EL PRIMER RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA.

Daniel Chiarenza

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Al llegar al puerto Bouchard vió a Santa Rosa desarmada, por lo que se reunió con el rey Kamehameha Iº de uniforme de Teniente Coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

17 de agosto de 1818: Hippolyte Bouchard llega a la bahía de Kealakekua (Hawaii)

EL PRIMER RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA.

 

Por Daniel Chiarenza

lunes 16 de agosto de 2010

 

El 17 de agosto de 1818, Hipolite Bouchard arribó a la bahía de Kealakekua (¡Qué bueno! ¡Cuántas K tiene!), donde se encontraba un pequeño puerto, en la costa oeste de las islas de Hawaii.

 

Al fondear, una canoa tripulada por nativos se les acercó y les informó, en un rudimentario inglés, que en el puerto se encontraba una corbeta que pertenecía al rey Kamehameha I, pero que anteriormente había sido española.

 

También les indicaron que la noche anterior había zarpado una fragata con rumbo desconocido.

 

Bouchard decidió perseguir a la fragata, que pronto tuvieron a la vista porque la falta de viento la había encallado en el mar.

 

Le ordenó a Sheppard que tomara un bote y preguntara al comandante de la fragata sobre la nave que se encontraba en el puerto hawaiano.

 

Tras las indagaciones, Sheppard informó que se trataba de la Santa Rosa o Chacabuco, una corbeta que había zarpado de Buenos Aires en los mismos días que La Argentina.

 

La tripulación de la Santa Rosa se había amotinado en las costas de Chile, y había cambiado el rumbo hacia Hawaii.

 

Tras enterarse del destino de la Santa Rosa, Bouchard ordenó a la fragata regresar al puerto, ya que sospechaba que entre su tripulación se encontraban algunos de los amotinados.

 

Tras revisar la tripulación, reconoció a nueve hombres que había visto en Buenos Aires y, como castigo, les puso una barra de hierro que los aferraba por los pies y por las manos.

 

Tras un interrogatorio averiguó que los líderes de la revuelta se encontraban en la isla de Kauai.

 

Al llegar al puerto se encontró con la Santa Rosa prácticamente desarmada, por lo que decidió reunirse con el rey Kamehameha I vestido con su uniforme de Teniente Coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

Durante el encuentro, Bouchard le demandó la devolución de la corbeta.

 

Sin embargo, el rey argumentó que había pagado por ella y que merecía una compensación.

 

Diversos autores afirman que durante esta reunión Kamehameha I reconoció la soberanía de las Provincias Unidas y que por lo tanto había sido el primer territorio soberano del que obtuvimos excelso mérito.

 

Otros autores desestiman esto argumentando que Bouchard en su diario nunca mencionó la firma de un instrumento tan importante, y que resultaba lógico ya que el corsario no tenía la autoridad para hacerlo.

 

Tras la negociación, el rey le entregó al corsario argentino pocos víveres, argumentando que su isla se encontraba escasa de comestibles y que podía aprovisionarse en Morotoi.

 

El 26 de agosto se hizo cargo de la Santa Rosa, embarcación a la que tuvo que rearmar para darle utilidad. Tras comprar víveres en Morotoi, el 1º de octubre fondeó en la isla de Kauai.

 

Allí capturó a quienes habían realizado el motín de la Santa Rosa, fusilando a los líderes y castigando con doce azotes al resto.

 

Tras reaprovisionarse de víveres, municiones y contratar a ochenta nuevos tripulantes, la flota partió rumbo a California.

 

Bouchard decidió navegar hacia las costas de California, donde esperaba aprovecharse del comercio español.

 

Sin embargo, las autoridades españolas conocían las intenciones del corsario ya que el 6 de octubre la nave Clarion les había informado que dos naves corsarias se preparaban para atacar las costas californianas.

 

El gobernador territorial Pablo Vicente Solá, que residía en Monterrey, ordenó retirar de la ciudad todos los objetos de valor y que se transportaran a una distancia considerable las dos terceras partes de la provisión de pólvora.

 

El gobernador de California Felipe Solá y sus colaboradores, Juan Pedro Chaves y San Jacinta Tritten.

 

El 20 de noviembre de 1818 el vigía de Punta de Pinos, ubicado en uno de los extremos de la bahía de Monterrey, avistó a las dos embarcaciones argentinas.

 

Tras avisar al gobernador, se prepararon los cañones de las costas, se puso en armas a la guarnición y se envió a la misión de Soledad a las mujeres, niños, ancianos y personas no capacitadas para pelear.

