con una alegría inigualable: «¡Qué lindo que va a ser: el Tío en el Gobierno, Perón en el Poder!».

 Los minutos radicalizaban las consignas: «Con los huesos de Aramburu, vamo´ a hacer una escalera, para que baje del cielo: Nuestra Evita Montonera».

 Luego vino el agregado de las dos estrofas a la Marchita: «Ayer fue la Resistencia, hoy Montoneros y Far y mañana el Pueblo entero en la guerra popular. Perón,

Perón que grande sos…

Con el fusil en la mano y Evita en el corazón ¡Montoneros Patria o Muerte!

Dan la vida por Perón…».

«¡Far y Montoneros son nuestros compañeros!».

«Se va a acabar la burocracia sindical»…

 La gente nos acompañaba desde su casa instalada sobre la Avenida, salían de sus hogares con las fotos envejecidas y húmedas (de tanto tenerlas escondidas) de Perón y Evita, a saludar a la alegre procesión.

 Me conmoví cuando pasamos por «La Nuit», un cabaret de Escalada, donde se me corporizó la compasión por la condición humana y la exclusión social que había llevado allí a esas mujeres. 

Esas chicas, expulsadas de la vida adolescente, salían a los balcones del puterío con una foto inmensa de Evita y con carcajadas de satisfacción que denotaban el origen humilde de esa inconmensurable tristeza.

 A Raúl lo había perdido vaya a saber en qué torbellino de pueblo.

 A la altura de Gerli miré la hora y me dije «¡Uy, mi Vieja cuando llegue a casa me mata!». 

Emprendí la vuelta por una de las calles paralelas a Pavón por donde venían los autos que habían terminado de festejar.

 Uno de ellos paró y me dijo «Hasta dónde te alcanzamos pibe» -«Voy hasta Lomas señor»

-«Se dice compañero, pibe».

 Esto me dio confianza para subir en la parte trasera del coche y adelante iban dos personas que comentaban entre ellos: «¡Nunca me hubiera imaginado después de casi 18 años ver esto!

¿Te acordás?

 Si nos habrán cagado a palos los milicos, la yuta, adentro de la fábrica cuando nos buchoneaba algún gorila ¡y en la época de la Resistencia más todavía!

 Lo que no entiendo -dijo señalándome con la cabeza- ¿cómo estos pendejos pueden ser peronistas?

¿Si no lo vivieron?».

 Y ahí nomás me preguntó: «¿En qué año naciste pibe?».

 -«En el ´55 se… compañero. Ya gobernaba Aramburu».

 «Pero le cuento porqué soy peronista. Mi vieja desde chiquito me explicó como fue todo.

Lo buena que era Evita con los pobres.

Cómo Perón hizo conocer a todos los trabajadores por primera vez Mar del Plata, dándole vacaciones pagas. 

Mi viejo es músico y había vivido hasta después de mi nacimiento en Capital, me contó que Buenos Aires todas las noches era una fiesta, que uno se podía tomar un café por 20 guitas en el Richmond de Esmeralda y se veía las mejores orquestas de típica y jazz, mi papá era el baterista de Barry Moral…

 Si hubiera sido por mis profesores de secundaria, sobre todo la de Educación Democrática -me mintió tanto- que si yo lo hubiera creído, hoy sería el día más triste de mi vida, sin embargo

 ¡Es el más feliz!