"Sólo la muerte pudo impedir que el Martín Miguel de Guemes siguiera combatiendo por la independencia de América

GÜEMES: TAN SOLO LA MUERTE PODIA IMPEDIRLO.

Por Juan Del Barrio*

Desde el 9 de julio de 1816, evitar que las provincias situadas al sur del Alto Perú perdieran su libertad se convertiría, nada menos que, en la defensa de la independencia. Esa tarea fué lo dispuesto por Pueyrredón que consistió en encomendar a Martín Miguel de Güemes que se hiciera cargo de la defensa de las provincias y la seguridad del ejército.

GÜEMES: TAN SOLO LA MUERTE PODÍA IMPEDIRLO.

Por Juan Del Barrio

NAC&POP

08/07/2010

El Congreso de Tucumán inauguró sus sesiones el 24 de marzo de 1816 y de inmediato se preocupó por elegir Director Supremo de las Provincias Unidas de Sud América.

 Al cabo de cuarenta días, el 3 de mayo, resultó electo don Juan Martín de Pueyrredón.

 Al día siguiente de su elección Pueyrredón le comunicó a Güemes que en breve partiría de Tucumán hacia Salta.

 Pueyrredón conferenció con Güemes en Salta en los últimos días de mayo, participando también de estas conversaciones el general José Rondeau, a cuyo efecto este último viajó de Jujuy a Salta. 

El 31 de mayo Pueyrredón y Rondeau partieron hacia Jujuy con el objeto de que el primero inspeccionara el Ejército Auxiliar del Perú.

 El 11 de Junio, desde Jujuy, Pueyrredón escribió a Güemes diciéndole que era necesario que tuviesen una nueva entrevista antes de que él se alejara de la provincia.

 Le comunicaba que partiría de Jujuy el 14 de junio y que llegaría a Cobos el 15, requiriendo de Güemes que estuviese en este pueblo para esa fecha a fin de que –en esa noche acordemos las medidas que deben adoptarse y para lo sucesivo.

 El mismo día 11 Pueyrredon se dirigió al Congreso comunicándole que –razones del mayor interés me obligan a resolver la retirada del ejército a esa ciudad (San Miguel de Tucumán) para su organización y seguridad.

 De acuerdo con lo proyectado, Güemes y Pueyrredón se entrevistaron el 15 de junio en Cobos. 

Y al día siguiente, desde este mismo pueblo, Pueyrredón se dirigía a Rondeau ordenándole que pusiera en movimiento a todo el ejército en dirección a Tucumán. Finalizaba su oficio expresando lo siguiente: –De las piezas de montaña entregará también vuestra señoría dos con su competente tren y municiones al dicho señor coronel (Güemes), a cuyo cargo, actividad y celo queda confiada la defensa de las provincias y la seguridad de ese ejército.

 Anteriormente, el 10 de junio, Pueyrredón ya había dispuesto que Rondeau entregara a Güemes 300 fusiles y 6000 cartuchos a bala, a lo cual hay que agregar las dos piezas de montañas precitadas y otros 6000 cartuchos a bala que también disponía le entregara al gobernador de Salta, estos últimos siempre que dispusiera de ellos.

 De lo expuesto surge que el Director Supremo resolvió que no se llevara a cabo una nueva expedición al Alto Perú.

 Debe de haber entendido que el ejército no estaba en condiciones de realizarla con éxito pues dispuso que se retirara a Tucumán, –para su organización y seguridad.

 Lo más trascendente de lo dispuesto por Pueyrredón consistió en que encomendó a Martín Miguel de Güemes que se hiciera cargo de –la defensa de las provincias y la seguridad de ese ejército.

 Este delicado e importantísimo asunto debió haber sido planteado en las reuniones que celebraron en Salta, a fines de Mayo, el Director Supremo, el Comandante del Ejército Auxiliar y el Gobernador de la Intendencia de Salta. 

Pero la decisión fue adoptada por Pueyrredón recién el 15 de junio, después de reunirse con Güemes en Cobos.