 

Bouchard se reunió con sus oficiales para diseñar el plan de ataque.

 

El oficial Corney ya había estado en dos oportunidades en Monterrey, por lo que conocía la profundidad de la bahía.

 

Se determinó utilizar para el ataque la corbeta Santa Rosa, ya que el gran calado de la fragata La Argentina podía producir que esa embarcación encallase, y se concentró allí la tropa de desembarco.

 

La fragata tuvo que echar al agua varios botes para que la remolcaran lejos del alcance de la artillería española.

 

Una vez remolcada, Bouchard envió hacia la Santa Rosa al capitán Sheppard junto a 200 hombres armados con fusiles y lanzas.

 

La corbeta Santa Rosa, al mando del oficial Sheppard, ancló a las doce de la noche en las cercanías del fuerte.

 

Debido al cansancio que sufrían los hombres, tras remolcar la fragata y remar hacia la corbeta, Sheppard decidió no atacar de noche.

 

Con la primera luz del día descubrió que había anclado demasiado cerca de la costa, y que a pocos metros se encontraban la artillería española lista para atacarlos.

 

El capitán decidió abrir fuego, pero tras quince minutos de combate la corbeta debió rendirse.

 

Desde la fragata, Bouchard vio cómo sus hombres eran derrotados, pero también observó que los españoles no intentaron apoderarse de la Santa Rosa ya que carecían de embarcaciones.

 

El corsario ordenó levar anclas y moverse en dirección al puerto.

 

Sin embargo, debido al calado de la fragata, no podía acercarse lo suficiente como para abrir fuego.

 

A las nueve de la noche comenzaron las tareas para trasladar a la fragata a los sobrevivientes de la corbeta.

 

En la madrugada del 24 de noviembre, Bouchard ordenó a sus hombres que se pusieran al mando de los botes.

 

En las embarcaciones, comandadas por Bouchard, se encontraban 200 hombres, 130 armados con fusiles y 70 con lanzas.

 

Desembarcaron a una legua del fuerte, en una caleta oculta por las alturas.

 

La resistencia del fuerte fue muy débil, y tras una hora de combate fue enarbolada la bandera argentina.

 

Los argentinos tomaron la ciudad durante seis días, en los que se apropiaron del ganado, quemaron el fuerte, el cuartel de los artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles junto a sus huertas y jardines.

 

El 29 de noviembre zarparon de la bahía de Monterrey, dirigiéndose hacia un rancho llamado El Refugio.

 

Este rancho pertenecía a una familia cuyos integrantes, según se le había informado a Bouchard, habían colaborado fuertemente con la causa española.

 

El 5 de diciembre desembarcó en las cercanías del rancho y, sin encontrar resistencia, se apoderaron de los comestibles y sacrificaron al ganado.

 

Algunos milicianos aguardaban en los alrededores esperando que alguno de los hombres de Bouchard se separara para tomarlo como prisionero.

 

De esta forma, capturaron a un oficial y a dos marineros, que se habían adelantado para tomar un carro.

 

Bouchard los esperó durante todo el día 6, creyendo que se habían extraviado, hasta que decidió partir hacia Santa Bárbara, donde posiblemente los tuvieran apresados, no sin antes incendiar el rancho.

 

Tras llegar a Santa Bárbara, el corsario envió a un emisario para proponerle al gobernador un intercambio de prisioneros.

 

Después de la negociación, los tres hombres capturados volvieron a la Santa Rosa.

 

Bouchard debió entregar un prisionero, "el borracho Molina, del que se hubiera librado la provincia a cualquier precio…

 

El pobre Molina tuvo que aguantar la cólera del gobernador, y fue sentenciado a 6 años de prisión después de recibir 100 azotes".

 

El borracho Molina de California. ¡Qué parecido a Bush! ¿No?

 

El 16 de diciembre levaron anclas y se dirigieron hacia San Juan de Capistrano.

 

Allí le solicitó víveres a un oficial realista, quien le respondió –que tenía bastante pólvora y balas para darme.

 

Ante esta respuesta, Bouchard decidió enviar 100 hombres a tomar el pueblo.

 

Tras una breve lucha, los corsarios se llevaron algunos objetos de valor e incendiaron las casas de los españoles.

 

El 20 de diciembre zarpó hacia la bahía Vizcaíno, donde reparó los buques y les dio descanso a sus hombres.

 

El 17 de enero de 1819 navegaron hacia San Blas, puerto que comenzarían a bloquear el 25 de ese mes.

