LA REVOLUCIÓN CUBANA COMO PARTE DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL DE AMÉRICA LATINA

Joaquín Bustelo

Si América Latina no es una formación económico social, ello se debe a que el imperialismo la domina y divide económicamente, y en términos sociales es una colonia cultural.

LA REVOLUCIÓN CUBANA COMO PARTE DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL DE AMÉRICA LATINA

 

Por Joaquín Bustelo

 

El problema que enfrenta Cuba hoy no está en que falte más socialismo en el mundo para afianzar su nacionalismo.

 

El problema es que la revolución nacional cubana es incompleta, monstruosamente inadecuada.

 

El movimiento nacional cubano se ha completado tanto como, por ejemplo, lo estuvo el de Boston después de cierta fiesta del té, pero antes de que los acontecimientos posteriores (especialmente la batalla

de Bunker Hill y la convención de Filadelfia) dejaran en claro el programa de la protesta y el tipo de proyecto al que la protesta estaba integrada [1].

 

Cuba no es una revolución traicionada. Es una revolución iniciada.

 

He ahí su problema, y he ahí su promesa de futuro.

 

Los dirigentes cubanos tenían esto en claro desde antes del día 1 de la revolución, desde mucho antes.

 

Es por eso que Fidel andaba por Bogotá en 1948 y se involucró con los revolucionarios dominicanos.

 

Es por eso que el Che, que maduró en el fermento antiimperialista de la Argentina peronista, “firmó contrato” con el Movimiento 26 de Julio tras haber visto la realidad de nuestra América en su viaje de motocicleta, tras haber visto lo que le había sucedido a Arbenz en Guatemala: cómo trataba la manopla imperialista cualquier intento de transformar la realidad.

 

Tanto el gobierno de Arbenz como el Bogotazo, Perón, Trujillo y la lucha contra el régimen cubano de Batista expresaban una fuerza social más fundamental, el movimiento nacional latinoamericano, el movimientode una nación luchando apenas para reconocerse como tal y para ser reconocida como tal, de modo de poder nacer de una vez.

 

Y sí, claro, llena de limitaciones y distorsiones como lo es todo en este valle de lágrimas.

 

Es por eso que en el Congreso de la juventud latinoamericana que se celebró en La Habana en julio-agosto de 1960, después de haber quitado de sus posiciones de poder e influencia a los elementos burgueses que, en este caso, encubrían la voluntad imperialista, una consigna decoraba la sala de reuniones con toda una esrategia revolucionaria hemisférica: “Hacer de los Andes la Sierra Maestra de América Latina”.

 

La consigna hacía referencia a la cadena montañosa de la provincia más oriental (y más negra) de Cuba, que el Movimiento 26 de Julio, orgullosamente, había proclamado “territorio libre de Cuba” antes de quebrar los brazos del ejército de Batista cuando intentó reconquistarlo.

 

¡Claro que esa consigna de los Andes como Sierra Maestra tenía graves falencias tácticas y programáticas!

 

Pero ésa sigue siendo la perspectiva estratégica: América Latina, como un todo, sigue necesitando una revolución como la de Cuba, una que pueda cohesionarla como nación y liberarla de la tutela imperialista.

 

Tras la victoria del 1 de enero de 1959 los fidelistas proclamaron a Cuba “Territorio libre de América” del mismo modo que antes habían dicho que la Sierra Maestra era el “Territorio libre de Cuba”.

 

Algunas veces, y para un público estadounidense, he traducido esa frase del “Territorio libre de América” como “Liberated territory of the Americas” (de “las Américas”), utilizando ese plural para quitarle a los lectores las anteojeras norteamericanas.

 

Pero para ser francos, no es ésa la traducción precisa.

 

Cuba fue (y sigue siendo) territorio liberado de “otra América”, la “Nuestra América” de José Martí que excluye taxativamente a EEUU y el Canadá anglófono.

 

¿Cuán conciente y deliberada era en 1959 y 1960 la comprensión de estos hechos?

 

Y cuánta percepción del problema había detrás de las consignas?

