Eva, agua bendita, océano de amor, tempestad de indignación contra la injusticia.

EL AGUA Y EL PERONISMO

Por Pablo Bonaparte y Milcíades Peña

El Pueblo, ola de mar que siempre vuelve, llegó a su plaza a gritarle a su líder que aquí estaba, dispuesto a cubrir el vacío de su mitad amputada…  

EL AGUA Y EL PERONISMO

Buenos Aires, 29 de Octubre de 2010. En una lluviosa mañana, al igual que sucediera en los entierros de Eva Duarte y de Juan Perón, una multitud despidió los restos del ex presidente Nestor Kirchner …

Por Pablo Bonaparte

y Milcíades Peña

Primero el agua, para hacer distancia, para rodear al líder, para apresarlo en una isla.

Luego el agua fue obstáculo para crear la epopeya de cruzar los ríos y tender los puentes hacia el rescate de su líder. 

Los pies, fatigados, buscaron la fuente, y el agua, definitivamente, los nutrió de vida.

 Eva, agua bendita, océano de amor, tempestad de indignación contra la injusticia. 

Él, Ella y el Pueblo.

Tierra húmeda, tierra fértil, donde maduró la espiga del trabajo y la dignidad.

Fueron los días más felices hasta la aciaga noche en que Evita fue robada.

El agua volvió a rodearlo todo, mojó inútilmente las flores muertas prendidas a las coronas, aquel fin de Julio de 1952 en el que el Pueblo, por sus ojos, devolvió salada, durante días, semanas, meses, el agua que sus pies tomaron de la fuente. 

Llanto. Riego de amor. Fe, esperanza. 

Otra lluvia un 16 de Junio del 55, lluvia de bombas, cayendo sobre cuerpos indefensos, para ahogar la vida y, el 16 de Setiembre de 1955 en una plaza tomada bajo un cielo nublado, el rocío comenzó a despertar la semilla de la resistencia, mientras El Hombre, sólo y despojado, remontaba el río del destierro.

17 de noviembre, 1972, anciano y de regreso.

Ni mares ni océanos de odio pudieron separar al líder de la memoria de su pueblo. 

Resistencia y riego. 

La tierra estaba mojada, todo era húmedo, fresco.

El sucio río Matanza no fue obstáculo para ser cruzado.

Las nuevas generaciones bautizaban su compromiso con su agua de desechos industriales.

Bajo el paraguas, Perón. Perón, emocionado tras un vidrio empañado. 

Lluvia.

Lluvia de votos en el retorno final.

El viejo conductor debía controlar las riendas de caballos desbocados, unos por salvajes, otros por potrillos, que querían comerse al mundo de un bocado.

Y el agua brotó de sus pulmones hasta ahogarlo un primero de julio de 1974. 

El Pueblo estremecido en la despedida.

No había porvenir, no había esperanza.

Otra vez la lluvia, otra vez el llanto, otra vez el riego, para mantener húmeda la semilla en el más cruel de sus desiertos.

 Lluvia de plomo y de odio sobre los brotes, sobre la tierra toda.

Lluvia, viento, nieve en el delirio de muerte de nuestras islas.

Relámpagos aislados, de un 30 de Octubre, de un “felices pascuas”, de una carpa blanca, de piquetes, de un “que se vayan todos”… 

Espasmos solitarios de un pueblo sin liderazgo. 

Casi treinta años después de aquel llanto colectivo, de aquella lluvia.

 Un día del 2003, desde el lejano sur, el agua, que se había hecho hielo, se quebró volviendo a fluir por estas tierras.

 Agua fresca en tierra fértil.

 Liderazgo y utopías.

 Esperanza popular.

 Lluvia y frío en Mar del Plata en el 2005 cuando se batían fuertes las alas de la rapiña. 

El ave gritó su incredulidad  al escuchar al Comandante Chávez clamar en un estadio mojado y repleto  “Anuncio al pueblo que tres mosqueteros, del que Néstor fue nuestro D’Artagnan, torcieron los planes del Imperio.”

“¡el ALCA al carajo!”

Recuperar la dignidad, reencauzar el río.

Navegar sin perder el Sur, con las patas en la fuente. Pilotos de tormenta, ellos. 

Y cuando todo era vida, la muerte vino a cobrar su quincena. 

Fue un 27 de octubre de 2010. 

De pronto todo fue incertidumbre, consternación, temor. 

Pero el Pueblo, ola de mar que siempre vuelve, llegó a su plaza a gritarle a su líder que aquí estaba, dispuesto a cubrir el vacío de su mitad amputada…,  y entre la brumosa visión que los ojos enrojecidos e inundados permitían, brillaron los nuevos brotes, los que Néstor regó y Cristina cultiva, los que honran nuestra historia.

 El agua de lluvia volvió a humedecer la tierra una mañana del 29 de octubre de 2010 mientras, camino al sur, un soldado era despedido con el llanto de su pueblo.  

El agua y el peronismo. 

En las pérdidas más tristes, el llanto y el rocío. 

El agua y el peronismo. 

En el riego de sus días más felices. 

El agua y el peronismo. 

Desde aquella fuente. 

El agua y el peronismo. 

Otros días peronistas. 

El sino y destino de una nación que vio la luz… un día de lluvia.

 PB/MP/

 

N&P: El Correo-e de uno de los autores es Melcíades Peña milciadesp@yahoo.com.ar