 

El 1º de marzo, mientras continuaba el bloqueo de San Blas, fue avistada una goleta.

 

Las dos embarcaciones comenzaron a perseguirla, pero no pudieron alcanzarla.

 

Después de este incidente, Bouchard ordenó zarpar hacia Acapulco sin perder la costa de vista.

 

Al llegar, envió un bote con un oficial para reconocer el lugar, observando la cantidad y calidad de los buques que allí se encontraban.

 

El oficial informó que en el puerto no se encontraba ninguna embarcación relevante, por lo que decidieron seguir viaje.

 

El 18 de marzo partieron hacia Sonsonate, El Salvador.

 

Tras enviar a un oficial para reconocer el puerto, éste le informó que había naves relevantes para abordar.

 

En ese momento navegó hacia el puerto y tomó un bergantín que se encontraba en las cercanías.

 

El 2 de abril llegó al puerto de El Realejo, en donde armó dos botes con cañones de a cuatro y 60 hombres en total, comandados por el propio Bouchard.

 

Sin embargo, fueron descubiertos por el vigía del puerto, por lo que todas las tropas realistas se movilizaron hacia el puerto.

 

Además, habían protegido el puerto con cuatro embarcaciones: un bergantín, dos goletas y un lugre.

 

Tras un intenso combate, las tres naves fueron tomadas.

 

Bouchard incendió el bergantín San Antonio y la goleta Lauretana, ya que sus dueños habían ofrecido un bajo rescate por ellos, 6.000 y 4.000 duros respectivamente.

 

Debido a su calidad, conservó el lugre, llamado Neptuno, y la goleta restante, llamada María Sofía.

 

Tras combatir en El Realejo, volvió a avistarse la misma goleta con pabellón español que se les había escapado en San Blas.

 

La embarcación avanzó contra la Santa Rosa, cuya tripulación estaba compuesta por inexpertos marineros hawaianos y pocos artilleros.

 

Las dos primeras andanadas de la embarcación realista dejaron tres muertos y varios heridos, tres de ellos graves.

 

Cuando la nave argentina se dispuso a repeler el abordaje, la goleta bajó el pabellón español y enarboló el de Chile.

 

La nave, llamada Chileno, estaba comandada por un capitán corsario apellidado Croll, quien después salió nadando en ese estilo.

 

Bouchard le solicitó que su cirujano curara a sus heridos, pero el corsario chileno decidió alejarse.

 

Capitán corsario Croll amenazando a una niña para no caer en las garras de Bouchard, que en aquel momento representaba la justicia nacional y popular.

 

El 3 de abril de 1819 finalizaba la larga expedición de Hipólito Bouchard. Decidió partir hacia Valparaíso, para colaborar con la campaña libertadora de José de San Martín.

 

Algunos historiadores han señalado que la bandera de las Provincias Unidas del Centro de América está inspirada en la bandera argentina que flameó en ese entonces en Centroamérica (es decir, la azul-celeste y blanca, creada por Belgrano).

 

El 9 de julio de 1819 fondeó en el puerto de Valparaíso la corbeta Santa Rosa junto a la María Sofía, que en realidad se trataba de una nave de origen danés que contrabandeaba en Centroamérica.

 

El 12 de ese mes arribó el Neptuno y un día después La Argentina.

 

Al llegar Bouchard, se le informó que pendía sobre él una orden de arresto por decisión de Thomas Cochrane.

 

El corsario respondió que el gobierno chileno no tenía autoridad para juzgarlo y que sólo respondería por sus actos ante las autoridades argentinas.

 

Tras resistirse al arresto, Cochrane ordenó que la fragata fuera tomada por la fuerza durante la noche.

 

En ella sólo se encontraban Bouchard, Espora y unos pocos marineros, por lo que su toma no resultó una tarea difícil.

 

Si bien la patente de corso había vencido antes de atacar El Realejo, el encarcelamiento se explica por la necesidad de recaudar fondos para la flota argentino-chilena que posteriormente libertaría Perú.

 

Se le inició un juicio por piratería que comenzó el 20 de julio.

 

A mediados de septiembre había partido la escuadra chilena para intentar tomar El Callao.

 

En ese momento, los defensores del corsario decidieron acelerar el juicio y el tribunal resolvió el 9 de diciembre de 1819 la devolución de los buques, diarios y demás papeles a Bouchard.

 

Sin embargo, el dinero y las mercancías nunca fueron devueltos.

 

Nos preguntamos, entonces, ¿Quién era más pirata?.

