PERON, EVITA y NESTOR

Mirta Muragua

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Pensé en Evita que partió para volver en millones y en Néstor. Ambos dueños una mística flamígera se inmolaron. Evita en seis años, Néstor en siete.

PERON, EVITA y NESTOR

 

Por Mirtha Muragua

Iceberg-Cruz del Sur

30/10/2010

 A Néstor no se lo entierra, se lo siembra, decía Hugo Chávez al llegar.

Pensé en Evita que partió para volver en millones y entre ellos, Néstor.

Ambos se inmolaron. Evita en seis años. Néstor en siete.

Ambos eran dueños una mística flamígera. Nos es casual que los jóvenes tomen sus ejemplos.

Ambos provocaron amor y odio pero, lo que importa, es que el Pueblo los sintió propios.

 A Evita no le perdonaron ser fiel a los de su clase y jugarse por ellos; no amoldarse al papel tradicionalmente asignado a la mujer, que la limita y margina de los grandes problemas.

 

A Néstor no le perdonaron volver a ubicar a la política como la ciencia de todas ciencias, aquella que prevalece sobre las otras, rescatándola del desván donde se arrojan los trastos inútiles, al que la habían condenado los intereses económicos golpistas del 76 y lobbystas en los gobiernos democráticos.

 

A Evita la acusaban de fanática, a Perón de autoritario y a Néstor de confrontativo.

 

Sin embargo, ellos se dedicaron a resolver los conflictos creados por otros.

 

La subordinación económica a Inglaterra, investigada y ventilada por FORJA, o al FMI denunciada por Olmos, la descalificación y el aislamiento internacional por tener dictaduras genocidas o endeudamientos extremos, las enfermedades por falta de comida en la olla, la fragmentación del tejido social y sus violentas consecuencias, la derrota cultural que conlleva considerar a la educación un gasto y al individualismo una virtud, la desindustrializacion que condena al país a mero proveedor de materias primas, y a su población a estar de brazos cruzados, cuando todo esta por hacerse, fueron conflictos creados por los enemigos de los tres y que tanto Perón, Evita y Néstor tuvieron, por mandato popular, que confrontar para resolverlos.

 

Perón y Néstor, además de presidentes autoritarios, fueron acusados de populistas por quienes aman el statu quo de la ubicación privilegiada y el estado ausente.

 

Ambos implementaron la distribución de la renta nacional con criterios de racionalidad, buscando la igualdad de oportunidades para todos y compartieron su poder con el Pueblo en una dialéctica propia de los líderes.

 

Perón ante un pueblo políticamente virgen, excluido por los eurocentristas; Kirchner ante un pueblo desapoderado, engañado, desestimado y descreído.

 

Pero a Néstor hay otras cosas que no le perdonan: Haber sacudido el tronco, hasta hacer temblar las raíces, de las estructuras que a lo largo de la historia fueron montando para apartarnos de las decisiones sobre nuestro destino.

 

El divorcio entre una dirigencia liberal laica y la jerarquía clerical fue superado por el golpe de Uriburu, dando lugar al Estado funcional a los adueñados de las tierras.

 

Las Fuerzas Armadas se incorporaron así como un actor político trascendente hasta en la llegada al poder de Perón, quien acentúo el espíritu industrialista que animaba a los Savio, Mosconi, Baldrich… y sin embargo no pudo evitar que la cizaña liberal alineara a los mandos para derrocar a su gobierno impuesto por el voto popular.

 

Tampoco nosotros pudimos evitar que el partido militar instalara y derrocara gobiernos a pedido de los intereses económicos, con los que se asociaba por decisión propia o cuando alguien golpeaba la puerta de sus cuarteles.

 

Néstor Kirchner, que le devolvió a la jerarquía presidencial la autoridad perdida desde la muerte de Perón, también le devolvió a las Fuerzas Armadas la especificidad del manejo de los recursos militares de la Nación, quitándoles la ominosa tarea de ensuciarse las manos con sangre de compatriotas para preservar los privilegios económicos de unos pocos, tarea a la que habían sido degradadas por genocidas a los que la Justicia juzga otorgándoles las garantías del debido proceso, que ellos negaron a otros argentinos mientras sufríamos, por 1ª vez en la historia, la derrota militar a manos de Inglaterra.

 

El fin de la impunidad iniciada con los bombardeos a civiles en Plaza de Mayo en 1955 y pactada entre los militares golpistas del 76 y los gobiernos que les sucedieron, fue una decisión política de Néstor Kirchner trascendental, que pone fin décadas de inestabilidad institucional consolidando a la democracia como única forma de gobierno.

 

Las primigenias ideas de unidad suramericanas de San Martín y Bolívar, intentaron ser desarrolladas por el ABC pergeñado por Perón, en un contexto de post guerra que las interrumpió violentamente.

 

Medio siglo después, es reconocido Kirchner por la corajuda determinación con la que en Mar del Plata, sello la ansiada integración regional que alejo al ALCA, la misma que amplio los objetivos del MERCOSUR y dio vida a la UNASUR, genuina y eficiente herramienta política del bloque, que lo nombro su Secretario Ejecutivo, lugar desde donde evito una guerra entre pueblos hermanos.

 

Perón y Evita con su entrega nos legaron un Movimiento de Liberación Nacional, en cuya identidad pudimos reconocernos, libar en su doctrina, buscarnos, resistir y reagruparnos, pero después de tantos años de extravío y debilidad, fue Néstor quien rescato los altos ideales del peronismo y los inculco en los mas jóvenes a fuerza de trabajo, ejemplaridad y convicciones sólidas, intactas, profundas.

 

Evita, Perón y Néstor fueron agraviados y descalificados por las corporaciones y sus voceros mediáticos y burócratas.

 

El Pueblo que desoyéndolos celebro su presente y los doscientos años de la Patria, reapareció para llorar la muerte de Néstor temprana, injusta, deseada por los mismos que vivaron el cáncer de Evita.

 

Apareció para ubicarlo a Néstor Kirchner en el Olimpo donde están Perón y Evita.

 

Donde al decir de los curas de los pobres: el Pueblo reafirma su fe en ellos, da por sentada la infalibilidad de sus procederes para defender los intereses de la Patria y proyecta sus esperanzas de triunfo.

 

Apareció desde todos los rincones del país como en aquel 17 de Octubre, para rodear a Cristina su amada Compañera, la Presidente Coraje, con fervoroso y leal amor mientras que con infinito dolor ubicaba a Néstor en el Olimpo, donde al decir del Secretario General de la CGT están Evita y Perón.

 

Mientras que a los otros, a los mediocres, a los ausentes, a los presentes solo por protocolo, a los farsantes, a los rapaces que claman nuestra claudicación les esta reservado el repudio y el olvido.

 

A nosotros, integrantes del colectivo del Pensamiento Nacional y Popular, nos queda el mandato de sumar y sumar voluntades, de organizarnos sin sectarismos para continuar la ciclópea tarea de lograr la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria.

 

MM/

 

N&P: El Correo-e del autor es Mirtha Muragua patriasi@argentina.com