TRES BRINDIS

Jorge Claudio Morahin

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Teníamos los pies dentro del agua del lago. Estaba fría, pero hacía mucho, mucho calor. –Dale, contaminá nomás… dijo Ada. Serví dos copas. Y brindamos  

TRES BRINDIS

1/ BRINDIS CON CAPUCHA

2/ GRACIAS NÉSTOR

3/ CON LOS PIES DENTRO DEL AGUA DEL LAGO.

 

BRINDIS 1

BRINDIS CON CAPUCHA

 

Por Jorge Claudio Morhain ®

 

–¿Somos muchos?

–Sí… Yo toque como a cinco…

–¡¡CALLARSE!!

Y el olor. Distinto.

–No se van a sacar las capuchas. ¡¿Entendido?! No se van a sacar las capuchas. Se van a desnudar, y se van a bañar. ¡¿Entendido?! Se van a bañar. Un minuto para desvestirse.

Murmullo. Pero no de voces. De roces, De ropa endurecida por la mugre y la sangre. De quejidos de dolor contenido.

–¡Hacia el lado contrario de mi voz, ¡dos pasos!! ¡¡Hacerlo!!

Un chorro helado. Agua. Agua y luz. Agua y vida. Agua y primavera. Agua y sueño. Bañarse. Sin verse. Rozarse. Reírse. Hombre. Mujer. Mujer. Hombre. Reírse. Reírse reírse reírse, reírse…

Abruptamente, se corta el agua. El silencio. Las gotas. El frío. Parecen gritos desolados… Pero no pueden perforar la luz.

–En cinco minutos les van a dar ropa. Se visten en silencio. No quiero una risa más. ¡¿Entendido?!

La capucha está mojada. Mantiene la luz, la vida, el aire, la esperanza. La humedad. El frío. La luz. La paz. La esperanza.

Vestidos. Marchando. Tocando al de adelante. Tocado por el de atrás.

Otro olor. Perfume. Encierro. Tacones. Olor a uniforme planchado y replanchado.

Mano fría. Mano sudada. Copa, que hay que sostener. Oh, que no se caiga…

Levantarse la capucha. ¡Sólo hasta la nariz! ¡Solo hasta la nariz!

Un grito, que hace temblar caireles por ahí arriba y cuerpos estremecidos, mojados, por acá abajo.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Brindar.

BRINDIS 2

GRACIAS NÉSTOR

 

Por Jorge Claudio Morhain ®

Había sido rico el champú. Se te mete por debajo de la nariz, y te acaricia desde adentro.

Brindamos.

La cumbia a todo lo que da, mezclada con la cumbia de enfrente y el reggaetón de al lado. Y la petardeada, que hace temblar la casa como si hubiera un terremoto.

El viejo está cabrero.

–¡Pero la puta…! ¡Miren el pobre perro, no sabe dónde meterse! ¡Esos guachos…!

–Bueno, viejo, es Navidad…

–¡Navidad las…!

El viejo nos acaricia las cabezas. A los cinco. Levanta la copa de champú.

Y se produce la explosión más grandota que haya oído en mi vida y la luz más recontrareluciente que soporté nunca, ni siquiera mirando de frente los tachos de un recital.

El viejo, así, con la copa levantada, salió afuera. Y todos los seguimos, con las copas levantadas.

Afuera, había una luz…

Y todos los vecinos. Todos.

¡Mierda, que somos muchos en el barrio!

Todos levantaron las copas de champú, porque había dado para champú, y había dado para pan dulce, y un mantecol no saben qué grande: Gracias, Néstor, decía el viejo mientras pagaba con la tarjeta.

Me hacía acordar al cura que dice algo parecido (aunque no se entiende) cuando reparte la hostia con gusto a papelito.

Todos levantamos las copas hacia la luz. Todos. Y después las bajamos. Y nos miramos. Y nos abrazamos. Y lloramos de boludos nomás. Y nos volvimos a abrazar, y tomamos champú, y repartimos garrapiñada, Y nos volvimos a abrazar.

Y volvimos a brindar. Con champú.

Y el viejo dale, como rezando… Gracias, Néstor…

 

BRINDIS 3

CON LOS PIES DENTRO DEL AGUA DEL LAGO.

 

Por Jorge Claudio Morhain ®

Teníamos los pies dentro del agua del lago. Estaba fría, pero hacía mucho, mucho calor.

Los chicos se habían ido al pueblo, con la camioneta. Ada y yo quedamos solos, junto al lago. Había sido una larga nochebuena, y no teníamos sueño todavía. Salimos a despejar la cabeza de tanta mezcla, pero me llevé, de todos modos, una botella de sidra. El corcho fue a dar en el lago.

–Dale, contaminá nomás… dijo Ada.

Serví dos copas.

Y brindamos.

Brindamos por los hijos. Por los nietos. Por los que están. Por los que se fueron. Por los que ni siquiera sabemos si alguna vez murieron, ni cómo ni dónde. Y por los que sobrevivieron y los vengaron de la mejor manera: haciendo el país que soñaban. Y por ese camino. Codo a codo, con Ada. Por las ciudades, por los suburbios, por los montes, por los pueblitos. Por la Patagonia, hasta el lago. A esconderse aquí, viendo pasar la tormenta. Y por estar vivos. Y por vivir para contarlo.

Y por el lago.

Y por nosotros.

Y por el amor, el amor, el amor, el amor.

Brindamos.

 

JM/

 

N&P: El Correo-e del autor es Jorge Morahim < jcmorh@infovia.com.ar>