 

Al llegar al puerto, vio con desazón el estado en que se encontraban las embarcaciones: los cañones, al igual que las velas, habían sido retirados para equipar otros barcos.

 

Para obtener recursos, utilizó la goleta para transportar arcilla hacia Buenos Aires.

 

Para que no existiera ningún problema de tipo legal, el armador Echevarría le pidió al Director Supremo José Rondeau que le extendiese cuatro patentes de corso por un término de ocho meses.

 

Para inclinar la voluntad del Director a su favor, Echevarría le expresó que renombraría al lugre como General Rondeau.

 

Sin embargo, al no disponer de tiempo y medios suficientes para rearmar las embarcaciones, Bouchard decidió utilizarlas como transporte.

 

Para que no se asociara el nombre de la fragata con tan pobre destino, le cambió el nombre de La Argentina por el de Consecuencia, nombre que tenía antes de tomarla.

 

La Consecuencia fue utilizada para transportar 500 hombres, entre los que se encontraban varios granaderos, mientras que la Santa Rosa transportó ganado y armamento.

 

A pesar de que le había informado a Echevarría de que partiría hacia Buenos Aires, Bouchard decidió sumarse a la campaña de liberación del Perú.

 

Utilizó sus dos embarcaciones como transporte y le escribió una carta a su armador pidiéndole que ayudara a su familia.

 

Aquí comenzó la ruptura con éste, ya que Echevarría sentía perjudicados sus intereses debido al largo período de prisión que había sufrido el corsario y a los daños producidos en las naves.

 

Por esta razón el armador decidió quedarse con los 25.000 pesos pagados por el transporte de arcilla (ahora se rasgan las vestiduras, ¡todos chorros, hijos de su buena madre!).

 

En 1820 Bouchard se encontraba en Perú sirviendo a la marina chilena.

 

En diciembre de ese año le solicitó a José de San Martín, quien había asumido el Protectorado del Perú, que le permitiera volver a la Argentina debido a su mala situación económica.

 

Sin embargo, San Martín le exigió que se mantuviera en Lima por cinco meses más.

 

Para agravar su situación, no se le pagó por dos presas capturadas en Pisco, cuyo valor ascendía a 95.000 pesos.

 

En 1822 se encontraba en una situación no muy clara respecto a su pertenencia a la marina del Perú, y las noticias de que Echevarría no estaba ayudando a su familia en Buenos Aires produjeron la ruptura definitiva con éste.

 

Cuando lord Cochrane se apoderó de los caudales depositados en los buques de guerra bajo su mando para cobrar los haberes adeudados, San Martín decidió combatir fuego con fuego.

 

Por ello dispuso la creación de la marina peruana, y puso a Bouchard al mando de la fragata Prueba, la más importante de la escuadra peruana.

 

Cuando Cochrane retomó sus reclamos pecuniarios, Tomás Guido le pidió que se dirigiera a Chile y ordenó a Bouchard que se preparara a combatir en caso de que el marino se dispusiera a atacar.

 

Sin embargo, Cochrane no lo intentó, probablemente al notar lo bien armada que se encontraba la nave peruana.

 

Posteriormente continuó en aguas peruanas al mando de la Santa Rosa, ya que La Argentina había sido vendida como leña.

 

Pero la Santa Rosa sería finalmente incendiada durante la sublevación de la fortaleza de El Callao en 1824.

 

También participaría, en 1828, en la guerra contra la Gran Colombia.

 

Tras la muerte del Almirante Jorge Martín Guise, quedó a cargo de la marina peruana, pero se retiraría un año después de que se incendiara la nave insignia que se denominaba Presidente.

 

Tras el retiro, decidió hacerse cargo de la atención de las haciendas que le había adjudicado el gobierno peruano, San Javier y San José de la Nazca, donde funda un ingenio azucarero.

 

Hacía tiempo que había perdido contacto con su familia, después de la expedición con Brown había convivido con su esposa sólo diez meses, y no llegó a conocer a su hija menor que nació después de que iniciara su expedición alrededor del mundo.

 

En sus haciendas trataba a sus esclavos con la misma dureza con la que trataba a su tripulación.

 

Harto de sus castigos, uno de sus servidores le dio muerte el 4 de enero de 1837.

 

Los restos de Bouchard permanecieron perdidos hasta 1962, cuando fueron encontrados en una cripta ubicada en una parroquia de la ciudad de Nazca, en Perú.

 

El 6 de julio de ese año fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires por una comisión formada por la Armada Argentina y la Armada de Perú.

 

Hoy descansan en el panteón viejo de la armada argentina en el cementerio de la Chacarita.