 

En el caso de los dirigentes, no tengo dudas de que había una tremenda claridad, quizás más de la que tenemos muchos hoy, pese a medio siglo de experiencia adicional.

 

Pero hay una pregunta más interesante: ¿porqué funcionó la consigna?

 

Porqué los delegados al Congreso de la Juventud y miles (quizás millones) de jóvenes latinoamericanos la encontraron razonable y actuaron a partir de ella?

 

¿Y porqué escuchar que Cuba era “territorio libre de América” sacudió el ánimo de los patriotas de Puerto Rico tanto como el de los de Chile?

 

Esa consigna contiene una verdad, una verdad distinta de quien dice que Cuba es un territorio liberado del Planeta Tierra, o incluso del Sur global (por más que ambas cosas también sean ciertas).

 

Si América Latina no es una formación económico social, ello se debe a que el imperialismo la domina y divide económicamente, y en términos sociales es una colonia cultural.

 

Pero existe y merece existir, ninguna porción de América Latina puede subsistir sin el todo.

 

El otro lado de la moneda pude verlo treinta años atrás, aunque me

parece que en ese momento no tenía tan clara noción de ello como

ahora.

 

Resultó ser que yo estaba en Cuba como integrante de la brigada Antonio Maceo en el vigésimo aniversario de la Revolución, en 1979.

 

 

Y en ese momento la revolución sandinista estaba venciendo en Nicaragua.

 

Eso sucedió con la huida de Somoza el 18 de julio a la noche.

 

Justo esa noche íbamos a tener una conferencia sobre el sistema educativo

cubano.

 

Estaba a cargo el Gallego Fernández, ministro de educación en ese momento.

 

Pero en vez de venir a dar una charla se apareció con varios cajones de Ron Metusalén.

 

Y nos dedicamos a llevarnos a nosotros hacia la edad de piedra tomando ron.

 

El Gallego Fernández, cabe recordar, fue uno de los principales responsables de la admirable eficiencia con que se había derrotado la

invasión mercenaria de Bahía Cochinos: en su carácter de director de

la escuela de cadetes y oficiales había formado la primera unidad

militar revolucionaria de monta que enfrentó a los mercenarios yanquis.

 

Fueron ellos quienes los embotellaron en Playa Girón, donde quedaron listos para la picadora de carne…

 

Este Gallego Fernández, mientras seguíamos tirándonos bombazos de Ron

Metusalén para retornar a la Edad de Piedra, nos explicó a algunos de

los que estábamos cerca suyo, entre lágrimas: "Tú no lo puedes

entender. Hemos estado solos por 20 años."

 

No “solos en el hemisferio”.

 

No “solos en las Américas”.

 

Ni siquiera “solos en el campo socialista” (aunque por cierto también lo estaban, como han demostrado, ante todo, los últimos treinta años, en los que se ha visto cuán distinta era (y es) Cuba de los demás países socialistas).

 

La afirmación era “Solos”.

 

Como quien dice “completa, abierta, irremediablemente solos”.

 

"Tú no lo puedes entender. Hemos estado solos por 20 años."

 

Esas palabras se me grabaron a fuego en la memoria.

 

Porque el modo, la manera, la forma en que las dijo equivalían a “100 años de soledad es nada comparado con esto”:

 

La soledad de Cuba era la más significativa de todas: había quedado

sola en el único camino que le podía permitir seguir siendo Cuba,

porque era un camino que solo podía recorrer junto a otros, y en modo

alguno por sí misma.

 

La revolución cubana era (es) parte de la revolución latinoamericana.

 

Y la revolución latinoamericana solo puede convertirse en una parte de

la revolución socialista mundial si cumple su destino nacional.

 

Cuba avanzó enormemente y mostró el rumbo, pero también sufrió las

consecuencias.

 

Lo que Cuba necesita hoy, desesperadamente, no son más revoluciones

socialistas en una u otra provincia latinoamericana aislada, con algunos millones de personas.

