UN CUMPLEAÑOS CON UNA VOZ AUSENTE.

Hugo Presman

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Guerrero inventó la mejor radio. Fue al micrófono lo que Borges fue a la literatura. Los unía el talento en sus respectivas especialidades y ser ambos profundamente reaccionarios.

Los noventa años de la radio sin Hugo Guerrero Marthineitz

UN CUMPLEAÑOS CON UNA VOZ  AUSENTE.

 

Por Hugo Presman

 

La radio cumple noventa años.

 

Una nonagenaria vital y siempre juvenil, más allá de quienes en su nombre degradan diariamente el micrófono.

 

Pero en este cumpleaños faltará una voz particular.

 

Profunda. Innovadora.

 

Una risa inconfundible.

 

El maestro que fabricó el silencio radial entró en un silencio definitivo.

 

Paradoja extrema.

 

El Parlanchín usaba como nadie los silencios.

 

Lo que en él era una virtud que reafirmaba lo que aseveraba, en otros serían meros baches.

 

El negro no se dirigía a una audiencia abstracta: hablaba para cada uno de los que lo escuchábamos.

 

Podía repetir varias veces un mismo autor y una misma canción.

 

Introdujo las llamadas de los oyentes; los sacaba al aire sin red.

 

Desacartonó el estilo pacato predominante.

 

La publicidad formaba parte del programa en su creación radial máxima que fue El show del minuto.

 

Creo de esa manera una estética  que muchas décadas después recogió televisivamente Mario Pergolini en CQC.

 

Podía realizar un reportaje intimista durante una hora levantando la publicidad y el noticiero.

 

Luego podía agrupar quince minutos continuos de publicidad de una manera entretenida.

 

O leer un cuento durante cuarenta minutos.

 

Acercó al gran público  a Poe, Bradbury y Borges, entre otros.

 

Puso a la consideración de sus seguidores, desde un preso que hacía poesía, hasta  un humorista original como el peruano Sofocleto, aquel que acuñaba sin -logismos como: -Es increíble que un cuarto de baño sea más grande que medio baño.

 

O –era un cuarto tan pequeño que cuando entraba el sol tenía que salir la gente.

 

Ponía la música que le gustaba, lejos de los coimeros de las discográficas.

 

Propulsó a Astor Piazzola en aquel debate absurdo, hoy superado, si lo que

componía el genial músico eran o no tangos.

 

Repitió incansablemente Balada para un loco de Piazzola y Ferrer que había salido segunda en el Festival de Buenos Aires de la canción y la danza en noviembre de 1969, realizado en el Luna Park, detrás de Hasta el último tren cantado por Jorge Sobral, un tango tradicional.

 

Basta recordar que Amelita Baltar estrenó la famosa Balada para un loco entre los gritos de disconformidad del público que transformó el escenario en una verdulería.

 

El negro apostó correctamente a Yo sé que estás piantao, piantao, piantao/ no ves que va la luna rodando por Callao/ que un corso de astronautas y niños, con un vals,/me baila alrededor… ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!/ Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…/Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;/y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!…/el loco berretín que tengo para vos..

 

Jugaba con el suspenso o con frases crípticas como aquella famosa: ¿Quién le robo el piano al general en Caracas?

 

Murió Hugo Guerrero Marthineitz.

 

Días antes que su amor cumpla noventa años.

 

Guerrero inventó la mejor radio.

 

Fue al micrófono lo que Borges fue a la literatura.

 

Los unía el talento en sus respectivas especialidades y ser ambos profundamente reaccionarios.

 

El Peruano llegó a la Argentina de la mano de la Revolución Libertadora que con más precisión es definida por muchos como la fusiladora.

 

A medida que la edad lo fue avanzando, sus rasgos autoritarios y soberbios, su vanidad, su intemperancia se fueron acentuando.

 

Llegó a defender el terrorismo de estado después que aquella pesadilla

quedara atrás.

 

Despilfarró todo el numeroso dinero que ganó.

 

Excéntrico, intempestivo, entró en un eclipse que abarcó la relación con sus tres hijos.

 

Su final fue extremadamente penoso.

 

Durmió en la calle, ofrecía sus servicios para leer cuentos a domicilio. Intratable, parecía aquel personaje de una canción de Joaquín Sabina

 

Conductores suicidas que dice –¿cómo te has dejado/llevar a un callejón sin salida,/el mejor dotado de los conductores suicidas?/"no es asunto tuyo -me dirás- y punto"/pero reconoce que es crudo aceptar/que no hay ser humano que le eche una mano/a quien no se quiere dejar ayudar.

 

Hay veces que la muerte se retrasa a la cita y los años postreros empalidecen una vida.

 

Eso pasó con el peruano.

 

Antes  que el final pasara a buscarlo, estuvo alojado unos días en un neuropsiquiátrico.

 

Murió Hugo Guerrero Marthineitz.

 

El cumpleaños tendrá una voz ausente.

 

La vieja nonagenaria, la que siempre está ahí, lo llora como uno de aquellos

que mejor la sedujeron.

 

Extrañará el respeto que le tuvo, su risa inconfundible, su voz profunda, su oficio, sus  innovaciones.

 

No será la única.

 

El recuerdo de sus escuchadores será una flor a su memoria.

 

Reconocen así que el Negro fue el casamentero de un amor para toda la vida.

 

Es que unió a la radio con el oyente.

 

Si realmente existe Dios, lo habrá llamado para que lo entretenga en sus ratos de ocio.

 

Si hasta es posible que afinando el oído escuchemos un golpe seco y una voz eternamente reconocible que dice: –Otro que clavó su sintonía en LR3 Radio Belgrano y en su receptor Noblex Carina.

 

HP/

 

 

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