Y HASTA EL CIELO SE HA PUESTO A LLORAR

Osvaldo Vergara Bertiche

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quizás también las lágrimas de un Pueblo sean acompañadas por el agua que nos cae del cielo.

 

Y HASTA EL CIELO SE HA

PUESTO A LLORAR

 

Por Osvaldo Vergara Bertiche

 

Se dice como un axioma que “vox populi, vox dei”, que la voz del Pueblo es la voz de Dios; quizás también las lágrimas de un Pueblo sean acompañadas por el agua que nos cae del cielo.

Agua que extrañamente, rompiendo toda regla físico-química, no apaga el fuego, por el contrario, pareciera que lo alienta, lo estimula. Miles de hombres y mujeres de todas las edades, estoicamente, a pesar de la intemperancia climática, siguen en las calles para dar su último adiós al Compañero ex Presidente Kirchner. Cánticos, victores y llantos se entremezclan.

Tanta agua no alcanza para apagar tanto fuego. Al igual que con Mariano Moreno.

Es que desde hace 200 años, los Patriotas y el Pueblo, han soportado toda suerte de vicisitudes, toda clase de tropelías, de destierros, de miseria, de exclusión…

Desde Lavalle y el asesinato de Dorrego, Mitre y el exterminio de nuestros hermanos paraguayos, Uriburu y la Década Infame, Lonardi, Aramburu y Rojas y la derrota estratégica del Pueblo argentino, Onganía y el principio del terrorismo de Estado, Videla, Masera y Agosti y el genocidio, las primaveras del bienestar y la dignidad nacional han sido esporádicas y de corto plazo.

Desde el 2003 en adelante, hemos comenzado un proceso de recuperación, lento pero seguro. No hace falta señalar todo lo que se ha hecho, no hace falta señalar todo lo que queda por hacer. Todos lo sabemos. Esta vez que sea para siempre.

En estos tiempos que vivimos, también sabemos que las alimañas, los carroñeros, los rapaces, querrán alimentarse de la desgracia.

Están ahí… agazapados. En estas últimas 48 horas más de uno ya lo ha intentado. Otros se mantienen atentos en las gateras.

Hay un Pueblo en la calle. Hay “un arriba nervioso y un abajo que se mueve”. Un abajo puro fuego.

El agua y el fuego purifican. Está lloviendo, o quizás sea el cielo que se ha puesto a llorar…