EL CORAZON DE UN GRAN HOMBRE

Jorge Bolívar

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En mi larga vida de intelectual y político ligado al peronismo he vivenciado varios acontecimientos cruciales y decesos de gravitación política

 

EL CORAZON DE UN GRAN HOMBRE

 

por Jorge Bolívar *

 

Buenos Aires, 27 de octubre (Télam) .

 

En mi larga vida de intelectual y político ligado al peronismo he vivenciado varios acontecimientos cruciales y decesos de gravitación política donde los argentinos como pueblo nos hemos puesto en contacto con lo secreto: el Poder como rumbo histórico.

 

Era aún joven y estaba a cargo de la Dirección de Política del Ministerio del Interior cuando murió Perón. Muerte anunciada por un corazón claudicante que no le permitió unir y realizar la relación existente entre la conducción de un Proyecto Nacional, positivo en grandes líneas, amalgamando las fuerzas con ideales divergentes, asumidas por lo común sectariamente, que conformaban conflictivamente esa época. La presión, obstinación y entramado de estas fuerzas suele ir más allá de las resistencias físicas de aquellos que intentan encarnar el rol de conductores de pueblos con un rumbo históricamente determinado. El gran hombre no es más que un hombre común que intenta colocarse más allá de sí mismo.

 

La muerte súbita de Néstor Kirchner – el que aparecía como uno de los candidatos más importantes de las elecciones presidenciales del año próximo – me hizo sentir un estremecimiento existencial parecido. Un corazón humano, demasiado humano, que claudica por las presiones y obstinaciones de una sociedad plena de fuerzas sectarias,

 

divergentes, negativas, que dificultan la conducción de un Proyecto Nacional argentino.

 

Parece como un extraño sino patriótico deteriorar o destruir a aquellos que se atreven a ambicionar políticamente esa aparentemente simple fórmula de conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, a la vez.

 

Por eso, hace unos años escribí un extenso texto dedicado al pensamiento político de Perón, tratando de mostrarlo a este como el legado esencial del creador del justicialismo, recortándolo de todos los claros y los oscuros que rodean la existencia de un gran hombre que juega estratégicamente a ganar poder para su misión política, y que, por lo tanto, es jugado también por las fuerzas opositoras, y aún por las propias, puestas en tensión y en riesgo con sus decisiones políticas.

 

Nietzsche tiene una de las observaciones más profundas sobre el gran hombre. Este no es el más sabio de su pueblo, ni siquiera el más bueno. Lo que liga al pueblo con un hombre, haciéndolo grande, es que éste asume como propia una gran causa, oscura o claramente ambicionada por el conjunto del pueblo como tal. Siguiendo esta línea Andre Gorz, anota que: “si es cierto que las necesidades impersonales de la acción histórica modelan al héroe de la historia a su imagen, es verdad a la inversa, que el héroe de la historia modela a ésta de acuerdo a su idiosincracia personal.” Así, la historia se encarna en hombres que se convierten en prisioneros y productos de su sentido.

 

Es difícil en estas horas, impactados por la noticia de su muerte, no advertir que Néstor Kirchner tiene toda la estatura del gran hombre. Lo será aún más para las generaciones futuras; como a Sarmiento, ni su consentido mal carácter va a privarlo de este reconocimiento. Era, por otra parte, tan argentino en su forma de relacionarse con los conflictos. Era tan patagónico como bonaerense o como porteño. Hay lógicas que vienen de nuestro ser histórico que nos modelan y con las cuales, a su vez, intentamos modelar la trama convivencial de lo nacional y lo popular.

 

Al unir la muerte de Perón y de Kirchner conviene subrayar una diferencia fundamental.

 

Habla de dos épocas de la Argentina. Perón dejó en la presidencia a una mujer poco capacitada para ejercer la más alta magistratura del país. Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, es una presidente directamente elegida por el pueblo que ha demostrado ya su capacidad de decisión en el difícil arte de la gobernabilidad. Con su esposo conformaba una pareja de poder y va a sentir el  notable vacío, no sólo político sino también existencial, provocada por la muerte de su esposo. Pero es una mujer de coraje.

 

Quisiera subrayar también las circunstancias externas que rodean ambos sucesos, lo que suele tener mucho valor político con relación a la gobernabilidad. La Argentina de Isabel Perón era una Argentina aislada en un contexto internacional desfavorable, económica y políticamente, al Proyecto Nacional liderado por el creador del justicialismo. Esa Sudamérica que en su pensamiento doctrinario constituía el regionalismo continental – es decir, la nueva Patria Grande- ya estaba articulada por el Plan Cóndor impulsado por unos Estados Unidos con un liderazgo continental muy fuerte, en la que se jugaban los últimos y trágicos estertores de la guerra fría de la que la conducción político-cultural de Perón había querido siempre sacarnos como pueblo. < /p>

 

Hoy estamos rodeados de países de diversos contextos ideológicos, pero básicamente amigos y en procesos de integración, en los que se ve primar el interés nacional sobre los intereses de un imperio debilitado. Néstor Kirchner muere justamente como el conductor de ese espacio al que llamamos Unasur. La Argentina integra el G-20, especie de gerencia general de un mundo en crisis por sus transformaciones multipolares, tiene una balanza comercial favorable, no depende financiera ni administrativamente del FMI, posee superávit fiscal y eso otorga al accionar del Poder Ejecutivo una gobernabilidad de la que se carecía tras la muerte de Perón.

 

Hoy estamos rodeados de países de diversos contextos ideológicos, pero básicamente amigos y en procesos de integración, en los que se ve primar el interés nacional sobre los intereses de un imperio debilitado. Néstor Kirchner muere justamente como el conductor de ese espacio al que llamamos Unasur. La Argentina integra el G-20, especie de gerencia general de un mundo en crisis por sus transformaciones multipolares, tiene una balanza comercial favorable, no depende financiera ni administrativamente del FMI, posee superávit fiscal y eso otorga al accionar del Poder Ejecutivo una gobernabilidad de la que se carecía tras la muerte de Perón.

 

Politólogo y ensayista

Fuente: TELAM