EL PERONISMO Y EL ESTIGMA NECROLÓGICO

Justo Fernández

Es cierto que hoy empieza un nuevo ciclo, una suerte de futuro en tiempo presente que como todo futuro contiene términos del pasado.

EL PERONISMO Y EL ESTIGMA NECROLÓGICO

Por Justo Fernández

Era una típica mañana de feriado, esas que de tan tranquilas y soleadas fueron acostumbrando a no generar demasiadas expectativas.

De hecho millones de argentinos, una cantidad que debía definirse justamente ese mismo día, lo único que podían estar esperando era la llegada del censista, pero jamás la irrupción de una noticia tan infructuosa como relevante.

Mientras las pantallas se emparentaban al unísono, los medios electrónicos colapsaban en su instantaneidad y las radios se repetían a sí mismas con tono de sacralidad, los ojos y oídos se congelaban envueltos en un aura de ficción y descrédito. Lamentablemente con el correr de los minutos, como suele suceder ante una noticia impactante que lucha desesperadamente por instalarse entre la lejanía o proximidad de la afectación, el velo se va corriendo hasta establecerse como realidad.     

 El bombardeo mediático fue seguido por las congojas del caso, y como sucede con el deceso de cualquier cristiano, en este caso ampliado por la magnitud de la persona en cuestión, muchas formales, otras hipócritas y numerosas sentidas.

Se escuchará una multiplicidad de voces, algunas de ocasión y otras sentimentalmente desgarradoras y también, pero por lo bajo, descalificadoras. O acaso no llegaron a trascender pintadas que rezaban “viva el cáncer” después del deceso de Eva. Pasaron golpes, dictaduras y muertos, es esperable que esto haya quedado enterrado bajo 27 años de democracia.   

Es la tercera vez que el estigma necrológico atraviesa un gobierno peronista. Fue en el primer peronismo, posteriormente a la debacle de si tenía o no que ocupar Eva la Vicepresidencia de la Nación, que la muerte tronchó la vida de una mujer que transitó en forma equidistante los caminos de la gloria y la revolución.

Ya en la segunda etapa peronista, la setentista, los avances sociales quedaron a mitad de camino, nada más ni nada menos que con el fallecimiento de su conductor: Perón.

Y ahora Néstor Kirchner, un hombre eminentemente político que más allá de cualquier futura manipulación literaria va a quedar en la historia como el presidente de la transformación, y si bien no estaba ejerciendo el mandato presidencial, era el esposo de la presidenta, un dato no menor en un país que desde el 2003 tiene una característica forma de poder bicéfalo, tan discutido como eficiente. Sí, en cambio, revestía como titular del Unasur.

Lógicamente la hora exige respeto, no debería haber espacio por el momento para reflexionar sobre el horizonte electoral, pero la realidad indica que como los chistes de velorio los rumores circulan por lo bajo, las especulaciones también.

¿Podrá soportar Cristina la doble carga, humana e institucional, que se abatirá sobre ella en un futuro inmediato? ¿Las corporaciones mediáticas se avanlazarán como aves de rapiña o buscarán conformar un nuevo estatus en las relaciones con el gobierno?  Se trata de algunos interrogantes centrales que habrá que desmenuzar en breve.

Es cierto que hoy empieza un nuevo ciclo, una suerte de futuro en tiempo presente que como todo futuro contiene términos del pasado. En este caso a favor. Porque en esta etapa, que recién comienza a escribirse, cuando se hable de la herencia recibida se la va a mencionar como un concepto de capital, a favor, no como una hipoteca que pende sobre la cabeza de los argentinos.

Fue justamente Néstor Kirchner el que nos sacó la “Espada de Damocles” en temas como derechos humanos, Corte Suprema, FMI, relaciones exteriores, AFJP, PAMI, reindustrialización, Banco Central, Ley de Servicios Audiovisuales y fundamentalmente en todo lo inherente a la participación activa del estado por encima del mercado.

Rompió con el “no se puede”, demostró que un presidente latinoamericano no tiene porque ser solo pisador de alfombras rojas o una figura decorativa diseñada para el ceremonial y los ágapes. De hecho fue todo lo contrario.

Sin dudas se lo va a extrañar, pero también va a quedar como faro de un camino iniciado en el 2003, con una fuerte base, bien cimentada y varias asignaturas pendientes.