 Por lo tanto, quedaba Güemes en la Intendencia de Salta, que comprendía las jurisdicciones de los cabildos de Salta, Jujuy, Tarija y Orán, con la misión de contener las invasiones de las fuerzas del virrey de Lima, evitando así que las provincias situadas al sur del Alto Perú perdieran la libertad que gozaban desde 1810. 

Días más tarde, es decir desde el 9 de julio de 1816, este objetivo se convertiría, nada menos, que en la defensa de la independencia de las Provincias Unidas de Sud América, para la región que hoy es la República Argentina.

 Y todo esto sin descartar la posibilidad de pasar a la ofensiva, liberar también las provincias altoperuanas y llegar hasta la propia Lima, sede central de las fuerzas invasoras.

 Martín Miguel de Güemes y el pueblo saltojujeño se dedicaron íntegramente al cumplimiento de esta misión, sin parangón en la historia de América Hispana. 

Tarija estuvo casi permanentemente ocupada por el invasor, por la gran distancia que la separa de Jujuy y Salta y por su proximidad a Tupiza, donde los españoles habían instalado su cuartel general.

 Pero Güemes siempre se mantuvo en comunicación con los tarijeños, haciéndoles conocer sus planes y  labores, enterándose de lo que ellos realizaban y auxiliándolos en la medida de sus posibilidades. 

Al poco tiempo surgieron cambios en los planes del Director Supremo que preocuparon a Güemes.

 Apenas llegó a Tucumán, Pueyrredón recibió la Memoria compuesta por don Tomás Guido, el antiguo amigo de San Martín, donde se exponía la conveniencia de recuperar Chile mediante el envío de una fuerte expedición desde Mendoza y decidió que ello se concretara a la brevedad. 

En su viaje a Buenos Aires se entrevistó en Córdoba con San Martín y le prometió apoyo total a la empresa que debía llevar a cabo con lo cual se encontró impedido de auxiliar adecuadamente a Güemes.

 A su vez, el Congreso de Tucumán decidió no aceptar al coronel José de San Martín como diputado por Salta y, poco tiempo después, resolvió continuar sesionando en Córdoba -cambió luego esta ciudad por la de Buenos Aires- y sin dictar previamente una Constitución, como era el anhelo de Güemes.

 Todas estas medidas motivaron que Pueyrredon encomendara al Dr. Manuel Antonio de Castro que viajara de Buenos Aires a Salta a entrevistarse con Güemes.

 Después de conversar con su antiguo maestro y siempre amigo, Güemes escribe a Pueyrredon el 28 de diciembre de 1816 diciéndole: -Mientras gobierne la Provincia de Salta, no se separará de la Unión y obediencia a las autoridades supremas, por más que algunos enemigos de la felicidad general se atrevan a intentarlo.

 El 19 de setiembre de 1816, o sea tres meses después que Güemes se hizo cargo de la defensa de las Provincias Unidas, el Jefe de la Vanguardia realista, general Pedro Antonio de Olañeta y su cuñado el coronel Guillermo Marquiegui, le dirigieron desde Huacalera sendas cartas, tratando de convencerlo que debía abandonar las filas de la Patria y sumarse a las fuerzas del virrey de Lima, ofreciéndole protección para él y su familia.

 La respuesta del prócer al general Olañeta fue bien fuerte: –He jurado sostener la independencia de América y sellarla con mi sangre.

 Un jefe que manda ejército tan respetable, a él solo debe fiar el buen éxito de sus empresas. 

Lo demás es quimera, es degradarse y es manifestar mucha debilidad.

 A Marquiegui le decía que como el tenor de su carta era similar a la de Olañeta, la respuesta que le daba a éste valía también para él.

 Con posterioridad el virrey Pezuela primero y el virrey La Serna después, intentaron también ganar o neutralizar a Güemes.

 El resultado fue el mismo.

 -Sólo la muerte pudo impedir que el prócer siguiera combatiendo por la independencia de América, expresaba con la convicción dada por varias décadas de estudio el destacado investigador.