 

Necesita un amplio avance del movimiento nacional latinoamericano, que abarque territorios con centenares de millones de habitantes, más allá de que desafíe o no en lo inmediato las prerrogativas y privilegios de la propiedad privada capitalista y de sus poseedores.

 

No se trata una expresión poética de sentimientos nacionalistas: es

simplemente el modo en que toman forma los intereses de clase.

 

El sistema contra el que lucha Cuba y América Latina no es” el capitalismo”.

 

No es el capitalismo de “El Capital”.

 

Es el imperialismo.

 

Un eje de explotación fundamental atraviesa la frontera Norte-Sur, y no sigue solo líneas de fractura clasista sino una línea de fractura nacional.

 

Vivo en un mundo (Corea, Afganistán, Iraq, Pakistán y, claro que sí,

Cuba) donde nada tiene sentido si esto que acabo de escribir es falso.

 

Si el imperialismo no fuera más que un atributo del capitalismo, uno

que se puede cambiar a voluntad, una opción entre tantas, viviríamos

en un mundo inexplicable.

 

Y sí, claro está, sé que Aristóteles, Santo Tomás, Locke y Rousseau

(y, especialmente, Marx) no lo veían así.

 

Pero si bien aún no he vivido más que ellos, sí he vivido después de ellos y en especial después de Marx.

 

Vivo en un mundo construido a partir del que Marx analizó y trató de

comprender.

 

En un siglo y medio, entre tomas y dacas, terminó resultando que algunos de los temas que a él se le presentaban como secundarios pasaron a ser centrales.

 

Otros, por ahora al menos, perdieron importancia.

 

Y esto me lleva a los doctores que Cuba envía al exterior.

 

Por supuesto que hay una cuestión de solidaridad.

 

Pero hay mucho más.

 

Está mal, y ni hay que decirlo, dar malos ejemplos y en particular

este tipo de ejemplos.

 

Y Cuba es mala.

 

No solo mala.

 

Es malísima.

 

Quiero decir: insoportablemente mala. Ultrajantemente mala. Mala a la

enésima potencia más uno.

 

Y un poco más todavía.

 

Quiero decir: si uno es un imperialista.

 

Pero en Venezuela, Bolivia, Honduras (¡sí!) y Haití está pasando algo

más que mera maldad.

 

Los doctores, técnicos y alfabetizadores cubanos están haciendo allí algo que va más allá de su solidaridad con las luchas de los demás pueblos oprimidos y explotados.

 

Sí, claro, Fidel dijo que “la solidaridad consiste en pagar nuestras deudas con la humanidad” y para Tomás Borge es “la ternura de los pueblos”.

 

Pero los servicios que prestan los doctores y especialistas cubanos en Bolivia, Haití, Venezuela y Honduras no son un regalo de cuba a otras naciones.

 

Estos cubanos están construyendo una nación, no una nación ajena sino

de ellos mismos, una nación que incluye a Cuba pero va más allá de

ella.

 

Será una nación donde Cuba no será más que una provincia, es cierto.

 

Pero también será uno de los capítulos más inspiradores y orgullosos de la historia nacional.

 

Esa nación, la nación latinoamericana, es la ruta estratégica a seguir en lugar de predicar el socialismo en forma abstracta y al margen de este movimiento.

 

Lo que Cuba necesita es una revolución “cubana” en Amérioca Latina, es

decir una revolución nacional latinoamericana.

 

Y no solo Cuba: el mundo entero la necesita.

 

Al menos si nos atenemos a lo que las actuales circunstancias permiten suponer, será el mejor y más directo camino hacia el futuro.

 

 

N O T A

[1] La “fiesta del té” en Boston fue el inicio de las luchas por la

independencia estadounidense en 1776. Sin embargo, se mantuvo como una protesta fiscal aislada de la colonia de Massachussets (Boston era su

capital) hasta la batalla de Bunker Hill, que enfrentó tropas

británicas con tropas de varias colonias inglesas en América del

Norte. Y terminó de transformarse en una lucha nacional cuando en

Filadelfia se logró un acuerdo entre los representantes de las

diversas colonias rebeldes para unificar la lucha general.