El flaco, el bizco, el desparejo. Desaliñado, inoportuno, duro de entrar en una foto.  

ESE

Por Jorge Claudio Morhain

Hemos vivido una cumbre de la historia. Con sólo decir «yo estuve allí» seremos distinguidos. Vivimos en épocas del flaco. De Néstor, nuestro padre.

ESE

Por Jorge Claudio Morhain 

TELAM

31/10/2010

 

 El flaco, el bizco, el desparejo.  

Desaliñado, inoportuno, duro de entrar en una foto.  

Ese hombre.  

 Ese hombre.  

 El que redimensionó tantas cosas.  

 Hasta la palabra HOMBRE.

  El que dejó un testamento hablado que termina: «Si no es así les pido que me olviden, que es el peor castigo para quien no haya sabido ser un hombre».  

 Ese de quien ahora todos eran amigos.  

 Pero que en realidad era amigo de todos.  

Ese, por el que no dábamos cinco.  

 Al que por casualidad impusimos presidente.  

 Porque quien lo eligió para que lo elijamos lo hizo, creo, por descarte, y no porque tuviese la mínima intuición de lo que iba a hacer.   

Ese, del que ahora todos hablan bien.   

Ahora.   

Ese, sin embargo, contra quien he oído los más terribles epítetos, maldiciones a la muerte por llevarse a un enemigo fácil, porque se las aguantaba todas y siempre daba más para odiar.  

 Y no se si son tan pocos, porque esos epítetos los he oído en el tren, en la calle.  

 Y nos habla de qué feroz campaña, de qué mar de mentiras tuvo que cruzar a nado.  

 Porque fácil hubiera sido todo este panteón de alabanzas y homenajes y los que vendrán, si, como Perón pre-55, hubiera tenido un aparato de alabanza y de adoctrinamiento que se iniciaba en la escuela primaria.  

 Al contrario.  

 Gobernó detrás de la cortina de mentiras, epítetos e insultos.  

 El y su esposa luego.  

 Del adoctrinamiento de los otros, los repartidores de slogans y lugares comunes, los cascarudos que mandaron los Ellos.   

Y aún así, ahí está.  

Millones.   

Millones, amándolo, llorando un ser querido que se ha ido, más de lo que suele llorarse un ser querido que se ha ido.  

 Ese, por el que no dábamos cinco.  

Y eso nos lleva a pensar: cuántos, cuántos habrá por lo que no damos cinco, y por no darle un cinco su vida pasa y se marchita, habiendo podido dar tanto, dejar tanto.  

 Pero cómo encontrarlos.  

 Juan Pablo Feinmann decía que ahora certifica que Dios no es argentino.   

Lo contradigo. 

Si hubiera un Dios, si lo hubiera y marcara las vidas y los tiempos, sería argentino.  

 No se entiende si no cómo cayó este flaco, este bizco, desprolijo y desubicado, en el momento justo, en el lugar justo.  

 Para hacer reales nuestros más locos sueños de juventud.  

 Para volver a confirmarnos, como dijo la Tana Rinaldi, que lo imposible es posible y lo soñado puede ser real.   

Sólo con proponérslo.

 Y luchar por eso.  

 Hemos vivido una cumbre de la historia.

 Con sólo decir «yo estuve allí» seremos distinguidos con piedra blanca. 

Vivimos en épocas del flaco bizco y desaliñado.   

De Néstor, nuestro padre. 

 

JCM/

 

 ·       Morahin es guionista de historietas. Uno de los herederos de H. G. Oesterheld.  

 N&P: El Correo-e del autor es Jorge Claudio Morhain jcmorh@infovia.com.ar